¿Quien es mi guardian?

Tema en 'Fanfics Abandonados de Inuyasha Ranma y Rinne' iniciado por windmiko, 27 Diciembre 2008.

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¿Que les parece el FanFic?

  1. Es muy bueno continuenlo

    88 voto(s)
    91.7%
  2. Esta mas o menos

    6 voto(s)
    6.3%
  3. Esta muy feo

    2 voto(s)
    2.1%
  1.  
    Yagami Raito

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    Piscis
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Interesante episodio, tiempos que no posteaba por este foro, me gusto este ultimo episodio tuvo ese toque comico que me gusta a veces leer e interesante o logico que ya kagome comenzara su entrenamiento de sacerdotisa, errores no vi notorios

    No ahi mas que decir, asi que os dejo
     
  2.  
    Loops Magpe

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    Leo
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Ohayou amiga y gracias por avisar!!!

    Jajajaja me gustó mucho esa pijmada y más la parte de ¡No! te
    van a puñalar; y también la parte donde Kagome tiró a Inu y
    despues se peleó verbalmente con Kouga (como si fuera raro).

    Ahora la duda es: ¿Qué papel tomará Yura en todo ésto?
    ¿Acaso será la manzana de la discordia entre estos "super
    amigos"?

    ¡No me dejes con la duda! Pero no te preocupes: yo aré mi
    trabajo de comentar.

    Sayonara!!! y cuidate mucho!!!

    P.D: No te preocupes, no pretendo quitarte a tu sempai (No
    le creas!!! ¡pelea! ¡pelea!) no le hagas caso, está loca (mira
    quien lo dice, bueno, es cierto: como que una de 13, que
    además es ingenua y antisocial, contra alguien de 15, pues
    mejor no. Aunque sería divertido) ¡Silencio! y déjame pedir
    mi pan de cada día: ¡CONTY! ¡CONTY!
     
  3.  
    Kinary

    Kinary Entusiasta

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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Amiga ahora tienes mas lectores que de costumbre te felicito, y te lo mereces, este capitulo se torno algo chistoso para mi parece rpero aun asi no lo considero relleno ya que mencionaste algo sobre Kikyo, ademas la vida de como era antes Kagura, creo que fue muy cruel por parte de naraku quitarle semejante organo, mi Sesshy tan aupuesto y tan padre XD te adoro amiga. CONTY!!!! Ven a mi pronto!!!
     
  4.  
    Sumi Chan

    Sumi Chan Usuario común

    Cáncer
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    ¡Queremos conty!
    ¡Queremos conty! xD
    jajajaja bueno como ya habia comentado antes, dejame decrte que aun no has puesto continuacion, y que también e estas matando por cada capitulo, y eso no es justo :D lo pero y mejor de todo, esque quiero ver la continuacion.
    Amiga me han encatado tu fic y lo sigo apoyando pero... ¡Quiero continuacion! (si soy exigente ¿Y que?) xD LoL bueno soy mala cuidate dentro de muy pronto volvere a los fics, pero con uno nuevo pasatela bien querio continuacion Me gustaria saber que paso con Inuyasha si fue adormir con Kouga (No es mal sentido) en el tejado, la pijamada de Kagome quiero ToT contiii
     
  5.  
    windmiko

    windmiko This is war

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    Título:
    ¿Quien es mi guardian?
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Capitulo anterior:

    Kagura había estado viviendo de esa manera durante mucho tiempo, se podría decir más de cincuenta años, ella aun caminaba en el bosque con el viento consolándola, con su fiel acompañante. Llevó una mano hacia donde debería estar su corazón, deseaba sentirlo palpitar, cuando ella lo tenia no le daba tanta importancia, no obstante ahora era todo lo contrario.

    — Nunca debí ofrecerme de tal manera… tal vez, si no hubiera tomado las cosas apresuradamente…

    “Juguemos a ser niños”

    El cielo parecía estar triste, lloraba causando que sus gruesas lágrimas cayeran al suelo, mojando a cada persona que pasara por las calles de la famosa ciudad de Tokio.

    — Parece que aun esta lloviendo. — musitó Kagome desde su ventana, veía claramente como las gotas de la lluvia hacían ruido al chocar con el tejado y su ventana. Siempre se sentía atraída por esta acción, tal vez la lluvia tenía un poder misterioso.

    Pero en esa ocasión, le hubiera gustado que InuYasha la estuviera acompañando.
    No estaba en la habitación. Sin embargo, el portazo que aventó Kaede la sacó de sus pensamientos inmediatamente; Kagome volteó con ella para verla con una sonrisa, ella llevó una mano a su pecho sintiendo su corazón latir deprisa debido al tremendo susto, que le habían dado.

    — Mi niña, el desayuno esta listo, ¿Por qué no bajas? — preguntó la anciana amablemente.

    — Si, enseguida voy.

    Kaede bajó primero que su nieta, ya que sentía que algo le incomodaba a la chica, y no era exactamente por que el día se había puesto nublado y planeaba estar de compras con Sango y Ayame.
    Después de cerrar la cortina rosada de su cuarto dio un suspiro, ella sentía como poco a poco perdía control con sus guardianes, no solo por el hecho de que se la pasaban peleando uno con el otro sin importar lo que pensaran las demás personas a su alrededor, si no que uno de sus guardianes en especifico, poco a poco perdía su carácter y alma, claramente podía apreciar como cada mañana su rostro se entristecía… Pero no pronunciaba ninguna palabra.
    Kagome bajó las escaleras apresuradamente, con esperanzas de ver a su primer guardián de nuevo, sin embargo cuando llegó al comedor observó a todos sus acompañantes en su vida, pero no encontró a quien mas quería.

    — Buenos días Kagome. — saludó Shippo gustosamente al notarla un poco inquieta.

    — Buenos días… ¿no han visto a InuYasha? — después de haber preguntado se sentó con ellos.

    — No, desde que me levante no lo he visto en ningún sitio. — respondió Shippo llevándose a la boca una cucharada de cereal.

    — Esa bestia esta desapareciendo todas las mañanas, se esta volviendo loco. — comentó Koga molesto por la preocupación de la gran Higurashi. La chica del cabello negro bajó su mirada al desayuno, no es que lo estuviera saboreando, al contrario, ni siquiera tenia apetito.

    Es verdad, hace cuatro días que no lo he visto cuando se levanta o por las mañanas, pero después aparece como si nada hubiera pasado, ¿Qué le sucederá a InuYasha? — se preguntó ella misma. La preocupación la abrazaba amargamente.

    Todos comenzaron a desayunar sin el, claro que no lo iban a esperar y mucho menos el segundo guardián Koga; no era muy común que InuYasha desapareciera y apareciera sin decir nada, pero siempre que alguien le quería preguntar donde estaba el desviaba el tema o simplemente se marchaba a otro lugar sin responder nada.

    ***

    El bosque parecía silencioso a comparación del joven que corría desesperado, ni siquiera el canto de un pájaro interrumpía su miedo, el sol apenas salía así que no tenia mucho tiempo que el primer guardián InuYasha estuviera así. No estaba seguro, pero al correr sentía como sus sentimientos y pensamientos se aclaraban, pero el más misterioso de todos, no podía entenderlo muy bien. No se había dado cuenta que había llegado a donde había visto a Kikyo junto con aquel ser llamado Naraku, en su mente pasó el recuerdo que había guardado de ella cuando lo salvó de una muerte segura:

    Hakudoshi se molestó por este acto y desenvainó de nuevo su cuchilla con intenciones de darle otro de sus peligrosos ataques; alzó su cuchilla para prepararse, en cambio InuYasha solo se le vino a la mente cubrirse con sus brazos y cerrar los ojos para no ver cuando le iba a enterrar la cuchilla en su cuerpo. Pero algo inesperado sucedió.
    El niño albino sintió un objeto clavado en su espalda, no podía moverse, abrió los ojos sorprendido y volteó para ver quien era el causante de su dolor, sin embargo, no mostraba sufrimiento en su rostro seguía serio y frío como de costumbre, pero eso no evitó que se hincara del ardor de su herida. Divisó a Kikyo que tensaba el arco temblorosamente, ella después cayó de rodillas exhausta.

    InuYasha empuñó sus manos, a pesar de que aquel día podía verla y sentirla, no fue capaz de salvarla de las manos de Naraku, ella se lo advirtió, Kikyo le había dicho. — antes que comenzara aquella batalla. — que se fuera, que no era necesaria su presencia, pero su terquedad y su corazón negaban aquel mandato.

    — Kikyo… ¿Estarás con vida? — visiblemente su cuerpo temblaba, ¿tanta era su duda? O ¿acaso sentía temor de que fuera cierto? Y si fuera ese el caso, ¿Por qué?

    Hace cuatro días, todas las mañanas, visitaba ese lugar para encontrarse con ella, o por lo menos deseaba encontrar algún rastro de ella, que diera señal de vida, pero ¿Por qué estaba con Naraku? ¿Acaso solamente era una ilusión que le jugó su corazón?, no eso era imposible, parecía demasiado real como pare ser aquel pensamiento… O tal vez no.

    — ¡¿Kikyo en donde estas?! — gritó con todas sus fuerzas, después de esto golpeó el suelo del puro coraje que sentía al no entender mucho del asunto. Estaba muy confundido, una brisa lo acaricio moviendo sus cabellos negros, su fleco tapaba sus ojos entristecidos, eso estaba prohibido para InuYasha.

    — InuYasha… — decía una mujer mientras extendía su brazo con intenciones de tocarlo, aunque eso estaba muy lejos de la realidad.

    La sacerdotisa observaba a InuYasha con detenimiento: sus ojos color negro como los suyos, su cabellera caía en sus hombros finamente, pero esa imagen estuviera perfecta a no ser por la tristeza que le transmitía, no era necesario ser una sacerdotisa bien entrenada para apreciarlo de esa manera. Ella lo miraba de frente, sin embargo InuYasha no percibía su presencia, y mucho menos mirarla.
    Lo que el guardián realmente buscaba.

    Desde hace tiempo ha venido aquí a buscarme. — pensó Kikyo para después tensar su arco, tenia deseos de tocarlo y sentirlo una vez mas.

    — ¡Kikyo! — se escuchó otro llamado de InuYasha, pero esta vez su voz demostraba algo de miedo, algo no muy común en el. Cualquier persona pensaría que era un pobre loco enamorado, ¿y de que? ¿De una ilusión?, La sacerdotisa Kikyo empezó a temblarle su mano extendida a punto de tocar el campo de energía que la encerraba y la hacia invisible para InuYasha.

    — Pero el campo de energía creado por Naraku no me permite pasar. — tal vez fuera poco tiempo, pero apenas se había acordado de ese mínimo pero importante detalle, si no estuviera aquel campo, sin dudarlo iría… — Creí que se había olvidado de mi… — pensó y sonrío un poco.

    Kikyo se dio media vuelta para seguir caminando y explorando el nuevo aterrador lugar que ahora ella vivía. Sin embargo, si fuera por sus decisiones ella hubiera estado un poco más ahí en ese lugar, pero si Naraku descubría las visitas de InuYasha tal vez lo mataría de inmediato y el hanyou no tendría oportunidad de defenderse el mismo.
    Ambos no tenían opción.

    Tal vez nos encontraremos algún día… — pensó sin detener su paso hacia las sombras de los árboles. — Adiós, InuYasha.

    ***

    — ¡Kagome eres impresionante! — felicitó Shippo con alegría, chupó una paleta sabor cereza.

    — Ella se ha esforzado mucho últimamente. — añadió la anciana Kaede que estaba a un lado de sus nieto, ambas personas veían detalladamente a Kagome con su traje de sacerdotisa entrenar como debió ser hace mucho tiempo, tiraba flecha por flecha sin fallar en su objetivo, su entrenadora abuela estaba orgullosa de ella. — Pero… este cambio repentino fue hace cuatro días…

    — ¡Shippo, Kaede, ¿no ha llegado InuYasha?! — preguntó Kagome sin dejar de tensar el arco, ellos se preguntaba de donde sacaba tanta fuerza aquella aprendiz sacerdotisa.

    — No, aun no. — respondieron.

    La gran Higurashi dio un suspiro y siguió practicando, tirando flecha por flecha en un mismo blanco, se notaba la mejoría en su puntería. Pero hubiera estado aun mejor concentrada sus pensamientos no se dirigieran a sus primer guardián, ¿Qué era ser un guardián realmente? Últimamente se le cruzaba la misma pregunta todas las mañanas, no podía evitar extrañar sus quejas por la mañana, que si por que no lo había levantado, o por que le daba “los buenos días” a Koga primero y no a el, curiosamente también extrañaba las peleas que iniciaba con Koga al amanecer.

    InuYasha…

    ***

    Volviendo al bosque de la luna. — donde se escondía Naraku y acompañantes, también donde estaba la puerta de la luna donde se encontraba la perla de Shikon. — se encontraba Kikyo practicando con arco y flechas, por supuesto que su puntería era perfecta, a pesar de haber muerto una vez todavía recordaba sus memorias almacenadas en su vida anterior.
    La mañana era esplendorosa.

    Así que quiere recuperar sus poderes espirituales ¿eh? — pensó un niño albino: Hakudoshi. Estaba recargado en una de las ramas de los árboles del bosque retirado de aquella mujer, pero no lo suficiente.

    — ¿Todavía sigue practicando esa mujer? — preguntó Kagura, apareciendo con una ventisca en otra rama, del mismo árbol donde estaba Hakudoshi, cruzó sus brazos.

