Bien dice una frase de una película: "Es una realidad, tú vas a morir y nadie vive para siempre". Esa es una cuestión que a todos nos toca vivir. Pero lo que queda en la mente son esas historias que viviste, que compartiste. Bien recuerdo tu voz gritando por toda la casa, haciendo presencia, proclamando que estas ahí. Esos momentos donde me abrazas con demasiado cariño, diciendo que era la consentida. Tu sonrisa me alegraba y tus palabras llenas de sentimientos me llenaban de seguridad. Pero ahora, en el presente; me pega más tu imagen ahí en ese lugar, con los ojos cerrados y los labios secos. Y por más que pensaba que no era real, más caía en la realidad. Unos días atrás miré tus ojos, llenos de cansancio y agotamiento. Podía observar que ya no querías más y por más que te dieron palabras de apoyo, por más que te dijeron puedes salir ya sabías que no eras así. Cerré los ojos con fuerza, mientras las demás voces se escuchaban a mi alrededor, cerré mi mente no quería recordar más. Estabas ahí, frente a mí y esa iba hacer la última vez que miraría tu rostro. Y te fuiste como el viento que pasa por los años.
Es siempre tan curioso cómo la vida corre a veces y ni cuenta nos damos. Tan irreal cómo de una sonrisa se pasa a una lágrima, cómo cambia todo. Lo siento tan mío y a la vez no, porque creo comprender casi con perfección ese sentimiento, sólo que de vez en cuando recuerdo que pese a todo yo aún no lo he perdido. Me quedo reflexionando. Gracias por compartirlo. Saludos.