Ambrosía Ambrosía, el manjar de los dioses.

Tema en 'Partidas Inacabadas' iniciado por Ana inukk, 16 Diciembre 2015.

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    Hey Miguel

    Hey Miguel Sobrevivió al Arceus Emo

    Aries
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    Johan Faust

    ¿Que mi gancho izquierdo no era mi fuerte? ¿quién era esta tipa?. Si en algo tenía razón, era en que hubo sí una época en la que mi gancho izquierdo no era tan bueno; Pero era cuando recién empezaba a practicar MMA Seguramente me había visto en alguno de mis primeros torneos y ya creía que se sabía mi vida. Sin embargo, ya tenía su tiempo desde que perfeccioné mi gancho y ese dejó de ser un problema. Arqueé una ceja y la miré de vuelta.

    —No soy sexista, ¿sabes? En el momento que quieras puedo mostrarte qué tan bueno es mi gancho izquierdo—respondí agresivamente—. Tal vez entonces dejes creer que me conoces. Tú no me conoces.

    Con eso dejé de prestarle atención y escuché lo que los pelirrojos tenían que decir. Nos llevaron hacia un salón que estaba dividido en habitaciones consagradas a los dioses, cada una con su particularidad. Una gran cocina, perteneciente a los dominios de Hestia, estaba provista de alimentos frescos y de gran variedad. El recorrido nos llevó luego a la segunda habitación; los dominios de Ares. Esta zona era una zona de entrenamiento de combate cuerpo a cuerpo, y probablemente el lugar en donde más pasaría el tiempo. Entonces nos señalaron los patios, que eran territorio de Deméter.

    Finalmente fuimos hasta la última sala, el salón de las artes de Hefesto. Ésta estaba dividida en dos partes: la primera era básicamente una armería, llena de espadas, arcos, hachas, lanzas, cuchillos y demás instrumentos de combate. También habían herramientas, una buena variedad de metales y una forja, haciendo entender que también podríamos manufacturar nuestras propias armas. La segunda parte del salón era la que parecía más fuera de lugar, estaba provista de lienzos de diferentes tamaños, pinceles, brochas y muchos tipos de pintura, así como una amplia variedad de instrumentos musicales. Era un espacio enteramente dedicado a la pintura y la música. Sabía que Hefesto era el dios de los herreros, escultores y artesanos, pero no de los músicos, ésto se le atribuía normalmente a Apolo. Desconocía si había un dios de la pintura, pero todo podía encasillarse en arte. En el centro mismo del salón, una gran escalera dividía la estancia, llevando hacia el piso superior. El más alto de los hermanos nos dijo que tomáramos lo que necesitáramos del salón, pues no se sabía cuando seríamos llamados al tercer piso. ¿Qué con eso? ¿qué había en el tercer piso? de sólo imaginar que vería a Ares era suficiente para que apretase mi puño a tal punto que mis nudillos se pusieran blancos. Si tenía suerte, su enemistad con los dioses aún seguiría y no lo tendría que ver en algún tiempo.

    Fui el primero en tomar la iniciativa e ir a escoger un arma. Entre la gran variedad que tenían, me tenté con la idea de tomar un mandoble, pero no sabía la naturaleza exacta de las pruebas que nos harían y andar por ahí sin protección no me apetecía en lo absoluto. Entonces tomé un escudo de bronce tipo tarja, el cual sería pesado para una persona normal, pero fortuitamente yo podía manejarlo sin problema. Seguramente esto se debía a mi condición de semidiós. Una vez elegido el escudo, me hice con un arma que me llamó la atención desde que entré a la sala, tal como si me estuviese llamando. Se trataba de una alabarda. Ésta variante de lanza consistía en una púa enastada en la punta del arma, con una hoja en forma de hacha en el extremo transversal y otra punta filosa en el lado opuesto. Era la perfecta arma de combate para mí.

    Una vez listo, me adueñé de uno de los soportes para armas y acomodé mi escudo junto a la alabarda. Si alguien se atrevía a tocar alguno de los dos, más vale que tuviera la suerte de que no lo descubriera. Ya sin nada que hacer, esperé impaciente a que los demás escogieran sus armas, pues nadie más se había acercado y no estaba de humor.

    Por si no fui claro en la descripción del arma de Johan (?)

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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado the lovers eighteen k. gakkouer tall n' spicy

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    Bryanna Parks

    Mientras nos acercábamos a una joven de cabellos negros y muy pálida, varias voces se alzaron a nuestra espalda, haciendo que nos giráramos para escucharlo.

    Pasaron muchas cosas: un hombre bastante impaciente preguntó que pasaba, tres hermanos pelirrojos que nos "avisaron" de qué iba la cosa, luego nos enseñaron varias habitaciones...

    Solo sé que no fui capaz de separarme del brazo de Peter porque tantos eventos de forma tan apresurada me estaban abrumando y necesitaba apoyo.

    Pude separarme al final cuando alcanzamos un cuarto con armas dónde supuestamente debíamos prepararnos para lo que venía en el tercer piso — en el que esperaba conocer algo más de mi madre también. Y una habitación que le pertenecía que me había creado curiosidad —. ¿Pero como se supone que nos preparábamos para algo que no sabíamos qué era?

