No hay culpa sin sangre

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Viiolet, 25 Junio 2008.

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    Viiolet

    Viiolet Guest

    Título:
    No hay culpa sin sangre
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    15101
    No hay culpa sin sangre

    Os presento mi primera historia. Una guerra entre dos inmortales que buscan descansar en paz... dos mortales de por medio... ¿cómo será la relacion entre inmortal y mortal?... ´¿será correspondido el amor de Math?... Violet y Edward... Fantasía, misterio y amor:



    - ¿Encantada?
    - Sí, concretamente en la Villa Sparklenight.
    - ¿Y qué pinto allí, exactamente?
    - Eres reportera, ¿no?, pues bien, ya conoces la leyenda de ese pueblo.
    - Y una mierda me voy yo a ese lugar maldito. Por Dios, ¡hace 7 siglos que los habitantes huyeron despavoridos!
    - … ¿No me dirás que crees esa leyenda?
    - Sabes que yo no creo en fuerzas sobre naturales… pero por si las moscas ni opino ni dejo de opinar. Mira, no sé si hay una vida después de ésta y, por lo tanto, quiero vivir ésta con “paz y amor”.
    - Puta pacifista.

    Hubo un silencio, cada cual planeando la manera de convencer a su interlocutor según su conveniencia.

    - Te pagaremos el doble.

    Oh, pero eso era jugar sucio. Marlenne sabía perfectamente que a Violet le podía el dinero. Y no es que ella fuera avariciosa, simplemente que, aparte de ser reportera, trabajaba ayudando a varias ONG’s para la protección de animales… Eso era jugar sucio…
    Marlenne escuchó un suspiró a través del teléfono y sonrió triunfante.

    - Maldita chantajista…
    - Bueno, bueno. Entonces qué, ¿cuándo vas para allá?
    - En cuanto termine un artículo sobre las especies coexistentes en el lago Titicaca.
    - Oh, bueno. Genial. Llámame cuando estés lista.
    - Vale, vale.

    Violet suspiró una vez más. No le apetecía quedarse en esa vieja y hosca mansión. La mansión de los Masonreed.
    Otro suspiro. Incluso el apellido le daba repelús. Evocó a su mente la poca información de la que disponía: hubo un enredo amoroso y la cosa se lió de tal modo que la gente tuvo mucho miedo a “una fuerza oscura” y huyó de la Villa.


    Izo una mueca con los labios. No, eso no era información; eso era ignorancia.
    Cogió el portátil de la mesa y lo depositó en sus piernas. Tras encender el aparato buscó en el “google” información sobre ese misterioso suceso. Había bastantes páginas por ver… Miró el reloj de cu-cut que colgaba de la nívea pared: las diez y media de la madrugada. Tenía tiempo para verlas.
    Pinchó encima de la primera página y sus ojos sobrevolaron cada línea del escrito.
    Torció el gesto. No, eso no era lo que buscaba. Y lo peor de todo: era una traducción traducida como el culo.
    Salió de la página y leyó por encima las introducciones. Le llevó más o menos quince minutos encontrar una que, a simple vista, parecía seria e interesante. Pinchó encima de la web y una página de fondo negro se abrió ante ella. Las letras, de un Monotype Corsiva perfecto, adornaban el fondo. Cada una de las palabras parecía ser una herida en el fondo negro, palabras talladas con un bisturí de caligrafía exquisita, inmaculada de errores. Un texto bañado en sangre.
    “Negro y rojo”, pensó, eso significaba mala energía. Bueno, al menos el ambiente era mejor que el de otras webs.

    “Cuenta la leyenda, que en el año 1414, existió una villa próspera y liberal llamada “Sparkle”. Los habitantes se dedicaban a la cría de animales. Las exquisitas condiciones de los pastos, la perfección del clima, y la pureza de sus ríos y manantiales; además de un paisaje paradisíaco, contribuyeron al desarrollo de unos animales fuertes y de carne exquisita, que además gozaban de una rapidez reproductiva asombrosa.
    Desgraciadamente, muy lejos de perdurar esa paz, pronto se vio afectada por un turbio acontecimiento…
    La familia Masonreed, de prestigioso linaje, tuvo por herederos a dos hijos mellizos el año 1416. El primero nació con una malformación en el ojo izquierdo; el segundo, un niño cuya hermosura era comparada a la de un ángel.
    Aún naciendo el mismo día y con la diferencia de unos minutos, los dos hermanos dejaban rasgos bastante distintivos. Por ejemplo: el primer niño, llamado Mathew, tenía piel blanca y de aspecto débil, una cabellera abundante y cobriza, y, en contraste con la malformación de su ojo izquierdo, unos orbes dorados contrarrestando con unas pestañas negras y gruesas.
    El segundo, llamado Edward, era también de piel nívea, una cabellera castaña, y unos hermosos ojos dorados, decorados por unas enormes y gruesas pestañas azabaches.
    Los dos niños mostraron una inteligencia vivaz y sumamente desarrollada. Se rumoreó también que cada uno tenía como don una habilidad que todos desconocían.
    Durante muchos años fueron el centro de atención en la villa. Mas no fue 20 años más tarde, que sucedió la catástrofe.
    Edward contrajo matrimonio con Evangeline a los 19 años. Vivieron un año en paz y armonía, según se comentaba…
    Hasta que, al segundo años de casados (1437), corrieron rumores que Evangeline tenía lazos amorosos con el hermano mayor de Edward. Por supuesto, la familia no tardó en acallarlos…
    El año 1437, Edward volvió pronto de los cultivos… encontrando a Evangeline y Mathew en una situación indebida.
    Edward, cegado por la rabia, asesinó brutalmente a Evangeline, sacándola de la cama por los pelos y arrastrándola hasta la montaña. Una vez alejados de la zona, degolló a la chica y la dejó desangrarse. Una vez el cuerpo estuvo inerte, la decapitó, llevando la cabeza hasta la casa de su familia y dejándola en la habitación de Mathew.
    Mathew imploró, pero Edward otorgó a su hermano un fin peor: la inmortalidad.
    Lo condenó a vivir eternamente joven, sin poder salir de su cárcel: la putrefacta tierra donde lo enterró junto con la cabeza de su mujer Evangeline.
    Dicen que el cuerpo de Mathew resurgió de su prisión, cual espectro llegado de los infiernos con sed de venganza al cabo de cuatro años.
    Ofreció el mismo fin a su hermano Edward, le dio la inmortalidad eterna. Mathew fue eterno a los 22 años, y Edward fue eterno a los 26 años.
    Desde entonces, los dos hermanos inmortales luchan en el pueblo ferozmente, buscando vehementemente la manera de descansar en paz.
    Muchas veces necesitaban energía vital para recuperar su desgaste propio… y hallaron una rica y rebosante fuente en los animales… y más tarde en los habitantes.