    — Si, es muy dedicada para recuperar sus poderes. — respondió el niño sin mirarla, su vista se fijaba en Kikyo. — Jamás había presenciado a alguien tan brindada…

    Hakudoshi no se divertía en lo mas mínimo viendo a una persona hacer lo mismo cada momento, así que se bajó del árbol de un solo salto dejando a Kagura sola, ella instantáneamente se convirtió en la nueva vigilante de Kikyo.
    La geisha estaba fastidiada.
    El niño albino caminaba tranquilamente, sin embargo en su interior estaba inquieto, Naraku jamás le había comentado el porque de la resurrección de Kikyo, nadie le había dicho a la sacerdotisa que entrenara, al contrario, ella misma se dispuso a hacerlo, después de todo, para romper el campo de energía hecho por Naraku se requería de mucho poder espiritual. Su cuchilla bien afilada la tenia en su mano derecha, casi la llevaba arrastrando por todo el camino, su vista albina estaba fija hacia delante, sin embargo sintió claramente como las hojas de algunos árboles se movieron bruscamente, el niño detuvo su paso y giró hacia atrás. Era imposible que fuera el viento el causante, ya que no lo sentía recorrer su cabello; no le tomó importancia y siguió caminando.
    Pero en pocos momento sintió como alguien se acercaba a el velozmente por el aire, Hakudoshi se aferró mas a su cuchilla y creo una ventisca con ella atrás suyo — donde se dirigía el ataque. — causando así una gran nube de polvo. Hakudoshi solo esperó a que el polvo desapareciera de su vista, dejando ver a un mujer de cuerpo muy bien formado de cabellera negra y corta que terminaba hasta su cara, tenia ropa negra altanera, ojos rojos como la misma sangre que recorría sus venas, se podía apreciar una gran aura maligna. Ella estaba en el suelo recostada por el susto que apenas le había dado el niño albino.

    — ¿Quién eres? — preguntó Hakudoshi colocando su cuchilla cerca del cuello de la chica. Quería respuestas, ¿Cómo alguien como ella pudo pasar el campo de energía hecho por Naraku?

    — Hmph, solo vine por el pergamino Kushimitama. — respondió sin temor.

    El niño, sirviente de Naraku, se sorprendió por tal respuesta, ¿Cómo es que sabía la existencia de los pergaminos? Según hay cinco pergaminos en toda la región de Tokio, esos simples papeles dan acceso para que abran la puerta de la luna y así encontrar la perla de Shikon.
    Hakudoshi retiró la cuchilla del cuello de la chica, no veía ningún beneficio en matarla a excepción de la diversión, pero sus dudas seguían en su cabeza; guardó su arma en su funda, la mujer extraña se paró de inmediato por si intentaba atacarla de nuevo.

    — Tu nombre. — ordenó el sirviente de Naraku.

    — Soy Yura Sakasagami. — respondió de golpe, como si fuera lo de menos; ella desenvainó su espada apuntándole con el filo de su arma. — Si tienes el pergamino será mejor que me lo entregues.

    Una propuesta imposible.
    Cuando le quitaron el conjuro a Naraku. — cuando Kikyo lo sello en el espejo de Kanna. — utilizaron el pergamino Kushimitama, simboliza la sabiduría, eso significaba que el pergamino que Yura buscaba se encontraba en el interior de Naraku.
    Hakudoshi tenía el mismo deseo que ella.
    Una brisa los acarició a ambos recorriendo sus cuerpos libremente, Yura se miraba segura y decidida, capaz de que si el niño se negaba a tal propuesta lo mataría al instante, sin embargo Hakudoshi no le importaba ese detalla insignificante, ya que estaba seguro que el obtendría la victoria de inmediato sin diversión alguna.

    — Hagamos un trato. — habló Hakudoshi curveando sus labios.

    — ¿Qué te haría pensar que aceptaría? — la mujer colocó sus manos en su cadera haciéndola mas provocativa. — Sea cual sea el trato, diré que no. No te molestes en explicarme niño.

    — Si lo haces, te daré el pergamino Kushimitama, pero a cambio quiero algo…

    Yura respiró resignada, después de todo no le costaba hacerlo, así que desnudo su hombro sensualmente, pero cuando Hakudoshi se dio cuenta que no entendía aquella mujer lujuriosa decidió hablar antes de que le diera un paliza por idiota y ofrecida.

    — Tonta, no me refiero a eso. — detuvo con sus palabras fríamente. — Lo que quiero es que me consigas el pergamino Aramitama.

    — ¿Por qué razón piensas que se la ubicación del pergamino? — cubrió sus hombro de nuevo.

    — Tú sabes, no me digas que viniste a este sitio por curiosidad y casualmente sabias sobre la existencia del pergamino. — contestó sin titubeos el niño albino. — Si no aceptas, seria muy fácil aniquilarte yo mismo.

    — No tengo escapatoria ¿eh?, esta bien, acepto, todo por cumplir el capricho de un niño. — ella le guiño el ojo.

    Ella dio media vuelta y se retiró tranquilamente caminando como si nada hubiera pasado entre ellos, ella guardó su espada en su funda. — que se encontraba en su cintura bien definida. — mientras eso ocurrió Hakudoshi también se volteó para seguir con su camino a ningún sitio en especifico, después de todo, el tampoco tenia libertad para nada.

    ***

    Estoy tan cansada de estar aquí.

    Kagome, practicaba y practicaba sin cesar, nadie estaba acompañándola en aquel sitio, solo el árbol sagrado. Cansada tiró el arco y la flecha, no le importó si con eso Kaede la regañaba por tirar un arma que la defendería, por que según la anciana Kagome tenia que estar sincronizada con su arma.
    Cuando ella caminó varios pasos hacia el árbol y lo tocó con su mano derecha sintió un ardor, asustada se revisó ella misma divisando que estaba lastimada de tanto tensar el arco, ¿acaso esto era normal? Pero se lamentó de que no salía sangre, ¿Por qué, si no era masoquista?, la razón era muy simple, su guardián tenía un olfato muy sensible, tal vez ya hubiera estado con ella curándole la herida física.
    Sin embargo ninguno de sus guardianes podía curar la herida de su alma.
    Sus pupilas se inundaron sin permiso. Ya no podía ver nada. Su corazón poco a poco se estaba rompiendo sin que nadie se diera cuenta, nadie se percataba que la gran Higurashi estaba siendo lastimada por las propias acciones de sus guardianes.
    Estaba sola.

    Suprimida por todos mis temores infantiles.

    Hace cuatro días que estaba con esos sentimientos recién nacidos de su corazón, eran amargos debía que admitir, el frío del dolor se hacia presente en todo su cuerpo y se abrazó así misma con intenciones que disminuyera los latidos fuertes de su corazón. Recargada en el árbol sagrado, solo la acompañaba el sol iluminándola como si tuviera vida propia.
    Hace cuatro días InuYasha se escapaba en las mañanas. De su vida.
    Simplemente no lo entendía, ¿desde cuando su primer guardián había entrado tanto a su corazón? Si tan solo ella fuera Kikyo… tal vez las cosas fueran diferentes. Se talló los ojos limpiándose las lágrimas próximas que amenazaban a la chica de dejar rastro en su cara, los sollozos débiles no faltaron y sus manos levemente comenzaron a temblar.

    — Que tonta… debería ser discreta con esto. — se regañó en su mente, ¿acaso temía compartir su dolor con los demás?

    Ella se sobresaltó cuando escuchó pasos provenientes detrás del árbol, el cielo aun estaba nublado por eso una neblina cegaba un poco la vista anochecida de la chica. Tímida se asomó aun lado del tronco, rogando en su mente que no estuvieran sus ojos enrojecidos. Y ahí lo miró, su cara tranquila pero entristecida, sus ojos fijos en el camino pero a la vez perdidos, su cabellera negra danzaba al compás de la brisa que los consolaba.
    Inuyasha apenas se había percatado de su protegida, no quiso mostrar su sorpresa por que sabía de antemano que a ella le dolería, así que siguió su camino como si no la hubiera encontrado; no obstante la chica deseaba hablarle preguntarle un millón de cosas que no tenia respuesta, pero sus labios ni siquiera se movían, su mano temblaba aun mas como si le temiera a su guardián. El fleco de ambos tapaba sus ojos perdidos.

    — InuYasha… — apenas sus labios habían reaccionado ante sus deseos.

    — Kagome. Estoy cansado. — como si hubiera adivinado sus pensamientos, el ni siquiera volteó a verla. La Higurashi deseaba preguntarle principalmente si había encontrado a Kikyo, ya que después de la ultima pelea que InuYasha había tenido con Naraku el la había secuestrado. Tal vez esa era la razón que salía todas las mañanas temprano.

    Y si te vas…

    — Entonces… espero que descanses. — Kagome le dio la espalda, no deseaba verlo otra vez. Inuyasha olía a bosque, eso lo explicaba todo, había querido encontrar a Kikyo. — Así te levantaras mañana en la mañana. — Kagome le regaló una sonrisa falsa a su acompañante diciéndole adiós con su mano derecha.

    A pesar de que Inuyasha la había escuchado a la perfección no le importaron sus palabras. No negaba, ni afirmaba. Lo que mas le llamó la atención al hombre mitad bestia fue la mano de ella, sin importar lo causaran sus acciones se acercó a la chica y tomó su mano observando detalladamente la herida. La preocupación de InuYasha causó un sonrojo en las mejillas de ella, sin embargo ella no lo empujó para que no existiera tal contacto, ni siquiera le dirigió la palabra.

    — ¿Cómo te has hecho esto, Kagome? — el aun acariciaba su mano delicadamente sin lastimarla. Miraba hacia los lados con intenciones de buscar el objeto que pudo causar el daño, y encontró el arco rojo en el suelo junto con la flecha. — Así que tensaste mucho el arco.

    — …

    — Ten cuidado, ¿quieres? Después de todo no puedo confiar en ese maldito lobo. — comentó el primer guardián, ¿de donde había sacado el tema de su segundo guardián si no tenia nada que ver en eso? — La próxima vez no te esfuerces demasiado.

    Esta siendo amable… — pensó Kagome aun callada para InuYasha. Y como si fuera poco para ella, su acompañante depositó un suave beso en sus manos causándole un gran alivio a su dolor. Su cura era el, pero eso aumento mas el dolor que estaba ahogando su corazón.

    …Deseo que te vallas.

    Cuando despegó la calida mano de sus labios la miró a los ojos como si hubiera esperado una reacción por parte de ella. No vio nada. Aun así aun sostenía la delicada mano que era de su protegida, de la gran Higurashi destinada a romper la perla de Shikon, pero ¿solo por aquella razón estaba a su lado? ¿Solo por que Inuyasha es su guardián?
    Kagome seguía roja, sin embargo ya se había acostumbrado a los cambios de humor de el, esta vez disminuyó el color de sus mejillas. Cerró sus ojos para sentir a Inuyasha através de su mano, quería estar así para siempre si pudiera ser posible. La realidad estaba clara, llámala imposible. Cuando el joven soltó la mano de la joven, ella sintió como si algo le hacia falta, hubiera querido que la siguiera sosteniendo. Inuyasha dio media vuelta dispuesto a marcharse, solo dio dos pasos cuando sintió que Kagome lo abrazaba por detrás, y como si hubiera sido por causa de una enfermedad contagiosa, el sonrojo apareció ahora en el joven.

    Kagome… — pensó su nombre discretamente. La mujer solo se aferraba a el como si le resultaba imposible separarse de su guardián. Se sentía desprotegida. InuYasha incapaz de moverse de su sitio, se dejó llevar por los brazos de la chica que ahora lo tenían acorralado. — Mi protegida. — llevó sus manos con las de ellas, sintiendo de nuevo aquella calidez que la caracterizaba. Como su alma.

    Por que tu presencia todavía persiste aquí.

    Cansado que su corazón pidiera a gritos que el correspondiera el abrazo el se volteó de nuevo hacia ella, causando que Kagome lo soltara de su cintura inesperadamente; tal vez no le gustaba ese tipo de actitudes de amistad. InuYasha la miraba a los ojos como si quisiera encontrar algún rastro de felicidad en ella, pero lo único que logró es ver a su amor pasado: Kikyo.

    — ¿Qué pasa InuYasha? — cuestionó la chica al notar algo raro en la mirada que el le regalaba. — ¿Estas molesto?

    — No. No es nada.

    — Entonces, solo déjame abrazarte InuYasha. — se aferró mas el sin importar todas las cosas que se le cruzaran por la mente. Esta vez el guardián le correspondió como debió ser desde el primer momento. Todavía no podía creer lo que estaba pasando.

    Una atmosfera de protección los rodeó, ambos se sentían protegidos como si estuvieran en peligro todo el tiempo. Y a decir verdad era cierto, pero Kagome ya casi no lo notaba, tenia un guardián que siempre la acompañaba y la protegía de todo…

    Y no me dejara sola.

    — InuYasha… — musitó levemente hundida en su pecho.

    — Kikyo…

    Parecía un gran deja-vu, otra vez la confundía con aquella mujer sin rostro, ¿tan adentrado estaba con aquella mujer? Kagome no sentía el tiempo seguir su curso, es como si todo su cuerpo se congelara ante esas palabras. Su alma calida se había congelado. Ahora ya no estaban en orden sus sentimientos, era una combinación rara de tristeza con odio.

    Estas heridas no parecen sanar.

    — ¿Kikyo...? — pronunció en forma de regaño, ya no permitiría que aquella ocasión cuando la confundió por primera vez se volviera a repetir. ¿Tan herido estaba InuYasha? Si ese fuera el caso seria un gran egoísta con sus sentimientos, ya que a Kagome solo la estuviera utilizando solo para apaciguar su corazón de hanyou.

    Ella se separó bruscamente de el enojada, en cambio InuYasha apenas se había dado cuenta de su gran error de sentimientos, ¿acaso los sentimientos que tenia de las dos sacerdotisa se entrelazaban como una gran sincronización? Kagome se retiró de aquel lugar con sus manos ocultando su rostro, el guardián tenia deseos de ir alcanzarla, de detenerla y tenerla entre sus brazos de nuevo; pero al parecer su mente tenia vida propia, deseaba alejarse de los pensamientos que se relacionaban con Kikyo. No obstante, Kagome era una pieza clave para eso.

    Este dolor es demasiado real.

