La orilla de la isla, la playa, se caracteriza por su amplia extensión de arena blanca y suave que sepulta algunas rocas negras. Es la costa de la isla, donde mueren con suavidad las olas de agua cristalina, y se puede comenzar a apreciar la vegetación que compone la isla y su jungla: miles de árboles distintos (predominantemente palmeras) son apreciables desde la playa. Contenido oculto Ya pueden rolear, pero presten atención al primer mensaje de Tony es informativo e importante ^.^ @Amelie @Yellow green forest @serena ketchum @EliLover @Liza White @Jenna Bodt Fubar @rapuma @Melody Berlitz @Nekita @Felurian @Cygnus @Chelsea
Tony rompió el agua y salió a flote, respirando una gran bocanada de aire al salir, como si no lo hubiera hecho en años. Respiró un par de veces más, como para comprobar que aún podía hacerlo con normalidad, antes de dedicarse a observar donde se encontraba; flotando a unos dos metros de la costa de una isla. Se acercó a esta nadando con velocidad, intentando esquivar los escombros metálicos distribuídos aleatoriamente por el agua. Se paró sobre la orilla y observó la escena; lo que vio fue caos puro. Los restos del avión eran grandes pedazos de metal que estaban por varias partes a lo largo de la costa, algunas partes prendidas fuego, y los pasajeros que no habían perdido la vida en el accidente aéreo se encontraban en grave peligro por donde quiera que se mirase. Una pelirroja de tez pálida gritaba "¡Eithan!" a todo pulmón. Una mujer más joven, no debía tener más de 19 o 18 años, se encontraba en el suelo en estado de shock, abrazando un perrito de peluche y llorando del miedo. Una parte de un ala del avión se desprendió de los escombros y por poco le cae arriba a un hombre rubio, pero fue apartado justo a tiempo por una mujer de cabellera rubia descuidada, que gritó algo que no alcancé a oír, aunque pude identificar en ella un acento australiano, posiblemente nativa de Sydney. Un hombre corpulento con acento ruso trataba de hacerse oír a los gritos por sobre todo el ruido, caos y destrucción, gritando instrucciones que nadie alcanzaba a oír claramente. Pasó luego a la acción para ayudar a una joven de cabellera negra moverse a tiempo, evitando así ser aplastada por lo que parecía ser los restos de una de las ruedas del avión. Miró a más sobrevivientes del accidente y los contó mentalmente; eran trece, contándose a sí mismo. Trece. Y en el avión viajaban cerca de setenta personas, sin contar al piloto, co-piloto y el servicio aéreo. Tragó saliva ante lo que esto implicaba antes de decidir a último momento acercarse a ayudar a poner a salvo a todos, lejos de los peligrosos restos del avión.
—Merde! — Dijo ella cuando notó que sus hermosos zapatos Christian Louboutin se habían roto. Estaba tirada en la playa, enredada entre algas. Su cabeza le daba vueltas y vueltas... ¿en dónde estaba? Miró a su alrededor y pudo ver un caos inimaginable: gente muerta, fuego, un avión destrozado. En su boca sentía el sabor de la sangre, y el vestido negro que portaba se le había pegado al cuerpo por el agua. Como pudo, trató de levantarse, antes sacándose los rotos tacos. Anduvo descalza, observando la situación con una actitud fría y distante. Vio pasajeros calcinarse frente a sus ojos, pero... ¿qué podía hacer ella? Nada. Perdida, comenzó a girar, mirando todo. Estaba en... en... ¿una isla?
