Tenroujima. La isla sagrada de Fairy Tail. Aún me pregunto por qué volví a este lugar. ¿Será porque quería ver cómo la había dejado Acnologia? No. Entonces, ¿porque aquí fue donde encontré a Natsu? Tampoco. La verdad, había venido sin razón aparente, guiado por un instinto; que me decía que debía venir, pero… ¿para qué? Observo a mi alrededor, nada ha cambiado; cada árbol, cada roca, todo está exactamente en su lugar. El rugido de ese nefasto dragón debía destruirlo todo, pero Mavis hizo un gran trabajo protegiendo la isla y a todos los que estaban en ella con su Fairy Sphere. Nada mal, para ser un fantasma. Camino tranquilamente por un sendero rodeado de árboles y flores, el suelo húmedo me dice que hace poco había llovido, tal vez dos o tres días atrás. Me detengo a observar a un par de venados que pastan cerca de mí, una madre con su cría recién nacida, que camina torpemente aún, pero aún así persiste y lucha; lucha por vivir. Vivir. Observo mis manos, y maldigo por lo bajo, maldigo esta estúpida magia que poseo, una magia que, con sólo pensarlo, puede consumir la vida. Así de fácil. Alejo esos pensamientos de mi cabeza y continuo con mi caminata hasta llegar a un arroyo, veo el agua que fluye frente a mí, y sólo entonces me doy cuenta de la sed que tengo. Me pongo de cuclillas y sumerjo mis manos en el arroyo, sacando la cristalina y pura agua, que se desliza entre mis dedos, como queriendo escapar de mí. Entonces me apresuro a beber cuanto puedo de aquel fresco líquido, que pasa a través de mi reseca garganta. Termino de saciar mi sed y observo mi reflejo en el agua, tan decepcionante, tan… solitario. Ahora que lo pienso, Mavis ha vivido en completa soledad en esta isla, sin compañía, nada, pero aún así, encuentra la manera de ser feliz. ¿Cómo lo hace? ¿Cómo puede ser feliz a pesar de que está muerta y habita en la completa soledad? – Porque ella no tiene que cargar con la culpa de haber tomado vidas inocentes. Sin darme cuenta me pongo de pie y empiezo a hablar solo. – Oh, Mavis, ¿por qué no puedo ser libre como tú?, ¿por qué debo ser prisionero de mis propios pecados?, sólo pido poder encontrar la verdadera felicidad, y lo único que encuentro es tristeza, sufrimiento y muerte por donde paso. Lentamente mis ojos se humedecieron, y gruesas lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, necesitaba desahogarme, no importaba si alguien me escuchara o no. – ¡¿Por qué mi cuerpo ha sido envenenado con esta magia maldita?! ¿Cómo es que puedo tomar tan fácilmente la vida de otros? Caigo de rodillas al verde pasto y coloco mi cara entre las manos, y sollozo, sollozo como nunca antes lo había hecho. – ¿Así que piensas que tú tomas vidas humanas?– Habló una voz masculina a mis espaldas. Lentamente enjugo mis lágrimas y volteo a ver al desconocido. Es un joven, de unos veinte años más o menos, vestido con una camisa blanca, corbata roja, un saco color amarillo, un pantalón de vestir, creo que beige, y zapatos negros. Definitivamente, era muy bueno observando. – ¿Quién eres tú? – Pregunté con duda. – Oh, lo siento, creo que aún no me he presentado – Respondió el chico – Mi nombre es Ligth Yagami. Es un gusto poder hablar al fin contigo, Mago Oscuro Zeref. – ¿Cómo es que sabes mi nombre? – Realmente ese sujeto era muy extraño. – Zeref, yo soy la causa de tus lamentos y desgracias, es gracias a mí que tú eres tan famoso. ¿Famoso?, yo no le diría ser famoso a ser conocido por ser malvado. Fruncí el ceño, esto no me gustaba nada, la selva estaba demasiado callada. Algo no andaba bien con este chico. Estaba listo para asestarle un ataque cuando me interrumpió. – Tu magia que consume la vida, ¿acaso sabes de dónde la obtuviste? Abrí mis ojos hasta más no poder, miré hacia el cielo tratando de recordar. No. No lo sabía, sólo que un día me enfadé mucho porque unos chicos dejaron casi muerto a un amigo mío, al apuntar mi dedo hacia ellos; cayeron al suelo, muertos. Esa fue la vez que descubrí que podía usar esa magia. – Tu silencio me dice que no – Continuó el chico –, pues te diré, tú nunca tuviste la magia de consumir vidas, era yo quien mataba a las personas; haciendo creer que eras tú, desde que llegué a este mundo te estuve siguiendo, Zeref. Una torcida y macabra sonrisa se dibujó en sus labios, me estremecí, jamás había visto que alguien pudiera tener tal expresión. – ¿Desde que llegaste? – Un día desperté aquí, con la misión de hacer conocer este gran poder de matar que tenemos nosotros. – ¿Cómo lo haces? – Pregunté furioso – ¿Cómo puedes tomar tan fácilmente la vida de la gente? Su mirada se clavó en la mía, sus ojos reflejaban la muerte misma. – Es muy simple – Dijo sacando un cuaderno negro –, soy un shinigami, y esta es mi forma humana. Y mato con este cuaderno, escribes el nombre de una persona en él y dicha persona morirá; es, como lo dirían aquí, una magia prohibida. ¿Era un shinigami?, ¿y tenía el poder de matar? Observé el cuaderno, en la tapa tenía escrito “Death Note”, “Cuaderno de la Muerte”. Cómo deseaba que usara ese cuaderno conmigo y me matara de una buena vez. Parecía que él podía leer mis pensamientos, porque me dijo: – Mi misión contigo ha terminado, Zeref, pero no te mataré; vivirás hasta pagar tus pecados, mientras yo busco a un nuevo mago oscuro para reemplazarte. No me busques, porque no me encontrarás, y tal vez jamás volvamos a vernos. Dio media vuelta y se perdió entre la espesura del bosque, volví mi cabeza al cielo y grité hasta que me dolió la garganta, caí al piso y cubrí mi rostro, deseando que todo esto sea sólo un mal sueño. Un sueño del que pronto despertaría.