Una vieja herbolaria se levanta en en este rincón olvidado de Kioto; cubierta de telarañas y distintos animales; es un sitio que se considera maldito; un puerto que generalmente se evita; pues las rutas comerciales mejor se dirigen a Kyoutanabe; el puerto más grande de la prefectura.
El rol proviene de Islas Oki Costa de Mizayu [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura] Durmieron un poco, de vez en cuando abrían los ojos esperando ver la luz del sol. Sus cuerpos les decían que era la hora de levantarse pero el cielo les insistía volver a cerrar los ojos, descansar más. Creer que aquella noche era parte de un sueño eterno. Eiji negó; sabía que la luna se ocultaba en el oeste; ya lo había hecho. Pero el sol no resplandecía en el este. Eiji miró a las estrellas eran la única luz que irradiaba en el cielo. La obscuridad total comenzó a abrumarlo. Siguió navegando algo confundido, comenzaba a marearse. Y sin previo aviso, un golpe detuvo el barco abruptamente, lanzando a los tripulantes entre las paredes del interior mientras que Eiji volaba hasta caer en una playa de arena y rocas, hiriéndolo. Matahachi apretó la mandíbula para no gritar por el dolor que aquel golpe causó en su hombro. Reijiro se quejó —¿Qué ha pasado? ¿Están todos bien? —Estoy bien, sólo fue el primer golpe y el susto, no me he lastimado — habló la única voz femenina a bordo. —También estoy bien— respondió Tamura — a menos que sea el único que no vea nada. Si ustedes ven significa que no estoy tan bien como creía. —De..debemos revisar a Eiji— logró decir Matahachi mientras sostenía su hombro — No le escucho, ya debería habernos avisado lo que sucedió — se levantó con dificultad —Kohaku ¿Dónde estás? —preguntó preocupado al no escucharlo; pero si escuchaba los chirridos de Chiasa. Contenido oculto Gigi Blanche ficha actualizada
Kohaku Ishikawa Las palabras que Yume susurró a mi oído me hicieron sonreír, y al encontrar sus ojos asentí. Me alegraba que hubiera decidido aprovechar aquel pequeño y último instante, por muy confundido que dejase al pobre Tamura. Ya lo ayudaríamos a ordenar sus ideas durante el viaje. Permanecí un poco más atento a él, asumiendo que su despedida era bastante más dolorosa que la de algunos de nosotros, y conforme Yume se alejaba, apoyé una mano en el centro de su espalda. Le sonreí también. No dije nada, sólo la acaricié despacio y le dejé su espacio al ver a Reijiro y Oshin llegar. Un atisbo de expectativa permaneció en mi pecho, y aún sabiendo que no era lo ideal, mi atención se dispersó en la dirección del bosque conforme abordábamos el barco. Pero nadie más llegó, nadie de los Minamoto. Recosté los brazos en la barandilla y, a medida que nos alejábamos, solté un suspiro un poco pesado. Suponía que esto significaba que había tomado la decisión correcta al reemplazar a Rengo. Pero, a decir verdad, dolía un poco. Intenté alejarme de esos pensamientos. Me acerqué a Fukuro, Chiasa se quedó con él y luego busqué a Tamura, que probablemente le viniera bien algo de apoyo emocional. El viaje se diluyó entre conversaciones y somnolencia intermitente. Sobre el silencio repetí en mi mente fragmentos de la charla con Rengo, buscando alguna respuesta que se escondiera a simple vista, pero no arribé a nada. Un poco frustrado, decidí dejarlo estar. Una violenta sacudida me despertó de repente. Rodé hacia un costado y me golpeé la cabeza contra algo, donde la herida del día anterior palpitó. Tensé la mandíbula y tardé un poco en darme cuenta que, aún con los ojos abiertos, no veía nada. Las voces de los demás se sucedieron mientras intentaba comprender la situación. —Estoy aquí —murmuré con cierta dificultad, aún esperando que el relámpago de dolor mitigara—. Buscaré a Eiji. Me incorporé con cuidado y apoyé las manos en la pared, guiándome así hasta la escotilla. La brisa marina inundó mi nariz y alcé la vista al cielo cargado de estrellas. No estaba seguro, pero... ¿no debería haber amanecido ya? Di algunos pasos dentro de la cubierta, Chiasa se trepó a mi hombro y la recorrí con la mirada, entrecerrando los ojos. Mi visión se acostumbró a la penumbra poco a poco. —¿Eiji-san? —lo llamé, sumamente confundido al no encontrarlo. Fui hasta la barandilla y por fin vi a Eiji, caído en una playa cercana. Lo llamé con apremio, pretendiendo alertar a los de adentro mientras buscaba la forma de bajar. Hice todo lo más rápido que pude y me reuní junto a él para comprobar su estado. —Eiji-san, ¿cómo te encuentras?