    Asustada y arrepentida de haber lo que había hecho y lo que deseaba hacer lloraba, no se le había cruzado por su mente débil y atormentada que fuera como fuera Inuyasha la buscaría; se abrazaba a si misma en el ardían trasero del templo, no tenia algo sagrado como las demás cosas que se relacionaban con dioses, pero a decir verdad le agradaba aquel lugar desde muy pequeña.
    Sentía una opresión en su pecho difícil de explicar, deseaba tantas cosas que a la vez no quería nada; sin embargo tenia que sentirse afortunada ya que sabia que había personas que sufrían mas que ella, ya sea por hambre o por un hogar.

    ¿Y en verdad soy afortunada? — se preguntó descubriendo sus ojos al jardín.

    En esos momentos no debió sorprenderse al percatarse que Inuyasha estaba caminando hacia a ella, mas bien debió secarse las lagrimas o por lo menos calmarse, pero sus lagrimas no cesaban silenciosamente. El solo se sentó a un lado de ella sin hacer ruido, casi se podría decir que apenas Kagome se percató de aquella acción.
    Inuyasha intentaba verla a los ojos cristalinos que ella solamente tenia.

    Hay tanto que el tiempo no puede borrar.

    El silencio iba y venia, a ambos les faltaba el valor para iniciar una conversación o una sincera disculpa; no tenía palabras para explicar lo sucedido, sin embargo no se arrepentían:

    — No son iguales. — empezó hablar Inuyasha con la mirada fija hacia las flores que adornaban el jardín. — Tú y Kikyo no son iguales…

    — Ya me los has dicho InuYasha. Esta es la segunda vez. — esas palabras fueron como una patada en su estomago. De los ojos negros de ella resbaló una pequeña lágrima que suplicaba por salir de ella, el guardián solo limpió con sus manos con un sonrojo en sus mejillas. Kagome ni siquiera le importó lo que hizo por ella, o más bien eso quería aparentar.

    La Higurashi entendía a la perfección los sentimientos de InuYasha, el que se hacia llamar su primer guardián; Kikyo había indagado demasiado en su corazón hanyou, ni siquiera el tiempo que había pasado con Kagome servia para olvidarla.
    El viento los acaricio a ambos en esos momentos de agonía, Inuyasha quería huir, pero a la vez disculparse con ella, ¿pero como hacerlo si ella misma lo estaba evitando? Y tenía todo el derecho. Cuando iba a decir otra palabra aunque fuera inútil ella se levantó de golpe como si hubiera adivinado los pensamientos de InuYasha.

    — Has lo que quieras Inuyasha, yo… jamás te obligaría hacer mi guardián si no lo deseas. — musitó para después caminar, no deseaba que las lagrimas de sus ojos volvieran a descontrolarse para salir.

    — Yo jamás mencionaría tal cosa. Kagome, si no hubieras querido que fuera tu guardián de todas maneras me quedaría a tu lado. — esas palabras fueron escusa suficiente para detener su paso sintiendo su corazón saltar de su pecho, sentía arder sus mejillas. InuYasha se levantó por si ella pensaba retirarse, eso le daría tiempo para detenerla si fuera necesario. — Aunque no fueras la gran Higurashi o si no fueras destinada para romper la perla de Shikon o reunir los cinco pergaminos de esta región… Yo te acompañaría, yo solamente te protegería de cualquier bastardo que te tocara o te quisiera… hacer daño.

    Se acercó con toda la confianza del mundo y la tomó ligeramente del hombro con intenciones que ella se volteara y lo mirara a los ojos; pero ni siquiera Kagome lo pensó.

    Cuando llorabas, te seque todas tus lágrimas.

    — Kagome, la primera vez que te vi llorar me sentí fatal. — admitió tratando que sus palabras hicieran que ella lo mirara de frente. Pero no funcionó. — Entiendo que estés enojada...

    — La primera vez que me viste llorar… estaba asustada. No es el caso.

    Ella siguió su camino sin importarle que el la siguiera hasta donde ella iría. Y así lo hizo. Caminaron y caminaron, InuYasha estaba detrás de ella pero de distancia eran unos cinco metros, le daba su espacio para que se calmara, ya se le habían acabado las opciones para tranquilizar a alguien. Ya se estaba cansando al igual que ella.

    — Deja de perseguirme. — se quejó Kagome aun con la vista al frente.

    — No quiero. — dijo el joven poniendo sus manos en su nuca, con algo tenia que distraerse.

    — Me molesta.

    — No me importa.

    — ¡Ya déjame!

    — Lo siento. — Inuyasha esta vez detuvo su paso, Kagome al sentir esa acción ella también lo imitó girando hacia a el para darle la cara. Su cabello se colocó con el movimiento en su hombro, tenía aun su traje de sacerdotisa.

    Cuando gritabas combatí todos tus miedos.

    Kagome se acercó a el sigilosa, parecía una pequeña niña que apenas veía un juguete nuevo. Y todo el enojo y la furia que la pequeña Kagome cargaba desaparecieron en instantes cuando Inuyasha se había disculpado lejos de ella. Inuyasha al ver como ella estaba no pudo evitar sentir un escalofrío recorrer todo su cuerpo. Cuando Kagome se acercó lo miró a su rostro causando un pequeño sonrojo por parte del guardián asustado.

    — ¿Qué…? ¿Que haces? — apenas sentía el rosado que yacía en sus mejillas.

    — Mmm… Ya se lo que pasa. — su mirada se enfocaba en la de el. — Lo que pasa es que te gusto — bromeó divertida la chica sonriendo para hacerlo enojar mas a el. No era sonrojo lo que tenía, estaba más rojo que el mismo color.

    — ¿Qué demonios estas diciendo niña tonta? — no le importó su comentario, siguió sonriendo, ya sabia exactamente la chica que para ella era una broma la que le estaba haciendo, pero al parecer Inuyasha se lo tomaba muy a pecho.

    — ¡Si, yo te gusto! — esta vez empezó a correr como niña pequeña y mimada. No tenia nada de malo consentirse de vez en cuando. Corría y corría sintiendo como Inuyasha la perseguía a donde ella fuera, a la excepción que estaba molesto y sonrojado. Estaban todavía en el jardín trasero del templo Aramitama. Que era muy grande y hermoso por cierto.

    — ¡No me gustan las niñas pretenciosas como tu! — no reclamaba, era un regaño, aun la perseguía junto con el sol apenas poniéndose, faltaba muy poco para que aquel joven guardián se convirtiera en un hanyou.

    Y sostuve tu mano a través de todos estos años
    Pero todavía tienes…todo de mí.

    Kagome era muy ágil saltando, cuando era una niña se imaginaba todo tipo de cosas; a través de los años que ella había pasado su infancia sola, tenia solamente el silencio y el aire jugando con ella.
    La infancia no va de una edad concreta, el niño crece y abandona los infantilismos. La infancia es el reino donde nadie muere.
    Esa vez, Kagome parecía tener un nuevo compañero de juegos, aunque el guardián no lo notara, Kagome estaba más contenta que de costumbre, no podía parar de sonreír. Cuando dio un salto al lago sus pies aterrizaron en una madera sufriente gruesa para sostener su peso; Kagome tenia un buen equilibrio a pesar de ser sostenida con un solo pie. Inuyasha también salto, pero no tenia con que sostenerse, había calculado mal y sin pensar, no tuvo mas opción que caerse al lago poco profundo. Cuando salio a tomar oxigeno rápidamente la chica se dio cuenta que ya se había trasformado en un hanyou, su verdadera forma. Lindas orejas de perro, su cabellera color de luna y sus ojos hipnotizantes color de sol. Ella seguía sonriendo divertida.

    — ¡Que antipática eres! — gruñó InuYasha dejando ver sus colmillos en sus labios y lo decía sin salir del pequeño estanque. Kagome solo se rió del comportamiento de su primer guardián, sabia que con eso había demostrado que aun era una niña que continuaba creyendo en los cuentos de hadas y cosas por el estilo. Pero ese detalle la hacia especial a todas las demás chicas.

    — ¿Te rindes Inuyasha? No me has podido atrapar. — a continuación dio otro salto para quitarse de aquella madera que estaba en el medio del estanque y aterrizó en el suave pasto verde que rozaba sus piernas suavemente. Inuyasha la miraba con recelo.

    — Yo no juego, ni siquiera estaba jugando contigo. — se quitó del estanque todo empapado regando así un poco del pasto que lo rodeaba. Se quitó su saco rojo todo mojado y lo tiró al suelo molesto, su tórax resaltaba más a la humedad de su ropa. — Me da gusto que hayas tenido una infancia adorable — habló con la misma seriedad que tenia Sesshomaru. Tal vez eso tenían en común los medios hermanos. — Pero yo no.

    Kagome por un momento se arrepintió, a decir verdad también quería alegrar con eso a Inuyasha; pero logró todo lo contrario. Bajó su mirada sintiendo un escalofrío por su espalda cuando Inuyasha pasó a un lado de ella, pensaba meterse a bañar, no deseaba enfermarse ahora ya que tenía que ser su labor de guardián con ella. No confiaba en el segundo guardián: Koga, la raza de youkai lobo. Kagome lo miró marcharse hasta que desapareció de su vista, después tomó el sacó tirado y mojado de Inuyasha y lo aferró a su pecho mojándose así un poco ella.

    Solías cautivarme con tu resonante luz.

    — ¿Como se atreve esa Kagome a tratarme como si fuera un juguete nuevo? — estaba en el baño desnudándose frente al espejo, estaba todo empapado de pies a cabeza. Abrió la regadera y comenzó a bañarse…

    Kagome estaba sentada en una de las piedras grandes grisáceas, la prenda de InuYasha aun estaba en sus manos. Con esa actitud que había tomado su guardián le decía que aun era una niña mimada, que aun no había dejado los juegos aun lado. Pero la respuesta era simple, no podía evitarlo, su niñez fue demasiado dura para ella, sin sus padres y sin nadie con quien compartir mas que su abuela Kaede, y a pesar de eso la anciana no podía jugar mucho con ella, siempre que se divertían en el patio se cansaba demasiado rápido. Era cierto y seguro, no había disfrutado su niñez perdida.
    Tal vez a Inuyasha le había pasado algo similar, pero ella se imaginaba mucho peor, si ella a eso le llamaba sufrimiento, ¿Cómo había pasado su guardián su niñez…?

    Pero ahora estoy hundida a la vida que dejaste atrás.

    Tal vez cuando el conoció a Kikyo toda su vida había cambiado por completo, el sufrimiento y el dolor que el había pasado había desaparecido en un santiamén… Si tan solo ella fuera de su época… tal vez…
    Aceptaba el hecho de que ellas se parecían, su cabello, sus poderes espirituales, incluso sus vestimentas que ambas usaban para entrenar. La vida y el vacío que ella había dejado en InuYasha y en Kaede lo estaba ocupando ella poco a poco, sin embargo no a la perfección. Ella sabia que era imposible ocupar su lugar, como un reemplazo. El plato de segunda mesa, era como decían los chicos de ahora.
    El pasado que persigue a Inuyasha, también la perseguían a ella. Era como si sus destinos y tiempos se entrelazaban entre una gran sincronización.

    — Kagome es una tonta. — solo se había bañado rápidamente para no enfermarse, a pesar de que era un hanyou lo único que quería era contraer una enfermedad. Era lo que mas aborrecía. Además de Naraku. — ¿Cómo se atreve a tratarme como un juguete nuevo?

    Enrolló su toalla blanca alrededor de su cintura, saliendo así del cuarto de Kagome — se había tomado la ligera libertad de ducharse ahí. — además sabia que el se bañaba demasiado rápido, su cabello plateado y húmedo caía en sus hombros como cascadas. Tal vez se había excedido un poco en tratar de esa manera y regañarla como si fuera alguien que tenia derecho de hacerlo, no se lo merecía, Kagome solo trataba de jugar un poco con el.
    Se había sentido extraño, jamás alguien lo invitaba a jugar de pequeño.
    Tal vez por esa razón reaccionó así.

    Tu cara persigue los que una vez fueron sueños placenteros.

    Sus pensamientos se interrumpieron gracias a los pequeños y pausados golpes que daban en la puerta, esa ligereza y timidez de golpear las cosas solamente la tenia Kagome.

    — InuYasha, ¿puedo pasar? — acertó sus sospechas, era la misma Higurashi. — Seque tu saco… así que te lo vengo a entregar. El guardián suspiró

    — Si, pasa Kagome.

    Cuando ella pasó se puso toda roja, ¿Quién iba a pensar que era la primera vez que lo veía de esa manera? Los colores se le vinieron encima, sentía arder sus mejillas. Inuyasha no lo notó por que le daba la espalada secando manualmente el cabello, no le gustaba usar la secadora que usaba la chica, se le hacia un poco raro que un hombre usara un accesorio de mujer. Aparte de que cuando el la usaba discretamente a veces sentía que se quemaban sus orejas blancas de perro. Kagome solo dejó sus sacó en el borde de la cama, ya estaba seco listo para ponerse.

    — ¿Qué tienes Kagome? Te noto un poco roja, ¿no estarás enfermándote? — preguntó al momento de voltear con ella, Kagome aprecio un poco mas el cuerpo de su guardián. Que por cierto no estaba nada mal.

    — ¿Eh? Nada. — trató que su mente se ocupara en otra cosa, inclusive ella misma trató de recordar a Kikyo. Masoquista. Pero siempre terminaba en conclusión que InuYasha tenia un escultural cuerpo. — Oye… ya me voy, recordé que tengo que ayudarle a Kaede a… — su mente y su corazón estaban a la misma velocidad.

    — Oye, antes de que te vallas me podrías ayudar a secarme el cabello. — pidió el, sin embargo no era mas que una escusa para mantenerla cerca de el. No le gustaba sentirse solo, su compañía era única y la mas sincera.

    Tu voz ha alejado toda la sensatez que había en mí.