Todo había sido tan rápido, el vuelo había sido tranquilo hasta que la primera turbulencia y se nos indico que nos colocáramos los cinturones de seguridad. Nunca había viajado en avión lo cual me tenía aun mas nerviosa, pero quería pensar que solo serían un par de segundos y que, finalmente todo pasara y volviéramos a volar tranquilamente. Para tratar de quitarme eso de la cabeza empecé a mirar por la ventana, jugando nerviosamente con mis manos y cerrando los ojos con fuerza cuando todo paso: sentí como si algo estuviera atrayéndonos fuertemente, me atreví a abrir mis ojos y ¡sorpresa! el avión se había partido, todos se sujetaban a sus asientos y se colocaban las mascaras de oxígeno con gran velocidad-y yo no me quedaba atrás-. No supe como, ni cuando nos estrellamos, de lo único que estaba consciente era que todo esto era un caos, estaba aturdida y no distinguía absolutamente nada de mis alrededores, solo gritos desesperados de personas, diciendo nombres, pedidos de ayuda, ¿qué estaba pasando?, tallé mis ojos sin poder orientarme, todo esto parecía ser tan irreal, parecía salido de una película, tragué un poco y seguí caminando con algo de dificultades intentando no toparme con ninguna pieza metálica incrustadas en la blanca arena de esta...¿isla?. Mientras avanzaba lentamente podía apreciar cadáveres, partes del avión encendidas en fuego, etc. y poco a poco parecía que alguien intentaba poner orden a las cosas, pero lamentablemente no lograba comprender casi nada de lo que decía, su voz se perdía entre tantos gritos y caos; alcé mi mirada levemente, algo se dirigía hacia mi y mi cuerpo no reaccionaba, por mas que quisiera moverme al parecer mi cuerpo no quería cooperar conmigo y la situación presente frente a mi. Para mi suerte y tal vez por los reflejos de alguien ajeno a mi, sentí como alguien me ayudaba a evitar que fuera aplastada por lo que fuera ese objeto. — G-Gracias...— logré pronunciar entre agitadas respiraciones, sentía mi corazón en la garganta por todo el miedo que sentía, me giré lentamente para ver a la persona que me había salvado y sonreirle levemente al ya no poder articular nada mas
Soltó un jadeo mientras que con dificultad llegaba a la arena de la playa y se echaba boca-abajo sobre ella. Empezó a respirar lentamente y cerró los ojos, deseando con todas sus fuerzas que se hubiese dormido en el avión y fuese una pesadilla creada por su temor. Comenzó a dolerle la cabeza y abrió los ojos para encontrarse con un paisaje terrible. Partes de avión por un lado, gente que había sobrevivido al trágico accidente caminando agarrados a ellos mismos, con una expresión confusa, con el rostro desencajado como él debería tener en esos instantes. Más adelante, una enorme jungla se extendía sobre ellos y tragó saliva. Miguel había acertado. Su instinto había acertado. Se puso las manos sobre la cabeza y en un arrebato se echó al suelo sobre sus rodillas, intentando pensar y asimilarlo todo. Un accidente, gente muerta, montones de chatarra desperdigado por toda la isla y el mar, un montón de gente sin saber qué hacer. Demasiado en poco tiempo para poder creer que era real. Agitó la cabeza con violencia y se levantó. Todavía no abandonaba —ni quería— la idea de que era un sueño, una pesadilla, pero de estas que son tan reales que cuando despiertas sobresaltado estás empapado de sudor. —¿Eh...? —soltaron sus labios.
Temblaba mientras trataba de dejar de estar en shock —¿De verdad estoy viva...? Voltio a todas partes a ver en donde se localizaba. Cuando se dio cuenta que estaba en una isla. tuvo suerte de que el peluche de sus padres seguia completo y lo abrazo a un mas. —G-gracias al cielo no le paso nada, ¿pero?... No podia creer que quedaban supervivientes de aquel choque, pero cuando se quiso levantar se dio cuenta que tenia un escombro de avion enterrado en su pierna. —¡Ayuda! Grito en espera de alguna ayuda que pudiese tratar su pierna completamente rota
Me acerqué al grito de ayuda más próximo; la chica del peluche había logrado atascar su pierna debajo de un pedazo del avión de alguna forma. Se veía pesado y doloroso, y la joven lloraba y gritaba adolorida. Al llegar a su lado, mi primer instinto fue levantar la pequeña estructura metálica, pero probablemente ella no tendría fuerza suficiente para arrastrarse fuera sola, la pierna podía estar muy herida o clavada con algo y en necesidad de un torniquete. Volví mi vista y vi a un tipo cerca; se veía medianamente fuerte, a pesar de que no era muy alto, tendría que servir. —Ey, tú, rubio, ¡ven aquí! —le grité con fuerza, se volteó por lo que intuí que me había oído por sobre el ruido—. ¡Ayúdame a liberar a la chica! Levanta este escombro a la cuenta de tres, ¿entendido?
