Otro Mujer maravilla o un palo rostizado

Tema en 'Relatos' iniciado por Brunchi, 20 Octubre 2017.

  1.  
    Brunchi

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    Escritora
    Título:
    Mujer maravilla o un palo rostizado
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    775
    Aquella tarde del día jueves todo iba cambiando, las nubes se deslizaban lentamente como unos caracoles por aquel cielo azul, tornándose poco a poco de un tono grisáceo. Se podría decir que el fresco aquella mañana era intensa tanto que podías sentir ese cosquilleo en la nariz que te incitaba a querer estornudar incontables veces.

    A pesar que podrías observar que el día pudiese no ser tu día de suerte por no haber quizás prestado atención traer consigo al menos un abrigo, pero haber cogido el paraguas era bastante para tu mente. Pero sin más fuiste caminando, sentir la frescura del ambiente y poder observar como las hojas de los árboles bailaban en una hermosa danza impuesta por el maravilloso hermano viento.

    Al subir al bus, la misma rutina de siempre. Buscar un lugar en que no te sintieses incómodo, que no te pudieran robar y que pudieras tan siquiera cerrar los ojos para descansar del ajetreado día.
    Puede ser que el viaje haya sido todo pacifico, que el sueño empiece a querer hacerse presente y con el empezar a cabecear hasta que sin poder evitar caes en un suave sueño pero sin poder ser tan tranquilo aquel deseo el bus se detiene llevándote a estrellar con el asiento delantero, asustándote como despertandote.

    Quizás era el destino o la suerte de hoy, ya que parecía ser que nadie y ni quiera el loco del conductor ni los transeúntes de afuera quisieras que al menos durmiera, por lo que observas por la ventanilla aquella ciudad que sabías sus verdades. Que en ocasiones eras consciente de todos los problemas pero sólo intentaba ignorarlos para seguir con una vida sin tanta preocupación, poder disfrutar de tu propia vida. Sin más te percatas que ya estás llegando a casa por lo que con un ágil y delicado (acelerado/desastroso) equilibrio te levantas y tocas el timbre/cuerda para que al llegar a la parada se abrieran esas puertas. Una vez que el amable conductor lo hace, desciende, más luego cruzas la calle que separa tu persona a tu hogar, llegando a al fin, el dulce y tranquilo hogar, tu refugio.

    De soslayo puedes observar que el cielo se torna de un tono peligroso, el viento empieza a levantarse por lo que ingresas a la casa, das un saludo a ella, y sin más haces la rutina. Comer, beber y por último tirarte a descansar al menos media hora antes de comer los quehaceres/tareas.

    Al tocar tu cuerpo la suave superficie de la cama, se relaja todo de ti, completamente, y sin poder más caes en un sueño profundo. La respiración es tranquila y constante. Todo a tu alrededor sumergido en una paz envidiable hasta que el mendigo y molestó sonido se hace presente, aquella alarma que incontable veces te ha despertado y salvado de llegar tarde a tus encuentros con la vida. Abres los ojos, observando el lugar muy borroso, te levantas de golpe y es allí como el dolor se expande dando todo vueltas.

    Más luego de apagar la alarma, suspiras, intentas calmarte y tan sólo un minuto basta para que recuerdes que tienes una... ¡Tarea!

    —¡Diablos! —murmuras.

    Más luego te levantas, te diriges al ordenador y tu único cometido es ir, terminar la tarea, sabes que nadie te va a detener. Pones música y empiezas. Pero de un momento a otro al pausar solo un segundo en escribir aquel ensayo, tu vista se dirige a un lado.

    Al lado izquierdo de aquella sala que te rodeaba, la sala de estudio, observas por los ventanales y el cielo se encuentra gris, casi negro ocasionando que intentes apresurar te sabiendo ya que estar con la computadora con una posible mala tormenta no eran buen signo. Pero justo cuando intentas tu cometido un brillo ilumina y llama tu atención. Tu cuerpo se tensa levemente, y sin más por el reflejo de la ventana puedes observar en primera clase como un rayo es captado por aquella antena que siempre había llamado tu atención, el pararayos. Y son más un brillo ilumina tu rostro junto con un chispeante ruido inundar aquel ambiente tranquilo. Tan fuerte fue el toque que por un segundo todas las luces falsean... La casa retumba y tu con todo alejas tus manos del comando del ordenador pensando que pudieses dañar te. Pero cuando todo aquel momento pasa en menos de lo que un gato pueda empezar a cantar, todo nuevamente se vuelve tranquilo.

    Tus padres han escuchado el ajetreo se preocupan, te llaman para saber si estás bien y solo puedes decir...

    —Estoy bien, aun no me he convertido en la mujer maravilla o un palo rostizado.
     
    Última edición: 20 Octubre 2017
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  1. GokechuKai
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