    — Si. Ya voy. — se dirigió de inmediato a su cajón que estaba a un lado de su cama bien tendida, no encontraba la maldita secadora que siempre huía de ella; y justo cuando la ocupaba. — Pero no la encuentro…

    — Kagome. — llamó Inuyasha sosteniendo el objeto tan buscado en una mano, pero en esos momentos se dio cuenta que Inuyasha solamente traía su pantalón rojo que siempre llevaba, ¿Cómo llegó a cambiarse tan rápido? Y más aun, casi en su presencia, se le subieron todos los colores a su cara — Aquí esta.

    — ¡Oh! — se limitó a pronunciar ella apenada de no recordar donde guardaba sus cosas, también avergonzada en lo que se fijaba.

    Ella se dirigió a Inuyasha tratando de que le diera aquel aparato, sin embargo cuando el se lo entregó a Kagome se le cayó de las manos, ambos se agacharon para recogerlo y cuando sus manos buscaban la secadora azulada ambas manos se encontraban una con la otra. Ambos se sonrojaron. Pero aun así no quitaron sus manos, la piel de cada uno se sentía tan calida y apacible. Y cuando se miraron sus narices se rozaban, fácilmente podría sentirse la respiración de cada uno.
    El latir de un corazón, era uno para los dos.
    InuYasha siempre había tenido la curiosidad de probar los labios de aquella chica, su protegida, deseaba abrazarla fuertemente y que jamás se fuera de su lado, pero, ¿Por qué le pasaban ese tipo de pensamientos justamente cuando la tenia en frente? No tenia explicación alguna, pero ni siquiera le interesaba divagar tanto en ese tema, solo quería apreciar la mirada de ella posada en el, sus ojos ámbar brillaban como dos grandes soles. Y los de Kagome parecían dos grandes estrellas brillando junto con la luna.

    Trate fervientemente de decirme a mi misma que te habías ido.

    InuYasha empezó a acercarse mas ella, sus labios aclamaban los de ella, parecía no tener el control de si mismo, Kagome solo quedaba quieta esperando a que el tomara las decisiones que el quería, pero se limitó a cerrar los ojos aun sonrojada. Cuando sintió apenas los labios de el rozar un poco su labio inferior se asustó de inmediato y comenzó a temblarle sus labios, InuYasha con el poco contacto que tenia con ella lo notó, así que decidió no hacer lo que deseaba y solo se confinó a abrazarla contra su pecho. Kagome escuchaba y sentía claramente el latir del corazón de InuYasha, era una sensación que la abrazaba delicadamente, y eso le gradaba.

    — Kagome… perdón. — se disculpó apenado recargando su barbilla a la cabeza de ella. — No debí hacerlo. No… no es correcto.

    —… — ella cerró los ojos enfocándose solamente en el corazón de Inuyasha que latía acelerado, tenía una piel suave. Aunque no era la primera en notarlo. — También fue mi culpa Inuyasha… yo quería que lo hicieras.

    El joven de cabellera plateada bailó al compás del viento que soplaba en la ventana abierta, no le apenaba que Kagome sintiera su corazón, lo que mas le impactó es que ambos tenían el mismo deseo.
    Cuando Kagome alzó la mirada para encontrarse con la de el le regaló una sonrisa, no era una tímida como las que solía demostrar, esta vez estaba llena de felicidad de haberle expresado sus verdaderos deseos y sentimientos, pero cuando abrió los ojos Inuyasha de nuevo s estaba acercando a ella lentamente y con su mirada clavada en la de ella. Como si con eso le estuviera pidiendo permiso para ser el primero en sentir y sellar sus labios.
    El primer beso.

    Y sin embargo pensé que aun estabas conmigo.

    Kagome sentía que se estaba tardando o ¿acaso los segundos se convertían en minutos? Corta distancia les quedaban uno del otro; todavía tenía tiempo para retroceder como hace rato o darle una bofetada por el comportamiento inoportuno. Pero no era justo, y aunque fuera ilegal lo dejaría avanzar hacia ella lentamente.
    Cansada la chica de esperarlo ella los selló con los de el, saboreando los labios de el realmente irresistibles. Trataba de demostrarle que desde hace tiempo se estaba perdiendo en su mirada, que cuando lo miraba su corazón latía a toda velocidad, que cuando su vista se enfocaba solamente a el se sentía protegida incapaz de salir lastimada de cualquier peligro.
    Fue algo sencillo al principio, pero después se volvió algo nuevo para ellos, sintiendo el viento danzar junto con sus cabelleras no deseaban separarse, aun no. Inuyasha por fin había experimentado a lo que sabía los labios de Kagome.
    Sabían a ella y solamente a ella.
    Justo cuando el aire se les estaba acabando se abrazaron más, sin importar que si alguien los viera o los criticara por sus grandes diferencias, ¿Quién iba a pensar en una pareja de una sacerdotisa con un hanyou?, Se separaron lentamente para después mirarse a los ojos intensamente.

    —… Perdona InuYasha… — se disculpó Kagome por lo que acababa de ocurrir, sin embargo no se arrepentía. — No por que eres mi guardián, cumplirás cualquier capricho mío…

    — Kagome… jamás me ha gustado cuando te disculpas por algo que queríamos los dos. — el sonrojo aun no desaparecía. Desvío la mirada apenado.

    — Los… ¿los dos? — Kagome se paró de inmediato sonrojándose a no poder mas, se tapaba sus labios con sus suaves manos y sus ojos encantadores para cualquier chica los abrió.

    Estuve sola todo este tiempo.

    De inmediato se fue a la puerta con intenciones de huir del estado y si se podía del país, pero InuYasha la detuvo con su propio cuerpo colocándose enfrente de ella y tomándola de los hombros parecía molesto. Sus colmillos salieron a relucir.

    — Kagome no se que intenciones tienes, no se tus pensamiento o sentimientos que tienes ahora. — habló decidido y sin titubeo alguno. Su vista lucia furiosa pero a la vez amorosa, una rara pero hermosa combinación. — Incluso, ni siquiera se cuales son los míos… — pensó discretamente.

    — Solo quiero salir… quiero despejar mi mente… ¡No puedo creer que te haya dicho mis deseos! — el cuerpo de ella temblaba y eso lo sabia a la perfección InuYasha ya que aun la sostenía en brazos.

    El guardián la abrazó para calmar la angustia, y lo entendía, estaba asustada ella ni siquiera sabia lo que decía o lo que pensaba; sus orejas de perro se bajaron signo de que estaba apenado con ella.
    Pero todas esas confusiones se esfumaron de repente cuando se escuchó la voz de Kaede pedir la ayuda de su nieta, la Higurashi despertó de aquella fantasía, se quitó del agarre de Inuyasha y se retiró de la habitación dejando solo a su guardián.
    Cuando se escuchó el portazo de ella el dejó caerse de rodillas, ambos estaban confundidos, sentimientos entrelazados, confundidos, alegres, extasiados, ¿Cuál era la diferencia de todas esas cosas? ¿No te llevaban a la misma conclusión? Y a pesar de que esas preguntas no tenían respuesta alguna, había algo que si era seguro: Kagome e Inuyasha estaban entrelazando sus vidas y sus sentimientos inconcientemente.
    Kagome bajaba la escalera presurosa y rogando que no tuviera muestra de tristeza en su rostro, pero no pudo resistir llevar uno de sus dedos a sus labios sintiendo unos escalofríos. Deseaba besarlo de nuevo, la misma acción lo hizo InuYasha…

    ***

    SuMi-cHan: Pues me debes las galletitas y la vainilla xD ya hubo beso, no lo teníamos planeado pero festejamos así el final de mi querido hanyou InuYasha. Vi que comentastes dos veces si estabas ansiosa por la continuación XD

    Izayoi sama: Ya te regale el beso tan esperado (después de cuantas paginas xD) ya era hora, nos tardamos viendo una hojeada a la historia XD amiga tu siempre animándome, siempre me han gustado tus post amiga sempai.

    Aomelovecita: Gracias amiga por comentar, tú sabes que eres bienvenida aquí en esta discusión, y sobre lo de Kagome y Kikyo pues no le quise quitar mucho de la trama de la serie, (que ellas se la llevaban peleando en silencio) pero tal vez las cosas cambian en un momento. Te agradezco que me des tu opinión amiga.

    Dulcekagome: A mi también me dio mucha risa que los habíamos sacado del templo para que los huéspedes durmieran a gusto xD — es lo que suelen hacer algunos jóvenes de nuestra época. — amiga me alegra que te haya gustado la continuación.

    Yagami Raito: Gracias por tus comentarios, siempre me han gustado que comenten lo que piensan, espero que te haya agradado el capitulo.

    Anime angels: Jaja, lo de Yura a pesar que tenía planeado seguirle con aquella mujer no me resiste en poner un beso, como celebración del beso que se dieron InuYasha con Kagome. Lo que tenemos en común amiga es que somos las chibis de Izayoi sempai.

    Kinary: ¿…? — Ya sabes mi respuesta —.

    Pautokitainu: Gracias amiga por tu comentario. Si lo alcance a leer pero lamentablemente era spam.

    La canción que utilice en este capitulo especial es la canción de mi vals en mis XV y me gusto mucho la letra para ponerla aquí espero que les haya gustado.

    Artista: Evanence.
    Canción: My inmortal.
     
  6.  
    Sumi Chan

    Sumi Chan Usuario común

    Cáncer
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Este es el mejor fic de todos mis años ToT
    me hiciste llorar pero como estaba mi madre arruino el momento ¬¬
    ¡Por fin! la cosa más codiciada, el beso de Inuaysha xD jejejeje, en fin niña me gusto.
    Te expresaste y te metiste a la piel de los personajes, pobre Kagome ya van dos veces que la confunde... Sólo espero que no lo maliteprete de que Inuyasha haya confundido a Kikyo si no me suicidare ToT :llorar:
    Niña gracias por pasar a mi fic, también tu pasalo tinene continuación resiente xD
     
  7.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Escritora
    Re: ¿Quien es mi guardian?

    ¡Nihao!

    Por fin el beso tan ansiado Fyebaile era lo que espere toda mi vida, te quedó hermoso el capitulo. Primero comento y luego me daré un gusto... (muajajaja) Está extenso y hermoso, me encanta como describes las escenas romanticas... me imagino que te para eso te inspiras en algo ¿verdad chibi?

    Pero pobrecita de Kagome, el Inu-tíl sigue confundiendola con Kikyou, pero al menos cuando la besó pensó en ella y no en alguien en la muerta-viviente. Ahora si mi gusto, en la canción escribiste ...deseo que te vallas... pero la forma correcta es ...deseo que te vayas... ya que la doble "l" es para decir algo referente a una cerca. Es un error muy común de los mexicanos...

    Me encanta que mis animos sirvan de algo, ya que generalemnte me dicen loca (por algo estamos en la "clinica para dobles personalidades") pero si la que los cura soy yo... (pero para curar a un loco ocupas estar aún mas loca) gRRR.. Bien, nos vemos despues mi querida koohai chibi... ¡¡te quiero mi pequeña!! sonrojoinu
     
  8.  
    pautokitainu

    pautokitainu Iniciado

    Virgo
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    HALLO!

    O exeso de felicidad aich al fin inu inu aunque llore
    cuando la confundio pero pero ese beso
    me iso sentir tantas mariposas
    dios definitivamente solo ay dos hombres
    en el me hacen sentir esto uno de ellos es inu
    estubo magnifico perfecto eres muy buena
    aichh muero de verdad quiero saver que pasa
    pero con esto dice que llegaran mas sufrimientos ay muero bueno me gusto mucho y la canciuon muy linda,pero... kikyo aun quiere a inuyasha osea que cuando pueda se vera con el y yo (kagome) me sentire muy mal miercoles me quiero morrir tengo muchas pregguntas en mi cabeza ademas yura que tendra planeado ay mueroooooooooooooooooooo y kouga? que pasara cuando se entere aichh no no definitivamente tengo que leer la conti me encanto y yo aqui reportandome

    PAUTOKITAINU XD

    sayonara...........tkm
     
  9.  
    Kinary

    Kinary Entusiasta

    Escorpión
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Llore con el beso, se me salieron las lagrimas, sobre todo con esa cancion de Evanence es mi favortia y muy linda, con esa cancion en ingles te inspiraste, el tono es muy lindo, jamas pense que alguien utilizaria una canion en ingles pero te felicito, la narracion es como la misma Rumiko Takhashi es un FanFic hermoso. Pero, ¿mi sessho?? buenio seguramente anda cuidando a la niña de Rin xD
     
  10.  
    Loops Magpe

    Loops Magpe Entusiasta

    Leo
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    Escritora
    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Gracias por avisar amiga!!!

    En verdad me gustó este capitulo y más la parte del BE-SO ¡Por fín hubo yea yea! (Calma) Pero es que fue un gran momento, además de cuando Inu persigue a Kagome y luego se cae ¡Que lindos!
    Al principio estaban tristes y luego felices.
    ¨
    Pero ahora lo que me preocupa es lo que planea Yura y los sentimientos de Inuyasha hacia Kikyo.

    ¡Espero conti plis!
    :orejas:
     
  11.  
    dulcekagome

    dulcekagome Entusiasta

    Virgo
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    Pluma de
    Escritora
    Re: ¿Quien es mi guardian?

