Contenido oculto El escrito que estan apunto de leer fue escrito hace ya un tiempo. Por lo que no le es fiel a mi forma de escribir actual. Escuchaba, finalmente la puerta metálica chillando; estaba siendo jalada. Estaba a punto de decir por unas manos grasosas, pero no estaba segura si son grasosas; después de toco nunca la ha palpado, y esta excelente así. Le gusta ser ella la que tocaba, cada noche. Aunque aún faltaban algunas horas, no muchas, para la noche. Tendría que esperar, en el mismo sitio que siempre, sin moverse mucho; seguía débil y, seguramente, hasta dentro de varias horas no tendría la suficiente fuerza para moverse por el bar. Quizá un volumen del cien o de ochenta sería suficiente para explorar el bar; nunca había visto esa cifra, podía ser cualquiera que pasara los diez. Tampoco era un detalle muy importante, después de todo, cuando se sienta fuerte, se empezara a mover. Pero quizá era importante saberlo, podría ahorrarle algún tiempo. No tenía muy en claro cuánto, pero los suficiente como para conocer sobre la primera persona que pusiera su píe dentro de esa discoteca, tan elegante y vieja a la vez; cada noche miraba el resplandecer de las luces de coches brillantes parqueándose en frente de su casa… Había vuelto a pasar, se tenía desprecio por volver a ocupar esas palabras, no todo podía ser de ella ¡Tenía que entenderlo!, pero cuando creía que lo había hecho, de manera inconsciente, lo repetía y se tiraba al abismo. Su, su, su, nada, solo ella misma era de ella, era su yo misma; y quizá ni siquiera eso, ¿Era algo cuando nadie más la ve? Ella era ella, y eso era algo que existía y que, en el plano existencial de este universo, se movía. Nadie la miraba ni la detallaba, quizá nunca se habían tomado el tiempo de revisar con cuidado la música que los rodea. El punto, de tanta filosofía de colegio, era que ella si podía ver a todos, tocarlos, entrar en ellos y saber a fondo sobre su vida, hundirse en su corazón y sacar a relucir sus más hermosos sentimientos o, en cambio, los peores. Lagrimas o felicidad intensa, saltos o ganas de pedir tres cervezas, todo eso y más en un solo ser. Ser, quizá ella era algo más que eso. Pero por el momento sería el ser de la música, de la menta, del alcohol, de los secretos, de la vida íntima, de los problemas, de la vida privada y de la pública. Era un ser diferente a los que aparecían en los cuentos mágicos para niños pequeños; algún día sería bonito encontrar su nombre escrito ahí, en una página blanca hueso, entre más párrafos y números, imágenes y una larga explicación sobre ella. Pero eso nunca pasaría, lo tenía más que claro. Su destino, aunque crudo, ya estaba escrito hace tanto tiempo, en un libro sin nombre ni caratula. Solo eran páginas grisáceas y polvorientas; escondido en el fin del mundo, aguardando por alguna persona que, de manera inteligente, devolviera el tiempo, evitando el fin del mundo. Pero repitiendo el sufrimiento de cada persona y de cada ser; porque cada vez le parecía que ese día, ese momento, incluso ese pensamiento, ya lo había vivido tiempo antes, décadas o incluso milenios. No estaba segura de muchas cosas, pero de lo poco que podía estar segura es que, por lo menos un problema actual, ya lo había vivido. No soñaba, así que tenía que ser, si o si, algo real; tampoco era su mente, pues no sabía si tenía una de esas. Seguramente sí, ellos usaban eso todo el tiempo, y pensaban, igual que ella, era evidente que, de una u otra manera, ella tenía mente y podía usarla para moverse y pensar, para captar el tiempo y hacerlo suyo; estaba mejorando cada día más. Esta vez no era su tiempo, iba a serlo, pero en la actualidad no. Eso era algo der que sentirse orgullosa, no todos los días podía decir eso; de hecho, en ese preciso momento, quería que todo fuera suyo, pero no de inmediato, con un proceso de ganancia, ganárselo a pulso, como toda una luchadora. Estaba seguro que lo haría. Finalmente, el frío amenazador de afuera de la gran puerta le advertía que había llegado la hora; cada segundo faltaba menos para que, alguna persona, entrara por la