Costa de Mizayu [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura] —¡Por acá!— gritó Eiji para después soltar un fuerte quejido. Ese sonido guio a Kohaku hasta él. Estaba en la arena, acostumbrarse a la falta de luz tomó tiempo pero cuando Kohaku por fin pudo enfocar a Eiji pudo ver que estaba lleno de raspones, sus brazos abrazaban una de sus piernas. —No entiendo qué ha sucedido — comenzó a justificarse —La luna se ocultó y el sol comenzó a salir; pero sin explicación alguna volvió a ocultarse —señaló al horizonte y pudieron verlo, el sol estaba cubierto; su luz apenas podía iluminar un halo alrededor de una espera negra. El campo estaba en completa obscuridad; pero el ruido comenzó a la lejanía, un ruido que obligó a los demás a salir del barco. Las linternas se acercaban, seguramente los locales comenzaban a alertarse por el golpe que escucharon en la costa debido a Eiji. La luz se acercaba pero Fukuro se notaba intranquilo a brazos de Oshin quién buscaba calmarlo. Matahachi agudizó la vista, creyendo que encontraría a Kumo entre aquel séquito. Contenido oculto Kohaku pudo notarlo en las expresiones de sus compañeros, también podían verlos. —Por acá— susurró una voz que obligó a que desviaran la vista de aquel séquito de yurei y yokai. Kumo arrebató a Fukuro de manos de Oshin. Pero no se dio el tiempo de dar grandes bienvenidas; abrazó a Fukuro entre sus brazos y les indicó que lo siguieran. Tamura y Reijiro cargaron a Eiji y siguieron a Kumo hacia una vieja casa abandonada cubierta de telarañas y arácnidos. En otras circunstancias, tal vez aquel sitio sería poco invitador; pero era mucho mejor lugar que estar cerca de aquella procesión infernal que se llevaba a cabo en los caminos hacia capital. Herbolaria de Kumo [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura] —¿Desde cuándo viajas tan acompañado? —preguntó Kumo con molestia hacia Matahachi. —Tiene pocos días. A decir verdad, necesito ayuda. He tomado muy malas decisiones últimamente —admitió Matahachi. Kumo usaba una venda en los ojos; pero parecía inspeccionarlos cómo si pudiera ver perfectamente. —Si no estuvieran esas cosas allá afuera; no los hubiera dejado entrar a casa. Mis arañas los hubieran envenenado. —¿También a mi? —le reclamó Tamura. —Especialmente a ti — respondió Kumo. —Él es Kumo— Matahachi presentó al muchacho —Mi informante —Uno de tantos — agregó Kumo. Contenido oculto Gigi Blanche
Kohaku Ishikawa La voz de Eiji consiguió guiarme hasta su ubicación, donde lo divisé adolorido y con el cuerpo cubierto de raspones. Me acuclillé a su lado y giré el rostro hacia el cielo, hacia el punto que él marcaba. El sol... Distinguí su débil silueta y sentí un frío helado bañarme la espalda, el pecho, envolver mi corazón y detenerlo. Las voces se arremolinaron, de Ebisu, de Rengo, de mi padre, las imágenes de aquella visión inicial desfilaron y me puse de pie, incapaz de quitar la vista del magnánimo sol, ahora... Eclipse. —Está eclipsado —murmuré, estupefacto. No... no podía ser, ¿verdad? Eso significaba que Amaterasu... finalmente... La voz de Hotaru apareció en mi mente, se abrió paso sin pedir permiso y el corazón me golpeó las costillas con fuerza. Su tono cambió, se amalgamó con los ruidos provenientes de tierra adentro y lo vi, su semblante aniñado, los grandes ojos ambarinos. Se estaba debilitando, el sol se había eclipsado y su energía se desvanecía. Sentí la rotura. La desconexión. Lo sentí desaparecer. —¿Hotaru? —lo llamé en voz alta, presa de la desesperación que me arrebató de repente—. Hotaru, ¿me oyes? ¡Hotaru! No respondía, el silencio se presionó y las linternas se acercaban. Los demás se habían reunido con nosotros y no tuve tiempo de procesar la información, pues el desfile de criaturas se dibujó en el camino y por un segundo olvidé cómo respirar. Kappas, gakis, ippondataras, wa nyudos... Al mirar a los demás comprobé que no sólo yo podía verlos. ¿Era obra del eclipse? ¿La desaparición de Amaterasu desdibujaba el límite entre su mundo y el nuestro? Esto era malo. Muy malo. —Vayámonos de aquí —murmuré con un hilo de voz, apremiante. Un susurro captó nuestra atención. Un muchacho con los ojos vendados abrazó a Fukuro y, al ver que los demás lo seguían sin cuestionárselo, obedecí en silencio. Los sonidos de la procesión aún se deslizaban con el viento y Hotaru... él... Ingresamos a una herbolaria antigua, abandonada. Chiasa había permanecido en mi hombro, sentía sus patitas aferrarse con fuerza a la tela. Recorrí el lugar con la vista hasta deparar en el muchacho nuevo, quien parecía ser el compañero de Fukuro. Era uno de los informantes de Hachi, Kumo. Tuve que tragar saliva y respirar a consciencia para fabricar una leve sonrisa e inclinar la cabeza, saludándolo. El sudor me picaba en la nuca, insistente, y sentía la garganta seca. Los dedos me temblaban apenas. —Ishikawa, Kohaku —me presenté, sin elevar el tono. A medida que me erguía, una nueva imagen me golpeó la mente. Pertenecía a la visión inicial, aquella que supuestamente me había mostrado Ebisu. El portador de la energía de luz estaba allí y... ahora poseía una cola doble de zorro. Me llevé la mano a la cabeza, mareado, aturdido, y cerré los ojos con fuerza. ¿Esto... era parte de lo mismo? ¿Había verdades que surgían por debajo de la tierra en ausencia del sol? Pero en ese caso, ¿qué significaba? ¿Amaterasu... habría muerto? —Denme un momento —pedí bastante al aire, sin hablarle a nadie en particular. Lo dije más que nada para no generar una conmoción innecesaria. No sabía cuán seguro sería afuera, por lo que me retiré a una esquina de la herbolaria y tomé asiento, rebuscando entre mis pertenencias. Al encontrar la escama de Seiryu, ejecuté las señales que Rengo me había enseñado y cerré los ojos, aguardando conectar con Ebisu... o quien fuera que hablara conmigo a través del poder del shijin. Contenido oculto for the record: usé una escama
