Kashya [5/5] [3/6] Avanzamos de nuevo sin molestas a mitad de camino y parecía que estábamos a punto de alcanzar el tercer piso de nuevo. Seguía con la fruta en mi mano, brillando, y quizás eso ayudaba también a espantar las pocas sombras que debían quedar pululando por ahí. Solo esperaba que aquella luz no resultase ser contraproducente cuando estuviésemos en la sala esa del candelabro siniestro.
Kashya [4/6] Efectivamente, logramos alcanzar el final de los escalones sin mayor interrupción y abrimos la puerta para volver a encontrarnos de nuevo en aquel salón de la nobleza. Todo parecía igual cómo lo habíamos dejado, ¿verdad? Las escaleras daban acceso a la puerta del este y habíamos explorado ya la puerta del oeste y el sur, así que solo quedaba una opción y sabíamos lo que nos íbamos a encontrar en ella. Con sigilo, pasamos cerca de las paredes para evitar la mesa y el candelabro, y nos dirigimos hacia la puerta norte.
Al cruzar la puerta, se toparon las chicas con algo que no esperaban. Rápidamente, Himmelda retrocedió y quedó escondida, temerosa. Y es que la sala que había tras la puerta era una especie de recibidor, y un hombre acorazado hasta las cejas, cuyo rostro no se podía ver a través del casco tan grueso que llevaba, impedía el paso más allá. —... ¿quién va? —dijo, con voz ronca y furibunda—. Esta es la entrada al refugio de los nobles. Ninguna persona no autorizada puede pasar. Su espadón, clavado en el suelo y sujetado por sus dos manos, era imponente... >> Déjanos pasar >> Buscamos al Duque Clovergold >> Buscamos al padre del niño que portaba este colgante >> Marcharse
Kashya La puerta se abrió revelándonos entonces a un hombre armado que parecía estar defendiendo la entrada. Ah, claro, no dejaban de ser nobles al fin y al cabo, ¿verdad? Mel se asustó y acabó escondiéndose detrás de nosotras, pero después de todo lo sucedido la verdad es no iba a dejar imponerme por un hombre con una espada. Además, teníamos un objetivo. —Estamos buscando al conde Clovergod.
El tipo agachó la mirada, aunque sus ojos no se veían bajo el casco. Pareció mirar a Kashya con indiferencia. Luego alzó la cabeza de nuevo, como si enfocase su vista en el frente e ignorase por completo a la chica. —... el señor Clovergold ha dicho que absolutamente nadie puede pasar. ... nadie. Me da igual de parte de quién vengas, él no quiere visitas de ningún tipo. >> Hasta dejó a su mujer fuera. Yo no le juzgo ni dejo de juzgarle: solo cumplo mi trabajo. Y mis órdenes son que ni su mujer ni nadie pueden pasar para verle. Así que... largo. >> Déjanos pasar >> Buscamos al padre del niño que portaba este colgante >> Marcharse
Kashya Eso era... extraño. Aunque al menos ya sabíamos que de nada serviría decir que habíamos encontrado a su mujer y que lo estaba buscando. ¿Por qué querría dejarla fuera con todo aquel peligro? Ella parecía quererlo. En fin. Rebusqué entonces entre mis cosas y saqué el collar que habíamos encontrado en los baños, levantándolo para enseñárselo al guardia. —Este collar parece un emblema, lo llevaba un niño. ¿Conoces al padre? >>Buscamos al padre del niño que portaba este colgante.
Esta vez su reacción fue diferente. Miró el colgante, y prácticamente se lo arrebató a Kashya. Luego le dio la vuelta, observando el emblema. El guardia parecía tremendamente tenso. —Este emblema... niña. ¿Dónde conseguiste este colgante? ¿Dónde está el niño que lo portaba? ¿Se encuentra bien? ¿¡Iba con una mujer!? Parecía alterado. ¿Debería Kashya hablarle de lo que vieron? >> Contar la verdad sobre el niño y la mujer >> Mentir y decir que ambos están bien >> Negarse a contar nada
Kashya Ah, vaya, aquello se había vuelto interesante. El hombre prácticamente me arrancó el colgante de las manos y lo observó, tenso, antes de comenzar a preguntar por ello. —En el baño del segundo piso —respondí, sin dudar—. Sí, estaban con otras mujeres y niños pero no diría que del todo bien. >>Contar la verdad sobre el niño y la mujer. Contenido oculto Seguramente no es lo correcto pero esta niña es lo que haría so (??
