1.  
    Ela McDowell

    Ela McDowell Entusiasta

    Sagitario
    Miembro desde:
    29 Noviembre 2013
    Mensajes:
    175
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    Psychotic
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    558
    Sentí frío. Era el frío que tenían en tu alcoba
    Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
    Entre las blancuras níveas
    ¡De la mortuorias sábanas!
    Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
    Era el frío de la nada.​

    Nocturno III, José Asunción Silva​


    PRÓLOGO


    Era la primera vez que observaba un bosque como aquel. Lleno de cipreses que alcanzaban una altura hasta de cuarenta metros, de porte simétrico y majestuoso, que escondían por completo el saludo, aún tímido, de los primeros rayos solares de la gris mañana. No se veía nada aparte de ese monótono paisaje.

    La camioneta daba un salto tras otro mientras avanzaba con gran estruendo a través de la estrecha carretera, ya demasiado desgastada, llena de rocas, ramas y raíces que se habían apropiado de ella desde hacía mucho tiempo. Le costaba mantenerse bien sentada entre tanto tambaleo, incluso llegó a golpearse la cabeza contra alguna de las cajas de mudanza que transportaban.

    Les dejó en claro que no tenía intenciones de acompañarles a ninguna parte, pero, como siempre, la ignoraron y arrastraron con ellos. A veces deseaba que sus padres le tuvieran en cuenta a la hora de tomar ese tipo de decisiones. Ya no era una niña, pronto cumpliría la mayoría de edad y sería una mujer hecha y derecha. Bueno… Quizás sólo en apariencia.

    –Cariño, entiende que hacemos esto porque te amamos –dijo su madre, visualizándole desde el retrovisor.

    No respondió. Se limitó a seguir ignorándola, con lo que la señora desistió a la idea de que le dirigiera la palabra. Su enojo todavía no lograba apaciguarse.

    –Déjala, Josephine –le consoló el hombre sentado en la silla del conductor, con un tono de voz cariñoso y reconfortante–. Se le pasará al rato.

    No estaba segura de cuánto tiempo había pasado desde que salieron de Houston, y cada minuto parecía una eternidad. ¿A dónde dijeron que irían? Ya ni lo recordaba.

    Dirigió la mirada hacia el frente y vislumbró un arco de luz al final de la vía, ubicado a unos pocos metros. Siguieron avanzando con la misma velocidad. Entre más se acercaban, más le invadía la curiosidad de saber qué les esperaba al otro lado. Pronto, el sentimiento se transformó en ansiedad y no pudo reprimir el impulso de decirle a su padre que condujera más rápido. Éste obedeció entre carcajadas y pisó el acelerador. Se sentía una niña otra vez. Sin embargo, la emoción no amainó al traspasar el umbral.

    Un hermoso campo de grama verde y lleno de vida, que se extendía durante metros, quizá kilómetros, junto a un viejo letrero pegado al tronco de un árbol, les dieron la bienvenida a Lexington, Texas.

    En lo alto, el cielo comenzó a despejarse a medida que los refulgentes rayos ultravioletas hacían acto de presencia. Ciertamente era un espectáculo maravilloso, una escena de película en 3D. La brisa que se filtraba por las ventanas le acariciaba las mejillas, mientras su cabellera castaña danzaba al compás de cada suave ráfaga que penetraba en la camioneta. Inhaló una bocanada de aquel aire limpio, carente de toda la contaminación que se puede encontrar en las ciudades.

    «Si en ese entonces hubiese sabido lo que allí me deparaba, seguramente todo el esplendor falso de aquel panorama no me habría cegado tanto.»
     
    Última edición: 29 Noviembre 2013

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