Veo esos lugares vacíos y no puedo evitar sentir nostalgia en cuanto los recuerdos llegan a mi mente desde lo más profundo donde trataba de mantenerlos por un tiempo. Ese sitio en el que te gustaba dormir y yo, por momentos, me detenía a observarte con ternura; ese otro en el que tú y yo compartimos nuestro calor, aquel en el que me esperabas y yo hacía todo lo posible por llegar a tu lado, también en ese donde yo te protegí y te cuidé cuando lo necesitaste, o de nuevo ese otro donde tú estuviste a mi lado cuando más necesitaba de alguna compañía y silenciosamente estuviste a mi lado. Sin olvidarme de ese donde te conocí y esos donde me diste las alegrías más grandes que hoy son lo más preciado de mi ser. Sin embargo tampoco puedo olvidar ese último lugar... y, aunque no quisiera que fuera así, recuerdo cada segundo del momento. Primero ella tratando de acercarse a mí en busca de ayuda y después sus ojos... viéndome en no sé si una despedida o en busca de ayuda, hasta que todo terminó y no pude hacer más que sentir mi mundo despedazarse. Y después ella... mi querido cielo, llamándome para pasar un rato a su lado, mas yo no tenía tiempo y tuve que dejarte ahí sentada viéndome como me alejaba hacia ese sitio donde tú no podías seguirme, pero lo intentaste y en solitud llegó tu final. Dejaré pronto este lugar sin perder todas esas memorias de que alguna vez mi alma estuvo completa por esos momentos con ustedes y que hoy, bajo su ausencia, son simples pedazos que sé que los que quedaron detrás podrán reparar.