    ***olaaa a todasss***
    me encanto la continuacion y te digo k valio la espera
    al fin mi hanyou favorito le da un veso a kagome me encanto
    y lo mejor es k ese sentimiento era mutuo en fin espero k subas
    pronto la conti la esperare muy anciosa y si nu fuera musho pedir
    me gustaria k me avises para nu perdenme niun solo capitulo ia
    nu digo mas kuidate salu2 bye bye***atte dulcekagome*** n_n
     
  12.  
    LiFeInu

    LiFeInu Entusiasta

    Piscis
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Gomene!!!! amiga lamento el haverme perdido dos caps. pero estuve un poco ocupada...oye y a InuYasha no le dolio la caida que Kagome le izo pasar al haverlo tirado del segundo piso... amiga dime que no es verdad que Koga y Kamoga se van a casar por que si es asi yo misma mato a Kagome con mis propias manos no importa que mi hermano InuYasha se enoje con migo...pero por lo menos yo si tengo claros mis sentimiestos (jejeje...es cura amiga no te creas) ella deveria seguir mi ejemplo...jajaja...oye vi que se te ocurrio hacer un song-fic en la historia y te quedo curada oye fue el mismo que te copiaron verdad...oye la consion era de evanece verdad... note que Ayame fue feliz al probar la venganza con Kagome al ponerla como en tomate...jejeje pues fueron muy divertidos y muy lindos los dos caps...que el segundo casi me hace llorar pero no lo lograste...jajaja buenos amiga esta tu proxima conti...Sayonara...=3
     
  13.  
    windmiko

    windmiko This is war

    Escorpión
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    ¿Quien es mi guardian?
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Capitulo anterior:

    Kagome e Inuyasha estaban entrelazando sus vidas y sus sentimientos inconcientemente.
    Kagome bajaba la escalera presurosa y rogando que no tuviera muestra de tristeza en su rostro, pero no pudo resistir llevar uno de sus dedos a sus labios sintiendo unos escalofríos. Deseaba besarlo de nuevo, la misma acción lo hizo InuYasha…

    “Ella es mi hogar”

    Desde aquel momento, desde aquel suceso afectuoso no se volvieron a dirigir la palabra; a pesar de vivir en el mismo lugar y dormir bajo el mismo techo apenas se miraban cuando transcurría el tiempo.
    A pesar que aquel día era agradable como para estar de vacaciones lejos del templo Aramitama y todo lo que se relacionaba con los pergaminos y sobre la perla, Kagome estaba practicando en el mismo lugar del árbol sagrado, no es que le gustaba ya experimentar y a comenzar a acostumbrarse con aquellas armas de sacerdotisa, ella solo trataba de enfocarse en su profesión y no en otra direcciones que a decir verdad, la ponían mas nerviosa.
    Tal vez esa era una de las razones por que no afinaba bien su puntería.

    — Kagome, ¿ya te sientes lista? — preguntó Kaede con una sonrisa. La Higurashi no se había dado cuenta que la anciana estaba a su lado. Ella detuvo su entrenamiento.

    — ¿Para que? — estaba confundida.

    Ella solo se limitó a sonreír y en pocos minutos después, Kagome no supo ni como y cuando, pero InuYasha estaba sentado enfrente del árbol con una manzana en la coronilla de su cabeza. Se miraba extraño como si lo hubieran golpeado.

    — ¿Esto es necesario? — preguntó el joven guardián cruzado de brazos y arqueando la ceja. Kagome no pudo evitar carcajearse un poco y discreta, pero InuYasha la escuchó a la perfección como si estuviera muy cerca de el. Como a aquella vez que la tenía tan cerca para poder apreciar su rostro y su respiración.

    — Solo serán unos momentos. — rogó Kaede. — Kagome trata de apuntar hacia la manzana.

    — ¡Que ridículo te ves bestia! — anuncio Koga desde lejos, por supuesto que no se iba a perder aquella escena.

    — ¡Ya cállate, tu presencia me da nauseas!

    — ¿Y si lo lastimo? — Kagome se ponía nerviosa al tan solo tocar el arco, mas cuando de ella dependía una vida. Aunque no sabia si lo hacia con esa exactitud.

    — Esto es una practica, tu oponente puede estar en cualquier lugar, así que solo necesitas saber a lo que realmente quieres atacar.

    — ¡¿A mi no me toman en cuenta verdad?! — gruñó molesto pero nadie tenia oídos para escuchar sus quejas.

    Quien más la ponía nerviosa era aquel joven de ojos negros y profundos; capaces de atraer a cualquier chica a sus pies, claro, si él mimo se lo propusiera. Tensó el arco directo hacia a él, o más bien hacia la manzana brillante y apetitosa, era un desperdicio de fruta, seguramente eso le diría su madre: “habiendo mucho africanos muriéndose de hambre y ustedes jugando con la comida” Hace mucho que no pensaba en ella. En su madre. Rara vez se recruzaba esa palabra en su mente, ¿las cosas cambiarían si ella estuviera a su lado?
    La sonrisa de InuYasha le hizo reaccionar que ya tenia que apuntar con precisión; pero ella de inmediato la tiró rozando la oreja de Inuyasha, agradeció que no se la hubiera dado en la cara:

    — Todavía le falta práctica. — añadió Shippo rompiendo la tensión de la chica sacerdotisa.

    ***

    En otro lugar de Tokio se encontraba Kohaku alistando sus cosas en su mochila; — cobijas, pijama, películas uno que otro juguete — todos los elementos para una pijamada. Tal vez cuando su hermana fue a la casa de Kagome o más bien dicho templo para dormir se sintió solo. El mayor temor de Sango, su hermana mayor.
    Posiblemente trataba vengarse discretamente.
    Cuando cerró el cierre de su mochila dio un suspiro, uno de esos que relajan todos los músculos de tu cuerpo. Viera por donde lo viera ella y el siempre estaban solos. Pero antes de que su mente fuera a cuestionarse muchas preguntas decidió bajar las escaleras antes de que Sango lo llamara para que fuera a desayunar, era algo tarde para llamarle desayuno; pero aun así bajó las escaleras con rapidez ya que no le gustaba que lo esperaran, cuando llegó a la cocina se sentó en la mesa silenciosamente.

    — ¿Estas ansioso por ver a tus amigos? — preguntó Sango cuando ella sirvió su propia comida en el plato, Kohaku comía con mucha rapidez, esa era el motivo de su pregunta. Pero cuando las palabras razonaron en su mente trató de calmarse y ponerse serio, dejó la cuchara aun lado del plato y encogió sus hombros.

    —… Hermana, ¿no te sentirás sola si te dejó aquí? — las sospechas de Sango fueron acertadas, eso explicaba el porque sus ojeras en sus ojos cafés. Había pensado en el bienestar de ella. Eso es lo que mas le inquietaba a la chica.

    — No estaré bien, Kohaku ya no te preocupes por eso. — le regaló una sonrisa para después sentarse en el comedor de dos sillas.

    — Llegare temprano. — prometió Kohaku con decisión y sin balbucear sus palabras, típico de el.

    — No. Quédate adormir como acordaste. — dijo señalándolo con su pequeña cuchara lista para devorar el desayuno.

    Ya conocía a su hermana, no podía ganarle en nada y mucho menos en palabras; comenzaron a desayunar como de costumbre solos con un silencio agradable. Cuando Sango terminó de medio comer — y se lamentaba por que el desayuno era unos hot cakes con miel y mermelada, su desayuno preferido — su vista se enfocó como un imán a una fotografía que colgaba en la pared con un pobre clavo; estaba su pequeña familia; no distinguía muy bien la parte donde estaba su madre ya que la candilada un poco el sol que se asomaba por la ventana de la cocina. Su padre, un hombro exitoso en todos los labores menos en el de un padre, le costaba trabajo creer que su padre trabajaba en la cuidad de Hong Kong en China. Apenas si lo miraban de vez en cuando.

    — ¡Ya me voy hermana! — si no fuera que casi se le caí el plato al momento de levantarse ni siquiera hubiera oído su despedida.

    ***

    Miroku, el típico casanova en la preparatoria Mytho pero tenia el carácter de un ángel cuando se ponía su traje de monje. Ahora era la ocasión. Caminaba a pasos lentos, no deseaba llegar al hogar del hombre que lo cuidó desde muy pequeño: el maestro Mushin. Él, y solamente aquel viejo borracho y perezoso era el causante que su adicción por las mujeres creciera. Y sin mencionar que le entraba bien a los vinos “que no te hacia caer en depresión a la primera”.
    Cuando llegó al terrible templo adornado con botellas de vidrio tiradas en el suelo de madera, trapos sucios regados por doquier. Supo de inmediato que aquel señor perezoso lo había guardado para el. Puso una cara de pocos amigos cuando apenas vio a Mushin acostado en el suelo como cualquier borracho. Pero cuando apenas puso un pie en el templo el hombre tenia los ojos abiertos obligadamente y lo saludó rascándose la panza.

    — Hola Miroku, ¿Cómo te fue en el exorcismo? — se puso de pie difícilmente.

    — No también maestro, la casa no tenia ninguna presencia maligna o algo que se le pareciera.

    — ¿Te engañaron…?

    — Si, a pesar mi poca experiencia con los youkais me tarde mucho para inspeccionar la casa. — guardó silencio como si de una muerte se tratara, por esa razón no deseaba revelar su secreto en la preparatoria por lo mismo, se burlarían de el sin piedad. Después de todo ya nadie creía en esas tonterías. Bajó la mirada con resentimiento, pero como buen monje se lo tragaba por completo, aunque en esta ocasión se quedó atorado en su garganta.

    —… Bueno… no hay porque ponerse tristes. — animó el monje mayor. — Entra al templo y ahí platicamos, ¿Qué te parece?

    Aunque ambos eran de vicios fuertes, eran amables y se les consideraba unas personas de bien. Aunque claro, cada uno tenía sus defectos y actitudes molestas. Cuando los monjes se sentaron en el sofá hubo un silencio repentino, casi indetectable; era muy incomodo que nadie dijera algo o por lo menos estornudara. Miroku perdía su vista en la alfombra que acompañaba el suelo.

    — ¡Ah!, casi se me olvidaba Miroku. — exclamó en voz alta interrumpiendo el silencio casi molesto. — Mañana es el aniversario de la muerte de tus padres, ¿piensas ir a visitarlos?

    — Si. — la contestación tenia un toque de gracia pero a la vez de seriedad. — Pero no se todavía que ofrecerles. — sonrío levemente.

    — Solo con tu presencia los harás muy feliz. Te lo aseguro Miroku.

    ***

    Aunque rara vez le ponía mucho esfuerzo en practicar con aquella espada vieja y oxidada no le entendía el porque la importancia. Sabia que incluso presumía Kaede que la espada colmillo de acero era quien la utilizaba Midoriko y se la heredó especialmente a el, ¿Por qué? solo para proteger a Kagome quien ahora estaba en peligro, ¿y de que? Si no había tantos.
    Kaede lo observaba desde la ventana de la cocina resignada viendo como torpemente tomaba la espada y la agitaba como si fuera a salir “algo de sorpresa”

    — Si sigue así… jamás podrá controlar la espada Tessaiga.

    — InuYasha es un tonto. — apareció una segunda voz a espaldas de Kaede. Bastante varonil y retadora. — Mejor me hubieran dado la espada a mí. — añadió Koga molesto y receloso por que lo tomaban demasiado en cuenta. No porque el hanyou era el primer guardián era mejor que el. Estaba dispuesto a probarlo.

    — ¿Por qué lo dices? Si los dos son inexpertos. — dijo sin tomarlo mucho en cuenta enfocando su vista en la ventana.

    — ¡¿Qué dices?! Yo soy un gran espadachín, si me dieran aquella espada protegeré mucho más a Kagome. — respondió orgulloso.

    — ¡Koga, ¿Por qué no me lo hiciste saber?!

    — Si lo hacia, ustedes me obligarían a enseñarle todas mis técnicas a ese tonto guardián. — la respuesta estaba tan bien contestada que parecía hasta ensayada minutos antes de la discusión.

    ***

    — InuYasha, es el nombre de aquel ser. — musitó Hakudoshi aprovechando que por fin tenia una privacidad mientras caminaba por el bosque. — Es el hermano menor de Sesshomaru… se parecen demasiado tienen que ser familia…

    Pero al darse cuenta que estaba siendo observado dio la vuelta como signo de fastidio, pero debería acostumbrarse, no había privacidad en aquel bosque de la luna. Kagura estaba en una de las ramas de los árboles recargada y jugando con su abanico, eso verificaba que lo había estado espiando.

    — Kagura, quiero que me hagas un favor. — mas bien parecía una orden, como si fuera superior a ella.

    — ¿No te cansas de estar pidiendo favores? — aun jugaba con su abanico, ni siquiera se molesto en mirarlo, odiaba esa mirada albina que tenia. Bajó del árbol de un solo salto, no le dolió el aterrizaje como cualquier humano. Su espalda estaba muy bien curveada.

    — Quiero que le envíes una invitación a Sesshomaru.

    Kagura encogió sus hombros tan solo escuchar ese nombre.

    ***

    — InuYasha, quiero presentarte a alguien. — Kaede sonrío mientras que la persona que estaba a su lado se ponía cada vez mas serio. El guardián se dispuso a guardar su espada y miró al anciano que estaba a un lado de Kaede, era muy raro, tenia el cabello largo y canoso agarrado con una coleta y ojos grisáceos.

    — Eres InuYasha, ¿no es así? Kaede me contó mucho sobre ti.

    — ¿Eh? ¡Kaede ¿jamás te dijeron que no hables de las personas?! — regañó sin ser escuchado.

    — Me llamo Taigokumaru, fui un servidor de tu padre…

    — Pues nunca había escuchado tu nombre, además el esta muerto por si no lo habías notado. — sus palabras fueron crueles hasta para el mismo, no le gustaba que mencionaran su nombre en su presencia.

    — Él, antes de fallecer, me pidió que te enseñara a usar la espada.

    — ¿Acaso yo le dije que ocupaba su ayuda? — aun no deseaba a nadie queriendo observar como sacaba su “disciplina”, pero la paciencia se estaba acabando para todo el mundo. Hizo una mueca con su boca.

    … Si… estas tan seguro que puedes controlar la espada a tu manera, ¿Qué te parece si apostamos? — Taigokumaru no se iba a dar por vencido, por lo menos tenia que hacer algo en su vida. Algo peligroso. — Una batalla… Si gano, te entrenare a mi manera y a la hora que yo quiera…

    — ¡Pero si yo gano, quiero que te marches de aquí sin dejar rastro y que nunca te vuelvas aparecer con esa entupida excusa! — el anciano sonrío.

    — Acepto.