    Actualmente se han intentado llevar a cabo varias reformas en esas tierras, pero en cuanto las máquinas entraban en el territorio de la villa, quedaban incapacitadas, les caía un árbol encima, o un rayo… El gobierno decidió entonces quemar la zona, pero unas ráfagas de viento húmedo y putrefacto no daban paso a un incendio.
    En vista de los problemas paranormales, el área quedó restringida y aislada del mundo.
    […]”.


    Una descarga eléctrica recorrió la espina dorsal de Violet. La historia era terriblemente impactante, pero…
    Rió burlonamente cuando recordó que, según la leyenda, esos dos hermanos eran inmortales, espectros… Volvió a reír. Se lo hubiera tragado todo, si no hubiera sido por ese pequeño detalle.
    Podía creer en los fantasmas, o en las voces esas que se escuchan en el viento, incluso que una carretera estaba maldita y muchas personas morían en ella. Pero en la inmortalidad…
    No creía que el ser humano fuera tan hábil como para manipular la inmortalidad a su regalado gusto.
    Cerró la tapa del portátil y estiró sus largas, perfectas piernas.
    Una sonrisa burlona surcó sus labios. Estaba decidida a desvelar tanto misterio… tanta mentira. Daría al mundo una razón lógica a esos fenómenos “paranormales” y el mundo se dejaría de tanta tontería.
    Frunció el entrecejo molesta, no le agradaba pensar que la humanidad había alcanzado semejante grado de estupidez.
    Observó nuevamente el reloj de cu-cut: la una de la madrugada.
    Un gemido de reproche salió de su garganta. ¡Se había emocionado tanto con la historia que la había leído una y otra vez!... y no se dio cuenta de la hora.
    Negó con la cabeza, pues no tenía remedio: el trabajo del lago Titicaca podía esperar. Además… ahora estaba completamente excitada por resolver aquella gran estafa.




    Abrió los ojos abruptamente ante el sonido estridente de su despertador a las 5 de la madrugada. Deslizó su mano por debajo de las mantas y apagó el cacharro. Salió de la cama y se encerró en el lavabo para, seguidamente, ir a desayunar.
    Mientras desayunaba observó el teléfono encima de la mesa. Dejó la comida para levantarse de la silla y entrar en la sala. Tomó el teléfono entre sus manos y marcó un número de teléfono.

    - Dime.
    - Me marcho mañana.
    - ¡¿Mañana!?
    - He decidido que es interesante lo que se cuenta de esa villa…
    - ¡No sabes lo feliz que me haces!

    Hubo un silencio antes que la voz de Marlenne volviera a sonar, pero ésta vez con tono de preocupación.

    - Ve con cuidado, llámame por las mañanas y por las noches, antes de irte a dormir.
    - Por Dios, no se me va a comer el lobo, Marlenne.
    - Tú prométemelo.
    - … Está bien, te lo prometo.
    - ¿Te paso a recoger?
    - Sí, de ese modo te quedarás más tranquila.
    - Tú lo has dicho… En fin, hasta mañana.
    - Hasta mañana.

    Tras colgar, dejó el teléfono encima del sofá y volvió a la cocina, por su cuenco de cereales.
    Le llevó todo el día preparar los boletos del avión y su maleta, sabiendo que en ese lugar haría un frío de los mil demonios. Sí, solo un día…
    Terminó durmiendo a las doce pasadas, presa de la emoción.
    A la mañana siguiente tomaba un taxi que la llevaría hasta el aeropuerto. Serían 13 horas y media de viaje, tal vez más. Así que tomó su portátil y su iPod, más que nada para distraerse.
    Una vez dentro del avión, subió el cuello de su abrigo para arropar la nariz, ya que la tenía congelada.
    Oh, pero no iba a ser tan fácil llegar hasta esa villa, no solo porque estaba alejada del mundo, sino también porque no había ningún buen samaritano en el mundo que la quisiera llevar. De echo, les costó horrores convencer a la policía que iban allí para dar a conocer la verdad del asunto y…
    Pues allí la teníamos, con un joven estudioso de sucesos paranormales durmiendo en el asiento de al lado.
    Observó con aburrimiento al chico que se encontraba a su lado. Por Dios, ¡Sólo tenía diecinueve años!... Hubiera preferido no tener que haberse ocupado de un crío.
    Bufó irritada al ver su futuro negro; el niño empeoraría las cosas. Eso era, más que una suposición, un hecho.
    El joven abrió sus ojos oscuros. Las pestañas del chico hicieron sombra en sus pómulos, mientras el brillo de la juventud recorría sus adormilados ojos.
    ¡Oh, no! ¿Es que se iba a volver una pederasta?, no se había dado cuenta de lo terriblemente atractivo que era el chico, justo como en las películas: un chico inteligente, vivaz, joven, e insoportablemente atractivo…
    Lo dicho: ese crío le traería muchos dolores de cabeza.

    - Buenos días.
    - Buenos días, ¿qué tal has dormido?

    El joven bajó la mirada, avergonzado por haberse quedado dormido nada más empezar el viaje.

    - No te preocupes, no es malo prepararse para la batalla.
    - Gracias… ¿Qué escuchas?
    - ¿Eh? Pues… Tokio Hotel…
    - ¿Tokio Hotel?

    El joven sonrió y la miró con burla. Violet se sintió una vieja, ya que Tokio Hotel hacía 78 años que se había disuelto.

    - Oye, que como Tokio Hotel, entre otros, no se encuentran hoy en día.
    - Pero no tienes tanta edad como para haberlos conocido… ¿cómo es que lo escuchas?
    - Mi madre lo escuchaba… y pues, hay dos temazos que a mí me encantan: Rette Mich y Throught the monsoon.