Herbolaria de Kumo [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura] Matahachi iba a hablar con Kohaku al notarlo tan consternado; pero Reijiro detuvo a Matahachi negando. Matahachi entendió y esperó con el resto. Tamura también se preocupó pero al ver como Reijiro detenía a Matahachi, decidió tampoco interferir. Kohaku quebró la escama; pero nada sucedía. La oscuridad no le había permitido adecuarse a la escases de luz; la única fuente era una vela que Kumo acababa de encender para el grupo; pues él parecía moverse muy bien en la oscuridad. La escama tenía iridiscencias cerúleas; pero su gran tonalidad había desaparecido, era más un blanco como el de una perla. La energía de la escama también estaba apagándose y eso explicaba por qué no había tenido efecto. Contenido oculto Gigi Blanche
Kohaku Ishikawa La escama se quebró junto a un leve chasquido y luego, sin importar cuánto aguardara, nada ocurrió. Abrí los ojos, aún más nervioso que antes, y deslicé la mirada al resplandor de la vela que Kumo encendió desde la esquina que había ocupado dentro de la herbolaria. Era consciente del ritmo de mi respiración y del ardor tras mis ojos. No sabía qué hacer. Y entonces, Mara me habló. Amaterasu. Ella ha muerto. El aire se me congeló dentro del pecho. Una cosa era haberlo sospechado y otra… otra era saberlo. Recorrí a los presentes con la vista, atento a la voz del dios, y las lágrimas empezaron a correr en silencio, irrefrenables. Me esforcé por atender a la información que me estaba dando, aunque recogiera las piernas contra mi pecho y me sintiera absurdamente pequeño e impotente. Amaterasu estaba muerta. ¿Cómo? ¿Quién sería capaz de algo así? La energía oscura prevalece y tu energía luminosa disminuirá lentamente… La profecía se cumplía y yo… Hasta que te quedes sin ella. —¿Esto es porque no encontré a Genbu a tiempo? —le pregunté a Mara en un murmullo, pero aún así en voz alta, limpiándome las lágrimas de las mejillas—. ¿Me dices que debo hacer lo que Kaji? Lo dije de aquella forma con la tranquilidad de que nadie comprendería a qué me refería exactamente, pues no pretendía alarmarlos.
Herbolaria de Kumo [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura] Matahachi comenzó a mostrarse preocupado por Kohaku y a pesar de la insistencia de Reijiro parecía que iba a interrumpirlo. Pero antes de que eso sucediera, Kumo los alertó —Están moviendo las telarañas —dijo llevando su dedo índice frente a su boca para indicar silencio, después apagó su vela. Eiji se preocupó mientras Reijiro, Oshin y Tamura llevaban sus manos a sus armas. Se escuchaban pasos. —Kumo; somos Keita y Daigo, estamos siguiendo el incienso de Kaze. Sabemos que están allí. Y sabemos tu identidad, Matahachi —revelaron — O Karasu—dijo antes de dar un paso al interior de la herbolaria. —Sólo entre shinobis sabemos ese mote —explicó Kumo al resto. Matahachi sabía que los Fujibashi sabrían de su identidad gracias a la información que le confió a Ayame, sonrió ligeramente al oírlos; por fin podría verlos cara a cara y conversar. —Por favor, pasen — indicó Matahachi mientras Kumo volvía a encender la vela. Contenido oculto: Daigo y Keita Keita y Daigo ingresaron y antes de que pudieran presentarse se abalanzaron hacia Matahachi y Kumo. Nadie los frenó pensando que aquello se trataría de un abrazó; pero al parecer buscaban algo entre sus ropas y los despojaron de inciensos que cargaban —El Taimu —dijo Daigo sacudiendo el incienso que desprendió un olor a lavanda; se lo entregó a Daigo y este salió para ir a aventarlo al mar. —¿Qué es lo que —Anzai nos traicionó — Interrumpió Daigo a Matahachi. Daigo bajó la mirada y sus ojos se nublaron. ¿Por qué Anzai había esperado tanto tiempo en traicionarlos? —Mi nombre— balbuceó Matahachi. Si Kuroki no había dado su nombre a los Mori, Anzai seguramente lo haría. Daigo afirmó sin levantar la mirada —Anzai puso una trampa en Fukushima —Daigo negó — La puso en la única salida de los civiles; todos los niños — pausó — ellos —Daigo no quería seguir informando. —Murieron — Agregó Keita entrando nuevamente a la herbolaria — Si yo hubiese sido más rápido, hubiera sido yo y el poco hombre de Masao quién dejó morir a toda su ciudad en un intento de salvarse. Si yo hubiera sabido de la trampa, la hubiera pisado deliberadamente para llevarme a Masao y salvar a todos los niños. En verdad lo siento; te hemos fallado Matahachi negó —Fue culpa mía. Nuevamente fui descuidado — se recriminó Matahachi —Al mandarlos a ustedes pensé que asegurábamos el escape. Y sin saberlo mandé a quién los llevaría a la muerte —cerró los ojos para contener sus emociones, tristeza, ira, arrepentimiento, frustración. —Sólo quedamos Endo, Keita y yo— Agregó Daigo— los demás murieron en Fukushima; el General Hideyoshi decidió usar a los civiles como primera fila de defensa. Nosotros servimos a los Minamoto, debíamos obedecer al General. Pero para nosotros los Fujibashi, tu voz está sobre la de cualquiera —miró a Matahachi. —Tu nos dijiste que todos nosotros crecimos con armas en nuestras manos; nos ordenaste a pelear para que aquellos que no crecieron con armas jamás tuvieran que usarlas. Y eso hicimos. Rescatamos a todos los civiles que pudimos, ahora Endo se dirige con ellos a Aomori, junto a todos a los que has rescatado de esta guerra. Keita y yo hemos venido no sólo a informarte de lo sucedido, hemos venido a ayudarte; estando tan cerca de Kioto con el incienso que da tu posición —sonrió ligeramente para después hincarse frente a él en respeto; Keita hizo lo mismo a un lado de Daigo — Creíamos que viajarías por cuenta propia, me alegra ver que estás bien acompañado. Nosotros vinimos porque no dejaríamos que Anzai te atacara estando solo. —Daigo— Matahachi no pudo decir nada mas; su garganta se cerró, conteniendo todas sus emociones. Completamente herido; pero también conmovido. Contenido oculto Gigi Blanche
Kohaku Ishikawa Tuve que dividir mi atención entre las palabras de Mara y la precaución que pareció caer sobre el espacio, como un manto frío, apenas Kumo extinguió la llama de su vela. La oscuridad me presionó el cuerpo, sin embargo, la situación me permitió escindirme mejor de mis emociones. Del silencio de Hotaru, el desfile de espíritus y la muerte de una diosa. Llegaron dos personas nuevas, aliados o servidores de Hachi. Reduje mi conversación con Mara al plano mental para no interrumpir y fui captando retazos de lo ocurrido. Apenas advertí que hablaban de la batalla de Fukushima me incorporé, reuniéndome en silencio con el grupo. Las noticias… no sonaban bien. Me detuve junto a Hachi y apoyé una mano en su hombro al oírlo echarse la culpa de lo ocurrido. No le sonreí, no pude hacerlo con todo lo que estaba ocurriendo, pero al menos quería estar allí. La mención directa de Hideyoshi me comprimió el pecho y arrugué levemente el ceño, preocupado. ¿Los civiles como primera línea de defensa? ¿Qué demonios había ocurrido en Fukushima? Detalles a un lado, el resultado parecía claro. Habíamos perdido. Desconocía las implicancias políticas en profundidad, no estaba tan empapado como Takano o Takeda. Tomé mucho aire, lo liberé lentamente y decidí compartir la información que Mara me había facilitado. —El eclipse… Amaterasu ha muerto. Alguien la asesinó. —Bajé la vista al suelo y contraje el semblante, frustrado—. Tendremos que tener mucho cuidado. El desfile de yōkai que vimos afuera… Es probable que cosas así estén ocurriendo a lo largo y ancho de Japón. Ante la ausencia del sol, las criaturas y espíritus que poseen energía oscura se vuelven más poderosas y yo… Perderé la mía. —Me temo que no podré hacer mucho al respecto, lo siento.
Herbolaria de Kumo [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura; Keita; Daigo] Reijiro mostró una cara de completo pánico ante las palabras de Kohaku, aquello ya no se trataba de una guerra entre mortales, esto excedía todo lo malo que hubiera pensado. Oshin se llevó la uña de su pulgar a los dientes y comenzó a morderla con nerviosismo, pues pensó en sus compañeros en aquella isla extraña de Onis y Hanyos, sabía que los más débiles se quedarían en la isla que se consideraba más segura y aquello la estresó demasiado. Eiji miró al exterior, por primera vez el mar comenzó a darle miedo. Tamura pensó parecido a Oshin; le preocupaba mucho Yume; pero también Yoshio, estando solo en Tateyama. Keita y Daigo se miraron entre sí, preocupados por lo que aquello podría significar. Matahachi negó preocupado —Rei... Ninguno de los presentes parecía tener esperanza alguna. Y aun no enfrentaban su misión. Contenido oculto Gigi Blanche
Kohaku Ishikawa La noticia descendió con pesadez sobre la atmósfera que de por sí se nos pegaba a los huesos, como un alga húmeda. Detallé el semblante de todos y volví a respirar a voluntad, intentando calmar los latidos punzantes de mi corazón. Me separé ligeramente del grupo para acercarme a una de las ventanas y desde allí observé el cielo oscuro, tan oscuro. ¿Qué podía hacer para contrarrestar la amenaza de los yōkai? Poco y nada. Estaban los amuletos de protección, pero mi energía sólo me permitía crear algunos antes de drenarse por completo y no veía prudente cargar a nadie con la responsabilidad de un cuerpo inconsciente. Siendo honestos, tampoco me apetecía sentirme tan vulnerable. Suspiré, apesadumbrado, y volví junto a los demás. Chiasa había permanecido en mi hombro hasta ahora, dio un brinco y correteó junto a Fukuro. Seguí su recorrido en silencio y luego deslicé la mirada a los dos hombres que acababan de llegar, Daigo y Keita. —¿Querrían contarnos un poco más sobre lo ocurrido en Fukushima? Se los agradecería —pedí, en un murmullo.
