de Inuyasha - [One-shot] una noche tranquila

Tema en 'Inuyasha, Ranma y Rinne' iniciado por HimekiTAT, 30 Junio 2008.

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    HimekiTAT

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    [One-shot] una noche tranquila
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    [One-shot] una noche tranquila

    Este on-shot lo hice para el concurso que organizó el grupo de Sesshômaru no Gumi, no gané (xD) pero lo subo para que lo lean ^^
    Tiene algunas modificaciones de cuando lo entregué, más que nada errores ortográficos y una que otra modificación de palabras, pero la historia es la misma.




    Una noche tranquila

    Por Himekito.​




    Era una noche tranquila, cálida en sí, pero con un ligero vientecillo soplando que la convertía en una noche muy agradable. El cielo despejado dejaba a la vista un inmenso manto negro cubierto de estrellas con una luna llena brillando, que iluminaba cada rincón del bosque. Allí mismo, bajo esa hermosa noche, una joven de figura delgada, largos cabellos negros y un rostro angelical, caminaba serenamente disfrutando de la paz y armonía que le ofrecía aquel lugar.

    Caminaba a orillas de un lago a paso lento sin fijarse bien a donde se dirigía. Estaba hundida en sus pensamientos y dejaba que su mismo instinto la guiara por allí. Luego ya de caminar por un tiempo, la joven se encontró frente a una cueva situada al pie de una enorme montaña. La entrada no era demasiado grande, pero sí se veía que el camino que le precedía era muy profundo. A pesar del gran brillo de luna, sólo se alcanzaba a iluminar una mínima parte de lo que en realidad era la cueva.

    Algo intrigada por lo que podía haber al final del túnel, decidió entrar. Camino pegada a la pared ya que dentro no se veía absolutamente nada. Ni siquiera era capaz de ver su propio cuerpo, aún así siguió decidida. Había algo allí que de alguna manera la atraía, sentía que su destino era entrar a esa cueva y averiguar lo que había al final.

    Luego de unos minutos, notó que poco a poco la cueva se iba iluminando. Pero no era ninguna luz natural provocada por la luna, si no que eran antorchas que comenzaron a aparecer en las paredes a lo largo del gran pasillo. Finalmente el pasillo, que se iba ensanchando a medida que avanzaba, acabó en una gran habitación iluminada con muchas de esas antorchas, y en el centro una enorme criatura. La joven se sorprendió al verla, pero no se asustó en absoluto.

    El animal tenía la forma de un perro gigante de pelo blanco y con una gran melena platinada que iba desde su pecho a la mitad de su lomo, rodeándole su cuello por el lado derecho. En su frente, tenía una media luna morada y sus ojos eran rojo carmesí. Éstos estaban bien abiertos mirando fijamente a la joven, una mirada demoníaca e intimidante, que le hacía dudar si acercarse o no a él. Aún así, pesar de que aquella criatura le
    intimidaba un poco, se acercó pues pensó que si le quisiera hacer algo, ya lo hubiera hecho.

    Pero para su sorpresa la criatura no se movía en lo absoluto, apenas si se le sentía respirar. Era algo extraño, la cueva era lo suficientemente grande como para q la bestia se parara pero no lo hacía, solo se quedaba quieta en el suelo, como si algo la detuviera, pero… ¿qué? ¿Realmente había algo o alguien que le impidiese moverse?
    La joven, quien ya se encontraba a pocos centímetros de él, posó su mano sobre el hocico y lo acarició suavemente. En ese instante, los ojos del perro se fijaron sobre ella, mirándola aún más amenazadoramente, se podía ver claramente la ira de él en ellos. Esa mirada fulminante la hizo retroceder unos pasos, pero no huir.

    -Solo te quiero ayudar, no me mires así. – le dijo con una expresión de fastidio.

    -Nadie pidió tu ayuda, puedes volver por donde viniste…

    -¿Ah? ¿Acaso tú hablaste? – inquirió algo confundida, al ver que la boca de la criatura no se había movido en lo más mínimo. - ¿Hay alguien mas aquí? – preguntaba mientras giraba sobre sí misma estudiando la habitación donde se encontraba. – Parece que no hay nadie… Pero yo estoy segura que…

    -Idiota… No pensé que los humanos puedan ser tan estúpidos.

    -¡Argh! ¡No me digas estúpida! – exclama molesta mientras dirige su mano a lo que sería la mejilla de la bestia, golpeándola. – Idiota serás tú que estas aquí atrapado y no aceptas mi ayuda.

    La criatura no contestó, y la joven sonrió al sentirse victoriosa. Le caminó alrededor buscando algo que le indicara porqué no podía moverse, pero no encontró nada.

    -Es un hechizo ­– le dijo el perro. – Una simple humana como tú no podrá hacer nada al respecto.

    -Tiene que haber una manera… - dijo llevando una mano a su cabeza rascándose y cambiando su expresión a una más pensativa.

    -Si la hay, pero ya te dije, ningún humano inútil y debilucho podría hacer algo.

    -Deberías cambiar un poco tu actitud, si es que quieres salir de ahí. Ahora dime que tengo que hacer.

