Aquí vengo con un LenxRin <3Un amor sincero ♥. Capítulo 1.Pov. Len Esa tarde de verano, mientras el cielo estaba celeste, despejado de nubes grises o blancas, solamente el celeste... como los ojos de aquella muchacha que divisé a lo lejos. Cabellos rubios como los míos, ojos de un celeste cristal, casi pasando a un azul profundo. Nos entreteníamos con miradas y sonrisas minúsculas e inocentes. Ella desde esa banca bajo el enorme árbol verde con flores amarillas, en el centro de la plaza, y yo desde atrás de mí puesto de heladería. Nuestros ojos casi azules se conectaban desde un "mundo paralelo", entre ondas electromagnéticas, que le hacían cosquillas a mis mejillas enrojecidas. Tratando de calmar mis ansiedades, antes de que la chica lo notara, o podría molestarle. Pasó la tarde, el cielo se volvió naranja, apareciendo unas cuantas nubes y comenzando a sentirse una leve ventisca. A la muchacha de cabellos rubios y piel pálida se le voló el sombrero que sujetaba con su falda mientras leía un libro de cubierta rosada, con imágenes de rosas y claveles. Apresurada-mente abrí la puerta, me acerqué y lo recogí del suelo, divisando como la chica pálida se acercaba corriendo, tratando de que su vestido no volara, ni que su libro se cayera. Estaba vestido casual, una remera blanca, campera amarilla y pantalones negros, cortos hasta la rodilla. Mientras que ella llevaba puesto un vestido formal, blanco con detalles anaranjados y unos zapatos que dejaban al descubierto sus hermosos dedos claros, con sus uñas pintadas de un color salmón que lograba resaltar su piel. Len entregué el sombrero, consiguiendo de su parte una simpática sonrisa. —Gracias— susurró haciendo reverencia, se notaban sus buenos modales, y por su vestimenta a juzgar, debe ser de la clase alta o de una familia con bastantes recursos económicos. Contemplando a la muchacha, copiando sus actitudes, también hice una reverencia. La rubia rió, —¿Cómo se llama amable caballero?— preguntó mirándome a los ojos, poniéndome un poco incómodo frente a ella. Yo no soy de la clase alta o de alguna familia adinerada, cualquier gesto en el que me equivocara, podría hacer que la muchacha se fuera. Pensé muy bien mis movimientos, los calculé rápidamente. Tome su mano y la volví a llevar a la banca, abandonando mi puesto a la merced de los ladrones. Luego de sentarla, me pare delante de la joven y volví a reclinar me, —Mi nombre es Len, Len Kagamine... ¿Y su nombre señorita?—, dije mirándola a los ojos y sonriendo. —Mi nombre es Rin Kagamine, es un placer conocerlo, Len. Sonrió otra vez, al parecer no había cometido ningún error ni gesto que la molestase como yo creía. Tome asiento a su lado, mire el cielo pensando en que decirle, no quiero cometer un error y logar que se marchase. —¿De dónde eres?, jamás te he visto por estas partes—, preguntó curiosa. Pensé y pensé, trataba de responder rápido. Pero tampoco quería engañarla y mentirle sobre mí... —Vivo de aquí a dos cuadras— improvisé, sin revelar mucha información. No quiero que Rin se marche, es la primera vez que la veo, ya que trabajo aquí desde ayer... ¿Qué pensará de mi si supiese que soy pobre?, siendo que ella es de buena clase, ¿Qué haría con un pobre?. Yo no soy del todo pobre, no es que ande por las calles bagando, sólo siempre llego con "lo justo" todos los días, por eso me busque un trabajo, para ver si puedo ahorrar algo de dinero para mí. —Um—, dijo poniéndose derecha, levantando la vista y mirando el cielo anaranjado, —Me encanta el color naranja, es mi color y mi fruta preferida— volteo a verme y rió, —¿Y a ti Len? —¿A mí qué? —¿Qué color te gusta?— indagó entre risas. —El amarillo— manifesté un poco altanero, Rin largó una carcajada tapándose la boca, —Rin, ¿De dónde eres? —Yo soy de allá— dijo señalando una casa de un color salmón, de dos pisos y con los bordes de las ventanas blancas, —Vivo con mi madre— agregó. —Que casa tan deslumbrante— expresé estupefacto. —Gracias. —¿Y cómo es eso de que vives con tu madre?, ¿Y tú padre?— pregunte con algo de confusión. —Mi padre nos dejó hace ya dos largos años, nos abandonó, entonces mi mamá decidió mudarse... y hace dos años que vivimos aquí. —Perdona mi torpeza para preguntar, era sólo mi irritante curiosidad— dije poniéndome de pie y haciendo otra devolución. La muchacha movió sus manos de un lado a otro, —No hay problema— luego sonrió. Se paró de la banca, —Tengo que irme— junto sus manos, sosteniendo el libro con el antebrazo, —Pero primero quiero comprarte un helado, ¿Sí? Estaba tan concertado con Rin que había olvidado la heladería, —Sí, por supuesto— dije caminando hasta allí. Llegamos, y una vez adentro me puse el gorro azul de heladero y el delantal del mismo color, —¿Qué gustos quieres Rin? Puso su dedo índice en sus labios y sonrió pensativa, —Quiero de naranja y de chocolate por favor. Tome la cuchara, abrí la refrigeradora, saqué una bocha de cada sabor y los serví en el cono. Miré el reloj y ya eran las 21:45, divisé desde la ventana y el cielo ya estaba oscuro, de un tono gris azulado. Caminé hasta la puerta, la cerré y di vuelta el cartel para que dijera "cerrado". Volví a sentarme al lado de la rubia y observé como comía helado. Mientras la veía, comencé a pensar lo mal que me sentía al no decirle lo que soy. Dudaba decirle por miedo que se fuese y me tratara como los demás adinerados, pero había algo en ella que me había pensar todo lo contrario. —No me dijiste donde vivías— comentó parando de comer dejándome sorprendido, —Debes pensar que por tener dinero soy de juzgar, ¿No?