—N-No... en el baño... ¿c-cómo estaban? Se suponía... se suponía que huyeron, ¡que lograron salir! Kashya, luego, le contó lo que encontraron: aparentemente se habían suicidado, o eso parecía. Ella y el niño. —¿S-Suicidio...? Karla matando a nuestro niño y... ¿suicidándose? No... ¡¡no!! ¡Eso no puede ser! De un manotazo, apartó a Kashya y salió corriendo de allí, arrasando con todo. Se oyeron golpes y espadazos, como si estuviese destrozando todo lo que se cruzaba por su camino, se moviese o no. Y un grito ahogado se oyó: "¡Carla!", decía. ... al menos... ahora podrían entrar, ¿no?
Kashya Mis sospechas parecieron ser ciertas, aquel era el padre del niño y por eso su reacción. Me giré para ver como se alejaba corriendo, gritando el nombre de la mujer y pegando espadazos a todo lo que se encontrase. Huh, pobre. Pero al menos ya teníamos acceso libre así que no dudé en volver a girarme y, tras hacerle una señal a las otras dos chicas, me dirigí hacia el interior de la sala.
—S-Si no le importa, yo me quedaré aquí, señorita Kashya —dijo Himmelda—. Después de lo de... "Bahamut"... tengo algo de miedo de mostrarme ante otros humanos. Y así, Kashya fue la única que se adentró, quedando las otras dos fuera (seguramente Espella se quedaría para evitar que Himmelda se marche aprovechando que quedaría sola). Zona segura - Refugio de los nobles Cuando Kashya entró en el lugar, descubrió una sala bastante grande, que parecía ser una cocina bastante lujosa. Claramente era de ahí de donde se sacaban los platos que se servirían en el salón adyacente. Todo estaba bastante ordenado y limpio, a decir verdad. Conectaba la sala con otra muy amplia, que servía las veces de despensa, teniendo enormes cantidades de distintos alimentos. Y tras la cocina, una puerta se veía, cerrada con cadenas y tablones. La cuestión era que la amplia cocina ya no servía como tal. Había sábanas, colchones, almohadas, todo tipo de lugares donde dormir distribuidos por el suelo, con mucha gente tumbada en ellos, todos con aspecto de nobles. Cubos de agua, ropas apiladas... estaba claro que habían usado aquel lugar, por su cercanía a la comida, como refugio para resguardarse del resto de zonas. Una mujer con rizos gruesos, asustada al ver a Kashya, se tapó rápidamente con sus sábanas hasta la nariz. Bah. Nadie dijo nada, solo la observaron, temblando atemorizados. Eran todos unos cobardes que, probablemente, pensaban que Kashya iba a matarles. Fue finalmente un hombre repeinado, de cabellos grises y prominente bigote, el que agarró un cuchillo de cocina y la apuntó con este: —¿Q-Quién eres? ¡Aléjate de este refugio, intrusa! Por tus pintas no pareces de aquí... ¿estás viva, siquiera? ¡A-Aléjate, o te rebanaré en dos! ¡Por la casa Clovergold que lo haré, me oyes!
Kashya Me encogí de hombros cuando escuché a Mel, murmurando un vale, y seguí el camino sola. Tal y como me había dicho la mujer, pronto descubrí que se trataba de una cocina que habían acabado transformando en una especie de refugio, con sábanas y colchones por el suelo. Todos parecían demasiado asustados, solo eran unos cobardes que se habían sentido los dueños del mundo cuando su dinero se lo había permitido. Una vez perdido el estatus y las riquezas, eran unos inútiles. Bah. Miré al hombre que me apuntaba con el cuchillo, indiferente. Con lo que estaba temblando se iba a hacer daño antes a él mismo que a mí. En otras circunstancias lo hubiese ignorado, pero parecía ser justamente quién buscaba. —¿Eres Clovergold? Tú mujer está sola y asustada, esperándote. ¿Por qué la has dejado fuera?