    Violet acercó sus cascos a la oreja de Math y lo insertó en su oreja. El joven escuchó la canción… y no se quitó el casco. A la joven reportera tampoco le importaba mucho las confianzas que se estaban tomando, pues eran compañeros de equipo y, según parecía, el crío era agradable y educado.

    - ¿Sabes, Math? Tu nombre es el diminutivo de un personaje de la historia.
    - Lo sé, me he documentado. ¿O creías que actuaría como un crío?

    La sonrisa pícara de Math avergonzó a Violet, quien realmente no había tenido intención de lanzarle una indirecta. La joven sonrió tímidamente y volteó la cabeza hacia la ventanilla, observando la negrura de la noche.

    - Buenas noches, Math.

    El joven volteó a mirarla asombrado, mientras en la cara de Violet se dibujó una ligera sonrisa. El joven observó la noche a través de la ventanilla. ¡Había dormido durante todo un día! Y es que, con los nervios de trabajar con la famosísima Violet, no existía humano sobre la tierra que hubiera podido pegar ojo.
    Math sonrió, observando vagamente como Violet había cerrado los ojos y su respiración se había vuelto lenta y acompasada.

    - Buenas noches, Violet.

    Se acomodó en su sillín y ajustó el casco a su oído, descubriendo su primer punto en común con su fémina acompañante: la música.



    Abrió sus extraños ojos lentamente, tratando de acostumbrar su vista a la claridad de la luz.

    - Buenos días
    - ¿Qué tal? He dormido de maravilla.
    - Durmamos un poco más, aún quedan tres horas de viaje.
    - Ni hablar Math, quiero buscar más información y seguramente Marlenne estará como loca hasta que le mande un mensaje.
    - Vale, vale, lo que tú digas.

    Math utilizó los auriculares del avión y Violet encendió el portátil. Con una destreza asombrosa, los dedos de Violet bailaron sobre las teclas del negro portátil, casi incluso con elegancia.

    “Marlenne;

    Aún sigo en el avión, Math te manda saludos y asegura que aún quedan tres horas de viaje. No te preocupes por nada, en cuanto llegue a la mansión te llamaré.
    Ahora que lo pienso… quizá no haya línea telefónica ni nada por el estilo. Quizá estemos incomunicadas…
    Bueno si eso te enviaré cartas, las cuales tardarán en llegar, ¿ok?
    Besos y cuídate.

    Violet ^.- “



    Un suspiró caló en la atmósfera del avión, llevando consigo la tranquilidad de haber cumplido con su amiga.
    Math no despegó la vista del libro en que su vista y sus pensamientos estaban inmersos: Stephen King.
    Violet hizo una mueca, no le agradaban las historias de terror. No le agradaba que Math fuera un maníaco de las fuerzas paranormales. No le gustaba nada de lo que estaba haciendo. Independientemente de la misteriosa historia, había actuado insensatamente. ¡Una mansión encantada!, ¿Dónde se había visto algo semejante? ¿Desde cuándo se dejaba arrastrar hasta lugares normales y corrientes deformados por la paranoia humana?
    Bufó enfadada consigo misma y cruzó sus brazos sobre su pecho, al mismo tiempo que cruzaba sus piernas en el reducido espacio entre asientos.
    Observó por el rabillo del ojo a su acompañante, tan inmerso en otro mundo, tan entregado, tan… ignorante.
    ¿De qué le servían tantos conocimientos si los desperdiciaba en cosas sin fundamentos? Su entrecejo se arrugó, mostrando su cada vez más acentuado enfado.
    Debía dejar esa tontería, debía volver a explorar las especies que convivían en el lago Titicaca…
    Pero… ¿y si en vez de tomárselo como una obligación… se tomaba unas vacaciones? Lo cierto era que desde la muerte de su madre, no había dejado de trabajar… eso hace ya más de dos años…
    Estaba decidido, el tiempo que estuviera en esa mansión lo tomaría como unas vacaciones bien merecidas, independientemente de lo que Math opinara.
    Cerró los ojos y apoyó la cabeza en la ventanilla, sintiéndose de pronto infeliz, enjaulada, utilizada… esclava de la vida.
    Abrió los ojos lentamente y observó la tela que cubría el exterior que había tras la ventanilla. Dirigió los dedos lentamente hasta la tela y la apartó, observando un cielo naciente, teñido por nubes naranjas, rosas y azul pastel.
    ¿Qué ocurría? Por qué de repente se sentía tan vacía… tan incompleta… tan sola…
    Sus ojos, de un color violeta brillante, brillaron con incertidumbre y tristeza. No entendiendo el por qué de su cambio de humor…
    Feliz, excitada; luego enfadada; y finalmente… deprimida.
    Suspiró agotada y cerró sus ojos, dejando que un sueño innecesario la protegiera de aquél sentimiento tan desolador.


    La aspereza de la mano de Math en su mejilla la incitó a abrir los ojos. Ya era hora. Habían llegado a Sparklenight.
    Con el cuerpo entumecido por las horas en el asiento, Violet recogió las maletas de mano y salieron del avión. Por la puerta de embargue consultó su reloj: las 10.00 de la mañana.
    Decidieron desayunar algo decente en una cafetería de la estación.

    - Antes de hacer nada, debemos pasarnos por el pueblo de al lado. Tengo que comprar unos adaptadores.
    - Ve tú solo, yo me quedaré en la mansión para ir memorizando el lugar.
    - ¿Te vas a quedar en la mansión? Eso ni hablar.
    - Ante todo soy una profesional y no creo en sucesos paranormales, así que dudo mucho que mi amigo Casper me haga una visita a medianoche.
    - No digo que sea Casper, no te burles. Por lo que veo estás muy segura pero, entonces, ¿cómo explicas el mal funcionamiento de máquinas excavadoras? ¿Y las tormentas eléctricas que suceden allí?
    - Eso es lo que tú me vas a ayudar a descubrir. Todo tiene una respuesta lógica Math, ya lo entenderás con el tiempo.
    - No me trates como un crío Violet, no te equivoques.

    Genial, primera discusión en equipo. En los ojos de cada uno relucía la astucia y el reto, cada cual dispuesto a sacar las garras en cualquier momento. Y es que, ¿Cómo podrían convivir una mujer de razón y un hombre de creencias en el más allá?
    Violet suspiró y cerró los ojos. No podía actuar como una chiquilla y, tal como había dicho Math, no debía subestimar a su acompañante.

