Capítulo 1 Respiré con dificultad. Sentía una constante y arrolladora palpitación en la cabeza que me impedía pensar claramente. – Ya hemos llegado. Sopórtalo un minuto más, ¿vale? Asentí y palpé el lugar donde la bestia me había herido con sus zarpas en su intento por capturarme y servirle de cena. Sangraba. No a raudales como Ed, quien tenía marcada la pierna derecha con los colmillos del depredador, puesto que mi herida era superficial, pero aquello no me serenaba. ¡Íbamos a morir, a causa de una bestia que no estaba predestinada a existir! ¡No en pleno silgo XXI! ¿Un dinosaurio en la Tierra? ¡Oh, por favor! ¿Ahora que seguía? ¿El resurgimiento del imperio romano? Había dejado de percibir el punzante dolor en mi cabeza, debido a mi rabieta adolescente, así que me acerqué a Ed para que se apoyara en mí. Cojeaba y transpiraba por la infección de su pierna. Tenía que ser coronada como la reina de los idiotas. Mientras yo me lamentaba y chillaba por esta inverosímil y siniestra situación, él buscaba ser un bálsamo para mí, pregúntame cómo estaba y alentándome a seguir caminando. Ed se merecía a alguien mejor que yo. Ed merecía sobrevivir. El sendero por el cual caminábamos torpemente estaba cubierto de ramas quebradas y hojas caídas de los árboles. Si lo examinabas con escrutinio, podrías deducir que era una ruta formada por humanos. A donde nos conduciría era un misterio. Ed y yo habíamos decidido buscar una esperanza caminando. A cada flanco de nosotros, las raíces de los exorbitantes árboles se sujetaban firmemente en la tierra. Se oía el cántico de aves silvestres y el batido de sus alas al cambiar de rama. Me permití un suspiro de alivio. Si las aves proseguían con su ritual de apareamiento, era porque su instinto de supervivencia le indicaba que no había peligros. Temporalmente. – Debo de pesar mucho, ¿no? –masculló con los párpados cerrados y la respiración acelerada–. Isabel diría que debo someterme a una estricta dieta. Torcimos al lado oeste. Llevé mi mano a su frente. En efecto, ardía como cualquier zona de su cuerpo. Me mordí el labio con nerviosismo. – Shh. No hables. Llegaremos, Ed. No lo dudes. Y lo decía para mí también. * El cántico de las aves fue reemplazo por sonidos humanos, mientras nos acercábamos a la cueva. Estaba exhausta. Mi sangre se había deslizado por mi cuello, dotándome de una imagen amenazadora, y la de Ed había dejado una estela bermeja con cada paso que dábamos. – Estaba durmiendo y, de pronto, sentí estremecerme. Abrí los ojos, sobrecogida de un irreconocible terror, y escuché crujidos acercándome más y más… El sendero volvió a girar y entonces contemplé, sorprendida y maravillada, a un grupo de humanos. Algunos contaban su historia de cómo llegaron hasta allí, otros cuidaban recelosamente los equipajes que trajeron. – … levanté a mi hijo, quien dormía a mi lado y supe que teníamos que abandonar la carpa. ¡El peor paseo de mi vida! Parecía que este punto del bosque estaba protegido por una barrera invisible, ya que los niños –unos cinco o seis– corrían y reían como si la huida de su hogar hasta tierras desconocidas fuera parte de un sueño que no tardaría en desaparecer. – Están heridos –dijo una voz a mi costado, sobresaltándome–. Permítanme curarles. Era un hombre joven con cabello castaño y largo atado en una humilde cola de caballo. Su mirada era de profunda preocupación y determinación. Entonces supe que mi respuesta le tenía sin cuidado. Nos curaría, aunque Ed o yo nos negáramos. – ¿Hemos… llegado? –preguntó con un hilo de voz Ed, demandando esfuerzo por abrir los ojos. El hombre desconocido levantó a Ed, llevándoselo a su espalda. Quise protestar, pero una parte de mí me dijo que era lo mejor. Yo no sabía absolutamente qué hacer para ayudarlo. Tan solo veía sangre y mi pulso enloquecía por la turbación. Era un golpe de suerte que haya podido llegar hasta este refugio sin desmayarme. Supe que tenía que aprender a confiar. Seguí al hombre, quien había recostado a Ed en una desplegada manta, hasta donde había instalado su equipaje. Me recibieron furiosos ladridos de perros. Aparentemente, querían que respete el territorio del desconocido. – Lo siento por eso. ¡So, chicos! Ella es la novia del herido. Déjenla pasar. Inmediatamente, los cinco perros que me rodeaban dejaron de