puerta. Vistiendo un saco o una chaqueta, algún blue jean y las botas más caras. Las damas, con sus vestidos rojos… Faldas… Tacones y joyas… Maquillaje por toda su cara, algunos arreglos en el cabello; los hombres con sus músculos, niños perdidos. Caos oculto bajo su magia. De nuevo, cuando la luna ejercía su poder sobre el mundo, ella sabía que había llegado la hora de cambiarse y de relucir, de salir de un encierro y volar por los sitios donde nunca había estado, y que, al final de la noche, no recordaba. Era más que consiente que, a su otra ella le estaba causando daños, recordar y no saber de donde era algo complicado, sus dos pensamientos se juntaban a la luz del día, y se ocultaban en una licuadora a la luz de la noche. Pero, a pesar de saber todo eso, no dejaría de hacerlo, sabía cada detalle sobre cada persona que estaba en ese sitio, podía moverse libremente, solo necesitaba algo de fuerza musical, suave, lenta, con mesurada, elegante y que diga las cosas, sin palabras. Cada noche, a la misma hora, el mismo tiempo y las mismas personas eran los únicos testigos de lo que era ella, y como reaccionaba. Pero nada cambiaba con respecto a su anterior ella, toso seguía tan confuso como cuando era ella; pero no era eso lo que quería que cambiara. Todos seguían sin poder verla, ni tocarla, ni hablar con ella y ella con ellos tampoco. Era su único deseo, hablar, dedicarles unas palabras a las personas bailarinas que cada noche la acompañaban, en las dos facetas. Para las personas bailarinas, que me acompañan cada noche, quiero decirles unas palabras. Gracias. Sé que nunca me pudieron ver de verdad, y que nunca leerán nada de lo que pueda escribir en el papel de mi mente, o en cualquier papel; pero igual necesito liberar mi alma, y finalmente poder sacar el agua que me ahoga cada segundo más; pero sé que, si leyeran esto, me entenderían. O quizá no, al final, ustedes pueden ser palpados y tocados, oídos y entendidos. Mataría por tener eso, pero claro, tampoco puedo matar. De hecho, ni siquiera sé si estoy viva. Me estoy desviando del tema principal, hablar con ustedes y darles a entender lo que son. No es una tarea fácil; pero quiero que me puedan leer algún día, solo me estoy basando en eso lo sé. Pero en cierta parte es culpa de cada uno de ustedes; bailando elegantemente ocultando sus verdaderos rostros por temor, o porque simplemente no son capaces de enfrentar, con dedos y uñas, la realidad. En cierta parte los entiendo, si yo pudiera esconderme y no vivir lo que vivo, lo haría. No quiero que me mal entienda, y ahora se escondan con más razón (Si es que alguien lee esto). Solo quiero decir, que he vivido siendo ella y ella, y es cada vez más difícil, pero ni por un momento he podido/querido ocultarme tras una falsedad para sentirme mejor. Quizá si me siguieran todos seriamos más felices, porque no hay nada de malo en llorar, si lo hicieran, serían más felices. Entenderían la vida que los rodea, no todo es rosa y no todo es negro. Pero siempre pueden encontrar su centro, y permanecer unas largas vacaciones ahí, tomando unas piñas coladas. Pero, después de una gran estancia, deben volver a vivir los grandes triunfos y las grandes derrotas. Cada vez pienso que soy más loca, pero en sí, a lo que quiero llegar es simple. Empieza a vivir tu vida, no dejes que otra la viva o que, si quiera, tome alguna decisión por ti; si te gusta venir a bailar, ven y disfruta, entiende lo que haces. Pero no te escondas en sofisticados pasos en tus pies. Permítete sonreír, llorar, reír, gritar, estar enojado y enamorado. Porque, a final de cuentas, el mundo seguirá girando, no importa cuánto quieras frenarlo, si estas en la cima o en la base de la vida. Nada de lo que hagas hará que el mundo frene. Ni siquiera tu ausencia, o la mía. Solo permítete ser, mira la luna y piensa en lo bueno que tienes; luego piensa en lo malo, y has lo que tengas que hacer. Llora o sonríe. Ama u odia. Ser o ser, no hay otra opción. Y solo se tú, sin importar otros tús. Porque, a cada segundo la luna se va volviendo menos brillosa. Y el sol calienta menos. ...