Pokémon: La Corona y el Colmillo

Tema en 'Fanfics Abandonados Pokémon' iniciado por Sainne, 20 Mayo 2012.

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    Sainne

    Sainne Iniciado

    Acuario
    Miembro desde:
    15 Abril 2012
    Mensajes:
    41
    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Pokémon: La Corona y el Colmillo
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    698
    Introducción

    Hace mucho, mucho tiempo, las Cuatro Regiones: Kanto, Johto, Hoenn y Sinnoh, permanecieron unidas bajo la supervisión de las Familias Reales, cuyos principales herederos ejercieron como Reyes en cada uno de los territorios durante un tiempo plagado de felicidad, prosperidad y libertad.
    Sorpresivamente, un día el Rey de Kanto declaró la guerra a los otros reyes, a los que venció y sometió, conquistando y unificando sus territorios de manera aplastante. Teselia, una Región separada por el mar de las otras cuatro y que se preocupaba únicamente por mantener una relación de fría cordialidad con el resto de las Regiones, con su propio sistema político y económico no tomó parte activa en este suceso, permaneciendo completamente neutral.
    De esta forma, El Imperio Real había nacido sin apenas resistencia, y con él la época más oscura de nuestra historia.
    La paz y la prosperidad que habían reinado hasta el momento se desvanecieron, como si sólo hubiesen sido el fugaz sueño de un niño. La muerte y la destrucción tomaron su lugar, convirtiéndose en una pesadilla constante, convirtiendo las anteriormente pacíficas Cuatro Regiones en un infierno donde la ley del más fuerte era la única justicia existente, y en la que los hombres del Emperador obtuvieron la libertad para saquear, violar, matar y robar a placer.
    Aquí y allá se levantaron grupos formados por hombres justos y honorables, cuyo único propósito era devolver la paz a su hogar, pero siempre eran diezmados por las fuerzas Imperiales. Todo parecía indicar que la oscura pesadilla iba a convertirse en una irremediable y duradera realidad.
    Pero al igual que los rayos del sol acaban traspasando las más oscuras nubes, la esperanza llegó.
    Cuatro jóvenes se levantaron contra el Emperador, unificando al pueblo y a los miembros de la Realeza que habían logrado salvarse del golpe de estado.
    Los jóvenes –a quienes el pueblo bautizó como “Los Cuatro Colmillos”- demostraron que se podían establecer lazos afectivos con los Pokémon, a los que hasta el momento todo el mundo trataba como amenazas o herramientas para lograr sus fines, y los usaron en su levantamiento, que posteriormente fue conocido como “La Gran Revolución”.
    Tuvieron que pasar varios años en la contienda que los historiadores pasarían a denominar como “Guerra de las Regiones”, con numerosas bajas por parte de los dos bandos, pero al fin los rebeldes lograron llegar hasta el Palacio Imperial, fortificación en la que se escondía el Emperador y desde la que dirigía a su ejército.
    Durante la batalla, en la que la luna brilló carmesí como la sangre fresca, Los Cuatro Colmillos lograron entrar en el castillo y se enfrentaron al Rey, venciéndole.
    La Guerra de las Regiones había finalizado, y los jóvenes fueron aclamados como héroes, llegando incluso a rogarles que ocuparan los tronos de cada una de las Regiones. Pero ellos declinaron la oferta, cediéndoles ese honor a sus legítimos dueños, los nobles que habían peleado codo con codo junto a los rebeldes.
    Éstos, negándose a dejar a los jóvenes responsables de comenzar la Revolución sin ningún tipo de recompensa decidieron realizar con ellos un pacto de por vida.
    Un pacto en el que cada uno de los Cuatro Colmillos se convirtió en el guardián personal de cada uno de los Reyes, rango que pasó a denominarse “Campeón” y que se heredaría a sus descendientes indefinidamente, adquiriendo también el título de “Las Grandes Familias”
    La paz había sido restaurada y la pesadilla al fin se había destruido para siempre.
    O eso creímos todos…
     