amedrentarme. Algunos regresaron con su dueño, levantando la cola airadamente, y otros me lamieron las manos en señal de bienvenida. – Tu novio tiene inflamada la pierna derecha. He detenido la hemorragia con ayuda de unos antibióticos, pero es necesario que tome un reposo de tres días como mínimo. Es irónico, porque en ese lapso podríamos estar todos muertos. Me estremecí, pero el siguió con su disertación. – Tengo que desinfectar y, luego, cerrar la herida. Le he inyectado morfina para que no sienta el dolor. En este momento, debe estar sumido en un profundo sueño –levantó la mirada y me dedicó una afable sonrisa–. Debes de estar cansada. Tómate un descanso. Mis chicos y yo cuidaremos de ustedes. – ¿Te refieres a los perros? –inquirí, acariciando inconscientemente las cabezas de los dos perros que seguían lamiéndome los dedos de las manos. – Los cariñosos que tienes ahí son Pitt y Jolie. No me preguntes la razón. Mi hermana pequeña les puso los nombres –comentó, sonriendo con mayor sinceridad–. Estos muchachos suspicaces de aquí –señaló a los tres guardianes que yacían recostados a su costado– me los confiaron sus amos. No sobrevivieron al ataque. Su voz se tiñó de arrepentimiento. Tragué saliva y dirigí una mirada afligida a los seis ojos caninos que me miraban. Una lágrima se deslizó por mi mejilla y me en la enjuagué con el dobladillo de mi desgastada casaca. Me acerqué a los canes, incapaz de contener mis sollozos, y enfrenté un posible ataque por mi invasión. Son tus emociones las que se proyectan en los ojos del can. Ellos no sienten como tú. Aparté las palabras de mi padre. No era el momento para pensar en él. Sentí que el brillo de sus ojos era un reflejo de su vida. Incluso más que los constantes latidos de su corazón. Eran criaturas desamparadas, empujadas a una cruda realidad salvaje. Tuvieron una familia. Tuvieron quien los ame, y ahora estabas solos, rodeados de rostros y voces extrañas. Me pregunté si ya daban por un hecho la muerte –la perenne ausencia de sus seres queridos– o si creían que pronto llegaría su amo. Quizá no, porque, de haber sido así, no estarían ahí, cuidando de un extraño que ahora significaba más que cualquier otro humano. Ignoraba cuál había sido su experiencia, sus proezas para poder llegar incólumes hasta aquí. Sin embargo, me aferré a la seguridad que aquel hombre me inspiraba y dejé ir mi tan salvaguardado orgullo. – Salva a Ed, por favor –susurré, mientras mi consciencia se desconectaba de mi cuerpo y me desplomaba en la llana tierra.
Interesante; me has atrapado por completo con este primer capítulo. Me intriga saber qué está pasando con toda esa situación. Okey, ahora me queda claro el título en lo referente a lo surrealista. ¿Dinosaurios en el siglo XXI? Asombroso. ¿Cómo es que llegaron allí? En términos generales, ¿qué está ocurriendo? Es obvio que ha habido una nueva época para la humanidad, pero qué ha causado que terminaran así es lo suficiente para que deseé seguir leyendo. Hasta ahora solo comprendo que los seres humanos deben ingeniárselas para sobrevivir en este nuevo mundo habitado por otras criaturas que ponen en peligro su existencia y no sé cómo interpretar eso. Podría tratarse de una historia llena de aventura o simplemente una anécdota narrada desde la perspectiva de una joven (de quien no sé el nombre todavía :P) que nos explique el nuevo estilo de vida para las personas. Intrigante. Y nada, espero ansiosa la próxima actualización :D Espero no arrepentirme de comentar tantas historias cuando entre a clases xD Igual, procuraré mantenerme al pendiente de esto y buen trabajo, tienes una ortografía impecable y tu narrativa es sencilla de leer; me gusta ^^ Solo cuida los dedazos; por allí escribiste, al final del escrito hablando de los perros: “estabas” cuando era “estaban”; nada grave. Ahora sí, me despido y te me cuidas. Hasta otra.
Lo curioso de todo esto es que no he terminado de comprender la magnitud del, digamos, ataque. Aparte de los humanos no hay rastros de civilización ni ciudades lo que me deja tan confundido como adentrado en la pobreza que se deben estar llevando los supervivientes, lo cual es bueno, me sentí muy identificado en cierto modo. No puedo decir mucho más realmente, pero espero poder estar presente para la continuación de esta historia.