Dr. House [House M.D.] Yo creo en ti

Tema en 'Fanfics sobre TV, Cine y Comics' iniciado por Heros, 8 Septiembre 2012.

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    Escritor
    Título:
    [House M.D.] Yo creo en ti
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Amistad
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1056
    Título original: I believe in you.
    Autora: Anncarter
    Cronotopo: Después de la última temporada.
    Tipo de historia: Relato
    Fandom: House M.D.
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    El hospital estaba tranquilo en aquel momento del día. Él lo sabía, ¿por qué no debería saberlo? Había trabajado en este hospital durante tanto tiempo que conocía todo lo que necesitaba saber sobre cualquier cosa. Incluso podría decir que él conocía el lugar demasiado bien; no obstante también era cierto que no existía nada, ni lugar ni cosa, que se conociera a la perfección. Aunque quisiera admitirlo o no, este hospital era un lugar importante de su vida. Y también estaba orgulloso de decir que él provenía de aquí. No podía ser el centro clínico más grande o más famoso pero era un gran lugar para trabajar. Especialmente para él.

    En ese momento estaba el doctor sentado en su despacho situado en la cuarta planta. Estaba mirando la pizarra blanca y jugando con la pelota roja y grisácea. En el gran compartimento de al lado se encontraban dos mujeres, las cuales permanecían silenciosas en contra de la voluntad del doctor rubio. Les había dicho que se fueran a casa para descansar, pero ellas ignoraron la sugerencia; las dejó que estuvieran a su lado, sabiendo que en cualquier momento podrían tener una emergencia y pudieran atender a su paciente.

    Las dos mujeres se levantaron y dejaron el despacho cuando él las observó; su cerebro comenzaba a funcionar a toda velocidad. Pensaba sobre el diagnóstico, sobre lo que podría haber sucedido al paciente y como su equipo le podría tratar. Intentó figurarse lo que había ocurrido e intentó encontrar la solución mentalmente con parsimonia hasta que se percató que comenzaba a pensar como su antiguo jefe y mentor. Aquellos pensamientos siempre le resultaban dolorosos de recordar, incluso después de que Foreman, Cameron y el mismo comprendieron que realmente no se había ido. Como sus amigos, la amistad con su jefe era complicada. No importaba lo que ocurriera, el nunca dejó de preocuparse por él. Lanzó la pelota al aire y apenas una vez capturada lo volvía a lanzar, pero esta vez se le cayó y rodó por el suelo hasta que paró –no por causa de la puerta, como hubiera podido suponer- a los pies de una persona.

    —Amaba esta pelota.

    Chase se giró, sorprendido. Era una voz que no había escuchado en muchos meses. No le extrañaba, sin embargo, cuando vio a su antiguo jefe, House, erguido enfrente de él. Realmente lo que le asombró fue que tuviera tiempo para venir y hacerle una visita.

    —House —lentamente, una sonrisa se dibujo en sus labios—. ¿Qué estás haciendo aquí?

    El aludido se agachó y cogió la pelota. No se la devolvió a Chase si no que empezó a juguetear con ella, como solía hacer a menudo. Entonces, mirando a Chase con una ligera mirada de desconfianza, dijo: “No estás sorprendido que yo esté vivo. Lo que significa que sabías que no estaba muerto”.

    Chase asintió. “Sí, nosotros lo sospechamos un mes después del funeral”, dijo mientras seguía sonriendo. Se levantó, pero House no se movió. Fue en ese momento cuando notó que su bastón había desaparecido. “¿Cómo está tu pier…?”

    —Está bien —respondió tajantemente—. ¿Qué quieres decir con nosotros?

    —Foreman, Cameron y yo —Chase replicó.

    Se mantuvieron en silencio durante un momento. House miró la pelota que sostenía en sus manos y Chase le miró a él. De repente, le devolvió la pelota. “Ya veo que tienes mi antiguo puesto de trabajo”. Chase volvió a asentir en silencio, sin estar seguro qué decir. “Felicidades. Te lo mereces”.

    Chase parecía ligeramente sorprendido. “Gracias”, respondió. Como si hubiera tenido un momento de inspiración, fijó su mirada al hombre de ojos azules que estaba frente a él. “¿Wilson te lo dijo?”.

    —Es posible —House se encogió de hombros.

    —House…

    —¿Qué importa?

    Todo sucedió en un instante. Le dio la impresión que ahora se comportaba como House, como se sentía hace un rato. Impaciente y sin preocuparse lo que otros pensaban sobre él, así era como se mostraba a los demás. House suspiró en silencio y acarició con su mano izquierda su pierna, mientras observaba la cara de Chase. “No, no lo hizo”.

    —Pero te dijo que vinieras aquí.

    —Sí.

    Chase le miró seriamente unos instantes antes de preguntar: “¿Por qué?”

    —¿Cómo podría saberlo? —la respuesta de House mostraba su cansancio y su impaciencia.— Pregúntaselo a Wilson.

    Chase volvió a sentarse para observar a su viejo mentor. “No estás aquí porque Wilson te lo dijo”. Intentó adivinar los motivos ocultos por la cual vino a visitarle. “Estás aquí porque quieres decirme algo. Bien, ¿de qué se trata?”.

    —Se está haciendo tarde —intentó evitar la pregunte e hizo el amago de marcharse.

    —¿Para qué? —preguntó burlonamente Chase.

    —Para nada que necesites saber —contestó House sardónicamente, parándose y girándose hacia su interlocutor. Chase alzó las cejas con expresión de duda aunque tenía cierta certeza con respecto al lugar en el que House debería ir; esperaba que fuera al lado de Wilson, obviamente. La voz de su ex-jefe adquirió un tono de honestidad, visiblemente afectado —. Hemos escuchado que eres el nuevo jefe de diagnósticos —Chase movió la cabeza afirmativamente—. Si había alguien que se lo merecía, eras tú”.

    —¿De verdad? —Sonrió con placer y sorpresa. Recordó en ese momento cuando en su juventud, hace ya muchos años, su jefe le contrató y esperaba su sello de aprobación para trabajar. A pesar del tiempo pasado, Chase había cambiado pero al igual que antes necesitaba de su parte su aprobación para el nuevo cargo— ¿Piensas eso?

    House se encogió de hombros. “Eres el único que mejor ha aprendido. Si alguien capacitado para llevar este departamento, eres tú”.

    —Gracias —No sabía que responder.

    Su interlocutor no replicó, sólo se limitó a girar y cojear hasta la puerta. Claramente se notaba el dolor que sentía con cada paso que daba. Abrió la puerta y, antes de irse, miró a Chase con seriedad y señaló con la cabeza la lista de síntomas escritas en la pizarra. “Es lupus”.

    —Nunca es lupus.

    House sonrió. “Bien, ahora lo es”. Era todo lo que tenía que decir antes de marcharse y dejarle solo.
     
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