Herbolaria de Kumo [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura; Keita; Daigo] Keita afirmó ante la pregunta de Kohaku, se sentó frente a ellos sin realmente encontrar comodidad, estaba tenso. —Sabíamos nuestra misión; llevar a los civiles a un sitio seguro. Misión que el traidor de Anzai sabía, por ello él se adelantó en poner aquella trampa en la salida— apretó sus puños sobre sus rodillas —Hubiéramos huido de la ciudad en grupos, y seguramente uno de esos grupos hubiera sufrido lo mismo que los niños —No ahondó en los detalles de aquella trampa —Yo escapé con Masao; el tener al señor de la Prefectura nos daría poder estratégico; pero fui alcanzado por un grupo de emishis enemigos, los cuales rodearon mi posición desde el interior de la muralla; eso me avisó que la muralla del otro lado había caído y la guerra había iniciado. —Hideyoshi también salió con toda la caballería para rodear la muralla y alcanzar al enemigo por retaguardia —agregó Daigo— un plan estratégicamente correcto; pero no consideró el tiempo que tomaría alcanzar al enemigo en comparación con el tiempo que llevó al rival a destruir la muralla e ingresar a Fukushima. La muralla cayó y los civiles fueron los primeros en enfrentar el acero —Daigo cerró los ojos. —Daigo y Endo lograron salir con vida para poder escapar con los civiles a su mando; el enemigo estaba más enfocado en derrotar al ejército de Sato, así que no prestó atención en los civiles —Keita continuó; pues él vivió aquellos eventos — El enemigo me capturó brevemente; pero fui rescatado por parte de la caballería que Hideyoshi dejó atrás. La general, Sayuri; ella tomó posesión del castillo de Fukushima, nombrándose como victoriosa; aun así permitió a su enemigo entrar a enfrentarse a sus hombres más leales en lo que para ella sería una matanza digna. Antes de eso— pausó brevemente —Sora Tachibana cayó en batalla. Matahachi levantó la vista ante aquel apellido, su clan. Sintió como su corazón palpitó con fuerza. —¿Sora Tachibana? ¿No había muerto hace ciclos en Kamakura? —interrumpió Matahachi. Daigo negó — Volvió a aparecer en Chiryu; Ayame tuvo contacto con ella en algunas ocasiones, al parecer seguía constantemente a Kato. La visión de la mujer junto a Kato en Shima. La había visto, y no pudo reconocer a su propia sangre. Matahachi bajó la vista —Continúen por favor, perdonen mi interrupción. —Gon, un pirata; mató a Sayuri fácilmente —continuó Keita. —Algo de venganza servida; su amigo Koji fue el primero en morir, así inició la guerra que dejó a todos sin saber que hacer por mucho tiempo; Misato no reaccionaba, jamás la había visto así — agregó Daigo. —Los Minamoto vencieron a Sayuri y a Iori; pero Sonoda escapó con sus hombres, advirtiendo que los vería en Ibaraki —concluyó Keita. Fukuro ululó ante Chiasa; siendo el único sonido por un largo tiempo de asimilación. Contenido oculto Gigi Blanche
Kohaku Ishikawa El corazón se me comprimió dentro del pecho conforme oía la narración de lo ocurrido. Traiciones, trampas y fallas estratégicas, al final todo se reducía a eso, ¿verdad? Llevaba pensándolo tanto tiempo que ya sentía la idea desgastada en mi mente, se condensaba y me pesaba en los huesos. La guerra oscurecía la silueta de las personas que blandían las espadas, nos quitaba lo que éramos, lo que merecíamos. Nos convertía en armas y en escudos, sin más. Había tomado asiento y arrugué la tela de mi regazo al comprimir los puños, presa de la tensión. Sólo había experimentado la batalla de Shizuoka, ¿pero esto? ¿Que la muralla cayera y los civiles quedaran indefensos frente al ejército enemigo? Dioses, tenía que haber sido terrible. Y cayó de repente. Sora había muerto. Keita lo dijo sin preámbulos y me tomó un momento extra asimilarlo mientras Hachi alzaba la vista y los interrumpía. Deslicé la mirada a él lentamente y exhalé por la nariz, cerrando los ojos un instante. En mi corazón había deseado que tuvieran la oportunidad de conocerse. Sora... ¿Estarían a salvo los shijin en Kamakura? Ahora ni siquiera podía saberlo. Además, esto nos dejaba a Rengo y a mí aún más desnudos ante el caos reinante. El mundo parecía haberse oscurecido de repente, y no sólo en un sentido literal. ¿Qué significaba que la supuesta profecía pareciera volverse realidad? ¿Por qué al muchacho enmascarado de mis visiones le había crecido una cola de zorro? La escama de Seiryu se había quebrado entre mis dedos, pálida y marchita. Tantas preocupaciones se habían decantado en un parpadeo que me sentía ligeramente anulado. No sabía qué hacer o qué decir, cómo ayudar. Ibaraki. La guerra recrudecería y era nuestro objetivo impedirlo, ¿cierto? Al contactar con Kuroki. —Gracias por su relato —murmuré hacia Daigo y Keita, inclinando el torso un par de segundos—. Esperemos que... los vientos vuelvan a soplar a nuestro favor. Nuestro objetivo era acercarnos a Kioto y establecer contacto con un muchacho que recientemente se ganó el favor de Gendo Mori. Para seguir nuestro camino... tal vez deberíamos evitar el desfile lo mejor posible. Yo puedo crear talismanes que nos protejan de los yōkai, pero me temo que sólo unos pocos antes de drenar mi energía. Volteé a ver a Hachi. No me creía en las facultades para elaborar ninguna estrategia, pero quizás a él le sirviera la información. —Podríamos mantenernos juntos y evitar el desfile, o podría crear dos o tres talismanes para enviar a un pequeño grupo que pase inadvertido. La desventaja sería que esto me dificultaría pelear si llega a ser necesario.