El Duque Clovergold, cesando en su temblor, bajó lentamente el cuchillo, y arrugó el ceño al oír aquello. —¿Eh? ¿Esa guarra, dices? Bah. Que le den. Se cree que nos separamos, pero en realidad la dejé ahí deliberadamente. No contaba yo con que siguiese viva, a decir verdad. Pero en fin, es cuestión de tiempo hasta que se muera de hambre o algo. Es que verás, aquí tengo a esta belleza —señaló a la mujer con pelos rizados, con una sonrisa. Ella se sonrojó—, que como comprenderás, no es comparable con la energúmena de mi mujer. Así que si has venido por eso, te agradezco la preocupación, pero puedes ir largándote —con la nariz arrugada, hizo un ademán con las manos para indicarle que se fuese. S-Su mujer no se iba a alegrar de escuchar eso. Pero... ¿qué haría Kashya? >> Dejarlo estar y seguir a lo suyo >> Presionar al Duque >> Matar al Duque
Kashya ...hombres. Encima de cobarde era un adúltero. ¿Y aquella mujer de pelos rizados? No era mucho mejor. No me importaría dejar entrar a unos descerebrados en la sala, la verdad. —Repugnante —murmuré, finalmente, pasando a su lado para entrar más en la sala hasta llegar a la mujer de lo rizos—. ¿Y tú quién eres? >>Dejarlo estar y seguir a lo suyo. Contenido oculto So yo quiero matarlo but anyways, let's not
La mujer, intimidada, se echó hacia atrás en su cama. —¿Y-Yo...? S-Soy, uhm... Parecía muy nerviosa, insegura y asustadiza... tratar con ella sería difícil. —Es mi pareja, así que déjala en paz —recriminó el Duque—. Ella es mi pichoncito querido, ¿a que sí? La mujer tragó saliva. —S-Sí, claro. Su sonrisa parecía... algo falsa. >> ¿Estás bien? >> ¿De verdad te gusta el Duque? >> ¿Puedo ayudar en algo?
Kashya Ahí había algo raro, sin lugar a dudas. Giré la cabeza para mirar al duque en cuanto se dirigió hacia nosotras y, lo cierto es que no pude evitarlo, me estaba comenzando a molestar demasiado ya. Saqué el estoque y lo empuñé para apuntarle con el mismo, colocándolo a la altura de su cuello pero sin llegar a hacerle daño realmente. —Cállate. Tras decir aquello, volví a centrar mis vista en la mujer, sin mover el arma de su sitio. >>Sé sincera, ¿de verdad te gusta el Duque? Contenido oculto Chale
El Duque se intimidó ante el estoque, y no solo él, sino todos los presentes. Pero, con todo, el Duque habló, no sin miedo y tensión en su tono. —¡C-Claro que le gusto, soy su pichoncito! ¡N-No me darás miedo, i-invasora, déjanos vivir nuestro amor en paz! La mujer miró al Duque, luego miró a Kashya, y, finalmente, enfocó la vista en el suelo. Lentamente, asintió, sin apartar los ojos del punto fijo al que los apuntaba. —... sí, claro que me gusta. ... no sonaba del todo convincente. —Mira, señorita, no sé quién eres, pero ruego que nos deje en paz —exclamó el molesto Duque, sudando por el miedo—. A-Así que... lárguese o-o... ¡lárguese! Y dígale a mi mujer que ya no la quiero, y que no tiene cabida aquí. Hmpf. Aquel tipo parecía ser el "dueño" del lugar, desde luego. Nadie le rebatía ni hablaba por encima de él. Pareciese que solo él tenía autoridad en la zona. >> resto de opciones de la zona segura
Kashya Me incorporé y acerqué mi rostro hasta estar a la altura del Duque, mirándolo directamente a los ojos, sin bajar el arma. —No me gustas —murmuré, después de un segundos, para finalmente separarme y guardar el estoque en su lugar. Pero por el momento lo mejor sería ignorarle. Ninguno se atrevería a atacarme, y él mucho menos aunque se creyese el dueño del lugar, así que en realidad no me daba ningún miedo. No merecía la pena matarlo, tampoco. Así que, sin hacerle caso, me dediqué a explorar mejor el espacio en el que nos encontrábamos, aquella cocina, con los ojos.
Uhm... no había nada especialmente reseñable en la cocina. Utensilios de esta era lo único que podía servir, claro. Aunque... algunos cuchillos podrían servir, eran afilados. Oh, y esa botella de alcohol con ese trapo podrían... ¡listo, fantástico! Eso serviría, sin duda. —¡E-Eh, no cojas nuestras provisiones! —gritó el Duque, molesto e irritado, pero asustado—. M-Márchate de una vez... Obtienes 3x cuchillo arrojadizo y 1x coctel molotov
Kashya Debía admitir que estaba disfrutando ligeramente escuchar al duque quejarse y lloriquear mientras me aprovisionaba de unas cuantas cosas que podían servirme como armas. Pero por supuesto, seguí ignorándolo mientras me dedicaba a investigar mejor los alimentos que había en aquella especie de despensa.