    - Mis disculpas, Math. No es mi verdadera intención tomarte por un crío inculto.
    - Descuida.

    Sin mediar más palabras los dos se levantaron y se dirigieron hacia la salida. Con las maletas en la mano tomaron un taxi, el cual se negó a llevarlos hasta la mansión de los Masonreed, así que los dejó a unos dos kilómetros.
    Caminaron alrededor de tres horas ya que, entre lo largo que era el trayecto, y lo pesado que era el equipaje de ambos, les fue bastante difícil avanzar.

    Levantaron la cabeza al mismo tiempo para observar la enorme y enredada verja que rodeaba la entrada, precedida a sus laterales por unas inmensas murallas rocosas.
    En la valla estaba labrado y, por increíble que pareciera, inmaculado, el emblema de la familia Masonreed.

    - ¿Cómo es posible que todo permanezca en perfecto estado después de más de cuatrocientos siglos?
    - Eso mismo me pregunto yo. Nadie me dijo que tenían asistenta.

    El tono irónico de Math no izo mucha gracia a Violet, quien tan solo dibujó una mueca en sus labios en señal de disgusto.

    - ¿Dónde están las llaves?
    - Pues…

    Math buscó en los bolsillos de su abrigo, pero no encontró las llaves que abrían la verja. Observó asustado la expresión en la cara de Violet, pero no encontró atisbo de nada, absolutamente de nada: Violet había puesto cara de pócker.

    - Se te cayeron en la puerta de embargue, así que las recogí. Te lo iba a decir, pero ibas con tanta prisa y me dejaste atrás…
    - Lo siento.

    Violet entregó las llaves a su acompañante con una sonrisa victoriosa. Abrieron los tres candados que mantenían unidas unas cadenas de hierro que, a su vez, sujetaban los dos extremos de la verja, inmovilizando las puertas firmemente. Los dos hicieron una mueca ante tanta seguridad, ya que, estando “deshabitada” no creían necesario tener tres candados, ni mucho menos inmensas cadenas que sujetasen una verja de hierro pesado; como quien pretende encerrar a una bestia.
    Pasearon por el camino entre la maleza muerta, seca, calva, hasta llegar a la entrada de la casa, donde, entre la niebla, se distinguía perfectamente cómo una estructura de piedra se alzaba inmune al paso de los años, inmensa como un gigante en cuyo interior alberga un poderoso secreto; llena de inmensos ventanales cubiertos por cortinas negras y rojas, según daba a sobrentender.
    Alzaron la cabeza asombrados por el palacio que tenían delante, sin poder creer que semejante monumento estuviera en tan tétricas condiciones, a la vez que perfectamente conservado.
    Observaron la puerta, talada en un roble pesado y tatuado con un inmenso paisaje en el cual, coronando la cumbre de las montañas, la luna llena se alzaba majestuosamente.
    Casi con temor, Math introdujo una de las llaves en la cerradura y empujó el portón.
    Una corriente de aire frío, húmedo, y de extraño olor semejante al de un prado tras una llovizna azotó sus rostros.
    Violet y Math se quedaron en la entrada de la puerta, no atreviéndose a dar un dolo paso más. Math adentró un pie en el interior de la mansión y asentó la planta del zapato en el suelo, como quien pretendiese dar a entender una determinación. Violet le siguió desde cerca, a su espalda, sintiendo de repente una extraña adrenalina fluir por sus venas. Los dos palparon las paredes en busca de un interruptor para la luz.

    - ¿Dónde está el maldito interruptor?
    - Debe estar más a tu derecha, hacia arriba.
    - ¿Cómo sabes eso?
    - Miré un plano de la mansión. Normas básicas a seguir.

    Math encontró el interruptor justo donde le había indicado Violet, asombrándose de la eficacia de la joven.
    La luz reveló una inmensa estructura alfombrada de color granate, como si de un rastro de sangre se tratase, como si cientos de lenguas susurrasen monosílabos sin sentido. Sintieron el crujir del tejado retumbar entre las paredes, el viento azotar las ventanas, el frío calar tras el portón que habían dejado abierto…
    Un estremecimiento recorrió la espalda de ambos, sintiendo de repente que habían penetrado en territorio habitado… y ajeno.
    Violet adelantó a Math hasta llegar al salón, sabedora de cada rincón de la mansión. Imponente e inmaculado, se hallaba, al lado del inmenso ventanal, un precioso piano de cola que, a su lado e inseparable, tenía un taburete tallado también en madera y con asiento acolchado de color dorado. Con pasos lentos, la joven periodista avanzó hacia el instrumento, se paró delante de él, y con sus fríos y congelados ledos acarició las teclas del piano. Por sus ojos un brillo fugaz mostró un extraño sentimiento de dolor y añoranza.
    Math acudió a su lado y acarició la mano de Violet que descansaba sobre las teclas. Violet parpadeó como si hubiera vuelto a la realidad de repente. Apartó con delicadeza su mano de debajo de la de Math y profirió una dulce sonrisa al chico, quien la observó fijamente, obligando a la joven apartar la mirada y subir las inmensas escaleras que encaraban la entrada. Una vez en el primer piso, observó el ala este y luego, el ala oeste, llenas de habitaciones, deducieron, para los invitados que allí pudieron pasar algunas noches de festejo.
    Siguieron las escaleras del ala este hacia el tercer piso, donde se hallaban tres habitaciones de espacio inmenso, más o menos veinticinco o treinta metros cuadrados cada una. Al fondo del todo, donde Violet quería llegar, se encontraba una inmensa librería. El recinto en sí era de forma hemisférica, con suelo de parket limpio y reluciente. Las estanterías adornaban completamente las paredes, dejando virgen únicamente el techo, donde una inmensa cúpula de cristal, como una telaraña, dejaba ver la negra y, de repente, lluviosa noche. Violet dio vueltas sobre sí misma mientras observaba el inmenso lugar, sintiéndose dichosa entre tantos libros, tanta historia, tanto misterio, tanta belleza…
    Math suspiró y se apoyó en el marco de la puerta, observando con recelo cada movimiento de su compañera, queriendo memorizarla toda a ella.

    - No es por nada Bella, pero es hora de desempaquetar y alistarnos para mañana, que será un largo día.
    - ¿Bella?
    - Así se llama la chica del cuento, ¿no?: la Bella y la Bestia.
    - Qué chispa Math.