Herbolaria de Kumo [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura; Keita; Daigo; Kumo] Matahachi observó a Kohaku asimilando las opciones que se le daban; Keita y Daigo también esperaron expectantes. Eiji y Reijiro se notaban nerviosos, aun así estaban preparados para moverse si era necesario. Tamura también clavó su mirada en Matahachi, esperando. Matahachi sintió las miradas. —Ya he revisado el perímetro en capital; hay una casa junto al cuartel la cual utilizaremos, los puedo guiar esquivando esas cosas — Dijo Kumo con seguridad. Matahachi negó —Los yokai no son como las personas, Kumo. Lo que dice Kohaku es cierto, necesitaríamos de... Kumo ululó más fuerte mientras que Chiasa hurgaba entre las pertenencias de Kohaku, de ella sacó nueve talismanes, esa pequeña traviesa, seguramente los robó en templos o comercios dónde fue pasando. Aquello era una señal de suerte, pues era el número exacto de talismanes que se necesitaban. Matahachi miró a Kohaku —El kami de la fortuna —sonrió ligeramente, una sonrisa que necesitaba en aquellos momentos —Fortuna tal vez enviada en forma de una ardilla de patitas ágiles. Kumo también sonrió y le entregó a Chiasa semillas de girasol para después emitir un sonido muy parecido a los chirridos de Chiasa. —Debo decirles; enfrenté verbalmente a Kuroki en Kioto, y estalló en mi contra cuando mencionó que él sobrestimaba sus habilidades —admitió Kumo "¿Quieres ser como Kato? ¿Qué ha ganado ese hombre además de la reputación del guerrero más fuerte? Dime... ¿Quién arriesgaría su vida por salvar a ese hombre? Ahora tú caminas ese mismo sendero. Sé de más personas que acudirían a ayudar a Gendo. Pero no sé quién ayudaría a Kato, y ahora no sé quien vendría a ayudarte a ti." —Llevé el juego verbal muy lejos, explotó rápido — mencionó Kumo algo avergonzado de haber hecho mal su trabajo — Y yo exploté frente a Akechi; el primogénito de los Nomiya de Gifu quién estaba junto a Kuroki — dijo hacia Matahachi —Perdón. —Todos hemos cometido errores. Yo también exploté con él cuando lo vi con Shioro —miró a Kumo — no ibas con esa misión a Kioto y a pesar de ello nos has dado esta abertura, es una oportunidad. Ahora dime qué más sucedió —Insistió Matahachi. —Dice que se unió a Gendo para conocerlo a él y su gente. —Eso quiere decir que no ha tenido el tiempo de hacer esto, al menos no lo suficiente; no podemos juzgarlo si no tiene suficiente información al respecto — sentenció Matahachi —Seguramente querrá ver tu emblema del crisantemo blanco — agregó Kumo. Matahachi asintió —Ni hablar —miró después a Keita y Daigo — Desde hoy el crisantemo blanco deja de dirigir las acciones del clan Fujibashi; yo ya no soy su líder. Aun así, espero poder dar con Anzai y hacer pagar su traición. Keita y Daigo se miraron entre ellos —¿Y a quién seguiríamos ahora? —La señorita Aoyama. Ambos negaron, aun molestos por su inacción en Fukushima. —Ella ya se enfrentó a esa derrota; ha vivido el dolor de perder a sus allegados en la guerra por su falta de decisión. Takeda también ha cometido ese error, incluso Murai —agregó — No pueden juzgarla con esa equivocación —cerró los ojos —Cómo yo no juzgaré a Kuroki. Contenido oculto Gigi Blanche Dado en mi post anterior.
Kohaku Ishikawa El silencio que se asentó detrás de mi voz fue profundo y ruidoso, en cierta forma. Me permitió oír el corazón contra mis costillas, la densidad de mi respiración; la oscuridad oprimía y, si contenía el aliento, juraría que llegaba a alcanzarme el retumbar sutil y ominoso del desfile del exterior. Recogí las manos sobre mi regazo y mantuve la vista en el suelo la mayor parte del tiempo. Kumo fue el primero en hablar, y de allí, como una cascada, se decantaron las demás voces. Fui alternando la mirada entre quienes hablaban y observé con curiosidad los movimientos de Chiasa. Alcé las cejas, sorprendido, al ver lo que extraía de mi bolsa, y el comentario de Hachi me hizo sonreír. No creía haber tenido buena suerte desde Shimotsuke y la idea había llegado a frustrarme un poco, pero quizá no tuviera sentido depositar mis expectativas en la voluntad de un dios. Quizá la fortuna brillara cuando tuviera que hacerlo, y no era algo que nosotros, mortales, lográramos comprender. Recogí los nueve talismanes y distraje mis dedos entre ellos mientras Kumo le daba semillas a Chiasa. Al ver que acababa, chasqueé apenas la lengua y la ardilla correteó hasta subirse a mi rodilla. Kumo comenzó a hablar de su intercambio con Kuroki y yo me incliné, rascando la cabecita de Chiasa y susurrándole en voz muy, muy baja. Ella me olisqueó, humedeciéndome la punta de la nariz. La conversación progresó en direcciones que no comprendía plenamente, aún así presté la mejor atención posible y miré a Hachi. —¿Crisantemo blanco? —pregunté, sin alzar la voz.