Miguel, aún aturdido, escuchó a alguien gritar y giró la cabeza. Tardó un rato en comprender que se referían a él, pero acudió con rapidez a su lado. Entonces comprendió que una muchacha joven necesitaba ayuda, y movido por la compasión, asintió e intentó a ayudar. —¡Bien! —agarró parte del escombro, esperando expectante a que sonara el "tres" y tirar.
—Muy bien, espero estés lista chica porque va a doler un poco… —le advertí antes de mirar al rubio una vez más—. Uno, dos…. ¡tres! El hombre rubio levantó el escombro de golpe cuando escuchó el tres y la muchacha soltó un gritito de dolor; una partecita del escombro se había clavado en su pierna izquierda cuando le cayó encima, por lo que no presentaba una rotura de pierna, sino que una pequeña perforación, no muy grave pero le dolería pisar con normalidad seguramente. Decidiendo olvidar eso por el momento, la tomé de los hombros y la arrastré lejos del escombro hasta que fue seguro para que el rubio lo soltara. Me quité mi camisa manga larga, la cual estaba aún un poco mojada por el mar, quedando ahora solo en una musculosa blanca lisa, y luego procedí a usar la camisa para hacer un torniquete, atándola alrededor de la pierna izquierda de la chica con fuerza, haciendo presión para detener la herida. No era un arreglo permanente, pues yo no era ningún médico (ojalá alguno de los demás sea uno, sería una gran ayuda, pero eso era un problema para más tarde), pero serviría por ahora. Logré que la chica se parara sobre su pierna derecha y colgó su brazo izquierdo sobre el hombro del rubio para que él la ayudara a caminar. Miré alrededor; ¿hacia dónde ir? ¿Dónde estarían a salvo de los escombros? Alejados de ellos, obviamente… y en eso, veo a una mujer para un tanto alejada del caos, en ese punto de la playa donde se encontraba ya no había restos metálicos prendidos fuego o cadáveres carbonizados, nada más arena, agua y algas… —¡Hacia allá! —le indiqué al rubio con voz imponente—. ¡Llévala hacia allá, a donde está esa mujer, vayan hacia allí donde se acaban los escombros, estaremos a salvo allí mientras que éstos se apagan! ¡Todos, vayan en esa dirección!
Terra Weedall Llegó a la orilla arrastrándose, arañando sus codos contra la ríspida arena, y liberándose de las olas que la llevaron flotando de un lado a otro a pesar de sus esfuerzos por sobrevivir. Al sentir tierra firme respiró lentamente, comprobando que en general su cuerpo estaba completo y sin heridas de gravedad. Su cabello rubio chorreaba penosamente de agua salada, casi negra. No tuvo más que voltear hacia atrás y ver la mitad del avión ensartado entre las olas impetuosas para que su martirio comenzara nuevamente. Había varios cuerpos inertes sobre la superficie, algunos de los cuales eran también arrastrados sin vida hacia la orilla, mientras que otros parecían hundirse y emerger nuevamente entre la espuma rojiza. Se levantó de un salto a pesar del dolor de los golpes y recorrió con la mirada a las personas que habían logrado salvarse: ninguno de ellos era su padre. Un hombre rubio yacía a su lado, víctima de un severo ataque de impresión. Sus ojos lucían desorbitados y su respiración era agitada. —¡Apártate! —alcanzó a gritarle Terra, puesto que un trozo del ala del avión amenazaba con caerle encima. Saltó hacia él con la velocidad de un animal salvaje y lo apartó de su fatal destino un segundo antes de que el pesado metal se desprendiera para caer en donde él había estado un instante atrás. Terra y el joven rubio rodaron un par de metros, y cuando comprobó que lo había salvado, volvió a levantarse sin pronunciar ninguna palabra. El muchacho seguía yaciendo a su lado sin poder articular ningún vocablo coherente. El rostro imperturbable de Terra lucía en esta ocasión tenso, divisando a las personas que habían sobrevivido, y después de un agitado suspiro, se echó de cuclillas junto al cuerpo del chico rubio. —¡Ayúdame a encontrar a mi padre! ¡Por favor ayúdame a encontrarlo! —exclamó con agitación. Contenido oculto @Liza White
Miguel levantó el escombro y le pareció más pesado de lo que llegó a creer, pero aguantó lo suficiente. Cuando vio que la muchacha ya estaba fuera, lo soltó y aquel chico le indicó que lo llevase a la otra punta de la playa, donde se hallaba una mujer alejada de todo. La llevó con cierta lentitud al ver la cara de dolor de ésta y cuando llegó la dejó sentada en la arena. Luego de eso, se dio la vuelta y entrecerró los ojos mientras usaba la mano como visera para ver mejor. Pudo divisar dos personas más hablando, una muchacha y un chico. Después devolvió la mirada hacia aquel hombre que seguía ayudando y Miguel gritó: —¡¿Qué hacemos ahora?!