    — Disculpa~ — dije haciendo un leve inclinamiento de cabeza hacia el joven antes de acercarme a las numerosas armas.

    Sopesé todas las posibilidades y finalmente me decidí por un equipamiento fuerte pero no demasiado pesado — tenía buena condición física pero eso no quitaba que necesitara movilidad — y una espada afilada, pues me parecía bastante cómoda de utilizar. También me llevé unas dagas que guardé en una liga de cuero que a su vez situé en mi muslo. ¡Siempre había querido hacer eso! Por suerte se disimulaban bien con la botas que me había puesto junto al traje.

    Una vez lista, miré al resto del grupo con curiosidad, preguntándome como se equiparían.

    ¿Armas pa' qué? Si tengo a mi madre (?
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    Graecus

    Graecus uwu7

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    Peter

    Fuimos con los demás hacia una sala donde nos equiparíamos para lo que fuera a ocurrir en el tercer piso. Bryanna y yo nos separamos al fin y fuimos a buscar cada quien lo suyo. Supuse que hablaría de nuevo con ella cuando tuvieramos mas tiempo y supieramos que debíamos hacer.

    Equipamiento...rayos. Sabía que no debía escoger algo muy pesado, ya que, debo decirlo, mis brazos no estan precisamente abultados con musculos. Llevo años subiendo las cosas por telekinesis, y eso me ha evitado la necesidad de fortalecer mis brazos en mucho tiempo, por lo que lo mas probable es que me provocaría mi propia muerte antes de aprender a usar una espada decente.

    Lo primero fue la armadura. Algo simple, que no sobresaliera demasiado. Debía proteger mi pecho, justo en mi corazón, y unos cuantos brazaletes de metal para poder parar estocadas con los brazos sin que eso significara la perdida de estos. Más que una armadura, era solo unas extensiones de metal con correas para proteger dichas partes importantes de mi cuerpo. De echo, podía dejarmelas puestas sin sobresalir demasiado.

    Ahora...el arma. Como arma de corto alcance, necesitaba algo corto. Elegí una daga de plata. Pero con eso no bastaba. Si no era capaz de hacer algo de daño a largo alcance, iba a terminar hecho puré. Porque si nos mandaban a elegir armas era para usarlas, ¿cierto?

    Así que busqué. Si en realidad estaban listos para recibir a todo tipo de semidioses, debian saber lo que yo necesitaba. Habia de todo: herramientas para que los hijos de Hefesto crearan sus propias armas, diversos estilos de arcos y flechas para hijos de Apolo, mazos y demás, por lo que también podía haber algo para hijos de Hécate.

    Y lo encontré. Estaba apartado de lo demás, como si no estuvieran seguros de su uso. Ponía la etiqueta: Amuletos. Había de todo: desde brazaletes hasta varitas magicas (¿en serio?) Porque habian hijos de Hécate que creían que solo podían hacer magia con varitas magicas. Era ridículo.

    Busqué, sin embargo, un amuleto que me identificara. Según lo poco que habia leido al respecto, un amuleto hecho para ti debía potenciar tu magia al maximo con solo tocarlo. Esto era lo que necesitaba. Ninguna espada pesada, ningun escudo pesado. Algo que me hiciera atacar a larga distancia y defenderme de los ataques, pero sin la desventaja del peso. Algo que potenciara mi magia.

    Y lo encontré. En cuanto el objeto hizo contacto con mis dedos, comencé a sudar, y sentí como una especie de humo invisible salía de mis poros. Solté el objeto, y volvía a sentirme como siempre.

    El objeto resultó ser una moneda de cobre, con el tamaño y grosor de un dracma, pero con la figura e inscripción de Hécate. Tuve que agarrarla con un pañuelo, para evitar sentir de nuevo la sobrecarga de magia, y la guardé en mi bolsillo. ¿Bastaría con esas tres cosas, la armadura, la daga y la moneda?
     
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    Nekita

    Nekita Amo de FFL

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    Leah Samaras

    De inmediato el hermano el hermano mayor, Calisto se acercó a mi y casi al instante tomó mi mano para dar un beso a esta haciendo que mi rostro se sonrojara casi al instante y agradecí que se separara, aun así yo también me separé un poco de ellos solo por precaución y además así lograría calmarme un poco de eso último.

    Así que, cuando comenzaron a hablar para responder mi pregunta, escuché atentamente tratando de no perderme ningún detalle de lo que me estaban diciendo, claro, a excepción de lo que dijo Bronte que en vez de darme una ligera esperanza ya me veía debajo de una tumba al parecer. — G-Gracias... — dije no tan segura mientras observaba a los demás ya escoger un par de armas y cosas que los mantendrían a salvo — Y.. no creo que sea necesario que me acompañes.. — y sonreí fugazmente antes de salir de esa escena para que Zetos y el otro chico preguntaran lo que quisieran.