    Math sonrió con arrogancia y siguió a Violet por los pasillos, quien iba a paso ligero. Una vez en la entrada, Math tomó las maletas e izo hincapié de salir.

    - ¿A dónde crees que vas con mis maletas, Math?
    - A un hotel.
    - El hotel está a más de tres kilómetros.
    - No pienso pasar aquí la noche.
    - ¿Te da miedo?
    - Para nada.

    Se observaron fieramente, uno queriendo salir de la mansión, y la otra queriendo permanecer en ella toda la noche. Finalmente, Math relajó los hombros, suspiró, y dejó las maletas en el suelo. Violet sonrió alegre y besó la mejilla de Math, como quien le daba un premio de consolación. Math sonrió y volvió a suspirar, prefiriendo antes ganarse un beso de Violet, que mantener en pie su orgullo.

    - Ya no se encuentran hombres como tú, Math. Sé que nos vamos a llevar bien.

    Violet tomó sus maletas y subió las inmensas escaleras que conducían al segundo piso, siendo seguida por Math. Por cada rincón de la casa resonaban los tenues golpes de la llovizna y los ecos de los zapatos en el suelo. El olor inicial tan desconocido, ajeno, era ya parte de ellos, se habían habituado a la humedad, el frío, y el olor a bosque llovido.
    Llegaron hasta el tercer piso donde cada cual escogió una habitación en la que dormir. Math escogió la que estaba más cerca de las escaleras que llevaban al segundo piso. Violet escogió la contigua a la que Math había escogido. Una inmensa habitación cuadrada, con un armario de madera de roble, de grabados de ángeles y una pradera con lago y luna en las puertas del armario. Una cama de tres plazas, con cabezal y mesitas de noche a cada lado.
    Supuso, por la cama, que esa debía ser la habitación de los padres Masonreed. Pero lo cierto era que iba desencaminada. Esa habitación perteneció al hijo menor: Edward Masonreed.
    Solo tuvo fuerzas para sacar el pijama de una de sus maletas y lanzarse sobre la cama que, misteriosamente, era la única que no estaba tendida, con las mantas bien puestas y sin ninguna arruga, como la habitación de Math y la que estaba al lado de la librería.
    Con todo el esfuerzo del mundo, tendió la cama con unas sábanas que había llevado consigo.
    Observó la inmensa mampara al final de la habitación, desde la cual solo podía apreciarse maleza destruida y azotada por el fuerte viento y la lluvia.
    Frotó sus brazos con sus manos y su mandíbula titiritó de frío. Dio media vuelta y observó la inmensa cama matrimonial y se preguntó de quién pudo ser aquella inmensa habitación.
    Abrió las sábanas y se tumbó en la cama, hasta deslizar las mantas por su cuerpo hasta su nariz. Cerró los ojos y sintió como todo el cansancio palpitaba en cada uno de sus músculos. Sintió de repente su cuerpo pesado, cada vez más pesado… hasta que ya no sintió nada más y quedó presa del sueño.

    Una sombra se dibujó delante de la mampara, proyectando focos de luz provenientes de la Luna, que descansaba en medio de la tormenta. Una inmensa capa negra cubría el cuerpo de aquel ser que de lentamente iba tomando forma humana. Con unos finos dedos apartó la inmensa capucha que cubría su rostro, revelando una tez pálida y fina, unos labios rojos con una mueca recta, y un pelo castaño alborotado. Con una mano corrió hacia un lado su flequillo al mismo tiempo que abría los ojos, revelando así unos hermosos ojos dorados que contrastaban con los destellos plateados provenientes de la Luna.
    La figura masculina se acercó hasta el pie de la cama y se detuvo a observar la figura que dormía dentro de las mantas durante unos instantes.

    Un perfume dulce y frío recorrió sus fosas nasales, y sintió despertar de un hechizo, ya que sentía como el dulce y suave aroma que recibía la embriagaba lentamente.
    Abrió los ojos con lentitud, tratando de asociar aquél maravilloso olor con cualquier cosa, no sabía con cuál, pero necesitaba hallar propietario a semejante olor. Se incorporó aún somnolienta y frotó sus ojos, corrió su flequillo hacia un lado y bostezó. Solo entonces, cuando recuperó completamente el sentido, cayó en la cuenta: frente a ella se hallaba un joven, de cabellos color castaño y unos ojos dorados clavados en los violetas de ella.
    Su corazón latió con fuerza una vez y su respiración se cortó.

    Observó cómo la joven se volvía pálida de repente, sus cejas hicieron un gesto de incertidumbre ante el gesto de la joven e izo un amago de acercarse a ella.

    Violet reaccionó ante la cada vez más estrecha distancia que la separaba de aquel tipo.

    - Es propiedad privada, no debería estar aquí.

    El joven se sorprendió ante la mirada seria de la joven, y ante el timbre de su voz, un timbre suave y bajo, como el de una cantante que el conocía, una voz que se asemejaba a la de Amy Lee.

    - Eso mismo le podría decir yo a usted.
    - Tengo permiso, estoy en toda ley, además, estoy trabajando.
    - ¿Trabajando en qué?
    - En la manera de demostrar al mundo que las fábulas no existen.
    - ¿Crees que vas a encontrar fábulas aquí?
    - ¿No conoce la historia de esta villa?

    El joven negó con la cabeza y puso cara de no entender. Violet lo observó con desconfianza, pero por una razón que no alcanzó a entender, no pudo evitar seguir el juego del joven.

    - Se dice que en esta villa se llevaron a cabo unas matanzas, producto de amor pasional, traición y venganza. Llevando a dos hermanos a la inmortalidad y, por ende, a la oscuridad.

    Por primera vez el joven dejó de observarla y deslizó su mirada hasta el pie de la cama, donde quedó sumido en silencio, inmóvil como una estatua. Violet trató de serenarse y respiró hondo disimuladamente.

    - Ahora, si no le importa, le agradecería que se marchase.
    - El problema está en que si me marcho, no tendré otro lugar dónde ir, y si el sabe eso, me buscará para empezar de nuevo con la batalla.
    - Eso no es asunto mío.