    Kaede se alejó de inmediato, no quería presenciar de cercas aquella pelea que acababa de crearse; InuYasha mostraba valentía ante la situación, ni una gota de sudor ni de vacilación apareció en su rostro. No iba a permitir que un desconocido lo entrene por órdenes de su “querido padre”.
    Taigokumaru con cuerpo de anciano solo esperaba ansiosamente la batalla con su espada en mano, no sabia por que había traído tal arma cuando Kaede lo llamó por teléfono; pero no se arrepentía, tal vez si no hubiera traído su espada lo hubiera matado con un combate de cuerpo a cuerpo…

    ***

    Ella le apuntó con su arco sin dudarlo, no estaba en sus planes matarlo ahora, ¿acaso estaba haciendo lo correcto? Ya estaba cansada de estar encerrada en un bosque sin salida, entrenar sin obtener nada a su beneficio, Naraku se las había planeado que se sintiera fatal, incluso que deseara la muerte.

    — ¿Piensas matarme con eso? — insistió Naraku parado enfrente de ella sin ninguna pizca de temor en su rostro.

    — ¿Por qué me devolviste la vida Naraku? Si tú fuiste quien me mandó al otro mundo, ¿Por qué regresarme? — siguió con sus preguntas sin ceder, ya estaba cansada de todo esto, la desesperación la estaba manipulando fácilmente.

    — Solamente preocúpate por recuperar tus poderes espirituales…

    — Eso no responde mi pregunta.

    Naraku sabia perfectamente como era ella, tal vez estaba molesta por a verla vuelto a su vida penosa o posiblemente no quería participar en sus engaños ni en sus trampas, Kikyo al ver que no respondía ante sus preguntas se limitó a tensar mas el arco, como señal de que si no respondía era capaz de matarlo con el poco poder espiritual que había reunido. Naraku curveó sus labios al sentir el aura de Kikyo enfurecida, sin embargo eso no necesitaba para sus planes.

    — Tus poderes espirituales me servirán para abrir la puerta de la luna, sin la necesidad de los pergaminos. — ella apenas escuchó bajó sus armas, no obstante no bajó la guardia. — Como sabrás, adentro de aquella puerta se encuentra la perla de Shikon.

    No tenia caso matarlo en ese mismo instante, solo estaría gastando sus energías espirituales en algo que ni siquiera la beneficiara a salir de ahí. Sin expresiones en su rostro y sin palabras se dio media vuelta quedando su cabellera negra como el mismo manto de la noche en su hombro derecho. Naraku estaba sorprendido no por la fabulosa vuelta que se dio haciéndola ver decidida y sin remordimientos, si no que no le articuló palabras de ofensa o por lo menos un: púdrete maldito.

    — ¿A dónde vas Kikyo? — y a pesar de su curiosidad no se hizo notar en su voz.

    — Iré a entrenar para recuperar mis poderes. — contestó como si la respuesta ya lo tuviera en mente. — ¿Acaso eso es lo que quieres Naraku?

    Él solo trató de ignorar su frialdad y su impaciencia por recuperar sus poderes que había perdido cuando ella había resucitado; esta vez Kikyo actuaba de forma distinta, era como si ella fuera más lista que el, que todas sus acciones eran fríamente calculadas por ella, por la sacerdotisa que se supone deseaba manipular: Kikyo. A pesar de que el había causado su muerte todavía ella accedió en ayudarle en sus planes.
    Típico de Kikyo: era una mujer misteriosa.

    ***

    Sentía el aire rozar violentamente su rostro, casi se podría decir que no respiraba así que decidió bajar la velocidad de su pluma gigantesca en la que estaba. Observaba con recelo la casa que estaba muy retirada de las demás, un color azul rey estaba sobre aquella construcción y con un hermoso jardín llenó de flores sin exagerar. Era como tener una clasificación en casa.

    — Es fastidioso que Sesshomaru nunca salga de su casa, ¿Cómo podré mandarle el mensaje de Hakudoshi? — se quejó en su mente, no era necesario quejarse en voz alta ya que seguramente Sesshomaru la escucharía y la mataría al instante como cuando fue la primera vez a verlo de frente. La quería matar con su mirada dorada flameante como el mismo sol.

    Pero, como si hubiera leído a la perfección su mente frágil y sedienta de libertad; la puerta de aquella mansión se abrió dejando a ver un hombre muy apuesto de cabellera color luna. Sesshomaru se había dado cuenta de su presencia desde que ella estaba vigilando su casa; sin embargo pensó en darle la oportunidad de que se marchara sin recibir ningún rasguño, no obstante aun sentía la presencia sobre su casa. Decidió salir para ver cuales eran sus verdaderas intenciones.
    La geisha al darse cuenta de eso decidió saltar de su transporte cómodo y aterrizó hincada y apartada enfrente de él como tres metros de distancia, cubría su rostro fino como con su arma favorita: el abanico.

    — ¿Qué quieres? — la frialdad de el era lo que mas lo caracterizaba.

    — Sesshomaru — pocas veces lo llamaban descortésmente. — He venido para darte un mensaje de parte de Hakudoshi. Quiere que tengas un encuentro con el; en el monje Fuji, el estará esperándote en la atardecer.

    — ¿Por qué el no vino a darme el mensaje personalmente? — su voz sonaba varonil con una agudeza especial en su voz. — ¿Acaso el sintió miedo ante mi presencia?

    — Hmph, no se. Mejor pregúntaselo a Hakudoshi. — su voz femenina era mas bien como una burla, tomó una pluma de su cabello y desapareció como el mismo viento después de una ventisca que movió su kimono y el cabello de aquel joven.

    ***

    La puntería aun le faltaba mucho para ser perfecta como quien dice. Sin embargo, ni podía culpar al aprendizaje de sacerdotisa sobre sus problemas, tenia que culpar a su guardián de que la flecha se desviaba a un lado, que nunca le llegaba a atinar a su objetivo… además tenia que culpar a su primer guardián de que le haya robado su primer beso.

    — Kagome, ¿Por qué no descansas? — la voz de aquella persona la hizo estremecer de pies a cabeza, no le había dirigido la palabra y ni siquiera la mirada después de lo que había pasado entre ellos. Eso lo consideraba un atrevimiento. Apoyó su mano varonil con su hombro femenino.

    — Estaré bien. No te preocupes por mí… estaré bien. — mas que nerviosa estaba un poco asustada, era como si no hubiera pasado nada entre ellos. InuYasha estaba tan ocupado en su entrenamiento ya que había perdido rápidamente con el anciano: Taigokumaru. Habían hecho un trato así que no podía echarse para atrás. El cielo estaba ya oscuro. Estaba lloviendo causando que las ropas de ambos se empaparan un poco.

    — ¡No, Kagome!, si sigues practicando te harás mas daño… Como lo que pasó con tu mano ayer… ¿lo recuerdas? — ¿y como no recordarlo? Aquella vez él había depositado un beso en sus manos como si fuera la cura perfecta… y valla que fue efectiva. InuYasha trataba de revivir esos recuerdos que jamás se esfumarían de su mente. Como una cicatriz del alma. — Supongo que ya lo olvidaste. — el sonrojo se hizo presente en sus mejillas nervioso y desviando su mirada ahora dorada a otro lado.

    — ¡Te equivocas…! Te equivocas. — la lluvia obligó que el fleco de Kagome tapara sus pupilas, lo mismo pasó con Inuyasha. Ambos curvearon sus labios como si de un chiste se tratara. Sin embargo la diversión de ser de nuevo niños no duró para siempre como uno quisiera, Kagome que era la más nerviosa, empezó a temblarle sus rodillas y no era exactamente por el frío que recorría su cuerpo. Deseaba explicarle lo sucedió aquel día, sobre su repentino escape sobre aquel calido beso, algo que había dejado huella en sus labios, en su mente y en su alma. — Inuyasha… desde aquel día yo… — y sus labios fueron sellados por un dedo índice.

    — ¡Ya te había dicho que no te disculparas por algo que…!

    — ¡No me estoy disculpando! — bajó su mirada, y aunque no lo hiciera sus ojos no se miraban. Deseaba llorar, pero a la vez reír, ¿Cómo se llamaba a ese extraño sentimiento que aun no ha sido bautizado con un nombre? Inesperadamente InuYasha tocó su fleco húmedo y lo llevó atrás de su oreja pequeña, sus ojos ámbar podían haber jurado que una lágrima resbalaba de su rozada mejilla de adolescente, pero su mente le decía que no estaba llorando que era una lágrima del cielo. Una gota de lluvia que solo deseaba fallecer en sus labios, al igual que InuYasha. Al ver que Kagome no lo miraba de frente, el con delicadeza levantó su mentón para obligarla a que lo miraba como a el le gustaba: con esa mirada color de noche que brillaban como dos grandes estrellas. Sonrío.

    — Te vez hermosa cuando te preocupas. — musitó sin importarle que aquel leve sonrojo se convirtiera en un color mas vivo. Sin embargo, Kagome no prestó al halago que acababa de escuchar, mas bien se fijaba que sus orejas de perro se empapaban causando que el las bajara como si estuviera avergonzado, o ¿acaso eso es lo que sentía? ¿Se sentía apenado con ella?

    — InuYasha, estas todo empapado…

    — ¡Ya basta Kagome! — la tomó de los hombros bruscamente y la apoyó con fuerza al tronco del árbol sagrado sin lastimarla, en realidad estaba furioso con ella, ¿Cómo era posible que fuera tan cruel con su guardián? Ella sentía temor en esa posición. Su mirada se mostraba feroz. — Todo el día has estado evitándome, ¡ya basta de eso, no sabes el dolor que me causa al no dirigirme tan siquiera tu mirada…!

    — Inu… Yasha. — hasta sus labios temblaban bajo la lluvia.

    — InuYasha — la arremedó — ¡Khe! — se volteó a un lado todo empapado por la lluvia. Pero cuando su oído escuchó que las gotas de lluvia eran muy gruesas, suficientes para enfermar a alguien tan delicada como Kagome decidió volverá girar su cabeza viendo así como su rostro estaba tapado por sus manos, los sollozos eran leves. Aun así se sentía culpable. Trataba de tocarla de los hombros pero no se atrevía, después de todo y sin saberlo le inculcó miedo a su protegida. — Ka… Kagome.

    — ¡Perdona lo siento, no fue mi intención! — comenzó decir alterada, se quitó las manos en su rostro dejando ver como sus lagrimas se combinaban con el llanto del cielo. — ¡No sabia como te sentías, creí que jamás me hablarías después de lo que paso! ¡Por favor perdóname…! — un sollozo la interrumpió permitiéndole que tomara aire para vivir, InuYasha estaba confundido, no sabía que hacer ni como expresarle que sus verdaderas intenciones no era aclarar lo que había ocurrido entre ellos. Kagome se aferró de la manga de su traje de las ratas de fuego. Estaba asustada no sabia lo que hacia. — ¡Te prometo que no lo vuelvo hacer!

    Su cuerpo femenino temblaba, InuYasha podía sentir el corazón desembocado que saltaba del pecho de su protegida. Soltaba sus lagrimas como si nunca hubiera llorado por un hombre, y ¿eso era lo que el esperaba? ¿Qué ella derramara sus lagrimas por aquel hanyou? No. El solo deseaba que ella le dirigiera una de sus sonrisas calidas que alivia el alma de cualquier ser, que lo mirara cuando ella quisiera sin pena alguna, y tal vez… si fuera posible, volver a besar esos labios sabor a ella, que tan solo con un contacto de esa parte de su cuerpo lo hacia sentir aliviado, una parte de ella se fue con el.
    El no dijo palabras, ¿y para que? Si al parecer terminaría estropeando todo lo que el había cosechado. Llevó sus brazos temblorosos gracias al contacto de ella hasta la espalda femenina, no obstante un brazo se dirigió a la cabeza de Kagome para decirle con ese detalle que todo iba a estar bien y que no se preocupara…

    Por que yo soy su guardián. — pensó con la mirada agachada queriendo encontrarse con la de ella. Su mentón lo apoyó en la coronilla de su cabeza aspirando todo el aroma que ella y solo Kagome desprendía. — Yo quiero protegerte. No quiero que me tengas miedo. — y con esas palabras fueron suficientes para que el cuerpo de Kagome dejara de temblar. Ella levantó la vista encontrándose un par de ojos ámbar como el mismo sol ardiendo en llamas.

    — Ya no se me hace extraño abrazarte de esta manera. — admitió Higurashi esbozando una sonrisa.

    — Es cierto. — añadió el mirándola aferrada a su pecho mojado. — ¿Cuándo paso esto…? Se ve tan natural que yo este a tu lado… — sonrío levemente. — Kagome es mi hogar. — pensó discretamente, el orgullo lo dominó con esas palabras.

    Un relámpago hizo que Kagome se apartara de golpe, se había dejado llevar por sus sentimientos de adolescente de dieciocho años de edad, y tan solo con aquella corta edad ya estaba involucrada con youkais, hanyous, etc…
    InuYasha hubiera preferido que se quedara un poco mas abrazándolo, pero imposible pedirse, ¿Quién decía que el era digno de aquellos abrazos calidos? Se quitó su saco y se lo dio a Kagome todo empapado, ¿para que? Kagome lo recibió sin cuestionarle el porque, tal vez le pesaba por que estaba todo empapado… No. Era respuesta absurda para lo que acababa de pasar.

    — Póntelo. Se que esta mojado como tu, pero por lo menos cubrirá una pequeña parte de la lluvia. — le dio la espalda para que no se percatara del sonrojo que había parecido en sus mejillas.

    — Gracias. — lo puso alrededor de su espalda, sintió el frío de inmediato de la lluvia, pero la calidez que InuYasha había dejado en aquella prenda era sumamente tranquilizador, era fácil olvidar que estaba lloviendo en ese tiempo. — No solo por esto. Gracias por todo.

    No le quiso prestar atención a sus palabras simples y significativas para el guardián, solo se limitó a recoger el arco y flecha que estaban tirador sobre la tierra mojada y se los puso en su hombro, volteó Kagome viéndola confundida y simpática con esa prenda que a él le pertenecían.