    Me coloqué frente nuestra selección y lo primero que busqué fue una clase de armadura, si tomaba el arma que tenía pensada no tendría mucha lógica poseer un escudo así que tan siquiera algo liviano que me sirviera como protección estaba bien. La armadura que más me había llamado la atención contaba con protección desde la mitad de mi abdomen hasta cierta parte de mis brazos, seguidos por una cota de malla en la parte de mi cuello, abdomen y brazos. Y creo que las partes duras de la armadura en mis piernas casi lo hacían ver como una pequeña falda, algo muy útil.

    Después, me dirigí a la parte de las armas donde casi al instante tomé un arco y flechas a la vez que tomé una espada xifos, solo por si el combate lejano no podría ser una opción. — Supongo que esto esta bien...

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    Andysaster

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    Acuario
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    Selena Grace

    Y mientras la enorme sala en la que se encontraba se revolucionaba por momentos, Selena se limitó a ser una simple espectadora más. No separó sus labios ni quiso agregar nada más en ningún instante, ni siquiera se tensó ante la subida de voces con la que se hablaban los presentes desde la aparición de aquellos tres hermanos; la tranquilidad en la que se veía envuelta parecía inamovible. No obstante fue aprovechando el momento para conocer ciertas facetas de los demás semidioses con los que le tocaría convivir de ahora en adelante, notando la extraña mezcla que formaban personalidades tan distintas unidas en un mismo lugar.

    Bostezó con cierto deje de aburrimiento y se despegó de la pared en la que se encontraba apoyada para seguir a los demás en cuanto la absurda riña hubo cesado, al menos por ahora, observando a la pareja que se había acercado anteriormente a ella con intenciones de hablar. De alguna forma le enterneció el hecho de que no se hubiesen soltado en ningún momento, podía notar buenas vibraciones de ellos dos. Podría llamarlo presentimiento, o tan solo un simple parecer. Su atención se desvió entonces hacia todas y cada una de las salas por las que iban pasando, memorizando el lugar en el que se encontraban para luego no tener que ir preguntando por ahí, prefería saltarse ese paso.

    Finalmente el grupo se detuvo en una sala de armas, donde se les daba la oportunidad de escoger lo que mejor les viniese para defenderse. Selena fue de las últimas en escoger, pues sentía la necesidad de pensárselo dos veces antes de dejar el destino de su vida en manos de las armas equivocadas. Debía encontrar lo que mejor se ajustara a su cuerpo, habilidad y fuerza, algo con lo que pudiese sentirse cómoda y a la vez protegida contra lo que les esperase allá arriba. No tenía miedo de perder la vida en batalla, tenía miedo en dejar este mundo sin haber hecho algo de lo que sentirse orgullosa, realizada. Este sentimiento era lo suficientemente fuerte como para prevenirla y hacerla pensar con detenimiento, un arma pesada sería su peor elección sin duda alguna.

    Y fue entonces cuando lo encontró, un pequeño escudo del suficiente tamaño como para cubrirle la cabeza completamente. Se acercó y lo tomó en sus manos, se ajustaba al antebrazo con una correa permitiendo así el uso de ambas manos, y contaba con unas pequeñas espinas incrustadas en su superficie como medio de defensa incluido. Tomó también una ligera armadura metálica que ocupaba tan solo su torso, cosa que vio bastante importante, pero ahora solo faltaba el arma que usaría para atacar.

    Finalmente la joven optó por tomar una cimitarra. Se trataba de un tipo de sable algo más ligero y curvado, logrando un filo más eficaz. Ceyendo estar lo sufientemente preparada, se apartó del medio dejando avanzar al resto. Ahora solo faltaba esperar... y desear que lo escogido fuese lo correcto.
     
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    Error Akazami

    Error Akazami Princesa de Dragones y Guardiana de Ilusiones

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    Diablos, diablos, diablos ;_;. ninguna alerta me llego, espero no haberme retrasado mucho
    Calliope Lemonis

    Unas personas habia aparecido de un costado de la gran estatua de Zeus al escuchar la pregunta de uno de los presentes, dos hombres robustos y una niña, los tres de melena pelirroja.

    —Alfin...—Suspire al ver que alguien que conocia este lugar se acercaba a nuestro..."rescate"

    Pero duro poco para que uno de los semi-dioses saliera con su teatro, haciendo enojar a la nena de la estatua como una fiera a lo cual no pude evitar reir un poco. Al terminar su show el ambiente se habia convertido en uno mas tenso hasta que uno de los hermanos, ¿Calisto no?, rompiera esa tension para darnos a entender que serian nuestros guias.

    Una mujer me hizo quitar mi atencion chocando contra mi, claramente era de una edad mayor a la mia.
    Al escuchar su disculpa me encongi de hombros dandoa entender que no me importaba, para girarme y darme cuenta que aquel trio de hermanos ya estaba dando su tour por las instalaciones.

    Los segui, junto a los demas, hacia la parte trasera de la estatua. No abri la boca en todo el recorrido y decidi quedarme hasta atras de todos para mantenerme asi.

    Hasta que llegamos a un salon algo interesante.