    El joven levantó la vista y observó a Violet, quien lo observaba enfadada y con los brazos cruzados en el pecho. Sonrió ante el gesto de Violet, y la pose de la joven se descompuso al notar que el sujeto se burlaba de ella, de la cara que había puesto.

    - ¡Nunca en mi vida me habían echado de mi propia casa! ¡Y mucho menos una mujer que está de ocupa!

    Las palabras que el joven pronunció entre risas confundieron a Violet al principio, pero luego el enfadó la dominó.

    - Ya es suficiente, váyase, por favor.

    Aunque notó el enfado en la voz, que parecía serena al igual que las facciones de su cara, el joven no se inmutó ante el tono de aviso.

    - No puedo irme de mi casa, Violet.

    La respiración de Violet se cortó y el color desapareció de su cara. ¿Cómo podía él saber su nombre? ¿Los había estado espiando? ¿Quién…?

    - ¿Quién eres?

    El temor se reflejo en la voz incrédula de Violet, y el sujeto sonrió maliciosamente, mostrando unos perfectos y blancos dientes, coronados por unos colmillos más notorios que los de cualquier otra persona.
    Violet abrió los ojos con espanto y salió de las sabanas, corriendo hacia la puerta. Tomó el pomo con fuerza y nerviosismo, notando como el pulso, acelerado, hacia que su mano temblara más de lo deseado. Antes de girar el pomo redondo una mano se encerró sobre la suya. Ante el roce cálido de la mano despegó los labios preparada para gritar con todas sus fuerzas, esperando que al menos Math pudiera oírla y fuera en su ayuda…
    Pero con una velocidad increíble, la mano que anteriormente encerraba la de Violet tapó la boca de la chica, y un brazo rodeó su cintura, llevándola hasta el centro de la inmensa habitación.
    Aún con su corazón acelerado, demasiados pensamientos cruzando por su mente, y el miedo a flor de piel, pensó en Math, en la habitación de al lado, durmiendo, inocente… Y se alegró de no haber podido gritar, porque de haberlo hecho, lo hubiera puesto a él también en peligro. Lo que debía hacer era escapar de ese tipo raro y avisar a Math para que al menos él pudiera salvarse.
    Un escalofrío recorrió la columna de Violet cuando el sujeto suspiró sobre su cuello.

    - Te voy a soltar, pero bajo la condición que no gritarás, ni pegarás patadas. ¿Entendido?

    Violet asintió con la cabeza, y segundos después notó como la mano liberaba su boca y ligeramente su cintura.

    - Te agradecería que me soltases.
    - Solo espero que no trates de huir… y mucho menos tirarte por el balcón.

    Con una sonrisa burlona el joven soltó la cintura de Violet y se apartó unos centímetros, dando tiempo a Violet para que ella misma se diera la vuelta y le mirase. Violet se dirigió hasta la cama y tapó sus piernas con delicadeza mientras, disimuladamente y bajo la atenta mirada del individuo, sacaba el móvil de debajo de la almohada, llevándolo hasta sus piernas y marcando lentamente el número de móvil de Math. Una sonrisa complacida se denotó en el rostro de aquél hombre cuando por fin Violet le miró.

    - Mi nombre es Edward, y llevo viviendo aquí unos… 7 siglos.
    - Eso es imposible a menos que seas… un vampiro.

    Una carcajada suave resonó en la habitación y las manos de Violet se encerraron en el móvil debajo de las sábanas.

    - Sería posible si fuera un vampiro… o un inmortal…
    - Solo los vampiros tienen colmillos… y no existen las criaturas inmortales ni los vampiros, son personajes de fábulas. Lo único que eres es un estafador.

    Dirigió el dedo pulgar hacia la tecla de llamada mientras continuaba observando al joven, tratando de ganar tiempo para que él no sospechase de sus intenciones.

    - ¿Cómo probarte que soy quien afirmo ser…?

    Dijo el sujeto mientras llevaba una mano hasta su barbilla y la frotaba, frunciendo el ceño y observando el paisaje a través de la mampara. Ésa era la señal, Violet presionó el botón de llamada, pero antes de que pudiera darse cuenta, el hombre destapó las sábanas, le arrebató el móvil y con ágiles movimientos quitó la tapa y, seguidamente, la batería del aparato, dejándolo sobre las piernas de ella.
    Las manos de Violet temblaron sobre el aparato, y su mirada se clavó en las sábanas, temerosa de observar el rostro de su “acompañante”. Había sido descubierta… nuevamente.

    - Violet… has irrumpido en mi casa… has irrumpido en mi habitación… me has querido echar de mi casa: no eres una invitada muy cordial.

    Dijo Edward con tono satírico. Un escalofrío recorrió la columna de Violet cuando escuchó suspirar al sujeto.

    - Dices que estás aquí por trabajo, pero eso no justifica que irrumpas en mi casa, me insultes, y expongas tu vida de mortal… y me expongas.

    El hombre se levantó de la cama en la que se había sentado a los pies de Violet y se acercó hacia la chica, tomándola en brazos.

    - ¡No!

    Violet se retorció en los brazos del hombre, a lo cual él sacó un pañuelo de su capa y la amordazó.

    - Tu y Math vais a iros de aquí por vuestro propio bien, te guste o no. Y un consejo: si no crees en las fábulas, no vuelvas a meterte en uno de sus mundos.

    El tono empleado por el joven era seco y profundo esta vez, dejando fría a Violet, quién empezó a llorar cuando él la hubo dejado en el suelo.
    Al otro lado, él deshacía las sábanas y las doblaba, para seguidamente meter todos los objetos personales de la joven en las maletas… hasta que oyó los sollozos de la joven.
    Su rostro molesto se disolvió, denotando la preocupación. Se giró lentamente y la observó a oscuras, en la otra punta de la habitación, abrazando sus rodillas y la cabeza escondida entre sus rodillas.
    Se levantó lentamente y fue hacia Violet, la desamordazó y la observó, pero Violet volvió a ocultar su rostro.

    - Lo siento… no era mi intención tratarte mal… pero debes entender que son siete siglos en la soledad y… he perdido un poco las formas… y…

    El joven levantó la cabeza abruptamente y observó por la mampara, pareció olisquear el aire y se levantó ágilmente.

    - Quédate aquí.