Herbolaria de Kumo [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura; Keita; Daigo; Kumo] Matahachi giró hacia Kohaku, tenía miedo de mirarlo a los ojos y encontrar rabia en ellos; podía enfrentar la rabia de un enemigo pero no de un aliado. No era infalible, también tenía debilidades. Pero Kohaku se limitó a hacer una pregunta que Matahachi podía contestar sin titubeos ni miedos —Antes el Imperio contaba con el crisantemos negro, una organización dedicada a la protección del Emperador; pero con el paso del tiempo esa organización perdió su verdadero objetivo y algunos rebeldes decidieron deslindarse del crisantemo negro, formando la nueva alianza con el crisantemo blanco. Un gran exponente del crisantemo negro en el pasado fue Toru Aoyama; el abuelo de Misato Aoyama —explicó brevemente — Mi madre, Kumiko. Ella se volvió la líder del crisantemo blanco; pero me delegó a sus fuerzas secretas, shinobis tanto de Iga como de Koga. Del lado Iga dirigía a los Fujibashi como el falso Kaze, enfocando mis energías en el rescate y reubicación de civiles afectados por las guerras. Del lado Koga dirijo a los Tachibana; mi habilidad como shinobi es el sabotaje, a diferencia de otros shinobi mi habilidad carece de sigilo innato, el sabotaje es plantar información, crear estrategias, desarrollar planes a largo plazo. Cómo la gran mentira del asesinato de Tomoe en Kioto. Se acomodó y tiró su casaca —El crisantemo blanco no usa tatuajes como el crisantemo negro; pero hay un emblema que que repudia el Imperio — la piel de su torso quedó expuesta, sólo lo cubría un vendaje el cual abarcaba medio pecho hasta subir al hombro derecho y terminar a medio antebrazo, en la muñeca llevaba el brazalete de Kohaku. Kumo se acercó y quitó el vendaje, no sólo mostrando un hombro amoratado sino que en el área del omóplato derecho se encontraba un tatuaje. —El clan Tachibana siempre ocultó este mon— Inició Matahachi —Al centro están dos rollos unidos, sabotaje y conspiración. Mi clan. Ese clan dedicaría su vida a evitar que un falso Emperador se posicionara en Kioto. El sabotaje representa al clan Taira, la conspiración al clan Minamoto, descendientes directos de los Yamato. Los Tachibana somos sus fieles sirvientes, los que hacemos el trabajo sucio por ellos. Esta es la razón por la que creo que Saizo trató de exterminarnos. La razón por la que buscaron eliminar Kamakura, al creer que el último de los Tachibana se encontraba allí. Jiin fue el hijo de Sora; eso convierte a Jiin y Matahachi en primos. Contenido oculto Gigi Blanche
Kohaku Ishikawa Al recibir la atención de Hachi le dediqué una pequeña sonrisa y me limité a escucharlo, aunque la información se tornó tan compleja que tuve que enfocarme plenamente en procesarla. Con cada día me daba cuenta más y más de todo lo que ignoraba, lo enrevesado que era el mundo y lo mucho que necesitaba aprender. Un grupo al servicio del Imperio y otro desprendiéndose de ellos. Hachi dirigía al crisantemo blanco y deslicé la mirada a Daigo y Keita, uniendo los retazos de su conversación anterior con esta nueva información. Seguí sus movimientos con un dejo de desconcierto hasta que, bajo sus vendajes, reveló un mon que nunca había visto antes: el de los Tachibana. También reparé en el aspecto de su hombro. ¿Cómo había acabado con una responsabilidad tan grande a tan corta edad? Su madre le había delegado el poder, lo había dicho, pero ¿por qué? ¿Confiaba a ese nivel en sus habilidades? ¿No le había quedado remedio, tal vez? Y aún si así fuera, ¿no era... un poco injusto para él? —Mientras más sé, más me sorprendo de lo increíble que eres —admití, plenamente honesto, y le sonreí—. Gracias por la explicación. ¿Cómo sabe Kuroki sobre el crisantemo blanco? Quiero decir, ¿por qué pediría ver tu emblema? Y... ¿de qué forma dices que el crisantemo negro se desvió de su objetivo?
Herbolaria de Kumo [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura; Keita; Daigo; Kumo] Matahachi se ruborizó; nunca fue bueno tomando halagos, sentía que aquello era su obligación y debía cumplir sus misiones. Por eso había sobrevivido ¿No es cierto? —Eso—contestó Kumo —Vuelve a ser culpa mía —se sacudió el cabello, una manera de calmarse a si mismo — Cuando me puse a discutir con Akechi, el me golpeó y me tropecé. Me quedé allí mientras Kuroki me remató con palabras y pues —mostró su talón izquierdo. —Vaya— Se notaba en la voz de Kumo que estaba profundamente avergonzado —El crisantemo negro tuvo una mala costumbre y fue tatuarse su orgullo; haciendo que la facción que era secreta, pues no fuera tanto. Se volvió más un estatus, y pues yo era pequeño cuando me uní y pensé que sería bueno. Y—Pausó —Bueno, Kuroki obviamente lo vio y preguntó por el crisantemo negro. Y yo estúpidamente hablé de mas. Tenía miedo, estar en el suelo me hace sentir presa. Reijiro miró a Kumo con compasión; se veía pequeño, incluso más que Matahachi y Kohaku. —El crisantemo negro —suspiró Oshin —Fue el grupo tanto de shinobis como de cazadores. Los shinobis hasta dónde yo sé fueron liderados por Ogen y los cazadores se disolvieron cuando murió Aoyama ¿No es cierto? Matahachi afirmó —Perdieron su objetivo tras la muerte de Haruki Yamato; y también por la muerte de Toru Aoyama como cazador. Sin cazadores todo el peso del crisantemo recayó del lado shinobi dirigidos por Ogen y después lo tomó Kanon, la hermana de mi madre Kumiko. Mi