Quédate.

Tema en 'Relatos' iniciado por nAluRules, 12 Julio 2015.

  1.  
    nAluRules

    nAluRules Atrapo moscas al vuelo, así como Natsu a Lucy.

    Escorpión
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    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Quédate.
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1521
    Aquí, arrodillado ante ella, la brisa rozó mi cara y al levantar la vista sólo pude observar su semblante serio, inexpresivo, sin ni un solo ápice del cariño que solía inundar sus preciosos ojos marrones cada vez que me miraba.

    —Nadhia, escúchame, por fav– ella levantó su mano, sin intención de seguir escuchando nada de lo mucho que me quedaba por decir.

    —No me interesan tus explicaciones, Ka. Tomaste tu decisión y yo no estaba incluida en ella, puedo aceptarlo.

    Entonces me puse en pie, acercándome ahora que sabía que no repelería mi tacto, con una sonrisa luchando por hacerse paso entre mis labios.

    —No la has aceptado, sigues llamándome Ka. —rápidamente desvió la mirada y se cubrió los ojos con el flequillo, intentando ocultar en vano el sonrojo que inundó sus mejillas al darse cuenta de que se le había escapado el mote.— Nad, ven conmigo, esto que estás haciendo es una estupidez, separarte de mí es lo más in– su risa sarcástica, esa que tanto le gustaba usar, cortó mis palabras de pleno.

    La chica de la que estaba enamorado me miraba a los ojos como si estuviese viendo una sanguijuela revolviéndose en el suelo, y con esos ojazos que tenía, oh, con esos pedazo de ojos juro que estaba sintiéndome como tal.

    —Qué apropiado es esto por tu parte, Kaël. —Volvió a reírse en mi cara— Desde que nos conocemos no has tomado una sola decisión que no fuese estúpida. Siempre has sido un tonto descerebrado que se lanzaba de cabeza al peligro sin pararse a pensar las consecuencias.

    —Y todas y cada una de ellas fue para protegerte.

    Su rubia cabeza se ladeó para mirarme con desprecio.

    —Deja el cliché de la damisela en apuros, porque no lo soy, nunca lo he sido. —dio media vuelta, para continuar su camino al andén de la estación, pero se detuvo— ¿Todavía estás ahí? Tu hermana la princesita debe estar preguntándose por qué no estás lamiéndole las palmas en este momento. —Solo pude sonreírle ante la mirada de resentimiento que me lanzó, el veneno en sus palabras prácticamente tangible.

    —Eres tú la que se ha detenido esta vez. —Apartó su vista. Lo sabía, mi sonrisa todavía la hace sonrojarse, todavía me quiere.— Es mi hermana, Nad, pero sabes que te quiero tanto como a Angélica.

    —No me llames así si pronuncias su nombre en la misma frase. —sus puños se hicieron una bola de presión que, acercándome, sujeté para intentar liberar.

    —Nunca he entendido el porqué de vuestro odio. Ella es–

    —Ella es horrible, Ka. —Ahora, a esta ínfima distancia, Nadhia me miraba desde abajo, siempre una cabeza más pequeña que yo, con sus labios apretados en una mueca que evitaba que temblasen, y los ojos empezando a brillar con el recuerdo de los problemas vividos. Sabía que se llevaban mal, que habían tenido sus discusiones, pero esto…— Ella me odia, siempre lo ha hecho, desde que me conoció. —Se soltó de mis manos y dio dos cortos pasos hacia atrás, como hacía siempre que quería erigir una barrera entre ella y yo.— Sé que es tu hermana, y que la quieres y eso no es algo que puedas cambiar, pero Kaël, yo… yo te necesité. Te necesité tanto que me dolía y tú no estuviste ahí ni una sola vez.

    —No, Nad, no… —esta vez fui yo el que calló, sin poder emitir una sola palabra más mientras seguía el recorrido de la única lágrima que la mujer que más quería en el mundo dejó caer. Resistí la tentación de secársela con los dedos porque sabía que ella no me dejaría tocarla, no ahora. Sino que fue ella misma la que se la secó, con los puños y los ojos llenos de rabia. Me lo esperaba. Joder, si es que la conozco tanto…

    —No tengo intención de llorar, ya lo hice suficiente con la muerte de Clarisse. —un brillo de dolor se reflejó en sus ojos al mencionar a su recientemente fallecida mejor amiga.— Tuve que afrontar su muerte yo sola, así que ya sabes, tenía tiempo de sobra para llorar. Qué más daba si nadie estaba ahí para oírlo.

    Volvió a construir esa sarcástica y dolorosa sonrisa ladeada que no osaba alcanzar sus ojos. No me digné a hablar, sabía que no me dejaría.

    —Pero está bien, “Ka” —el tono de sorna que utilizó esta vez para mi apodo fue como un puñetazo en el estómago— tuviste tus razones. Oh, espera, ¿cuáles eran? ¿Fueron “lo siento, ya sabes cómo se pone si no le hago caso, nos vemos, te quiero” las palabras exactas? ¿Y me las sé de memoria porque las copiaste y pegaste diez veces hasta que tuviste un momento libre para enterarte, por otros labios, de que me marchaba de la ciudad? Sí, creo que era eso, ¿tú no?