  2.  
    Sainne

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    15 Abril 2012
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    Pluma de
    Escritor
    Título:
    Pokémon: La Corona y el Colmillo
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    1760
    0
    Prólogo: La muerte de un héroe
    *Algún punto de la Región de Kanto *
    Dos manchas borrosas atravesaban el oscuro firmamento a gran velocidad, mientras su figura se recortaba contra una luna que aquella noche brillaba con fuerza, completamente roja.
    El suelo bajo las dos manchas pasaba con gran rapidez, hasta que finalmente cambió del marrón salpicado de motas verdes que eran los bosques al azul tenebroso del profundo océano.
    Tras unos minutos, las dos figuras redujeron ligeramente la velocidad, que permitió distinguirlas con claridad.
    Se trataban de dos Charizard magníficos, dos dragones anaranjados (siendo uno de ellos notablemente más grande que el otro y de aspecto más envejecido) de enormes alas y aspecto fiero, en cuyas colas ardían sendas llamas de gran tamaño,
    En sus lomos, sentados en rudimentarias sillas de montar, había dos personas. La que montaba sobre el Charizard más anciano, un hombre de apenas treinta años, apretaba algo contra su pecho. Su cabello castaño se agitaba a causa del fuerte viento, y sus profundos ojos azules miraban con preocupación el cielo frente a ellos.
    -¡Kenta-sensei, no podemos seguir así mucho tiempo!-gritó el jinete del Charizard más pequeño, un joven rubio que no parecía superar los dieciocho años.
    Kenta asintió, entrecerrando los ojos, más para sí mismo que para su compañero.
    De pronto, una fortísima corriente de aire pasó a escasos centímetros de la mejilla del hombre, causándole un pequeño corte del que surgió un hilillo de sangre.
    Los dos jinetes miraron hacia atrás. Y lo que vieron les heló la sangre.
    A varios centenares de metros por detrás de ellos, un enorme grupo de Pokémon se acercaba amenazadoramente.
    Sobre los Pokémon, entre los que se podían distinguir a varios Dragonite, Dragonair y Flygon, montaban personas vestidas con trajes negros y cuyos rostros permanecían ocultos al amparo de capuchas del mismo color.
    En sus pechos, la luna llena iluminaba lo que parecía ser el símbolo de una media luna roja.
    Kenta apretó los dientes, mientras la impotencia crecía en su interior.
    Si seguían así, sus perseguidores acabarían por llegar hasta ellos y entonces…
    Si la esfera caía en manos de ese hombre, todo estaría perdido.
    Entonces sintió cómo lo que apretaba contra su pecho se movía ligeramente, lo que le hizo bajar momentáneamente la mirada. Apretado contra él, con los ojos cerrados y expresión asustada había un niño de apenas siete años.
    La expresión del hombre se suavizó al contemplar los rasgos del pequeño, y sus ojos reflejaron un cariño abrumador. Su mano derecha acarició suavemente el cabello azabache del niño, exactamente igual al de su madre.
    El pequeño al notar la caricia abrió los ojos, que se clavaron al instante en los de su padre. Y aquel instante, aquella milésima de segundo simple y maravillosa, hizo que el hombre supiese exactamente lo que debía hacer.
    Con un gesto indicó a su joven acompañante que se acercase hacia él, lo que hizo que ambos Charizard viajasen prácticamente ala contra ala durante unos momentos, por lo que los dos jinetes podrían haberse estrechado la mano sin ninguna dificultad ante la escasa distancia que los separaba.
    -¿Se te ha ocurrido algo?-preguntó esperanzado el chico rubio.
    El hombre asintió, sonriendo.
    -Tengo un último favor que pedirte, Jack- dijo el hombre, con un tono de voz sereno.
    El chico rubio le miró sin comprender.
    -¿A qué te refieres?
    El hombre introdujo su mano en uno de los bolsillos de su chaqueta, de la que extrajo una pequeña esfera completamente negra.
    Al posar la mano sobre ella, pudo notar por un segundo al ser que albergaba en su interior, lo que le causó un escalofrío del que rápidamente se recompuso.
    Tras sostener la esfera unos momentos, el hombre la lanzó hacia su compañero, que la cogió al vuelo de forma instintiva.
    El chico rubio la observó con los ojos como platos.
    Y entonces comprendió lo que su maestro planeaba hacer.
    -¡KENTA, NO!-gritó, horrorizado.
    El hombre, Kenta Outsi, Campeón de la Familia Real de Kanto y cabeza de la Familia Outsi levantó al niño que portaba en sus brazos y lo abrazó con fuerza.
    El pequeño le devolvió el abrazo, aferrándose con sus manitas a la espalda de Kenta.
    Finalmente, éste apartó de sí al pequeño y besó suavemente su frente.
    -Te quiero muchísimo, hijo mío…-susurró.
    Algunas lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas del pequeño.
    -Papá…-gimió el pequeño de ojos azules.
    Kenta le dirigió una última mirada llena de cariño, para después entregárselo a su compañero, que lo agarró al instante.
    El hombre observó a ambos y su sonrisa se hizo un poco más amplia.
    -Por favor, cuida bien de él, Jack-pidió con serenidad, guiñando un ojo- Y si puedes, cuida un poquito de ti mismo.
    -¡NO LO HAGAS! ¡NO LO…!
    Pero entonces el hombre ordenó algo a su Charizard, que se detuvo en seco.
    El chico rubio, Jack, observó horrorizado como el grupo de Pokémon que les perseguía se detenía, sorprendido ante la súbita parada del gran dragón.
    Estaba a punto de ordenar a su propio Charizard que diese la vuelta para ayudarle, pero entonces escuchó los gritos horrorizados del niño que sostenía en sus brazos, llamando a su padre, y las palabras de su mentor resonaron en su cabeza.
    “Cuida bien de él”
    Si daba la vuelta en ese momento, aún podría alcanzar a Kenta y luchar a su lado.
    Pero si lo hacía, todos morirían.
    Kenta había decidido sacrificarse para darles una oportunidad, para permitirles sobrevivir.
    Notando cómo las lágrimas brotaban de sus ojos, Jack ordenó a su dragón que acelerase al máximo, perdiéndose en el horizonte.
    Unos instantes después, la noche se iluminó por unos segundos a cusa de los numerosos hiperrayos que los pokémon perseguidores lanzaron contra el valiente Campeón y su dragón.
    Mientras se precipitaba al vacío mortalmente herido, Kenta pudo ver por un momento su vida pasar ante él: su formación cómo Entrenador, el momento en que conoció a la mujer que le devolvió la sonrisa y le hizo creer en un mundo mejor y que le regaló a un hijo precioso…
    Notando cómo sus ojos se iban cerrando poco apoco, un último pensamiento cruzó por su mente.
    “Es tu turno, Kenji… ahora el Legado es tuyo…”
    Sonrió.
    “Confío en ti, hijo mío”
    Y la oscuridad le envolvió completamente.

