Hola a todos. Este es un fic inspirado en la canción "Soundless Voice", de Len Kagamine; por éso el título. Lloré mucho con la canción (soy sensible ;-;) pero es tan hermosa, que se merecía una historia, o por lo menos eso creo. Si escuchaste la canción, entenderás mejor, ya que cuenta sobre los hechos que trascurren en ella. Está narrada desde el punto de Len, primero en pasado (el transcurso de la enfermedad) y luego en presente, para explicar lo que vive al final. Todas las críticas son aceptadas :3 Gracias~ ------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Somos gemelos; de iguales cabellos dorados y ojos azules. Toda nuestra vida estuvimos juntos, crecimos juntos. Y es que, no puedo aceptar el hecho de ya no tenerte. Tú solías cantar, bailar, saltar, moverte, llena de vida. Corríamos juntos en el jardín, nos divertíamos mucho. Recuerdo cómo me llenaba de alegría ver tu sonrisa, y oírte llamándome. Era tan feliz entonces… Pero un día eso cambió. Comenzaste a estar decaída, te costaba recuperar la respiración luego de una corta carrera, cuando antes podías dar vueltas y vueltas alrededor de la casa a toda velocidad. Tus pequeñas piernas temblaban luego de haber caminado durante un tiempo. Tosías mucho, no podías dormir nunca. Yo me recostaba a tu lado e intentaba arrullarte, para que pudieras quedarte en sueños. Tenías fiebres muy altas algunas veces, dolores de cabeza también; siempre te llevaba a todos los doctores que podía. Aunque ninguno de ellos pudo darme una solución, sólo medicamentos, que hacían que los síntomas desaparezcan por un pequeño tiempo, para luego volver. Pasabas días completos en cama, algunas veces dormías, otras sólo la pasabas soñolienta. Intentaba hacerte sentir cómoda, hacer que los dolores pasaran, pero nunca por completo. A pesar del dolor que podías sentir, tú sonreías. Hablabas, hacías bromas y reías todo lo que podías. Amaba ver las sonrisas que me dedicabas, pero podía ver que detrás de ellas se ocultaba el dolor, intentabas creer que todo estaba bien. Al llegar el invierno, tus síntomas empeoraron. Te desmayabas a menudo, te quedabas sin aire y dormías días enteros. Probamos con vitaminas, proteínas, calcio, todo lo que estaba a nuestro alcance. Te llevaba al hospital, nos daban píldoras a veces, pero la mayoría eran inyecciones. Tu rostro intentaba no expresar el dolor, pero algunas débiles lágrimas se te escapaban. Lamento mucho eso, hermanita, nunca quise hacerte sufrir, pero pensaba que aquello te haría sentir mejor. Una mañana, fui a despertarte para llevarte al hospital. Pude ver entre las sábanas tus brazos, llenos de marcas moradas por las inyecciones. Abriste lentamente los ojos, y te colgaste de mi cuello. “Por favor, no me lleves de nuevo. Estoy cansada de que me inyecten cosas… Además no he... mejorado nada. Las inyecciones sólo me causaron dolor, no funcionaron… por favor, Len, no me lleves… quédate aquí conmigo.” Aquellas palabras que susurraste a mi oído retumban en mi cabeza. Tal vez debí haberte llevado de todas maneras. Pero al ver tus hermosos ojos azules llenos de tristeza, y sentir tus cálidos brazos abrazarme, no pude llevarte. Sufrías mucho, y no quería que eso te pasara. Me acosté a tu lado, hasta que te quedaste dormida, abrazada a mí. Recuerdo haberme aferrado a ti, repetir la palabra “No” dentro de mi cabeza, y apartarme un poco. Unas lágrimas se me escaparon ese día. Comenzamos a probar otros tratamientos. No sé cual de ellos fue, pero noté que de a poco, tus síntomas no eran tan notables. Podías permanecer todo un día despierta, respirar correctamente, muchas cosas. Aunque tu sonrisa jamás había desaparecido, incluso cuando estabas muy mal, ahora era más notable y sincera. Reías más a menudo, comías más y comenzaste a cantar como antes. Siempre estábamos juntos, no importaba que pasara, siempre lo estábamos. Una mañana te despertaste