    "Se les dará diez minutos para tomar todo lo que puedan o crean que necesitaran en la misiones, si fuera ustedes dejaría todo preparado en el salón de las artes de Hefesto desde hoy mismo, nunca se sabe cuándo serán convocados al tercer piso"

    ¿El tercer piso? ¿que ocurriria sin nos convocaban a aquel lugar? esto cada vez me gustaba mas.
    Bien, equipamiento y armas seria lo primero que me serviria si iba a estar aqui, pero ¿que debia tomar? si mi madre fuese la diosa de la guerra y no de...eso... esta decicion seria mas facil.

    Tch...demonios
     
    Última edición: 19 Diciembre 2015
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    Bruno TDF

    Bruno TDF Usuario VIP

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    Takeshi

    Reinaba un silencio plácido en el salón del Dojo. Como cada día, el maestro se encontraba sentado de rodillas en el suelo, con las manos apoyadas sobre su regazo y los ojos suavemente cerrados. Frente a él descansaba una katana brillante. A pesar de los años en que le había dado uso en aquel Dojo, enseñando a cientos de jóvenes a dominar la sabiduría y habilidades de los samurái, el arma se presentaba intacta y magnífica. Ni una sola hendidura en su hoja afilada, ni una gota de óxido, nada de opacidad. Él mismo la había forjado, y la consideraba su obra prima en lo que a herrería se refiere.

    Su mente estaba en blanca paz. A pesar de que recientemente había recibido una carta que le había generado una conmoción que en su rostro evitó reflejar, el contenido de la misma no alteró de ninguna manera sus sesiones de meditación. Pero aquel día, luego de que abrieron la puerta del salón con brusquedad, supo que sería la última vez que podría meditar en la calidez del hogar.

    Al abrir los ojos, vio a su discípula de pie en el umbral de la puerta; era una muchacha de veinticinco años, cabellos negros, muy habilidosa en el uso de armas. Todavía no se había quitado su atuendo de entrenamiento, consistente en un hakama y la chaqueta blanca con el dragón bordado; de su cinturón pendía una katana envainada. Takeshi le dirigió una mirada solemne. No alteró su posición relajada y movió los labios únicamente para sonreír. La chica entendió que podía hablar.

    Sensei. Hay un carruaje en la puerta —dijo, con tono firme pero ligeramente atravesado por los nervios—. Lleva allí desde que los últimos alumnos se retiraron… ¿Qué hacemos?

    La sonrisa del hombre de cabellos blancos aminoró un poco, pero se mantuvo. Sin hablar todavía, exploró con la mirada el salón del dojo. Aunque conocía su aspecto como la palma de su mano, aunque fue testigo de los diversos cambios que sufrió con el tiempo, sintió la imperiosa necesidad de mirarlo por última vez. Grabarlo para siempre en su mente, porque de ahora en adelante, su hogar quedaría albergado como un recuerdo, y sólo podría sentarse en él únicamente en sus sueños. Había vivido allí desde su juventud, había labrado las espadas con las que alumnos y maestros practicaban y llevaban consigo cual compañeras, lo había sacado adelante aún en momentos de cruda crisis económica.

    Nada dura para siempre —mencionó, suspirando, pero sonriendo. Se levantó lentamente y tomó la espada en su puño.

    La chica de cabellos negros lo miró sin entender. Takeshi se acercó hasta ella con paso tranquilo y la miró a los ojos. Le llevaba una cabeza y media de altura, por lo que ambos debían inclinar la cabeza en sentidos diferentes.

    ¿Qué ha querido decir con eso, Sensei? —dijo, aunque su pregunta se sintió más como un imperativo que como una interrogación.

    Kaoru, mi linda niña —Takeshi habló con un tono de voz que la tranquilizó—. No sólo has sido la mejor alumna para mí, sino también una hija. Lamento decir que me espera un nuevo camino.

    —¡¿Qué?!

    Se produjo un momento de silencio triste. Los ojos de Kaoru se habían aguado. Aunque no entendía qué ocurría, sabía que esa iba a ser la última vez que vería a su gran maestro, a ese hombre al que tanto respetaba y quería. No deseaba que se fuese, Takeshi podía leer eso en la mirada de la joven que ahora apretaba los labios. Sin embargo, él sentía que debía marcharse, porque se trataba de conocer al padre que tantas preguntas había despertado en su cabeza… Además, era el momento de que los jóvenes condujeran el destino del dojo. Los adultos ya habían hecho suficiente.

    Ten —le dijo. Con un movimiento ceremonioso, depositó su katana sobre las manos de Kaoru, quien la recibió con los ojos abiertos como platos.

    —Pe-Pero… Pero… —balbuceó, tratando de no llorar— ¡No puede dejarme esto! ¡Ha sido su compañera por años!

    —A partir de ahora, es tu compañera. Tú cuidarás el Dojo, Kaoru —respondió el hombre con una sonrisa—. En el camino que me espera, dejaré de ser maestro para convertirme en algo parecido a un alumno. Esta espada, forjada para los maestros, ahora te corresponde. Quiero que seas la Sensei que mantendrá vivo el espíritu samurái. Lo harás bien.