    Abrió las mamparas y de un salto desapreció por el balcón, hacia el bosque. Violet se quedó quieta, tratando de pensar con claridad y convencerse a sí misma que eso no podía estar ocurriendo. Pero era cierto, y ella lo sabía. Aprovechó la ausencia del hombre para pensar en el artículo que había leído en Internet:
    “El segundo, llamado Edward, era también de piel nívea, una cabellera castaña, y unos hermosos ojos dorados, decorados por unas enormes y gruesas pestañas azabaches…”
    Trató de hacer encajar la descripción del artículo con la persona que había conocido, y sintió un horror enorme invadirla cuando se dio cuenta que el Edward de la leyenda y el Edward que había estado con ella hacía unos instantes… eran la misma persona.
    Recordó a su joven compañero Math y aprovechó para salir corriendo hasta la habitación del chico.
    Pero su sorpresa fue desesperante al encontrar su habitación vacía. Pensó rápidamente que quizá Edward lo había asesinado antes de ir a verla… o que iba a matarlo cuando salió por el balcón…
    Aún en pijama corrió hacia las escaleras del segundo piso, y hasta las del primero, continuó corriendo cuando salió de la mansión, manchándose y congelándose los pies descalzos en la hierba húmeda tras la tormenta. El calor de su respiración calaba en el aire frío creando el vapor que se impregnaba en su rostro, preso del pánico, el sueño, y el cansancio. Corrió sin rumbo con todas sus fuerzas, rogando poder encontrar a su compañero… con vida.

    - ¿¡Dónde está?!

    Se detuvo en seco y su respiración se cortó. Buscó desesperadamente la dirección de la que provenía la voz de Math. Fiándose de su instinto, Violet emprendió de nuevo la carrera hasta que logró verle, Math estaba vivo… y en medio de dos figuras oscuras…
    Se detuvo por momentos, vacilando si continuar o no, pero, sin darse tiempo a pensarlo de nuevo, volvió a correr.

    - ¡Math!

    Dos de los sujetos se giraron a observarla y ella se detuvo, asustada. Observó al hombre que estaba más distanciado de Math, vestido con traje ingles de chaqueta roja y pantalones azul marino, dejaba ver su tez pálida, su pelo cobrizo y desmelenado y una mirada ámbar, la observaba de reojo, sin dejar de dar cara a Math.
    El segundo sujeto y que estaba más cerca de Math lo reconoció al instante: Edward.
    Por último, fijó su mirar en Math, quien levantó un brazo hacia Violet, queriendo llegar hasta donde ella se encontraba. Ese gesto izo reaccionar a Violet, quien corrió al lado de Math, no sin que dejara pasar de inadvertida la mirada llena de ira que Edward le dedicó cuando llegó a los brazos de Math.

    - ¿¡Estás bien?! ¡¿Qué haces aquí?!
    - Sólo quería recoger sonidos del bosque, ya sabes, por si había espíritus.

    Violet se quedó con la boca abierta cuando Math le enseñó el amplificador de sonidos. Tuvo unas ganas inmensas de abofetearle.

    - Y ese hombre se me apareció de repente.

    La voz de Math, tan típicamente risueña y despreocupada, fue remplazada por una seria y dura, mientras observaba al sujeto nombrado, que observaba la escena con cara de póquer.
    Violet giró el rostro hacia la dirección que marcaban los ojos de Math… y se ensancharon al reconocer la figura que los observaba como un devorador a su presa: con una fiereza temible, y una calma desesperante.
    En los ojos dorados del hombre relucía un fulgor oscuro… fue entonces cuando Violet cayó en la cuenta y reconoció al hombre misterioso: Mathew…
    “el primer niño, llamado Mathew, tenía piel blanca y de aspecto débil, una cabellera abundante y cobriza, y, en contraste con la malformación de su ojo izquierdo, unos orbes dorados contrarrestando con unas pestañas negras y gruesas”.
    Las palabras que había leído resonaban en su mente, mientras sentía estar presa de una pesadilla macabra.
    El ojo izquierdo de Mathew, preso de la malformación, deformaba la belleza de su periferia izquierda, mientras que la derecha, lucía con una belleza inhumana y aterrorizante.

    - Violet…

    Mathew levantó su mano hacia Violet, llamándola con una voz aterciopelada y dulce. Violet tembló en los brazos de Math, aterrorizada ante la belleza descomunal de aquél ser oscuro.
    Sentía como si el peor de los monstruos la estuviera invitando a ser su cena y, en vez de huir, la belleza de aquél ser la hechizaba a ir hacia él.

    - Te equivocas de bando, Violet. ¿Sabes quién soy?

    Una sonrisa cordial se posó en los labios de Mathew. Violet respiró hondo y rogó para poder controlar su voz.

    - … Ma… Mathew…
    - Magnífico, Violet… Ven conmigo, Edward ha perdido toda norma de cortesía, y lo ha demostrado hace unos momentos, ¿cierto?
    - ¿Mathew? ¿El de la leyenda?

    Se formó un silencio ante la pregunta de Math, a lo cual Violet solo pudo asentir. Mathew sonrió y cubrió su lado izquierdo con la capucha de su capa roja.

    - Dime, Math: ¿Qué cuenta la leyenda?
    - Yo no sé mucho, pero… los Masonreed tuvieron dos hijos que, al crecer, se enamoraron de la misma mujer, y cuando uno de ellos le robó la mujer al otro… bueno…
    - Sí… Edward fue el culpable de todo… el me quitó a mi querida Evangeline…

    Al oír el nombre, Violet, quien tenía el rostro escondido entre el pecho y los brazos de Math, giró el rostro hacia Edward y lo observó. Edward observaba con una furia felina a Mathew, y uno de sus puños estaba cerrado herméticamente en un puño.
    Recordó que era cierto, fue Edward quien asesinó a Evangeline y Mathew… fue él quien dio aquél fin a…

    - Violet, tú conoces toda la historia, ¿no es así? Si te quedas con él… te matará. Ven conmigo, yo te protegeré
    - ¡Cállate! ¡No dejaré que te lleves a Violet! ¡Déjala en paz!