más temprana que yo, y me llevaste el desayuno a la cama. Dijiste que era en agradecimiento a todas las veces que yo lo había hecho. Nunca fuiste buena para cocinar, y esta no era la excepción, pero de todas maneras no te lo hice notar. Miraste emocionada la ventana, y una sonrisa se formó en tú rostro. “¡Está nevando! Es la primera nevada, debe ser un regalo por haberme recuperado ¡Primera nevada, para mí! Exclamaste riendo. Me rogaste que saliéramos a ver la nieve, a lo que me negué en rotundo. Estabas recuperándote apenas, no podía dejar que te expongas a algo tan crudo como la nieve y viento. Tú sin embargo, seguías firme, pidiéndome salir una y otra vez, llena de ilusión por jugar en ella. Hicimos un trato, si continuabas mejorándote, yo consideraría dejar que salgamos a ver la nieve. Y así fue, ya que tu mejoraste mucho tiempo después, estabas casi normal; y decidimos salir como festejo. Te puse mi bufanda, para que tu garganta no se enfriara. Me sonreíste, mientras me abrazabas con fuerza. Te escuché decir “Gracias”. - - - Comenzamos a caminar entre risas, elogiando lo hermoso de la nieve. El viento comienza a soplar fuerte de repente. Toses levemente, afirmando que no es nada, mientras te adelantas dando pequeños saltos de alegría. ¿Qué está pasando? ¿Por qué caes tan de repente? Corro hacia a ti, y caigo de rodillas. Tu respiración se entrecorta, no logras decir nada. Me miras dulcemente, mientras extiendes tus pequeñas manos hacia mí. ¿Por qué me duele tanto esa mirada? Las entrelazo con las mías, y siento cómo tiemblas. Tu mirada se torna triste por un segundo, pero rápidamente me miras con la ternura de siempre. Ríes dulcemente, mientras presionas mis manos. “¿Qué tipo de sonido era este?...”- dijiste. Luego de una pausa, me presionas de nuevo las manos y continúas: “Ya no puedo seguir… gracias, por… todo.”- pronuncias con una sonrisa, mientras una lágrima recorre una de tu mejillas. ¿Por qué es que comprendo este silencio? Estoy llamándote, hermana. Ya no puedes seguir, ya no puedes escuchar nada. Por favor, no te vayas. Dónde sea que estés ¡vuelve! No vayas allí, yo no podré seguirte si lo haces. ¡Estaríamos juntos siempre! Como si fuéramos uno, ¿recuerdas? Por favor, no te vayas. No me dejes, no podré ir contigo. Dime algo del lugar donde estás yendo… ¿es doloroso? ¿es solitario? Sólo dímelo, dímelo, por favor. Sé que no puedo hacer nada; pero te abrazo con fuerza. Estás desapareciendo, puedo notarlo. Por favor, no lo hagas… Quiero pedir un deseo. Quiero escuchar tu voz llamándome de nuevo, sólo una vez. Llévate mi voz, llévate todo de mí, pero vuelve a llamarme… El brillo de tus ojos está desapareciendo lentamente, tu lágrima se disuelve en el aire. Siento que este mundo se detiene, y sólo siento cómo te tornas helada entre mis brazos. Ya no volverás ¿verdad? Ya no volveré a escuchar tu risa. No comprendo por qué te estás yendo… No quiero vivir en un mundo sin ti, no quiero. No quiero seguir en este mundo lleno de tus recuerdos, me sentiré muy solo. Por favor, cumple mi deseo… No importa lo que haga, no podré escucharte de nuevo. No podré hacerte volver. Grito entre mi llanto desesperado, intentando que la nieve me haga volver atrás. Veo tu figura entre la nieve, helada. Tus pequeñas manos aún están junto a las mías, aunque tu corazón ya no late. Y hay algo que no pude decirte, hermana. Estaba muy enamorado de ti, y no pude decírtelo. Si aún puedes escuchar, quiero decirlo… Te Amo.
De verdad creo que estoy llorando... Es tan triste ver como la persona que amas se va y no poder hacer nada por retenerla a tu lado, es algo tan... Ugh, no puedo ni pensarlo. Me gustó mucho, mucho, mucho muchísimo, sentí el dolor de Len en cada mínimo párrafo que escribiste. Ni siquiera me he fijado por si tienes faltas de ortografía o no, (no las tienes, creo :$) Gracias por escribir tan linda historia^^ Matta ne-