    —Yo… Yo… ¡Sensei!

    Kaoru se lanzó hacia Takeshi y lo abrazó con fuerza, mucha fuerza. Apretó el rostro contra el pecho de sus maestros para ahogar los gemidos de tristeza. Takeshi la envolvió en sus brazos, sonriendo. Se sentía en paz. Un samurái siempre debía estar tranquilo.

    Si volverá a ser alumno, entonces yo quiero que lleve esto —dijo Kaoru, más calmada, cuando se despegó de él; le extendió su propia katana.

    Vaya, vaya, vaya… —Takeshi silbó al recibir la espada. La desenvainó y analizó cuidadosamente su hoja— No me podía esperar menos de ti, Kaoru. Forjaste una katana espléndida.

    —Es que… —Kaoru dejó escapar una dulce sonrisa— Aprendí del mejor.

    Tras estas palabras, limpió con la yema de los dedos una lágrima que recorría su mejilla. El dorso de su mano estaba invadido por una cicatriz, producida por el contacto con metal fundido…


    ***


    Desde su llegada al gran salón del Olimpo, frente a la estatua de Zeus, Takeshi se mantuvo callado e impasible, con las manos entrelazadas sobre su abdomen, escondidas bajo las mangas de su chaqueta. En el lugar había otras personas que, a juzgar por las conversaciones que escuchó desde su posición, se encontraban en la misma situación que él: una carta les había revelado la verdad que subyacía a sus nacimientos. Eran semi-dioses, como él. Con personalidades variopintas. En cierto modo, le recordaban a los nuevos alumnos del Dojo: una diversidad de carácter, que iba desde el más pacífico hasta el más agresivo.

    Sus nuevos guías eran unos hermanos pelirrojos, visiblemente más jóvenes que él. A Takeshi le resultaron cómicos, por los que se limitó a escucharlos con una sonrisa.

    Ay, la juventud —se dijo mientras eran conducidos a los diferentes cuartos del Olimpo.


    Cuando llegaron al cuarto de su padre, pensó que necesitaría únicamente una armadura, pues ya contaba con la katana de Kaoru para atacar. Rebuscó con tranquilidad entre los diferentes armamentos que su padre, Hefesto, había construido, sin encontrar algo que lo hiciera sentirse satisfecho.

    Hasta que, bajo un montón de corazas, halló algo que le llamó la atención. Se trataba de una armadura de estilo samurái, de color oscuro, que resaltaba bastante entre los diferentes escudos de estilo griego. Frunció el ceño, divertido…

    Su padre no lo visitó en sus cincuenta años de vida, pero al parecer le daba la bienvenida con una armadura hecha especialmente para él. Supuso que después debería darle las gracias.

    Sin decir más, se la colocó y aseguró la katana de su discípula en el cinturón. El casco prefirió sostenerlo bajo su brazo.

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    rapuma

    rapuma Maestre

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    Zetos Goumas

    Miró al muchacho que se había puesto a su lado, con la intención de acompañarlo al templo de Afrodita para recibir los placeres que solo la Diosa del amor podría ser capaz de conseguirles. Dio un paso hacia atrás, mirando con cara rara a su interlocutor. —Mientras no te metas en mi camino allí arriba, estaremos bien, chico. —luego rió, como siempre. Esperó hasta que algo más pasara; vio como los diferentes miembros de aquella extraña junta de semi-dioses empezaba a buscar su armamento. Alzó una ceja, ¿en serio? Ladeó la cabeza para ver el trasero de Selena y silbó, conforme. —¿De verdad? —musitó. Nunca había tomado en serio toda esa fanfarronería, pero parecía real. Al menos las mujeres lo eran. Se alzó de hombros, como dando por terminada su discusión interna sobre si era correcto buscar armas y dio un paso al frente, entrando a la armería. No era devoto a ningún dios en particular, pero le agradaba la personalidad de su padre; él era igual de todas formas. Como dos gotas de agua. Alcohólico, mujeriego y amaba las fiestas. Rebuscó entre las armas, pensando que todo esto sería un dolor de cabeza. Hubiera preferido quedarse donde siempre, estafando a las mujeres antes de llevarlas a su cama. Encontró dos espadas que tenían una insignia extraña en el mango, pero no le dio importancia. Las levanto, sopesando su peso; probando la flexibilidad de la hoja. Quedó a gusto. Dio una mirada general a las armas y encontró una pequeña daga que le llamó la atención, no por su uso, sino porque dejarla enfundada entre sus abdominales y su pantalón sería un gran acierto para la mirada de las féminas. También encontró lo que parecía una cantimplora, olía a vino. Contento la tomó sin pensarlo, vaciando su contenido al instante... y sorprendemente, el contenido volvía a llenarse. Zetos comenzó a reír, pensando que había encontrado la lotería. ¿Beber vino y que este no acabase jamás? ¡Que le den a ese muchacho la inmortalidad, el torneo terminó!

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    Ana inukk

    Ana inukk Gurú

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    Calisto, Bronte y Layna.

