Un dolor punzante en la sien hace que te remuevas en el lugar, zozobrando de forma intermitente entre el sueño y la vigilia. Al abrir los ojos con lentitud, como si los párpados te pesasen de más, te cuesta un par de segundos acostumbrarte a la luz de la habitación, a pesar de ser realmente tenue. Te recibe un techo blanco y aséptico, y unas paredes que te resultan... más curvas de lo normal. El olor de la habitación te transmite una mezcla de humedad, metal, goma y... cierto toque a agua salada. El lugar, completamente insonorizado, impide que ningún ruido llegue a ti. Y, por si fuera poco, no estabas solo. Un hombre de cabello castaño aún dormitaba en la cama contraria, ajeno a que habías recobrado la consciencia. ¿Siquiera... sabías quién era él, en primer lugar? Contenido oculto Al incorporarte, tu primer pensamiento es tratar de recordar dónde se supone que te metiste. Pero decenas de lagunas negras te responden con un silencio pesado y frustrante. Al mirarte los brazos, notas un reloj extraño, que no recuerdas tener ahí anteriormente. Red Pair... ¿Qué significaba eso? En esas te encuentras, reflexivo y desorientado sobre la incómoda cama donde dormías hasta hace un instante, cuando la tímida caricia del agua te lame los pies. La realización te golpea con contundencia en ese preciso instante. Tenías que salir de allí. Y rápido.
"Stan" Marsh Mis ojos se abrieron lentamente, mientras sentía un dolor punzante en mi cabeza. El pánico me hizo querer levantarme de golpe de mi...¿cama? ¡Esta no se parecía en nada a mí cama! ¿Cómo es que era mi cama? ¿Tenía siquiera una cama? Como fuere el cansancio no me permitió moverme con rapidez, mi piernas y mis brazos dolían una barbaridad, además que parecía tener algo sujeto a mi muñeca. —¿Q-Que es esta cosa?—murmuré mortificado mientras trataba de andar por aquella reducida cabina. Era una especie de reloj que solo decía "Red Pair", en letras rojas y ominosas. Traté de quitármelo rápidamente, pero sin nada de éxito. Mis esfuerzos fueron interrumpidos cuando noté que alguien más se encontraba en ese lugar, un extraño señor de cabello castaño que seguía dormido ¿Y ese tipo quien era? ¿Él me había metido aquí? Cuanto más traba de recordar más me dolía la cabeza, hasta que percibí un peculiar aroma salado y algo húmedo en la plata de mis pies. —¿¡Que rayos es este sitio!?
Los gritos de Stan parecieron alertar al hombre, quien se irguió con lentitud, despertando de su sueño y apartando su cabello revuelto adherido a su frente. Desde luego, había alcanzado un nuevo tipo de resaca. —¿Hm...? Su mirada cansada recorrió los alrededores con detenimiento. Las paredes blancas y desconocidas, el aparente y avanzado sistema tecnológico que los rodeaba... ¿Por qué había un niño encerrado con él en primer lugar? >>Creí que había dicho que no aceptaría trabajos de niñera —fue todo lo que dijo, y bajó de la cama sin perder mucho más tiempo. El agua en sus suelas lo alertó y su mirada se afiló parcialmente. Se dirigió al niño, de espaldas a él—. Oye, chavalín. No sé de dónde saliste ni qué hacemos aquí, pero voy a pedirte que guardes la calma por unos minutos. ¿Crees que puedas hacerlo? Le dolía la cabeza lo suficiente como para aguantar gritos ajenos. Cuando pareció relajarse un poco comenzó a revisar a fondo la habitación. La puerta no parecía convencional tampoco; no tenía pomo, y en su lugar parecía conectado por un sistema de orificios donde parecía encajar algo. >>Parece que vamos a tener que jugar a la caza del tesoro —El hombre se rascó las raíces del cabello, soltando un suspiro en el proceso. Se volvió al niño entonces—. Necesito que me ayudes a buscar por la zona. Cualquier cosa que encuentres, házmelo saber. De ello depende que salgamos de aquí con vida. Quizás no debería darle tanta presión a un niño, pero no era como si fuese una situación convencional desde un principio. >>Examinar camas >>Examinar paredes >>Examinar camas esquinas