Me levante de la arena tociendo agua salada, la cabeza me dolía horrible. Mire a mi alrededor y me asuste mucho al ver la escena, no recordaba mucho de la caida, yo iba en una ventana tomando fotografias de las nubes. Escuche que indicaban un lugar a donde terminaban los escombros, caminando lento fui al lugar, me sentia muy mareada, y andaba con cuidado para no caer. Me movia igual que una de esas noches de fiesta con mis amigas en las que bebíamos más de la cuenta.
Me había movido a un lugar un poco lejos del caos por consejo de aquel hombre que me había ayudado hace no mucho, hasta que un grito desgarrador pidiendo ayuda llamó mi atención después de estar perdida en mis pensamientos, dirigí mi vista hacia donde se produjo el grito y por suerte dos hombres habían acudido a su ayuda, alejándola del peligro que corría en esa zona. No mucho tiempo después uno de esos hombres comenzó a gritar un par de indicaciones, al parecer un lugar en específico en donde estaríamos posiblemente seguros, miré al hombre que me había ayudado y le señalé el lugar que habían indicado, donde no había tantos escombros y parecía ser seguro — V-Vamos... a-allá parece seguro...— dije comenzando a caminar hacia allá, sin saber si aquel hombre que parecía tener un acento ruso-si no me equivocaba- me estuviera siguiendo hacia el lugar o no
La gente iba desesperada hacia donde ella estaba. ¿Por qué? Miró curiosa, y se percató que estaba en un lado de la playa en donde no habían escombros, ni fuego o cadáveres. Era parecido a un lugar "seguro", o quizás ellos pensaran eso. Los miró correr desesperados y dejar gente herida de gravedad en el suelo, para luego correr a buscar a otros; pensó si era necesario que ella ayudara. Al parecer sí. No quería quedar como una desalmada, pero tampoco quería sucumbir a la paranoia que se desataba entre los sobrevivientes del vuelo. Murmuró una sarta de insultos en alemán y se agachó para recoger sus zapatos y caminar lentamente por la extensa playa. Algunas personas gritaban desesperadas, otras estaban en shock. ¿Ella? Ella parecía calma, pero por dentro era un mar de preguntas. ¿Qué había pasado?, ¿por qué se habían estrellado?, ¿lograrían salir de allí? Estaba asustada, sobre todo porque no sabía si saldría viva. Sus ojos se llenaron de lágrimas. En esos momentos necesitaba un buen trago de whiskey.