    —Hagame el favor de seguir conmigo, sus armas no se moverán de este lugar, se los aseguro. El salón de Afrodita se halla en la segunda planta— el airado rostro del mayor se abrió paso por unos escalones eternos que le permiten adentrarse a otra estancia, esta vez alrededor de las escaleras se colocan codo a codo estanterías de hasta seis metros de altura, repletas de textos con aroma a pergamino y piel, desde rollos hasta libros empastados de primeras ediciones o textos actuales, sagas y trilogías de todo tipo. —El recinto de Atenea, el conocimiento es la fuente de toda fuerza— los estantes que llegan hasta el techo y las mesas amplias rodeadas de cómodas sillas continúan hasta un largo pasillo con dos puertas a cada lado.

    Y hasta ahora le ha funcionado bien a la muy…— murmuro Bronte con un gesto de odio, al parecer este es indiscriminado hacia cualquiera con sangre divina, Dios o cualquiera de sus hijos estaba fuera de su agrado y servirles era la peor parte; tapo con su cuerpo la primera puerta a la izquierda y cruzo los brazos —a mi espalda se haya el cuarto de Afrodita, pueden coger en cualquier momento que deseen pero hay que dejar varias cosas claras: allí hay tanto esclavos de su templo como devotos de ella que prestan su cuerpo (hombres y mujeres) así que no siempre estarán estos devotos a su disposición mientras los esclavos duermen en una habitación; pueden sacarlos de la habitación contigua pueden sacarlos de la habitación si necesitan compañía pero mantengan sus manos para sí mismos a menos que estén en el recinto sin embargo hay otra clase de gente allí adentro… El sequito de Dionisio, solo mujeres que han perdido toda su razón y humanidad, son salvajes pues se encuentran en éxtasis continuo, capaces de matar con sus manos y bocas al más fiero de ustedes por los cual se encuentra prohibido sacarlas de ese cuarto, no intenten conversar con ellas ni cuestionen lo que hacen o como lo hacen… No son dóciles ni complacientes, harán lo que deseen.—mira a su alrededor para dejar la siguiente cosa clara —nadie golpea a ninguna esclava ¿entendido? Me sabe a mierda lo que hagan con los devotos o las seguidoras del vino, pero si algunas de las vendidas sale herida perderán todos sus privilegios.

    —Continuemos, luego tendrán tiempo para adentrarse a los placeres terrenales dados en esta sala— habla arreglando su larga cabellera — frente a este lado está el salón de Apolo, la enfermería, esperemos que luego de disfrutar de los dones otorgados acá no tengan la obligación de visitarla aunque todo es posible, después de todo en la guerra y en el amor todo se vale mis señores.

    Abriéndose camino al fondo del pasillo dos estancias se hallan frente a frente —con Hera están sus habitaciones y con Artemisa su salón de entrenamiento con armas, una buena razón para que su hermano este tan cerca— se rie un poco —hay cuatro cuartos en ese recinto así que dormirán tres en cada uno como mejor puedan… aunque he de recordarles que en mis aposentos siempre habrá espacio para uno o varios de ustedes— guiñando el ojo y con una reverencia profunda la triada espera alguna última pregunta.

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    Ana inukk

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    Adara Nox

    Me reí a carcajadas terminando con una ladina sonrisa, los retos me han encantado siempre y aunque mi sangre no era exactamente de un guerrero, yo me había preparado para serlo a diferencia del mequetrefe frente a mí. —Claro, cariño, cuando quieras. No estoy en contra de darle una paliza a alguien de vez en cuando, siempre es bueno y solo porque tu no lo recuerdas no quiere decir que yo no te recuerde a ti… Allí está la diferencia entre el que gana el combate y quien es derrotado, no es fuerza bruta tan solo sino estrategia y planeación, pequeño.

    Ver la cocina me abrió el apetito, cuando terminara el recorrido esa sería mi primera parada, luego quizás iría a correr o entrenar un poco o me la pasaría leyendo probablemente, eso es lo más probable en realidad… Comida y libros ¿Quién podría pedir otra cosa? En especial cuando es posible que esa sea la mejor recopilación de textos de toda la humanidad, ni Alexandria podría compararse a la selección de Atenea aunque sea una perra y odie su falsa moralidad, es una zorra inteligente a diferencia de Afrodita que es solo promiscua.
     
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    Nekita

    Nekita Amo de FFL

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    Leah Samaras

    Finalmente, todos habían escogido al parecer sus armas y ahora nos encaminábamos al segundo piso siendo unas grandes estanterías con libros lo primero que logré ver, casi de inmediato me invadió la nostalgia y una leve sonrisa salió de mis labios, lo único que le faltaba al lugar para que fuera 100% parecido a la librería era mi piano casi al centro pero bueno.. me alegraba saber que tan siquiera en el primer piso había uno y tal vez no tardaría mucho en ir a tocar un poco, todo podía pasar.

