Tormenta [Angelic Layer] Para el concurso de Suki da yo. Lo hice en 10 minutos para que tuvieran logo, así que es bien feo. Y ni siquiera llegué al mínimo de palabras >.< La canción no pega mucho tampoco, pero tengo un trauma con ella y no pude evitarlo. Eso unido a que creo que es lo primero que escribo de CLAMP... es un 'coso' con todas las de la ley :o Aviso que está basado en el manga, no en el amine. Canción: Hasta que pase la tormenta - Despistaos y Dani Martín. --- –Misaki… –atisbó a susurrar entre lágrimas. La dulce niña corrió a esconderse al golpearla de nuevo la cruda realidad de lo que provocaba en su madre. ¿Era posible hacerle tan daño al ser que más amaba? ¿Qué estaba haciendo mal? Deja que me quede un rato más aquí, Sólo hasta que pase la tormenta, Déjame que puede que no vuelva a sonreír, Quédate conmigo y me orientas. Impotencia. Tan sólo conseguía llorar y llorar al pensar en aquella situación. Desde siempre había sido así, no lograba recordar un momento de tranquilidad junto a su madre, siempre acababan de aquel modo: ella escondida del mundo dentro de su baúl de juguetes, y la mujer desesperada tratando de controlar lo incontrolable. Y es que más de una vez habían intentado que ella se acostumbrara a la presencia de ese ángel que tenía por hija, pero era imposible. No podía, simplemente no podía quedarse junto a ella sin que esa sensación extraña y apabullante se introdujera en su mente. Lo único que habían logrado al forzar la situación había sido hacerse más daño mutuamente. Antes de que suene a despedida, La tristeza sostenida, Que no deja de latir, Y antes de que te des por vencida, Piensa que es la única vida, Que podemos compartir. Y es que Shuko sufría lo indecible. No era sólo el pánico que le provocaba aquello, sino también la impotencia y la frustración de no poder hacer nada por remediarlo. De saber que la estaba dañando de una forma irreparable. Deja que me quede un rato más aquí, Quiero que me apuntes en tu agenda, Deja que me quede y nunca más me vuelva a ir, No me dejes ser solo a medias. Y Misaki era apenas una niña. No podía comprender, aunque la verdad es que muchos adultos tampoco entendían. Ella sólo rogaba una y otra vez para que esa desconocida a la que asustaba la dejara quedarse a su lado. Y lloraba, lloraba mucho. Quizás con la vana esperanza de que alguien superior arreglara aquello. Antes de que suene a despedida, La tristeza sostenida, Que no deja de latir, Y antes de que te des por vencida, Piensa que es la única vida, Que podemos compartir. –Sabes que no es tu culpa, pequeña –dijo la anciana desde el marco de la puerta. –No… No lo sé, abuela. –Cuando crezcas lo harás. De momento, ¿por qué no vienes a ayudarme con los onigiris? –Prefiero quedarme aquí. Su pequeña se estaba transformando con todo aquello. Desde que empezó a comprender lo que sucedía con su madre, había cambiado su actitud, ya no era la niña inocente y dulce que danzaba bajo los pétalos de sakura mientras caían. Eso le estaba haciendo más daño del debido, y había que ponerle punto y final si no querían que fuera más allá. Deja que me quede un rato más aquí, Deja que remiende tus heridas, Esas que yo mismo hace unos días descosí, Déjame ser tu paracaídas. A partir de ese día, Shuko desapareció para la pequeña. Al principio sólo evitaba salir de su cuarto, pero esa situación no podía mantenerse por mucho tiempo. Tomó la decisión de marcharse, lejos, y cuanto antes. Misaki tampoco preguntó por ella hasta unos meses después. Para los niños no suele ser bueno perder la figura materna, pero sus abuelos supieron suplir esto con todo el cariño que podían proporcionarle. Pero ahora… ahora quiere ir a Tokyo. Quizás vuelvan a encontrarse. Y quizás ambas logren superar el daño que algún día se hicieron. Quizás logren que se pase esa tormenta.