    — Vámonos Kagome. — anuncio, ella se acercó mas a el, pero no quería caminar “desprotegida” tomó desprevenidamente la mano de su guardián, InuYasha se asustó al principio, tal vez era por la fría mano de la muchacha o por que lo tomó por sorpresa. Tragó saliva.

    — Si. Vámonos juntos…

    ***

    SuMi-cHan: posteare en tu nuevo Fic lo prometo amiga, y bueno no era mi intención hacerte llorar xD, — siempre que intento eso nadie sale llorando, en cambio cuando no lo trato de hacer siempre me dicen eso. — Me alegra que pasaras por mi FanFic amiga. Aprecio mucho eso.

    Izayoi sama: Es verdad, me inspire en ese capitulo por que como ya todas estaban alborotadas con el beso pues decidí adelantar el suceso. MI sempai siempre me da un enorme gusto que te pases por mis historias. Lo de la canción es mi favorita, por eso tal vez no dure mucho en inspirarme. ¿Cómo no va animarme mi sempai? Te quiero mucho amiga.

    Pautokitainu: Gracias amiga por pasarte a comentar, me sorprendió que te sacara las lagrimas jeje, pero aun así me alegra que te haya gustado esa escena, por lo regular no suelo hacer ese tipo de escenas, no estoy acostumbrada, pero prometo enfocarme un poco mas al romance.

    Kinary: Sin comentarios. O_O;

    Anime angels: La otra chibi de mi sempai… me caes bien amiga xD, bueno pues lo de Yura tenia planeado seguirla con este capitulo, pero las circunstancias el romance me dominaron en la ultima escena XD

    Dulcekagome: Gracias amiga por comentar, siempre me han gustado tus lindos comentarios que nos mandas a mí y a InuAhome. Me alegra que te haya gustado aquel beso. Habrá más escenas así después de lo que ya paso.

    LiFeInu: ¿Quién es Kamoga? Si ya se que alguien me lo plagio pero no quiero hablar de eso. Creí que se iba a molestar conmigo pero tengo mis razones. ¿Casi te hago llorar? ¡Dios! Eres la primera que me dice la palabra casi… o no será que si lo logre pero el orgullo que heredaste no se te hace que lo publique aquí XD. Me sorprendió ese casi, te cuestionare en la secundaria.
     
  14.  
    Kourei

    Kourei Acosando a Gray-sama (kagome-chan) ;D

    Tauro
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    Pluma de
    Escritora
    Re: ¿Quien es mi guardian?

    (Exactamente Inuyasha, tú aquí no cuentas...) Mmm, esta vez te doy la razón Yuuko... Me encanta esta parte:




    (Fue una lastima que no le atinara) Si... me encantó como describiste la escena mi linda chibi, tan lindos los dos como suelen ser y el baka de Inu que todo lo pone la revés... jajaja.

    sonrojoinu

    Ahora ya conozco el plan de Naraku (tetardaste, normalmente tu eres a quien regañan por andar adelantando el fic sin saber) eso es verdad, ya me vetaron en otros por sacar "las conclusiones correctas" jajaja... ¡¡¡viva el spoiler!!!

    Nos vemos despues mi linda lider chibi... ¡sayonara! Fyebaile
     
  15.  
    Loops Magpe

    Loops Magpe Entusiasta

    Leo
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    Pluma de
    Escritora
    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Aaaaaaa, que lindo, pero me hubiera gustado más que se aclararan tantito más las cosas (Ash, a tí nada te complace. Primero que querias más problemas y ahora quieres que todo pase muy rapido ¡Ya haste entender!) Es que así soy.

    Lo que falta de ver es el reto del anciano e Inuyasha, es de ganar o ganar, porque, si Inu pierde, su dignidad estará por los suelos pensando que lo derrotó un anciano enclenque.

    Queridisima Windmiko, he visto que le faltan algunos asentos a varias palabras, pero solo son como dos.
    Espero que en tu cabesita siempre haiga ideas y buenas historias para conpartir en este fanfic que es simplemente tuyo y de tu propia imaginación. Los que plagian son los que no tienen nada en su cabeza y solamente se ganan el reconocimiento a costa de otros.

    Espero tu friccimo capitulo y cuidate
     
  16.  
    Sumi Chan

    Sumi Chan Usuario común

    Cáncer
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    Pluma de
    Escritora
    Re: ¿Quien es mi guardian?

    ¡Eres mala! ¡La persona más mala del mundo! *Drama* xD
    no es cierto famsoa lider-amiga-escritora.
    Me hiciste sonreír con el final... Dios Gracias a tu capitulo me inpire...
    ¡Teclado alli te voy! xD Izayoi si tiene razón...Esa parte nadie le importo a Inuyasha
    xD jajajajaja De nada amiga por pasar a tu fic, eh de crer que es el mas extenso y hermso del cemoo ( byeno aparte del mio...Que modesta xD)
    ja! no es cierto. Sigue así como esta ojala le continues.
     
  17.  
    dulcekagome

    dulcekagome Entusiasta

    Virgo
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    Pluma de
    Escritora
    Re: ¿Quien es mi guardian?

    ***!!!ola amiga!!!
    como estas quiero decirte que me encabto la conti (si tienes
    razon valio la larga espera!!!) oye si nu fue pa tanto aunque
    igual tardo en pokito. volviendo con el capitulo me encanto la
    parte en que kagome debia disparar una flecha a la manzana ek la
    cabeza del pobre inuyasha(yo ya creia que le daba en su hermosa carita T.T)
    en fin ojala que la puedan mejorar ambos en sus entrenamientos
    (si ellos son secos y mejoraran notablemente)tienes razon en fin espero la conti
    muy anciosa a! y grxs por abisarme para la proxima conti me puedes abisar nuevamente
    ya kuidate bye bye atte dulcekagome y (suzae bye) kiss n_n
     
  18.  
    LiFeInu

    LiFeInu Entusiasta

    Piscis
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    Amiga no puedo creer que hallas puesto en tal riesgo a Inuyasha, como va a hacer posible de que le pongan una manzana en la cabeza y que Kagome le lanze una flecha de verdad que imaginación la tuya, oye ahora fue el turno de Kohaku verdad ya que salio a una pijamaza después de ver a su hermana y a sus amigas y tener que asistir a la fuerza (o al menos eso creo) oye creo que el maestro Mushin se parece a mi tio en la parte de lo borracho (ups creo que no devi mencionar eso -_-‘) ho… Miroku es tan lindo, toma muy bien la de lo muerte de sus padres…(es tan tierno)… no sabia que Koga era tan eficiente con una espada…<3…cada vez me enamoro mas de el…oye amiga disculpa amiga ya me estan corriendo ya sabes pero después terminare leyendo el fic jejejeje…DX..XD
     
  19.  
    pautokitainu

    pautokitainu Iniciado

    Virgo
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    ay prexioso!!!!!!!!!
    si si gracias saves te amo? gracias por complacerme y hacer
    parts romantikas te amoo
    me encanto aich que linduu
    yl de sango nose da nostalgia XD sige asime encantatu fic
     
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    windmiko

    windmiko This is war

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    ¿Quien es mi guardian?
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    Re: ¿Quien es mi guardian?

    — Vámonos Kagome. — anuncio, ella se acercó mas a el, pero no quería caminar “desprotegida” tomó desprevenidamente la mano de su guardián, InuYasha se asustó al principio, tal vez era por la fría mano de la muchacha o por que lo tomó por sorpresa. Tragó saliva.

    — Si. Vámonos juntos…

    “Bajo la lluvia la sangre se derrama”


    La noche había sido larga, pero no para Kohaku ya que había tenido una reunión con sus amigos, sin embargo, su hermana era lo más importante como para quedar bien con sus amigos. Por supuesto que antes avisó antes de partir de aquella casa repleta de sus amigos. Sin embargo, en el camino a casa un amigo de él lo acompañó en el transcurso del camino hacia su casa.

    — Lastima que te tienes que ir Kohaku, nos divertiremos mucho. — el chico de ojos saltones intentaba aun convencer a su acompañante de que se quedara.

    — Si, pero no quiero dejar sola a mi hermana, aunque no lo demuestre siempre se ha sentido sola. — respondió Kohaku sin dudar y sin vergüenza de que su acompañante lo había escuchado.

    — Entiendo. — masculló un poco arrepentido por su atrevimiento hacia su pregunta, ya que divisó como la mirada de él se volvía un poco extrañada como si estuviera recordando algo que no debía. — Eres muy bien hermano Kohaku, me gustaría que mi hermana mayor me tratara así y que no pensara en chicos o en el Internet sin tomarme en cuenta. — bromeó.

    — Satoru, aquí te dejo, mi casa esta tan solo cinco cuadras de aquí. Gracias por tu compañía. — agradecía mientras detenía su paso para mirarlo de frente a su amigo, no respondió a su burla.

    — Esta bien. — el joven acompañante respiró resignado. — Hasta mañana, Kohaku. — se despidió con su mano al aire.

    Kohaku se despidió al igual que el con la sonrisa que lo caracterizaba desde muy pequeño, y siguió su camino.
    La verdad su casa no estaba a cinco cuadras como el había dicho, estaba más lejos; en esos momentos no quería nada de compañía, sin embargo ganas no le faltaban para regresar a la pijama que lo habían invitado… y tan bien que se sentía acompañado de sus amigos. La razón por la cual dejó a sus amigos fue se hermana mayor, tenia miedo de que ellos crecieran sin alguien que los observara o los felicitara por sus buenas obras.

    — Desde que mi madre falleció… mi hermana ha tenido que ser muy fuerte pero… Ojala que algún día logre tener la valentía de mi hermana. — musitó después de todo nadie los escucharía.

    Cuando dobló a una esquina para retrasar el tiempo para llegar a su casa — ya que quería ordenar sus pensamientos primeramente. — paró en seco y comenzó a temblar todo su cuerpo. Deliberadamente sus pupilas se centraban tan solo en aquella persona de cabellera y barba café con ropas muy elegantes como si acababa de venir de una fiesta; tenía un maletín en manos y la persona caminaba en la otra banqueta firmemente como si no temiera que lo asaltarían u algo así.
    La mente del pequeño Kohaku comenzó a darle vueltas, no podía creer lo que estaba viendo; se sentía tan confundido pero tan solo pensar que aquella persona la extrañaba demasiado no podía sentirse con una inmensa felicidad.

    — ¿Padre…?

    Aunque su corazón le decía que era real por que sus ojos lo alababan su mente estaba peleando contra así misma. Se supone que su padre estaba en viajes de negocios en la cuidad de Hong Kong muy lejos de Tokio, pero ¿Por qué estaba en ese lugar sin visitarlos? Y sin mucho menos de por lo menos dar señales de vida en aquella inmensa cuidad. No quiso quedar con sus patéticas y temerosas dudas, así que siguió a la persona que lo consideraba su padre discretamente, sin importarle que le pasara algo o se equivocara de sospechas…
    Sabía a la perfección que su hermana se preocuparía.


    Ya eran las ocho y media de la noche por lo tanto InuYasha ya se había transformado en un hanyou. Estaba en su verdadera apariencia. Y sin embargo, es donde su carácter aumentaba de ferocidad; le molestaba el tan solo recordar la batalla contra el anciano Taigokumaru; el youkai — antes sirviente del padre de InuYasha — le había ganado con un simple duelo de espadas, y pensar que ni siquiera lo había llegado a tocar con el filo de tessaiga, y como había perdido en ese tonto encuentro ahora tenia que entrenar por las fuerzas, Taigokumaru después de la pelea se había marchado del templo, en la mañana siguiente había prometido entrenar fuertemente con InuYasha: el primer guardián de Kagome Higurashi.

    — InuYasha, ¿Por qué no dejas que el señor Taigokumaru te entrene? — a Kagome le ganó la curiosidad sentada en su cama rosada mirando a InuYasha sentado en el suelo con sus piernas entrelazadas y cruzado de brazos.

    — ¡Permitir que un youkai viejo me entrene seria una tontería y una humillación…! Puedo entrenarme solo si me lo propongo — respondió bastante enojado como para golpear a alguien, quien sea. Se lamentó de que Koga no estuviera ahí. Kagome al ver su reacción se arrepintió de haber pronunciado por lo menos una palabra de aquel suceso. Se sentó aun lado de él con su típica sonrisa de niña risueña.

    — Ya, ya no es para tanto. — dijo Kagome dulcemente como si se tratara de un niño pequeño que acababa de perder su dulce preferido. Ella llevó su brazo al hombro de InuYasha para estrecharlo junto a su hombro femenino causando un leve sonrojo por parte del jovencito.

    Y como si fuera poco Kagome llevó sus manos hacia las orejas de él ruborizando más al joven hanyou; InuYasha al sentir las calidas manos de Kagome en sus orejas de perro sintió miles de emociones en su interior acompañados del placer cuando ella daba pequeños masajes circulares. La tranquilidad le vino después.

    — Kagome… yo… perdón por exaltarme. — el tono de su voz cambio drásticamente a uno dulce.

    — Descuida, además debes en cuando debo cuidar a mis guardianes. — no planeaba decirlo en voz alta, sin embargo no pudo resistirse a que él la escuchara. Y en un leve instante podría jurar que escuchó un ronroneo, ¿acaso los perros hacían eso? — ¿Sabes InuYasha…? Cuando estoy contigo no me siento sola.

    — ¿Sola? — el muchacho se separó de ella olvidando que aun tenia su sonrojo visiblemente. — ¿Acaso no te basta con la compañía de Kaede, Shippo y los demás? — Kagome supo de inmediato que aquella palabra “demás” se refería a Koga, su segundo guardián. Se rió adentro para no volver alterarlo, después de todo a quien más conocía era a él.

    — Es verdad… ya tengo muchas personas a mi alrededor cuidándome. — soltó una pequeña risa tratando de evitarla. InuYasha se paró viéndola fijamente extrañando que de nuevo ella tocara sus orejas.

    — Ya es tiempo que duermas. Mañana ambos entrenaremos temprano. — ella imitó su acción un poco confundida estaba la chica de dieciocho años.

    — ¿Ambos?, ¿Así que…?

