Sangre

Tema en 'Relatos' iniciado por Phenomena, 24 Enero 2010.

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    Phenomena

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    Sangre

    Sangre

    Sangre.

    Liquida, carmesí y excitante.

    Cuando sentí esa sangre liquida, carmesí y excitante pensé que era lo más maravilloso que me podía haber pasado, lo mejor que había hecho en todos estos años vacios de existencia.

    Pero todo, absolutamente todo lo que hago es por ti.

    No hay ninguna otra razón por la que he manchado de rojo estas pálidas manos blancas.

    Solo por ti.

    El día en que naciste te condenaste a mí, porque para tu desgracia un lazo de sangre nos une, para siempre.

    Un vínculo irrompible.

    Me pregunto qué pensaras cuando llegues a casa y te encuentres con el regalo que he hecho para ti. ¿Dejaras esa barrera de timidez y por fin te darás cuenta de que me amas tanto como yo a ti? ¿O por el contrario me repudiaras hasta el punto de llegar a odiarme?

    Pero por mucho que quieras pensar que me odias, jamás lo harás.

    Porque al fin y al cabo somos parte de una misma persona.

    Tú y yo, somos uno.

    Supongo que esta obsesión, o esta enfermedad seguramente como tú lo denominarías, empezó mucho tiempo atrás, cuando apenas éramos unos niños.

    Me acuerdo de que era un día de verano, muy caluroso y te quejaste del horrible calor. Así fue como yo raramente me despegue de ti y me marche para comparte un helado, dándome toda la prisa posible por volver contigo y saciar tu deseo de refrescarte.

    Porque aun que no lo sepas, haría cualquier cosa que me pidieses y cuando digo cualquier cosa es cualquier cosa. Por muy depravaba que sea.

    Cuando volví, te vi echada en el suelo con el cuerpo malherido.

    Me aterrorice tanto de ver esa escena que por unos instantes pensé que moría. Y aunque mi cuerpo
    no desfalleció realmente sí que morí por dentro.

    Tan solo un pequeño descuido por mi parte, y con siete años habían pegado y violado a mi hermana gemela.

    Lo único que podía hacer en ese momento era acunarla entre mis brazos y susúrrale que ya estaba a salvo, que nunca más le iba a pasar nada malo.

    Ella me dijo-¿Por qué? ¿Por qué me han hecho una cosa tan cruel esas personas?
    Entonces, interiormente me pregunte a mí mismo.

    ¿Es a esto a lo que pueden llegar las personas? Y volví a preguntarme, ¿Cuál es el motivo por el que le han hecho esto a Dalia? ¿Francamente había un motivo razonable?

    Y allí, en ese preciso momento es cuando Shasha, el nombre que mis padres me dieron al nacer, murió.

    Y nació algo peor, una bestia, un monstruo que se enamoro de la sangre y juro venganza a los que le habían hecho aquella atrocidad a Dalia.

    Al pasar los años la gravedad del asunto fue empeorando, en secreto me convertía en un verdadero Demonio, en un ser sin alma, ni pena, ni compasión, deje por completo de sentir a excepción de todos los sentimientos perversos, como el odio, la venganza, la lujuria de la sangre…

    Pero sobretodo, el amor.

    Sé que muchos podréis considerar el amor como un sentimiento dulce y puro. Pero el amor que yo siento por Dalia, el único ser en este mundo que merecía la pena, era corrosivo, venenoso, celoso hasta la medula, era un amor insano. Totalmente fuera de las barreras de la sociedad que me mirarían con ojos prejuiciosos, llenos de reproche.

    Fue hace unos cuando empecé a preguntarme, ¿Qué se sentiría al matar a alguien? ¿Qué se sentiría al acabar con su vida…al notar su sangre derramándose lentamente, sobre una escena blanca y pura haciéndola mancillar?

    ¿Qué se sentiría?

    Como mi curiosidad comenzaba a ser malsana, un día, después de clases retuve a Marina, sin duda una belleza de mujer de piel nívea, cabello rubio como los rayos del sol y ojos azules como el topacio.

    -¿Para que necesitas mi ayuda, Shasha?-cuestiono con tono inocente con cierto tono de extrañez. Es comprensible que de repente una persona callada y antisocial como yo pida ayuda sea algo fuera de lo común. No sabe lo cuanto que va a lamentar haberse quedado a ayudarme.

    -Solo quería comprobar algo, no te apures, no voy a tardar demasiado.-comente sacando del bolsillo de mi uniforme un cuchillo perfectamente afilado.

    Marina se asusto al verlo e intento huir pero antes de que eso sucediese la agarre fuertemente del cabello y sin pensármelo dos veces le rebane el cuello.

    Con este simple corte podías acabar con la miserable vida de alguien.

    No se puede expresar con palabras lo que sentí en ese momento, ver como horrorizada en sus últimos instantes de vida sus ojos se llenaban de lagrimas al comprender que ese era su fin, sus ojos llenos de congoja y sufrimiento al mismo tiempo que con las manos trataba de detener la sangre que brotaba a borbotones de su pálido cuello. Mancillando su lechosa piel, como la nieve tornándola escarlata.

    Jamás en mi me había sentido tan vivo como ahora, ella desangrándose y sufriendo una tortura inimaginable mientras yo solo observaba, sin hacer nada.

    Hasta que por fin, la llama de su vida se extinguió.

    Y esto solo era el principio.

    Hasta cumplir los dieciocho años hice muchas cosas más, demasiado aterradoras como para que una normal mente humana no se horrorizara. Fui protegiendo a Dalia a escondidas, de todos los pretendientes babosos que andaban detrás de ella, queriéndola, amándola aun que ella muy cortésmente les había rechazado. Queriendo contaminarla con sus sucias manos, y por eso lo pagaron caro, más caro de lo que podrían soportar.

    Nadie iba a tocar al único ángel que había caído del cielo como mi reflejo exacto sobre un espejo, tan solo del sexo opuesto.

    Entonces fue cuando pensé, todos, absolutamente todos al final le van a hacer daño y eso no lo podía permitir…incluso si eran nuestros propios padres.

    Ese el verdadero motivo por el que asesine a nuestros padres.

    Estaba esperando el momento en el que Dalia cruzara la puerta para ver el maravilloso regalo que le estoy ofreciendo.

    Me lo estaba jugando todo a una carta.

    ¿Odiarme o amarme? ¿Qué vas a elegir?

    Esperaba la respuesta mientras la puerta de la habitación sacada de un film de terror se abría.
    Y allí estaba ella, Dalia, mi amor.

    Se quedo unos instantes en la puerta, totalmente quieta, sin decir palabra, contemplando del espectáculo de miembros desmembrados y los cuerpos mutilados y sin vida de nuestros padres.

    De la reciente sangre esparcida por todo el lugar…de esa sangre liquida, carmesí y excitante.

    Le tendí una rosa roja, otra muestra más de mi amor.

    -Te amo.

    Dalia soltó delicadamente lágrimas cristalinas por sus mejillas translucidas se acerco a mí y cogió la rosa que le había tendido.

    Apoyo su rostro embarrado en lagrimas en mi hombro y tristemente me abrazó.

    Ya había decidido, se quedaría a mi lado para siempre.

    De alguna u otra manera sabia que esto acabaría sucediendo.

    Porque al fin y al cabo somos parte de una misma persona.


    FIN.
     
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