madre aun no puede creer que su hermana cambiara tanto; pero al hablar con Murai, el cree que algún suplantó a Kanon. Más información nueva para los presentes. Incluso Kumo se acercó a Matahachi, siendo ignorante de eso —¿Entonces Kanon... Matahachi miró a los presentes —Para explicarles a detalle tendría que revelar secretos que el mismo Murai me ha confiado; información personal que prometí resguardar. Él por ejemplo, cuidó mi identidad y la de Noishi por mucho tiempo y por ello no puedo fallar a mi palabra; por mi honor — afirmó — Pero si puedo hablarles de lo que él y yo creemos que ha sucedido. Kanon fue asesinada; eso es lo que más sentido tiene según Murai. Pues Murai jamás entendió como Kanon dejó en soledad a Hiro Sugita. Hiro Sugita fue el hermano de Murai; el maestro de Takeda y Ukita. Padre de Tsubaki. >>Por mucho tiempo creyó que había sido porque decidió cuidar de Tsubaki sin involucrar a nadie más; pero ahora con la nueva información que contamos, es muy posible que Kanon estuviera usando la técnica de los Sugita, el camuflaje. Ogen quién también dominaba esa escuela estaría enterada de que Kanon fue suplantada, algo que también tiene sentido— al darse cuenta que estaba extendiéndose demasiado pausó brevemente. —Creo que Kuroki espera ver una confirmación de que pertenecemos a esa nueva organización, y mostrar este emblema puede ser una posibilidad como bien mencionó Kumo—concluyó Matahachi. Kumo llevó su frente al suelo —Perdón —volvió a disculparse. — Está hecho, Kumo. Deja de culparte por ello —dijo Matahachi, un consejo propio que debía asimilar para sí mismo. Contenido oculto Gigi Blanche
Kohaku Ishikawa Bajo el resplandor tenue de la vela creí ver que Hachi se sonrojaba ante mi comentario y me sentí más consciente de lo que había dicho. ¿Tal vez me había excedido? ¿O había estado fuera de lugar? Quizá... quizá había sido demasiado honesto. Desvié la vista a cualquier otro punto de la herbolaria y carraspeé ligeramente la garganta, intentando no ponerme nervioso yo mismo. No había sido mi intención incomodarlo, pero creía que decir algo al respecto sólo empeoraría el asunto. Kumo fue quien tomó la palabra ante mis preguntas. Al parecer había sufrido un desliz en su encuentro con Kuroki. Este chico debía tener mi edad como mucho, no podía haberse unido al crisantemo negro con la madurez y experiencia suficientes como para adjudicarle responsabilidades al respecto. Probablemente se tratara de tradición o estatus, como él bien había dicho. Yo había agachado la cabeza casi toda mi vida por motivos similares. La historia seguía sumando actores y sucesos nuevos, y yo intentaba memorizarlos lo mejor posible. Kuroki sabía que Kumo había pertenecido al crisantemo negro; si conocía la existencia del crisantemo blanco, podría sospechar la relación. Al parecer eran facciones con mucho poder. ¿Qué tipo de conocimientos habría adquirido Kuroki en la capital? ¿Cuán en riesgo pondría a Hachi revelar ese trozo de información? No me sentía capaz de opinar con fundamento. Aún así, estaba dándole vueltas al asunto cuando vi a Kumo agacharse y pedir disculpas. Chiasa había permanecido en mi regazo y seguía acariciándole el pelaje por inercia, me ayudaba a relajarme y canalizar. —Creo que todos estamos viéndonos obligados a enfrentarnos con eventos e imprevistos que, de una forma u otra, sentimos que nos exceden —murmuré tras la intervención final de Hachi, mirando a la venda que llevaba Kumo en los ojos, y esbocé una pequeña sonrisa—. Lo importante no es necesariamente el error sino recuperarnos de ello, y confío en que aún contamos con las herramientas para hacerlo. Después de todo, estamos aquí aferrados a una esperanza. La pequeña esperanza de acabar esta guerra. Claro que el repentino eclipse, la muerte de Amaterasu y mi desconexión con los shijin eran factores que complicaban el escenario de formas inimaginables, pero nos quedaba creer que todo esto implicara el mismo nivel de disonancia para el bando enemigo. No podíamos ser los únicos afectados ante el poder creciente de la energía oscura, ¿verdad? Energía oscura... Me puse de pie tras algunos segundos y empecé a repartir los talismanes de protección. —El desfile a Kioto. Tal vez sea un elemento que podamos utilizar a nuestro favor. Aún no sabemos quién mató a Amaterasu o cómo, ni el motivo de que los yōkai marchen hacia la capital, pero quizá tampoco sean buenas noticias para el Imperio. —Una vez hube finalizado mi tarea, volví a sentarme junto a Hachi—. Es fundamental que lleven los talismanes consigo a todo momento.
Herbolaria de Kumo [Matahachi; Eiji; Kohaku; Reijiro; Oshin; Tamura; Keita; Daigo; Kumo] Todos comenzaron a guardar sus talismanes como la posesión más preciada, Kumo fue el único que primero la observó para olfatearla y después guardarla. —Gracias, joven Kohaku —mencionó Reijiro mirando al resto para escuchar también sus agradecimientos a Kohaku. Todos hicieron lo propio ante un Reijiro satisfecho por aquellos buenos modales. Keita ayudó a Matahachi a volver a vendar su hombro; para después ayudar a las ligeras heridas de Eiji. —Es momento de movernos; debemos prepararnos para el encuentro en Kioto —agregó Matahachi — No sé cómo debamos actuar con el tema del eclipse, lo único que podemos hacer es seguir el consejo de Kohaku y así evitar ser detectados por otro problema como lo son los yokai. Contenido oculto Gigi Blanche