No pude creer que después de todo siguiese viva, mire a mis alrededores y en efecto estaba en una playa —"Tiene que haber alguien mas vivo"—Pensé, cuando de repente un gran dolor de cabeza me vino—Mi cabeza...es insoportable—Dije con un gran dolor del cual nunca experimente Intente levantarme pero tenia una gran herida en la pierna la cual no me dejaba andar —Tengo que pedir....ayuda—Dije con gran desesperación
"Por favor señores pasajeros, estamos pasando por unas leves turbulencias, se les recomienda abrocharse el cinturón como medida de seguridad. Recomendaciones del piloto. Gracias". Podía escuchar como algunos pasajeros se incomodaban con ese anuncio, yo simplemente crucé los brazos, sosteniendo entre ellos al pequeño osito de peluche. Cerré los ojos por unos instantes, pero aquellas imágenes volvían a mi cabeza. La última vez que las vi...ojalá no hubiera venido a ésta maldita convención. Ojalá me hubiera quedado con ellas, todo hubiera sido diferente. Pero...ya no podía hacer nada, y lo sabía muy bien. Apreté levemente el preciado objeto de mi hija contra mi pecho, era lo único que me quedaba de ella, todo lo demás seguro fue calcinado. ¿Y qué haría yo ahora? Esa pregunta rondaba mi cabeza a cada segundo. Mi vida ya no tenía ningún sentido. Me gustaría morirme en éste instante. Segundos después, parecía que el destino quería cumplirme ese deseo. Caos. Oscuridad. Gritos. Dolor. Sangre... mucha sangre. Todo fue tan rápido que juraría haber visto pasar mi vida ante mis ojos. Sentí mi cuerpo caer, no podía controlarlo, no podía moverme, pero el peluche seguía aferrado a mi. No iba a soltarlo por nada del mundo. En unos instantes noté que caía al agua. Múltiples objetos chocaron contra mi, me rozaron varias partes del cuerpo, haciéndome leves rasguños. En un momento determinado, sentí una gran punzada de dolor en mi espalda, y en un impulso por tratar de llenar el aire faltante en mis pulmones, nadé como pude hacia la superficie. Cogí una gran bocanada de aire mientras trataba de no caer inconsciente por la enorme pérdida de sangre, la herida de mi espalda me lo dificultaba. Nadé como pude, escuchando de fondo gritos desesperados, no pude evitar ver inumerables cuerpos sin vida flotando a mi alrededor. Sentí algo de repulsión y lástima al verlos, pero necesitaba salir de allí cuanto antes. No podía perder el tiempo de ninguna manera. Logré llegar como pude a la orilla, caminando con lentitud por la orilla, sintiendo como las olas chocaban contra mis piernas, y caí al suelo inevitablemente por lo débil que me sentía. Cerré los ojos levemente, y escuché un grito femenino. Un trozo del avión estaba a punto de caerme encima y yo no podía moverme. ¿Sería éste mi fin? Parecía ser que no. Sentí como rodaba por la arena de aquella playa en el último segundo y cuando frené solté un leve gemido de dolor, abriendo un poco los ojos y logrando ver la imagen de una chica algo más joven que yo. ¿Ella me había salvado? ¿Por qué? Noté como buscaba con una desesperación aparente a alguien. Me senté sosteniéndome con una mano en el suelo y con la otra sobre el osito y observé como se acercó de nuevo a mi. "¡Ayúdame a encontrar a mi padre! ¡Por favor ayúdame a encontrarlo!" La miré por unos segundos, para luego echar un vistazo al mar. No quedaba ya nadie vivo allí...solo había cuerpos sin vida y algunos calcinándose. No muy lejos de aquí, un grupo de personas se mantenían en un lugar algo más seguro. Volví a mirarla con una mirada neutra y negué levemente con la cabeza. —Escucha, aquí estamos aún en peligro de que nos caigan más trozos del avión, lo mejor sería ir allá con los demás...—señalé la zona mientras me levantaba con mucha dificultad, mostrando una pequeña mueca de dolor. —Hay muy pocas posibilidades de que tu padre siga vivo, y lo siento, pero lo mejor ahora será ponernos a salvo. —le expliqué, manteniendo la seriedad en mis palabras a la vez que le tendía una mano para ayudarla a levantarse. No sabía si se habría hecho daño.