    -Te lo diré, pero dudo que logres algo. Al menos me tendrás entretenido por un rato… Mira a tu alrededor ¿ves todas esas antorchas? La hechicera que me atrapó escondió una piedra que mantiene este conjuro activo. Solo hay que encontrarla y romperla.

    -¿Y por eso me insultaste de tal forma? – la chica estaba muy molesta pues esa simple búsqueda le parecía muy fácil.

    -No es tan fácil como crees. No hables antes de tiempo que luego tendrás que tragarte tus propias palabras. Para conseguir la piedra debes buscar en cada antorcha, pero no es solo mirar, a simple vista no verás nada en ninguna llama. La única forma de encontrarla es pasando tu mano por el fuego y comprobando tú misma si allí hay algo.

    -Eso cambia las cosas… - dijo suspirando y bajando laminada hacia sus manos, a las cuales movía un poco, como analizándolas.

    -Entiendo si te vas ahora mismo, al fin y al cabo los humanos son débiles y cobardes. No habrá rencor si huyes.

    -¡Nadie dijo nada de huir! – exclamó decidida, apretando sus puños con fuerza. – Mejor tú deberías cuidar tus palabras y procurar que sean mas dulces para que no te resulten tan amargas al tragarlas.

    Se giró y camino unos pasos hasta quedar frente a la primera antorcha, ubicada un poco más arriba que su cabeza. Algo dudosa, elevó su mano hasta ella y la pasó por la llama, ni muy lento ni muy rápido. Sintió el intenso calor quemándole pero aún así no se detuvo, después de todo no era una gran llama y terminó por atravesarla rápido.

    Siguió así por unas 13 llamas más. A pesar de que fue turnando primero la mano izquierda y luego la derecha, el dolor de ambas era demasiado. Las tenía coloradas y ampolladas, ya en algunas partes hasta la piel se le había desprendido dejando a la vista la carne roja de la chica. Seguir haciendo eso era masoquismo, inclusive el perro le había dicho que se detuviese y se marchase. Pero ella era demasiado terca, y no se iba a dar por vencida.

    Luego de soplar un poco su mano derecha, empezó a atravesar la decimocuarta antorcha. Empezó adentrando la punta de sus dedos pero el fuerte dolor le impidió seguir e instintivamente, quitó su mano de un tirón, no sin antes notar que algo había tocado. Quizás solo era su imaginación, pero casi podía asegurar que había algo en esa llama. Nuevamente, luego de airear un poco el brazo, deslizó la mano en la llama y efectivamente, cuando la sacó, tenía algo en ella.

    A causa de las ampollas, apenas si sentía que en su mano reposara algo, pero allí se encontraba una pequeña pelotita cristalina con un extraño humo azul dentro. Sin pensarlo dos veces, aguantando el dolor, elevó su brazo y con fuerza arrojó la pelotita al suelo, liberando el humo que a los segundos cubrió toda la habitación.
    La chica empezó a toser y a llamar al perro para ver si ya podía moverse. Dio unos pasos sin lograr ver bien hacia donde iba, pero algo la detuvo. Sin saber de quien vino, recibió un fuerte golpe que la arrojó contra la pared de la cueva. Asustada y adolorida elevó la vista para ver quien había sido, y se horrorizó al ver al culpable.

    Frente a ella se encontraba una especie de ogro, con una mirada temible. Y no solo eso, al disiparse completamente el humo, otros diez ogros quedaron al descubierto, todos observándola a punto de abalanzarse sobre ella.

    La chica solo atinó a esconder su rostro en sus piernas y a rogar que su muerte no sea muy dolorosa. El miedo ya la había dominado. Pero pasaban los segundos y nada ocurría, lo cual hizo que levantara la mirada buscando alguna explicación.

    Vio que los ogros seguían ahí, pero ya no la miraban a ella. Sus miradas eran dirigidas a un hermoso hombre que se encontraba en el centro de la habitación mirándolos de manera fría, pero con una sonrisa en sus labios.
    ¿Quién era ese hombre? No había nadie en la habitación aparte de ella y… Sus ojos se abrieron totalmente ante la sorpresa. Ese hombre era el perro, no había duda. Incluso tenía la media luna grabada en su frente, su cabello plateado y esa mirada penetrante…

    La mente de la joven divagaba en aquel ser, pero fue traída a la realidad por los gritos que emitieron al unísono los ogros, arremetiendo contra él. Pero para su sorpresa, éste con un solo movimiento de la espada que llevaba consigo, los eliminó a todos. Éstos literalmente se “esfumaron” en más humo azul.

    -¡Gracias! – atinó a decir la chica.

    -Solo te devolvía el favor. – contestó secamente, y dio media vuelta yéndose por el túnel por el cual anteriormente ella había entrado.

    Intentando no quedarse atrás, se levantó rápidamente y se dispuso a seguirlo, pero nuevamente hubo algo en su camino. Sin saber cómo, los ogros que antes habían sido eliminados, recobraron la vida y la rodearon. Ya no tenía escapatoria, no podía huir y el joven ya se había marchado. Este era su fin.