— preguntó cabizbajo con el semblante serio. —Esto... sí, algo así— dije dudando cada palabra. Largó una risa burlona, —No porque sea una persona con bienes económicos significa que voy a ser socialista de esa manera— siguió entre carcajadas. —¿De verdad no te importa? —, pregunte algo estupefacto por sus palabras. Era la primera vez que escuchaba a una persona adinerada hablar así. —No me importa, aunque cuando me ven, suelen no hablarme, directamente me ignoran— afirmo sonriente. Sin pensarlo dos veces, atine a abrazarla, haciéndola tirar su helado. Solté a Rin y nos miramos igual de sorprendidos. —Perdón lo lamento— dije algo apenado de mis acciones. —No te preocupes— sonrió, —¿Qué edad tienes Len? —Um, tengo 16 —¿A qué institución de las que hay aquí vas? —No voy a ninguna —¿Eh?, ¿Por qué? Me paré y comencé a dar un par de vueltas mientras hablaba, —Yo vivo acá desde que tengo memoria, he ido al primario, pero cuando cursaba primero en la institución a mi padre lo dejaron sin empleo, entonces deje de ir… y desde ayer comencé a trabajar. Miré a la rubia y estaba sollozando, quedé completamente impactado al verla así. —¡Len! — gritó corriendo hacia mí, luego me abrazo casi a los llantos. Volvió a observarme y le seque las lágrimas que corrían por sus cachetes un poco colorados. —Rin ya es tarde. —Um, si… me tendría que ir yendo antes de que se ponga más oscuro. Pov. Rin Salimos de la heladería, me despedí de Len y comencé a caminar hasta mi casa. Cruce la plaza y mientras caminaba sentí unos pasos como si me estuviesen siguiendo. —¿Len? — atine a decir, voltee y no era quien yo esperaba. Se trataba de un hombre con capucha, se notaban apenas unos cabellos marrones, no lograba distinguir si era un ratero, o si simplemente caminaba por la misma vereda que yo. Junte mis manos y las presione un tanto nerviosa, el encapuchado comenzó a ensimismarse, retrocedí unos cuantos pasos y comencé a correr. En mi corrida apresurada, tropecé con una grieta un tanto pequeña que se encontraba en el camino. Caí al suelo de sopetón, raspando las rodillas, manos y un poco los codos. Divisé que lentamente se acercaba a mí, buscando algo en su bolsillo. Cerré los ojos, ya en pánico, deseando que esto que estaba sucediendo fuere un sueño nada más. —¡Hey!— se escuchó a lo lejos. Después escuche pazos de alguien que se acercaba corriendo, luego se alejaban con rapidez, pero no abrí los ojos para nada, estaba en pánico. —Rin, Rin— susurró alguien sacudiéndome de un lado al otro, mientras yo estaba en posición fetal sentada, —Rin soy Len— levante bruscamente la mirada, y con los ojos algo sollozos vi al rubio extendiendo su mano par levantarme. —¡Len!— grité mientras me levantaba. Al quedar de pie, lo abrase, sin querer soltarlo, presionándolo fuertemente. —¿Está bien? —Sí, por favor, ¡Acompáñame a mi casa!— aclame entre gritos y con algo de tartamudeo, tratando de digerir la escena ocurrida. Len me miró, sonrió y asintió con la cabeza. Respondí el gesto de la misma manera y empezamos a caminar las dos cuadras restantes. En el camino una fuerte ventisca de dio escalos fríos, sujete mi libro con fuerza y cerré los ojos. El rubio se detuvo, se sacó la campera que llevaba puesta y me la dio. —Ten... o con este viento puedes enfermarte. —Um, gracias— agarré la campera amarilla, le entregué el libro a Len y me puse la campera. Sonreímos y largamos una pequeña carcajada, siguiendo nuestro camino a mi casa. Caminamos esas dos cuadras y quedé por fin en la puerta de mi casa. —Valla es más grande de lo que creía— susurró sorprendido, volteó a mirarme y sonrío diminutamente, —Bien, me voy, adiós Rin. Desesperada-mente , y a una velocidad increíble, sujete el brazo de Len. Tironeándolo hacía mí, acercándolo peligrosamente, tomando su cara y besándolo inesperadamente. Un viento leve levantó algo de tierra, iniciando una llovizna pequeña, mojándonos un poco. Cerré los ojos y disfruté el momento, yendo a lo más profundo de mi mente, evitando volver a la realidad. Algo llamado "oxígeno" nos separó, cortando aquel momento que tanto estaba disfrutando. Divisé a Len, tenía sus mejillas coloradas, los ojos bien abiertos. Comenzó a llover más fuerte, me quité la campera de Len, se la entregué y sonreí. —Nos vemos mañana, Len Kagamine— me acerqué a su mejilla aún colorada, le bese y me entre corriendo a casa. Una vez adentro, fui a la cocina y mamá no llegaba aún. Subí a mi cuarto, abrí el ropero, busqué mi pijama y me cambie. Me asomé por la ventana, Len recién comenzaba a caminar, reí entre susurridos y por fin me acosté en mi cama, pensando en el rubio que conocí aquella tarde de verano.