Contenido oculto: Nota de la autora + Link a un video Aloh uvu Bienvenidos a otro escrito que no es precisamente un songfic pero que sí estuve moderadamente inspirado en Terekakushi Shishunki, una canción (spoilers) mucho más alegre que esta historia. Woops (?) Saludos y gracias por pasarse a leer este escrito uvu —¿No saldrás temprano hoy, Len?— me preguntó Luka desde su estación de trabajo. —Me temo que no puedo— dije sin levantar la vista de la caja de regalo que estaba envolviendo. —Muchos clientes siguen comprando regalos de última hora, hay trabajo. —Probablemente podrías haber pedido la salida de todas formas. —Me conviene más trabajar el turno completo y que me paguen. —Creí que tu hermana venía de visita y la recogerías en el aeropuerto. —Puede simplemente tomar un taxi. Cenaré con ella al salir del turno. Luka me miró con cierta tristeza, o tal vez preocupación, pero luego suspiró por lo bajo y decidió dejar de insistir, siguiendo con su propio trabajo. Supongo que no utilicé el tono más adecuado, pero me era un poco difícil ocultar que no quería que me cuestionara al respecto. No es como si dijera mentiras; solo era un estudiante que vivía solo, necesitaba dinero y trabajaba medio tiempo envolviendo regalos en una tienda departamental, la cual realmente no tenía ninguna obligación de pagarme el turno completo si me salía temprano. Además de eso, Rin podía, efectivamente, tomar un taxi y cenaría con ella al salir del turno. A pesar de ser 24 de diciembre, y las 5:00pm, aún me quedaban tres horas de trabajo para poder ir a casa. Esperaba que, para entonces, Rin ya hubiese llegado y entrado con la llave que le indiqué había escondido en el marco de la puerta. Su vuelo debía aterrizar alrededor de las 6:00 y del aeropuerto a mi departamento se hacía mínimo media hora, máximo una. Tuve que pedirle de favor que llegara encendiendo la estufa, donde había dejado un pastel de carne listo para hornearse; así, no tardaría algo menos que si esperaba a que yo llegara. Rin se había mudado al otro lado del país para vivir con nuestra madre luego de que nuestros padres se divorciaran más de un año atrás. Yo me quedé con nuestro padre, pero escasos meses después se deprimió terriblemente, descuidando su vida y su salud hasta fallecer. Yo estaba por cumplir 18 años y no creía necesario ni quería mudarme: no porque no quisiera mi madre o a mi hermana, o culpara a alguna de las dos por la depresión de mi padre, sino simplemente porque estaba en la universidad, tenía amigos que no quería dejar atrás, estaba muy acostumbrado a la ciudad en la que crecí. Estaba y estaría bien solo. Apliqué para toda beca que la universidad pudiese ofrecerme, y conseguí un trabajo; he estudiado y trabajado duro para poder mantener mi carrera, mi salud, los gastos del departamento que mi padre había comprado. Y así, he pasado casi un año viviendo bien. Rin solía mandarme mensajes de texto al menos una vez por semana, contándome cosas que le sucedían en su universidad, metas que lograba, gente a la que conocía: y también preguntándome cómo me estaba yendo a mí, con la escuela, el trabajo, siempre tratando de averiguar si ya tenía novia sin preguntármelo directamente. Y al menos una vez al mes decidía mejor llamarme por teléfono si estaba especialmente emocionada por contar algo. No solía decírselo muy seguido, pero la adoraba. Mi hermana era muy importante para mí. Deseaba tener el valor de decirle a Rin en persona que significaba mucho para mí, y que muchas veces lamentaba no haber querido mudarme con ella, pues solía echarla de menos. Sorprendentemente, pensando en ella, el resto de mi turno terminó antes de que lo notara. —El Polo Norte oficialmente está cerrado— dijo Luka limpiando su estación de trabajo. —Vaya, el tiempo vuela…— respondí también limpiando mi área. —Supongo que realmente estabas concentrado trabajando ¿huh? —Sí…— Cuando terminé de limpiar, me puse mi abrigo. —Bueno, feliz Navidad, Luka. —Feliz Navidad, Len— sonrió. —Saluda a Rin de mi parte. —De acuerdo. Nos vemos en un par de días, supongo. La mayoría de las veces me quitaba el uniforme en los vestidores para empleados, pero una vez que terminó mi turno oficialmente, definitivamente quería llegar a casa lo más pronto posible. Antes de llamar un taxi, llamé a Rin; y me sorprendió bastante que no contestara, ni tener ningún mensaje de ella haciéndome saber que llegó. Supuse que tal vez había gastado la batería de su teléfono en el vuelo y no lo había puesto a cargar, la muy distraída. Tuve suerte para encontrar un taxi así que supuse que podría regañar a Rin una vez que la viera. Pero pensando en la posibilidad de que su teléfono simplemente no tuviera volumen, volví a marcar un par de veces en el camino. El tráfico afortunadamente tampoco era muy pesado; supongo porque muchas personas ya estarían donde deberían estar, reunidos ya con sus familias para sentarse a cenar. Suspiré aliviado cuando finalmente llegué a casa. Sin embargo, me sorprendí enormemente al entrar y ver que Rin aún no había llegado. Y una vez que pasó la sorpresa, entré en pánico, volviendo a tratar de llamarla por teléfono. Tres veces intenté, pero las tres veces se quedó sonando hasta mandarme al buzón. Empezaba a sentir que me faltaba el aire de la preocupación, pero no tenía idea de qué más podía hacer además de seguir llamando, esperando que contestara en algún momento. Me tomó otros cuatro intentos decidir buscar otro taxi para ir hacia el aeropuerto, y ya había vuelto a la calle y estaba a punto de hacer otro intento de llamar cuando mi teléfono sonó. Su nombre apareció en pantalla. Contesté. —¡¿Rin?! ¡¿Dónde--?! —¿Hola?— quedé helado cuando escuché la voz de un hombre al otro lado del teléfono. —¿Q-quién es usted? —Disculpe, soy un paramédico. Vengo en una ambulancia, acabamos de recoger a una muchacha de un accidente automovilístico y recién noté que su celular ha estado sonando. —¡¿A-accidente?! —Perdonará la pregunta, pero, ¿qué es usted de la señorita? —¡S-soy su hermano! ¿A q-qué hospital la llevan? ¿Cómo está? —Vamos al hospital #22. Sobre su estado… le recomendaría que tratara de llegar al hospital lo más pronto posible para poder darle detalles. El accidente fue bastante aparatoso. Sentí que el corazón se me podía salir del pecho y que podía vomitar mi estómago entero de sólo pensar en lo que había pasado. ¿Debía pedirle más detalles al doctor que me llamó? ¿Eran malas noticias que me dijera que esperara a que Rin llegase al hospital? Logré detener un taxi en medio de la calle antes de reaccionar que tal vez llevaba ya mucho al teléfono. —G-gracias, doctor. V-voy para allá. —Me aseguraré de recibirlo yo mismo, vaya con cuidado. Me sentía preparado para enfrentar muchísimas cosas en la vida sólo. Sin embargo, la posibilidad de perder a mi hermana no era una de ellas. Nunca iba a imaginar que algo como ello pudiera sucederle a la persona a la que más quería. Por nada del mundo había pasado por mi mente que no volvería a pasar Navidad a su lado.