    — Si, si. Voy a entrenar como dijo aquel tonto anciano. — interrumpió antes de que se arrepintiera y ella se emocionara.

    Todos en el templo Aramitama estaban dormidos, ellos eran los únicos que estaban despiertos atentos de cualquier ruido que se presentara. Kagome se recostó en su cama, después de todo ya le estaba ganando el sueño; InuYasha se acomodó en el suelo recostando su espada inexperta en su hombro. Los dos cerraron los ojos para intentar caer en un profundo sueño…
    ¿Qué es la vida? Un frenesí, una ilusión, una sombra, una afición; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños: son sueños.

    No intentes solventar asuntos serios en la mitad de la noche.
    Por más raro que pareciera Kagome no conciliaba con el sueño, ella al parpadear sintió sus ojos fríos como si los hubiera mantenido todo el tiempo abiertos. Era molesto ya que había movido total y revoltosamente la manta que cubría su cuerpo, inclusive su cama. Se levantó tranquilamente sin hacer tanto ruido para no despertar al delicado para los sonidos, sus cabellos despeinados que caían en sus hombros eran una perfecta prueba de que había estado moviendo su cabeza rozando con su almohada. Kagome Higurashi al sentir el frió en el piso se estremeció un poco por tal contacto, tomó una bocanada de aire para pararse completamente.
    Se desvistió quitándose su pijama amarilla con muchas caras de gatos y colocándose suavemente el traje de sacerdotisa que guardado estaba en el armario. Por unos instantes recordó que InuYasha pocas veces dormía; ¿acaso estaba fingiendo dormir esa vez para verla semidesnuda? Rezó para que su pensamiento fugaz fuera erróneo. Tomó el peine y sin hacer tanto ruido peinó un poco su cabellera, no era necesario y ella lo sabia, pero no le gustaba en lo mas mínimo que saliera de esa manera tan desapropiada. Suavemente salio de su habitación y recorrió los pasillos que tenia que recorrer para salir del templo donde lo llamaba su hogar. Cuando abrió la puerta principal — para salir al jardín — se escuchó un trueno muy fuerte que la asustó; sin embargo agradeció que eso pasara debido a que aquella puerta hacia mucho ruido al abrirla, así que aquel estruendo disfrazó el terrible ruido de la puerta.

    — Nadieesta observándome. Vamos, no tengas miedose aseguró así misma antes de pisar el césped que pronto bañaría un poco sus tobillos de la lluvia que caía.

    Si la lluvia llega hasta aquí voy a limitarme a vivir. Mojaré mis alas como el árbol o el ángel o quizás muera de pena. Tierna mujercita sumergida en las aguas de mi brazo torrencial beso mucha lluvia en tu sonrisa hay un arco iris tierno y precoz en el abanico de tu pestaña gris.
    Caminó entre el lodo y los charcos hasta el árbol que siempre acompañaba sus entrenamientos y sus equivocaciones: el árbol sagrado. A pesar de que InuYasha horas antes la había detenido por que temía que se enfermara de un resfriado sentía la necesidad de seguir con su entrenamiento; Kagome poseía el afán de superarse a si misma sin importarle cuantas veces se equivocara. Aunque sabia perfectamente que sin importar lo que ella hiciera jamás lograría superar a Kikyo.

    — Lo siento InuYasha, debo hacerme más fuerte. — dijo para si misma con la lluvia en su cabeza.

    Flecha tras flecha se clavaba en el fuerte tronco del árbol sagrado; sin saberlo y sin sentirlo, su rostro se parecía demasiado al de Kikyo cuando practicaba, su vista negra como el manto de una noche sin luna se fijaba plenamente a su objetivo, tal como le había dicho Kaede en sus entrenamientos. Sin embargo, los estornudos que debes en cuando daba bajó la lluvia interrumpían su concentración y empeño.

    — Ella será… mi primera victima en esta cacería de pergaminos. — la hermosa joven que estaba parada en el tejado húmedo miraba a Kagome como si fuera poca cosa o algo sin valor.

    La espada que adornaba su vestuario — exactamente en sus caderas bien formadas — la desenvaino peligrosamente a su boca manteniéndola ahí sin gotear sangre. El moño rojo de su cabeza estaba todo empapado al igual que sus ropas vulgares de color negro. Su mirada color sangre lucia victoriosa al mirar que unos cuantos cabellos rodeaban a la sacerdotisa aprendiz, Kagome Higurashi seguía practicando sin percatarse de lo que estaba sucediendo a su alrededor. No obstante, cuando la Higurashi iba a tirar otra de sus flechas extendiendo un poco más su brazo sintió un pequeño obstáculo sobre su mano. No le importó, creyó que era una telaraña u algo por el estilo, pero cuando tiró la flecha, su arma había quedado enganchada con su puntiagudo artefacto. Ella se asustó de inmediato y tomó la flecha en sus manos, descubriendo así unos cuantos cabellos enredados en la punta de su ballesta.

    — ¿Qué es esto? — observaba detenidamente su arma, pero cuando ella sintió un pequeño temblor que se asimilaba cuando alguien caía de una cama se volteó bruscamente para observar a aquella mujer que la asustaba con la espada en su boca. — ¡¿Quién eres, que haces aquí?! — no podía dejar que el miedo la dominara por completo, ella misma se obligó a mantener su postura. La mujer vulgar se rió por su actitud.

    — Me llamo Yura Sakasagami. Ahora me toca preguntar. — su espada la llevó ahora a sus manos dejando una marca de lápiz labial en la hoja de su arma. Se acercó dos pasos más a ella. — ¿Dónde esta el pergamino Aramitama?

    Kagome Higurashi sabia perfectamente que tarde o temprano tendría que enfrentar este tipo de situaciones, sin embargo ella misma se había obligado a no pensar tanto en eso y continuar su vida normal como cualquier chica. Pero le era imposible, siempre se había preguntado si todas estas cosas se las había guardado el destino. Desde pequeña siempre ansiaba que en su vida pasara algo grandioso y algo fantasioso, donde ella tenía que combatir con criaturas malignas o por lo menos eso creía hasta ahora.
    Pero que tampoco el destino exagere.
    La sacerdotisa retrocedió un paso aun aferrada a sus armas de defensa, rápidamente y antes de que ella misma se arrepintiera tomó una flecha y la apuntó a su enemiga temblorosa. Yura al ver la expresión de miedo en su rostro dibujó una sonrisa divertida en su rostro definido.

    — ¿Crees que podrás dañarme con eso niña? — y a pesar de la amenaza que recibió disparó la flecha dirigiéndose a su hombro, sin embargo ella se movió un poco causando que Kagome perdiera su objetivo. Yura enojada de por que no metió el pavor necesario, jaló uno de los cabellos rozando peligrosamente el hombro de Kagome causándole una herida poco profunda pero muy dolorosa.

    — ¡Ah! — se quejó un poco al ver que su herida comenzaba abrirse rápidamente, gota por gota el liquido vital para su cuerpo bañaba el pasto del templo.

    — Hmph, niña eres demasiado débil para ser la gran Higurashi. ¡Compórtate como tal! — jaló de nuevo el mismo cabello abriéndola más su herida, Kagome tomaba su brazo adolorido.

    Los oídos de InuYasha recibieron perfectamente el ruido de allá afuera donde sucedía todo un caos, su primera reacción fue voltear bruscamente hacia la cama de Kagome que yacía toda distendida con la manta tirada como si fuera cualquier objeto; cuando se levantó de golpe se maldijo así mismo por no percatarse de cuando Kagome se había ido de su cuarto o con más significado de su lado. Abrió la ventana — y se sorprendió de la resistencia de aquel vidrio por que de la fuerza que la abrió era muy fácil que se hubiera roto en pedazos —.Del árbol que estaba cerca de la ventana del cuarto se bajó rápidamente con una velocidad que él mismo desconocía.
    Cuando aterrizó sus pies descalzos sobre el pasto húmedo se percató de que el segundo guardián ya estaba más alertado que él, ya que se encontraba un poco más enfrente que InuYasha. Su rostro lucia asustado, como si hubiera visto un fantasma.

    — ¡¿Quién demonios eres tu para tratar así a mi sacerdotisa?! — no le importó recibir todas las miradas que sus acompañantes le dirigían. Koga estaba furioso al ver como trataba aquella youkai a Kagome. La tomaba del brazo fuertemente con intenciones de herirla nuevamente. — ¡Maldita te arrepentirás!

    — ¡Suéltala! — añadió InuYasha furioso, aunque no estaba tan seguro que su furia era por la sangre de Kagome que seguía escurriendo por la manga de ella o por las palabras sinceras de Koga. A veces le irritaba que el segundo guardián fuera tan abiertamente de sentimientos, algo que él ni siquiera superaba. InuYasha desenfundo su espada escandalosamente, tal vez lo hizo para recalcar que él la rescataría sin importar el precio que requería.

    — Valla, ya era hora que los guardianes aparecieran. — se burló la mujer sosteniendo a Kagome ahora por el cuello. — Muy tarde han llegado, como ya te has percatado Koga, hay millones de cabellos que ya han recorrido todo su cuerpo conectándolos unos con otros. — le decía al segundo guardián ya que Koga ya se había percatado cuando había llegado a la escena, es por esa razón que no se había movido de su lugar. Al ver la cara de confusión en InuYasha decidió hablar un poco más para intrigarlos y ponerles miedo. Mucho más a si victima. — En pocas palabras cualquier movimiento que hagan le causara mucho dolor a Kagome. — la estrujó más por el cuello.

    — ¡Maldita te voy a…!

    — Espera InuYasha. — detuvo Koga cuando él iba a dar un paso en falso. Se acercó un poco más, lo suficiente para que fuera escuchado. Tampoco se acercó mucho ya que no soportaba su olor a hanyou. — Recuerda que esta en nuestras manos la vida de Kagome, ¡Que no se te olvide!, un paso en falso podría llevarla a la muerte, recue…

    — Ya lo se pulgoso. Pero tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. — susurró. — Dime una cosa: ¿Cuántos cabellos hay enfrente de nosotros?


    A Koga le sorprendió la pregunta, tanto que abrió sus ojos azules como si jamás los hubiera abierto. Los cabellos se miraban claramente con el reflejo de la luna que estaba en el cielo, cada cabello tenia un destello y eso lo hacia muy fácil de ver o por lo menos para él. ¿Acaso InuYasha estaría bromeando con aquella tonta pregunta? Ganas no le faltaban para golpearlo.

    — ¿Qué piensas hacer bestia? — la mirada de Koga lucia aterradora dirigida a Yura, ya que ella los miraba con desden. Kagome se moría por dentro, el dolor era insoportable, sin embargo no podía emitir ni siquiera el más leve quejido de dolor, debido a que estaría preocupando aun más a sus guardianes. Cerraba sus ojos fuertemente.

    — No preguntes, y dime cuantos cabellos vez. — apretó fuertemente su espada, su paciencia se estaba agotando rápidamente. Conocía a la perfección a Kagome y sabia el dolor que estaba pasando, no deseaba que ella conociera aquel terrible sentimiento, sin embargo ella lo vivía a diario sin que nadie se diera cuenta.

    — Quince… máximo veinte. — Koga no tenia mente para contar cabellos, su corazón palpitaba con miedo y con rabia. Una rara y peligrosa combinación a la vez.

    — Bien, así se ven mejor. — aclaró Yura Sakasagami al ver sus rostros llenos de resentimiento. — Es hora de que la gran Higurashi conozca el mismo infierno.

    Desenfundó su espada colocándola peligrosamente al cuello moreteado de ella, claramente con su visión dorada podía apreciar las heridas que le había causado durante su ausencia. Sin embargo no podía permitirlo, sin pensarlo dio tres pasos moviendo varios cabellos de Yura. Pero en vez de ayudar a su protegida empeoró las cosas: InuYasha había causado que los cabellos que estaban alrededor del cuello de Kagome la habían lastimado saliendo de ella más sangre y dolor.
    ¿Cómo podrían ayudarla? Si cualquier movimiento de ellos iban en contra suya.
    Una mente con miedo es aquella que se debate entre la locura y la cordura.

    ***

    Sempai: Gracias sempai, por tu comentario. Siempre acompañándome en mis historias, te lo agradezco mucho amiga. Y bueno sobre las frases que citases son las que mas disfrute en describirlas, un poco.

    Anime angels: Gracias amiga, y bueno sobre lo que comentaste veo que si te diste cuenta que esa parte me la habían plagiado por así decirlo. Gracias por los ánimos. Se que debí describir un poco mas esa parte, pero aquella parte “romántica” la agregue sin permiso de InuAhome, y como veras no puedo agregarle mucho por así decirlo.

    SuMi-cHan: jaja gracias, la verdad el tuyo también esta muy bonito a como vas. Se que el mío es muy extenso — uff, y lo que le falta —pero siempre me centre en que fuera una linda historia y que pues tendría un hermoso y original final, al menos esa es mi idea.

    Dulcekagome: Al parecer de los comentarios a todos les gusto esa parte de la manzana xD me alegra que a ti tanbien te halla gustado. ¡Ah! Y gracias por seguir también mi otro FanFic no sabes cuanto de lo agradezco amiga.

    LiFeInu: Bueno, bueno, tu sabias mejor que nadie que eso iba a suceder, y como ya habrás visto le puse una cosita demás pequeña y quite una parte… espero que te acuerdes que parte fue amiga.

    Pautokitainu: amiga tú nunca me fallas jeje, bueno sobre las partes románticas pues creo que ya me estoy acostumbrando a eso.

    Bien, me tarde en actualizar por que había tenido muchos pendientes, tanto en la casa y en cemzoo. Pues me había restado un poco de tiempo, espero que hayan podido comprender; hace poco me anime hacer otro FanFic de Rumiko Takahashi, llamado: “mi principe hanyou” los invito a leerlo, aunque ya les pedí mucho que leyeran este. Aclaro que esta hitoria es totalmente mia, y no compartida como esta xD

    Atte.
    windmiko
     

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