    ~
    Uno de los encapuchados, montado sobre un imponente Salamance, contempló los cuerpos del entrenador y su fiel dragón caer hacia el mar, donde se perdieron bajo las oscuras aguas.
    -Señor…-comenzó a hablar uno de sus acompañantes- Nosotros…
    -¡Silencio!-rugió el hombre, airado.
    La Operación había fracasado estrepitosamente.
    Había perdido tanto la esfera como al crío, el único capaz de abrirla y estaba seguro de que Jack, el pupilo del Campeón, no tardaría en comunicarle al Rey lo que había sucedido aquella noche.
    El hombre cerró los ojos y apretó con fuerza los dientes, intentando calmarse.
    Pero sabía que se trataba de una tarea imposible.
    -Si quiere, aún podemos alcanzarles, podemos…
    Pero el encapuchado no llegó a completar la frase, ya que el enorme Salamance descargó su garra contra él y su pokémon, destrozando sus cuerpos, que cayeron sin vida hacia el mar.
    Un silencio sepulcral se instaló entre todos los presentes.
    Todo había fracasado, era cierto, pero eso no significaba que fuera a rendirse.
    En diez años, la Luna Roja volvería a brillar con fuerza en la noche.
    Y entonces, la esfera volvería a abrirse, aunque tuviese que arrasar las Cuatro Regiones para lograrlo.

    Con un potente rugido, el Salamance se dirigió de vuelta hacia su hogar.
    Rumbo a Teselia.
    ~
    La criatura alzó levemente la cabeza, percibiendo algo por primera vez en décadas.
    Pese a sus grandes esfuerzos por liberarse, prisión en la que estaba recluida conseguía menguar sus poderes hasta hacerlos completamente inservibles. Pero aquella vez la criatura había sido capaz de notar algo más allá de su prisión.
    El Guardián había muerto.
    La criatura sintió como el júbilo crecía en su interior.
    Pronto…muy pronto, sería capaz de romper el Sello.
    Y entonces su venganza no conocería límites.
     
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