Chicos, lamento si el lenguaje es muy fuerte. En caso de tener que quitar partes avísenme, por favor. _____________________________________________________________ Me levanté temprano para observarte una vez más. Ahí estabas, junto a mi cama, mirándome con lástima. Me puse frente a ti, ¿qué tenía hoy? Levanté una mano y peiné mis desordenados cabellos. Estúpida, eso es lo que tu silencio me decía. Fea, flaca, incolora, triste... Ni siquiera algo de color en mis labios, que eran pálidos. ¿Pero de qué te quejabas? Tus ojos eran grises, nada bonito podía salir de ahí. —¡Imbécil! —me gritaste con desprecio. Siempre, siempre hacía un esfuerzo por complacerte, ¡pero nada funcionaba! Nunca estabas conforme, nunca te agradaba estar conmigo. —¡No eres más que una estúpida! —continuaste. Vi que tomaste el cuchillo de anoche, aquel que yo misma había traído para... Me di cuenta que, entre más me gritabas, más lágrimas bajaban de tu rostro. ¡Yo también te odiaba! No eras más que una figura asquerosa, una maldita que nunca creyó en mí, que siempre me miró con molestia. ¿Tanto estorbo causaba? —¡Hazlo!, ¡mátame! —te desafié. Lloré aún más, ¡ya no lo soportaba! Todos los días, ¡cada minuto de mi vida!, siempre había alguien que me miraba de la misma forma en que lo hacías tú. Sólo por ser un engendro, un fallo entre la naturaleza. Me fijé de nuevo y el cuchillo apuntaba hacia mis muñecas, esperando a cortarlas con gusto. ¿Pero de qué me enojaba? A fin de cuentas tú y yo éramos el mismo cuerpo; si yo moría, te ibas conmigo. —¿Mami? —dijo, entonces, una sutil voz. Observé la figura de nuestro hijo asomándose por la puerta. Escondí el cuchillo, me limpié las lágrimas y te ignoré una vez más. Parecía que hoy tampoco podrías asesinarme. Mi pequeño, de lamentable parecer a mí, tan descolorido hasta en el más mínimo poro de su piel o el más pequeño rizo de su cabello, con ojos tan tristes y secos como los míos, me miraba. Se acercó a mí y entonces pude verle, de nuevo, a tu lado también. —¿Con quién hablas por el espejo, mami? —preguntó. No le respondí, sólo le miré con lástima. Le había tocado un futuro incierto junto a alguien como yo: una loca que intentaba suicidarse todos los días, pero que simplemente, no podía. Le tomé entre mis brazos y le recosté en mi cama; igualmente, yo me acosté. Besé sus pálidas mejillas y cerré mis ojos una vez más; mañana sería un nuevo día, tal vez regresaba papá y nos daba de comer. _______________________________________________________________________ ¿Y? ¿Qué tal? No sé si les haya gustado, ha sido un cuento corto y me pone nerviosa subirlo x'D.
vaya, ha sido un poco duro pero me ha gustado. Has descrito muy bien los pensamientos de la madre, yo tal vez habría escrito algo más sobre los pensamientos y sentimientos del niño. Pero de todas formas te ha quedado genial.