    Después hablaron del salón de Afrodita que realmente no me llamaba mucho la atención pero aun así tenía que escuchar lo que ellos tenían que decir para ver que otras salas nos esperaban a nosotros. Y para mi desgracia fue el salón de mi padre, Apolo.. que vendría siendo la enfermería, en pocas palabras había grandes probabilidades de que no pudiera evitar adentrarme a esa sala, bueno.. ya que..

    Luego vino el salón de Artemisa donde serían los entrenamientos seguido del lugar donde estarían los dormitorios donde dormiríamos en pequeños grupos al parecer... ¿los escogerían ellos o nosotros? porque fuera de eso, no tenía ninguna clase de duda.. aunque tampoco la consideraba muy importante.
     
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    Graecus

    Graecus uwu7

    Libra
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    Dejo las cosas en la sala de armas y acompaño a los demás hacia el segundo piso. Mi cara se pone roja mientras hablan de la sala de Afrodita...Ugh. No iba a mentirme, entrar allí era...tentador. Pero no era lo mio. ¿Esclavas? No, nada de eso, mi moral no lo permitiría. Además de que estaba el hecho de que si te equivocabas y hablabas con una seguidora de Dionisio...las cosas no podían terminar bien, según nos habían explicado.

    Luego vi la mayor biblioteca que habia encontrado nunca....en honor a Atenea, rayos. Iba a tener que echar una visita a este lugar pronto. Me emocionaba pensar en la cantidad de cosas que se podían encontrar aqui.

    Otras salas resultaron ser el salón de Apolo (una enfermería) y el de Artemisa (lo cual explicaba la necesidad de una enfermería). Me fijé en que nuestros guías esperaban que hicieramos preguntas, pero en realidad no se me ocurría ninguna, mas que...

    —¿Tenemos libre movilidad en este edificio?—pregunté, y añadí—¿hasta que día?
     
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    Ana inukk

    Ana inukk Gurú

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    Bronte

    —Por ahora tienen los primeros pisos a su disposición, no pueden subir al tercero, cuando sus queridos padres le de la gana de llamarlos a la primera misión se les avisará y como dijmos tendrán tan solo diez minutos para prepararse, quien no este aquí frente a las escaleras en la segunda planta, no podrá reunirse con nosotros… Pueden ser días u horas, esperemos que sea la segunda así abra menos de ustedes que soportar. ¡Tienen algunas horas de libertad! Pronto iran a reventarse esos traseros de semidios en los entrenamiento— el hermano del medio sube y baja los hombros restándole importancia a todo el asunto.

    Mis amores les explico, ahora pueden hacer lo que deseen, dormirán en grupos de tres que a Bronte realmente le da igual si todos duermen lanzados en el piso frio y mueren de hipotermia jaja; escojan bien a las triadas, ahora comenzare a decirles a cada quien por privado que regalo le a otorgado su padre (inconscientemente claro) recuerden que serán atributos, conocimiento o experiencia en batalla. Cuando termine eso iran todos a entrenar cuerpo a cuerpo o con armas guiados por Calisto y Layna. ¡Disfruten mientras puedan mis queridos mortales!
     
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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado the lovers eighteen k. gakkouer tall n' spicy

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    Y nos habían presentado más salas. La que más había llamado mi atención había sido la habitación de Atenea, llena de toda clase de libros. Tenía decidido pasar el mayor tiempo posible ahí. ¡Me encantaba disfrutar de una buena lectura!

    ...

    ¡Un momento! ¿Debíamos dormir tres en una misma habitación? Eso era un problema.

    Por suerte, no pasé mucho tiempo preocupándome por eso pues otra duda azotó mi mente: ¿sabrían las personas que había en el cuarto algo sobre mi madre? Me sentí muy tentada a asomarme para saber que pasaba pero a la vez tenía miedo del grupo de Dionisio.

    Me acerqué con disimulo hasta Peter y tiré de su mano para llamar su atención.

    — Hola de nuevo~ — saludé antes de girar la cabeza mirando a los otros presentes — ¿Qué harás ahora? — pregunté.
     
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    Graecus

    Graecus uwu7

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    Peter

    No pasó mucho antes de que alguien me jalara la mano, apartandome un poco del resto.

    —Eh...hola—saludé al ver que se trataba de Bryanna, y luego pensé sobre su pregunta—pues...estoy dubitativo. Podría ir a la sala de Atenea, deben de haber cientos de libros allá, o podría ver como es la sala de Artemisa. ¿Tu que dices?
     