    Se formó otro silencio ante los gritos de Math, Violet tembló al oír las palabras de Mathew y apartó la mirada cuando los ojos de Edward se posaron en los suyos. Su cabeza daba vueltas, tratando de encontrar una explicación a la última mirada de Edward, que le había parecido una mirada de temor.
    No se fiaba de Edward, ni mucho menos… pero algo en la mirada asesina de Mathew tampoco la reconfortaba.
    Math la estrechó más contra su pecho, encaró a Mathew, y se echó hacia atrás, mientras Edward avanzaba un pie y tensaba los músculos de su cuerpo, dispuesto a abalanzarse contra Mathew en cualquier momento.

    - Violet posee una fuerza misteriosa que me cautiva. No sé qué fuerza es… y quisiera descubrirla. Además, es hermosa… por eso la quiero para mí.

    El pie que había adelantado vaciló unos instantes, hasta que definitivamente retrocedió dos pasos y sus músculos se destensaron. Había intentado salvar a esos mortales, estuvo dispuesto a salvarles la vida… pero arrebatarle la presa a Mathew, hubiera supuesto una nueva lucha… y una lucha entre inmortales era estúpida.

    - Ven Violet…
    - No vayas…

    Mathew separó a Math y Violet de un rápido movimiento, arrojando a Math varios metros atrás. Tomó a Violet por el brazo y con su mano izquierda sujetó la cabeza de ella. Violet gritó y luchó por alejarse, pero no le sirvió de nada. Mathew deslizó la mano que tenia en el brazo de Violet hacia la capucha roja y la echó hacia atrás. Con el ojo izquierdo observó la frente de Violet.
    Violet gritó y se retorció de dolor cuando notó como algo recorría sus recuerdos, y a cada paso que ese algo recorría su mente, notaba que el aire se le escapaba. Mathew estaba entrando en la mente de Violet, buscaba algo… algo…

    - ¡Math!

    Una sonrisa macabra se formó en los labios de Mathew cuando notó que la vida de Violet se extinguía, y su amigo Math había quedado inconsciente al golpearse contra el suelo.
    La mano de Violet que se aferraba al brazo de Mathew dejó de forcejear, y lentamente se relajó, hasta caer al costado. Su respiración se volvió entrecortada y apenas audible… pero aún conservaba el conocimiento, presa en el ojo izquierdo que penetraba en su mente y la observaba con regocijo macabro.
    Cuando sintió el mareo por la falta de aire, recordó la historia que había leído, la historia de los Masonreed… había algo que… no encajaba… algo…
    Pero… ¿Qué era?...
    La imagen de Mathew se volvió borrosa, sentía sus pulmones arder por la falta de oxígeno, y pronto notó como su visión se oscurecía lentamente…

    - E… Ed…ward…

    Al escuchar su nombre, algo en Edward reaccionó, y se abalanzó velozmente contra Mathew. En milésimas de segundo, había arrancado a Mathew el brazo con el que sujetaba la cabeza de Violet, había sujetado a la joven antes de que cayera al suelo, y se había alejado unos ocho metros de Mathew. La cara de Mathew se deformó presa de la rabia y el descontento.

    - ¡Entrégamela Edward!

    Como respuesta, Edward aferró a Violet contra sí, y cerró los ojos mientras besaba la frente de la joven. Violet respiró con fuerza cuando los labios de edward se separaron de su frente… recuperó el aliento que Mathew le había arrebatado.
    Edward sonrió aliviado al ver que no había muerto y la observó dulcemente. Un bramido desgarró el pecho de Mathew y Edward encaró a su hermano mayor mostrándole los colmillos, mientras sus cejas denotaban ira, y un brillo metálico recorriendo sus ojos.

    - Sabes lo que significará si no me la devuelves.

    Mathew amenazó escupiendo las palabras entre dientes por su apretada mandíbula.

    - Que así sea.
    - Vamos, Edward… una lucha entre inmortales es estúpida.

    El tono de Mathew se había vuelto suave, su mirada era carente de sentimientos, y en su rostro la ira había sido reemplazada por la cordialidad.

    - Es estúpido que todas las guerras que comienzas… sean por una mujer. ¿Cuándo aprenderás la lección?

    Ésta vez fue Edward quien lanzó un gruñido de advertencia a Mathew, y se situó delante de Math cuando la mirada de Mathew se dirigió al joven inconsciente.

    - ¿Por qué sacrificarte por unos mortales? ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?

    La pregunta burlona de Mathew no obtuvo respuesta, y éste se retiró con una sonrisa, y no sin antes mirar a Violet, aún cuando ésta era cobijada en los brazos de Edward.
    Las finas gotas que anunciaban una nueva tormenta cayeron sobre la capa y el rostro de Math, Edward y Violet. Edward continuaba parado, mirando en la dirección por la que Mathew había desaparecido segundos antes, sin notar siquiera las gotas cristalinas que acariciaban su pelo, rostro, mejilla y que resbalaban por su barbilla, impactando en el pelo de Violet, que estaba cobijada en su pecho. El halo de un suspiro caló en el aire y Edward levantó la cabeza y cerró los ojos… algo estaba cambiando en su interior, provocándole contrariedad en sus instintos. Por un lado, sentía paz ante aquel calor que emanaba el delicado cuerpo de la joven que reposaba en su pecho; por otro, sentía miedo al no saber los problemas que ocasionaría mantener a esos delicados mortales con vida.
    ¿Qué poseía Violet… que le impedía ver cualquier futuro en el que ella estuviera?





    Espero os haya gustado el primer capítulo de ésta historia. PLis, dejad comentarios!!
     
  2.  
    Viiolet

    Viiolet Guest

    Re: No hay culpa sin sangre

    O_o, yame di cuenta ayer, un capitulo mio es casi toda la hoja de una página xDD mejor haré acortaciones en el segundo cápítulo =))
     
  3.  
    Viiolet

    Viiolet Guest

    Título:
    No hay culpa sin sangre
    Clasificación:
    Para adolescentes maduros. 16 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    62
    Re: No hay culpa sin sangre

    ESTA DISCUSIÓN NO LA VOY A SEGUIR, VUELVO A EMPEZAR CON LA NUEVA DISCUSIÓN QUE APARECE EN MI FIRMA CON LA URL, TITULADA " x_ No Hay Culpa Sin Sangre_x"

    MIL DISCULPAS PERO EN ESTA HE EMPEZADO MAL, NO POSTEEIS AQUÍ, NO VOLVERÉ A ENTRAR, PLSI PASAROS POR LA URL DE MI FIRMA!
     
Estado del tema:
No se permiten más respuestas.

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