La chica de cabellera negra que había sido salvada por el ruso de alguna manera había oído mis gritos, y se había encaminado hacia la zona donde se encontraba aquella mujer y el rubio de antes, que ahora ayudaba a la joven con el torniquete a sentarse en la arena. También se había unido a ese grupito el ruso, que había seguido a la morocha, y una muchacha de corta cabellera castaña. También localicé con la mirada al hombre rubio que había sido salvado por aquella rubia de origen australiano, el primero señalaba al pequeño grupo de seis personas que se encontraba al resguardo del accidente y relativamente a salvo, como intentando indicarle que se dirigieran hacia allí. También vislumbré una chica alta de cabello negro azabache que se ponía de pie y parecía completamente desorientada; le señalé el pequeño grupo en la zona segura, esperando que me hubiese visto y entendiera el mensaje. Y aquella pelirroja aún gritaba el nombre de alguien a todo pulmón, desesperadamente. Volteé para ver a una jovencita que no podía tener más de dieciocho años tirada en el piso a unos pocos metros de mí, rogando ayuda, desesperada, como si no pudiera moverse pero a simple vista parecía encontrarse bien físicamente… entonces comprendí: el shock del accidente la tenía paralizada, al punto que no podía mover las piernas, estaba entumecida y paralizada, como si la hubiesen pegado con cola al suelo. Me agaché junto a ella y la levanté de golpe, colgándome su brazo sobre mi hombro derecho, pues sabía que no era buena idea obligar a alguien en shock a moverse, quizás ni lo lograría, y la llevé con el resto, esperando que los que quedaban entre los escombros nos imitaran.
—Muchas...gracias—Le agradecí, pude notar que era una persona no muy mayor de unos 20 años aproximadamente y de rostro hermoso—Nunca pensé que el avión se estrellaría, fue todo tan rápido por un momento pensé que no lo contaba—Dije con algunas lagrimas en la cara pero de repente salte de tema para no preocuparme—Puedo... puedo saber tu nombre?—Le pregunte con curiosidad
Natalia Ollsen Abrió sus ojos con fatiga, ¿ya habían llegado a su destino? No... en ese entonces recordó lo sucecido... ¡Habían tenido un accidente en avión! ¡Y ella...! Apreció con asombro las partes de su cuerpo, muslos, pantorrillas, todo parecía en orden, ¿estaba completamente a salvo, no faltaba ninguna parte de su cuerpo? En ese entonces ahogó un grito de dolor... ¡La palma de su mano, tenía algo clavado en ella! ¿Qué era? Era un objeto filoso, ¿un cristal, tal vez? La sangre bajaba y la herida ya se estaba infectando. Se levantó con dificultad, parecía como si hubiese olvidado cómo caminar. —¡Ayuda! —gritó con voz ronca sintiendo el ardor en su garganta y el sabor a agua salada. La marea la había llevado un poco más lejos de donde había ocurrido el trágico incidente—. Alguien... El sol le pegó con fuerza en la cara, usó sus manos como sombrilla y a lo lejos divisó a algunas personas. ¡No era la única! Caminó hacia dicho lugar de la playa. Un viaje por negocios resultó ser una pesadilla...
Terra Weedall Miró con incredulidad al joven rubio, sus palabras le impactaban, pero al mismo tiempo parecían resbalársele, porque no cesaba en su intento de buscar con la mirada a su padre entre las personas que habían sobrevivido. Las había contado perfectamente, eran trece con ella, y sin embargo lo hacía una y otra vez como esperando el milagro de encontrar alguna otra persona que correspondiera con el aspecto de su padre. Indecisa, dejó que el muchacho al que había salvado instantes previos se adelantara un poco mientras ella seguía ahí, con los pies clavados en la arena, casi incapaz de procesar que, muy probablemente, la persona que buscaba no había salido con vida de aquel fatal accidente y que toda esta pesadilla apenas estaba comenzando. Los minutos pasaban y las esperanzas se le consumían. Cerró los ojos con amargura y luego volteó hacia atrás, donde el joven rubio caminaba con dirección imprecisa. Intentó tragar su dolor: nunca permitió que la vieran llorar. —Oye... ¡espera! ¡Espera! —le gritó, sin saber ni qué decir, y luego corrió a alcanzarlo—. Espera, por favor no me dejes...