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  16.  
    rapuma

    rapuma Maestre

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    Zetos Goumas

    Se alzó de hombros, ahora estaba libre para hacer lo que se la plazca. Dejó las armas apartadas en el recinto, pero se llevó consigo aquella cantimplora de vino que nunca se termina. Bebió unos sorbos y caminó lejos del grupo, silbando, haciéndoles un gesto con la mano. —Nos vemos luego, críos. —dijo con la sonrisa firme en su rostro. Buscó el tal cuarto de Ares, donde se entrenaba. Bajó al primer piso donde recordaba que estaba. Si quería ganar el torneo o al menos mantenerse vivo los primeros días, necesitaba aprender a defenderse, ¿no? Y aunque nunca había necesitado hacerlo, gracias a la persuasión que era algo innato en él, algo le decía que estos sujetos no podría sobornarlos con palabras bien formuladas y una sonrisa. Llegó al lugar deseado, viendo el amplio cuarto. Le dio un largo trago a su cantimplora y meneó la cabeza. —Uf, eso sí que está fuerte. —rió y entró, viendo la habitación de Ares. No tenía nada fuera de lo común a un gimnasio a los que él iba. Recordaba a algunos sujetos boxeando al fondo de sus gimnasios, pero nunca le prestó atención. Giró sobre sus pies; describiendo un círculo completo sin saber por donde empezar. Tomó un palo pequeño, parecido a una porra de policía. —Bueno, ¿un par de movimientos en el aire y listo, verdad? —se dijo a si mismo y comenzó a mover el palo sin mucha emoción, mientras seguía bebiendo y explorando el lugar.
     
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  17.  
    Error Akazami

    Error Akazami Princesa de Dragones y Guardiana de Ilusiones

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    Calliope Lemonis

    Bueno, esto no mejoraba. Todos ya habian elegido sus provisiones y yo seguia sin saber que cosas tomar, enrealidad era el problema de la armadura ya que de arma ya tenia bastante claro que tomar y el escudo no podia faltar.

    —Veamos, una armadura perfecta para una pequeña e inocente niña...—Dije por lo bajo contemplando cada una de las armaduras disponibles—Solo ocupo lo basico, vamos no es tan dificil Calliope...

    Realmente iba a estar un buen rato en aquel lugar, pero mi suerte siempre era bastante terca ya que a veces iba en mi contra o con migo, afortunadamente esta vez era con migo.
    Encontre un escudo perfecto para mi, ligero y de un perfecto metal pulido junto a una coraza del mismo material, con eso me valia. Defensa lista.

    Y entrando en el tema de las armas, ya las tenia visualizadas desde hace unos minutos: una ballesta de madera perfectamente armada y una daga perfectamente afilada de mango plateado con detalles dorados.

    Wo ho ho~ a esto le llamo tener filo—pense pasando uno de mis dedos por la hoja antes de volverla a guardar en su funda.

    Armas listas. Ya tenia (bueno creo) todo lo que necesitaba.

    Al escuchar el nombre de "Afrodita" gire mi cabeza de una forma repentina que casi parecia un buho, ya estabamos por ir a la segunda planta. Deje lo que habia tomado y segui al grupito hacia la continuacion del recorrido.

    Mas y mas habitaciones fue lo unico que vimos, entre ellas estaba la de mi famosa madre a la cual no pude evitar sentirme un poco incomoda, claramente era una de las mas pequeña de todos los semi-dioses y al estar enfrente del cuerto de mi madre tomando en cuenta que era afrodita, bueno, ¿que puedo decir?. Despues de aquello nos mostraron las demas habitaciones, la de Hera (que eran nuestras habitaciones), la biblioteca de Atenea, el salon de Apolo y la de Artemisa.
     
  18.  
    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado the lovers eighteen k. gakkouer tall n' spicy

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    Bryanna Parks

    — Hum... creo que, a pesar de que la biblioteca es más tentadora, lo mejor sería ir a entrenar. No parece que nos tengan preparado algo sencillo — opiné con un dedo en la barbilla.

    Empecé a juguetear con mis dedos de forma nerviosa, mirando los alrededores.

    >> Yo quiero ver si por ahí saben algo de mi madre pero... — me mordí el labio inferior — Me da algo de vergüenza... — aparté la mirada hacia la puerta del lugar — Pero también creo que debería entrenar. ¡No sé! — me encogí de hombros — Suerte con lo que tú vayas a hacer~ — deseé finalmente.
     
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    Graecus

    Graecus uwu7

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    Peter

    —Hmm...no creo que ese sea el mejor lugar para hacer preguntas sobre Afrodita—dije, algo colorado por lo que iba a sugerir—P-pero...si es algo que tienes que saber...podría ir contigo—mi cara se puso como un tomate, y agregué—¡O-obviamente para que no confundan la razón de tu llegada!—expliqué—¡N-no es que y-yo vaya a necesitar algo ahí dentro! Entonces, ¿q-que dices?—acabé, sintiendome estúpido.
     
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  20.  
    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado the lovers eighteen k. gakkouer tall n' spicy

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    Bryanna Parks

    Reí enternecida ante su reacción. Me resultaba tan adorable que se sonrojara por algo como eso.

    — Todo un detalle por tu parte~ — dije agradecida — Pero sé que no estarías cómodo así que, reuniré fuerzas y me las apañaré — me acerqué para darle un abrazo y después deposité un beso en su mejilla — Muchas gracias por todo y suerte con tu entrenamiento, ¡nos vemos! — le di una leve palmada en el hombro antes de alejarme con una sonrisa — Estaré bien~ — finalicé antes de asomar la cabeza tímidamente por la puerta de la sala.

    Vamos... yo podía... debía ser capaz de superar la vergüenza...

    Y finalmente conseguí adentrarme.
     
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  1. Ana inukk
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