    —Nadhia…

    —No, está bien, como esa princesita dijo, era ella o yo, y tú tomaste tu decisión. La mía está cogiendo ese tren, así que, si me disculpas…

    Se dio media vuelta de nuevo, y quise detenerla, pero no pude. Ella tenía razón, yo fui un estúpido, un cabrón. Pero lo fui por mentirle. Yo, y creo que ella también en el fondo, sabemos que no estuve con mi hermana todo ese tiempo. Pero que no podía decirle qué estaba haciendo en realidad, por qué tuve que dejarla en uno de sus momentos más difíciles. Nadhia me conoce, tanto o más que yo mismo, y sabe que nunca la dejaría si no fuese cuestión de vida o muerte. Aún no estoy listo para confesárselo todo… no todavía. Porque me temería, se asustaría, no querría volver a verme. Y eso es algo con lo que no podría vivir. Dios, quién mandaría a esta entrometida rubia colarse tan a fondo en mí.

    —Nad. No es así, no fue así, no la escogí. Lo siento, siento no haber estado, siento haber —“tenido que volver al mundo donde nací, con mi familia de verdad y no los humanos que me encontraron, para intentar controlar los estúpidos instintos animales que me recorren cada vez que percibo tu olor, porque ya no podía aguantar más e iba a hacerte daño. Pero esto en realidad es tu culpa por haberte echado un novio medio dragón.”— sido tan estúpido. Pero no puedes irte, no puedes dejarme. Y si te subes en ese tren me subiré contigo, ¿me oyes? Hay cosas que todavía quiero vivir a tu lado, Nadhia, y que no pienso vivir con nadie más, porque estoy demasiado enamorado de ti como para poder querer a otra persona nunca más. Nad… —probé a acercarme a ella, esta no se movió, se mantuvo impotente en el sitio, sujetando con tanta fuerza el asa de su maleta que podría prácticamente romperla. La sujeté por los hombros, no pudiendo separar la vista de sus ojos, ni de su cara, ni de su precioso pelo dorado. Nadhia era una joya, un tesoro. Y malo para ella, los dragones tenemos un instinto acumulador de estos.— Sé que aún me quieres. O por lo menos me gusta pensarlo. Así que volvamos a casa. O bueno, a tu casa hasta que tengamos una que sea de los dos. —cuando se le escapó una risita, el nudo que tenía en el estómago se deshizo, permitiéndome respirar de nuevo. Me tomé la libertad de rodearla por los hombros y acercarla a mí en un abrazo, colocando mi barbilla sobre su cabeza. Sus manos sujetaron con fuerza mi ropa. —Por favor —susurré, ahora— quédate. —Tragué en seco cuando la oí sollozar y comencé a desesperarme e incluso a sentir ganas de llorar. Una pequeña lágrima tembló en la comisura de mi ojo.— Dame una segunda oportunidad, y te juro–

    —No jures.— susurró.— No quiero. —sus palabras me golpearon con fuerza y me separé un poco para mirarla a la cara. Estaba llorando, pero tenía una sonrisa en los labios que le alcanzaba los ojos y los hacía brillar. Y no simplemente por las lágrimas.— Pero tienes tanta suerte de que te quiero, estúpido Kaël. Tanta suerte… —susurró lo último, antes de volver a refugiarse en mi camiseta en un nuevo abrazo.

    Me quedé estático por un segundo antes de devolverle el abrazo y soltar un enorme suspiro, sintiendo esa lagrimita furtiva recorrer mis mejillas.

    Nadhia se separó para mirarme a la cara y se elevó en las puntillas para besarme, pero se detuvo con una gran risa.

    —¿Estás llorando? —rio. Rápidamente la solté para secarme la cara.

    —Ni se te ocurra decírselo a nadie. —mi novia volvió a reír a carcajadas.

    En serio, que no le diga a nadie que acaba de hacer llorar a un dragón.

    Pero está bien, porque ahora estoy aquí, de pie, a su lado. Vuelvo a observar su rostro y veo una sonrisa y una mirada que incitan felicidad.

    ____________________
    One shoot terminado el 12/07/15 para la actividad For a world with you.
    Clasificado como para nueve años y mayores por el uso de cierto vocabulario soez, pero tampoco es la gran cosa.

     
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    Marina

    Marina Usuario VIP Comentarista Top

    Tauro
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    Escritora
    Vaya, así que tiene un secreto que ella aun no puede conocer. ¿Entendí bien y no es completamente humano? Aunque también está de por medio su hermana, así que él debe comprender que nadie, ni siquiera su amada hermana debe interferir en su relación si de verdad la ama, espero que sepa aprovechar bien esta segunda oportunidad, de lo contrario, la perderá en la próxima ocasión que ella decida irse y tal vez para siempre.

    Saludos xD
     
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  1. Fanafics
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