    Mientras, el recientemente liberado hombre se encontraba caminando por el túnel a escasos metros de la salida. Iba serenamente como quien solo daba un paseo por allí. Parecía no haberle afectado en nada ni la pelea, ni el hecho de que estuvo hechizado allí dentro quien sabe por cuanto tiempo. Mantenía su paso lento sin preocupación alguna, aunque muy en el fondo algo le inquietaba. ¿Por qué aquella joven tardaba tanto en salir? No es que le importara, pero le daba curiosidad qué podía estar haciendo.

    La respuesta a esa pregunta no tardó en llegar. Un fuerte grito se oyó desde dentro y él supo enseguida qué había sucedido. Suspirando y dando la vuelta caminó nuevamente sobre sus pasos, sin alterar el ritmo. Llegó de nuevo a la habitación que hacía escasos minutos había dejado, y vio a los ogros que él mismo había destruido rodear el cuerpo ensangrentado e inmóvil de la chica.

    -Si serán molestos… - dijo seriamente desenvainando su espada y cortándolos nuevamente hasta convertirlos en humo.

    Se acercó al cuerpo inerte de la joven y la cargó en sus brazos. Nuevamente se encaminó hasta la salida, pero esta vez sí llegando a su meta. Depositó a la joven sobre la hierba y con una espada diferente a la anterior, atravesó a la chica, quien en lugar de cortarse a la mitad, abrió sus ojos de par en par y en un impulso elevó su torso y quedó sentada mirando al vació.

    Pasado unos segundo volvió a la realidad y volteó a ver a su nuevamente salvador. No entendía bien que había sucedido pero estaba feliz de no estar muerta. Abrió un poco su boca para decir algo pero se contuvo al ver que el hombre nuevamente volteó y caminó alejándose de ella.

    -¡Espera! Yo te acompañó…

    -¿Perdón? No necesito tu compañía, gracias de todas formas. –dijo sin detenerse.

    -Tú me salvaste la vida, lo mínimo que puedo hacer es quedarme contigo hasta saldar mi deuda.

    -Ya te dije, solo te devolvía el favor. No tienes nada que pagarme.

    -Tú me devolviste el favor al salvarme una vez, pero luego volviste a hacerlo sin tener ninguna obligación. Podrías haberme dejado muerta allí dentro, pero no lo hiciste. Es por eso que te debo mi vida.

    -No te preocupes, no te pido nada a cambio. Solo déjame en paz ¿Si?

    -No lo haré, te acompañaré a donde vayas y haré todo lo que pueda por ti como muestra de mi gratitud. Déjame acompañarte – dijo juntando sus palmas como en un rezo y agachando la cabeza.

    -Haz lo que quieras… - suspiró y siguió caminando

    -¡Gracias! – exclamó animadamente y se levantó apresurada por alcanzar a su nuevo compañero. – Mi nombre es Himeko ¿el suyo cual es señor?

    -Sesshomaru

    -¿Y a dónde iremos señor?

    -A un lugar peligroso para humanas débiles como tú, será mejor que te vayas lejos de mí.

    -No señor, he hecho la promesa de siempre acompañarlo. Le seré útil en todo lo que este a mi alcance, hasta que mi deuda sea saldada.

    -Haz lo que quieras niña, pero ya déjame de llamar señor.

    -Claro, como ordenes. – le dijo sonriéndole inocentemente y tomándolo de un brazo.

    -¡No me toques! – exclamó soltándose de ella.

    -¡Si! Perdón… - se disculpó soltándolo y bajando la mirada al piso, intentando ocultar un leve sonroje en sus mejillas. – Sigo pensando en que deberías cambiar esa actitud. No hay necesidad de tratarme así.

    -Y yo no veo la necesidad de ser amable con una simple humana. Así que mejor, o te quedas y caminas en silencio, o te vas.

    -Me costará pero hablaré lo menos posible… - suspiró y siguió caminando a su lado, agradeciendo al destino por haberla guiado hasta esa cueva.






    Bueno, espero críticas, tomatazos, lo que sea xD
    Y desde ya gracias al que lo lea ^^
     
  2.  
    Daffy Duck

    Daffy Duck Usuario popular

    Leo
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    Pluma de
    Re: [One-shot] una noche tranquila

    ni Rin ni Kagome, Himeko! :)

    me gusto, en especial la parte donde muestra el gran sacrificio de la chica por buscar entre las llamas esa piedra

    Muy lindo, en verdad
     
  3.  
    Risou

    Risou Entusiasta

    Leo
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    28 Mayo 2008
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    Pluma de
    Escritora
    Re: [One-shot] una noche tranquila

    muy lindo jejeje! que valiente la chica or soportar todo ese dolor por un perro malvado y desconocido ajajja xD
     
  4.  
    fan crystal

    fan crystal Guest

    Re: [One-shot] una noche tranquila

    Pues, esta mas o menos, aunque la trama esta creativa. Puedes mejorar un poquito, en la trama, pero vas en buen camino. Lo del esfuerzo de encontrar la piedra, fue muy valiente por parte de la chica, pero creo que el joven youkai, debio ser más agradecido con ella, pero asi es el, de serio y reservado.
     

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