Mirada de hielo.

Tema en 'Fanfics Abandonados Pokémon' iniciado por Melody, 4 Abril 2010.

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    Melody

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    Mirada de hielo.
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    Mirada de hielo.

    MIRADA DE HIELO


    Capítulo 1:


    Cerré la puerta principal con cuidado sujetándola con fuerza para evitar que a causa del mordaz viento helado se cerrara haciendo un ruido desagradable. Una vez me había asegurado de que no se podría abrir, me giré para observar el paisaje invernal fuera de mi pequeña casa. Todo estaba cubierto de un manto blanco precioso a consecuencia de la fuerte nevada que había caído durante la noche. El cercado junto a mi casa también estaba cubierto de una gruesa capa de nieve. Este año los Miltank de mi padre deberán quedarse en el granero todo el invierno. Quizás eso los inquiete un poco, pues ya estaban acostumbrados a salir todos los días, después de todo hacía tres años que no nevaba, y menos de esta forma.

    Observé los árboles desnudos que parecían danzar ante el azote del viento y sonreí por tan bello espectáculo. Pero no sólo eran los árboles, pues también mi largo cabello castaño estaba sufriendo sus efectos, hasta que se metió por mi cuello haciendo que un escalofrío recorriera cada centímetro de mi cuerpo. Me subí la cremallera de mi
    abrigo hasta arriba del todo, no me arriesgaría a pillar un resfriado.

    Corrí divertida a través de la nieve que rodeaba mi casa de campo, hacía tanto que no la veía que casi había olvidado lo mucho que me encantaba sentir la sensación helada bajo mis guantes cuando la cogía para hacer una simple bola de nieve. Cualquiera que hubiera pasado por allí y me hubiera visto habría pensado que tendría seis años en lugar de los quince que acababa de cumplir hace un par de semanas. Supongo que aunque crezcamos físicamente aun conservamos del niño pequeño que éramos antes. Yo amaba el invierno, la nieve y el viento helado que me rodeaba en ese momento. Me tumbé mirando el cielo, no podía verse el sol por ninguna parte pero no cambiaría esa imagen nublada por ninguna de verano.

    Sólo pasaron unos segundos hasta que mi inseparable compañero de juegos se me echara encima y empezara a lamerme. Comencé a reír por las cosquillas que aquello me producía, entonces paró y con ayuda de sus patas traseras me echó nieve a la cara, que por cierto estaba endiabladamente fría.

    - ¡Hey! En lugar de un ataque arena, a eso le podríamos llamar ataque nieve -ante mi ocurrencia la risa salió de nuevo.

    Fueron unos veinte minutos estupendos, desde luego podría decirse que habíamos aprovechado el primer día de nieve. Por supuesto, después de mis tareas diarias seguiríamos jugando. Me fui directa al granero, suerte que las puertas son correderas pues sino habría tenido que coger una pala y ponerme a quitar nieve. La abrí lo suficiente para que pudiéramos pasar y cerré rápidamente para que el frío no penetrara de golpe y alterara a los Pokémon. Algunos aun dormían a pesar de que no era muy temprano y además me había retrasado con mis juegos infantiles. Mi padre los mantenía en compartimentos individuales, separados por una simple valla de madera que ellos respetaban honestamente además de que agradecían su pequeño espacio privado. Lo primero que hice, como todos los días, fue darle su desayuno a mi querido Poochyena, que me acompañaba a todas partes, secundado por el resto de los Pokémon de mi padre.

    Me quedé observando como comía el Miltank más antiguo de todo el rancho. Según me había contado mi abuelo, aquel Pokémon perteneció al anterior dueño del lugar, y se lo vendió a él junto con todo lo demás. Por eso también es mi favorito, porque me recuerda a las historias que me contaba mi abuelo de pequeña. Creo que lo extraño más de lo que creía. Pero no había tiempo de ponerse nostálgica, mi padre acababa de entrar para ver que todo estaba en orden y cerciorarse de que había hecho mi tarea.
    - Pero que frío hace ahí afuera -Se quejaba por lo bajo mientras se frotaba las manos para que entraran en calor.

    - Deberías ponerte algo más de abrigo papá -Le aconsejé. Pues me entraban escalofríos de ver que sólo portaba una simple camisa, que aunque era de mangas largas, se veía muy fina.- ¿O no te has dado cuenta de la nevada? -Bromeé.

    - No hace falta. En cuanto me ponga a trabajar por aquí entraré en calor -Me decía mientras ya cogía sus guantes de trabajo de la estantería donde se encontraban todos sus útiles de trabajo. - Gracias por darles de comer -Le sonreí- Ya puedes irte.

    - ¿Irme? -Cuestioné confusa, después de adelantarme para darles el desayuno a los Pokémon siempre le ayudaba con las demás tareas hasta la hora de comer.

    - Sí, no hace falta que me ayudes hoy, ¿o no te has dado cuenta de la nevada? -dijo devolviéndome mi propia broma. - Hoy no los sacaremos al campo, de modo que no hay mucho que hacer, puedes irte con Poochyena al pueblo si quieres. Deberías hacer amistades Chiyoko.

    Y ya empezamos nuevamente. Vivimos un poco apartados del pueblo y como consecuencia no voy apenas y por supuesto no tengo más amistad que la de Poochyena. Mi padre se preocupa demasiado en este tema, realmente no me hacen falta más, soy feliz de la forma en la que estoy viviendo. Pero él se empeña en que debería tener amigos. Creo que empezó a presionarme en este tema cuando mamá murió hace ya siete años. Fue un duro golpe, y desde entonces hace lo posible porque no esté sola, esa fue la razón para que un año después de aquello me regalara a Poochyena por Navidad.

    - Déjalo papá -Y con esto le dediqué una mirada tranquilizadora.- Daré un paseo de aquí al pueblo -Y corrí hacia la puerta del granero seguida de mi pequeño amigo.- Pero no creo que llegue a entrar.- Dije sonriéndole antes de cerrarla, resignándole con mi acto.

    Me pareció que había dicho algo justo cuando cerré que seguro habría sido un <ten cuidado> o algo así, lo típico que te dicen los padres. Salí de los dominios de mi familia y cogí el camino que llevaba al pueblo. Menos mal que la nieve había sido apartada del camino, seguramente por el quita-nieves esta mañana mucho más temprano de lo que yo me había levantado. De modo que pude caminar normalmente, pero siempre con cuidado de no pisar una placa de hielo con la que pudiera resbalarme. Poochyena no perdió el tiempo y empezó a corretear por todos lados. A veces se adelantaba a la nieve acumulada a un lado del camino, otras se quedaba rezagado oliendo alguna cosa y otras simplemente seguía mi ritmo y caminábamos juntos. Me encantaba verle jugar; era mi mejor amigo.

    A la izquierda del camino podía observar un extenso campo de pasto, obviamente cubierto de nieve por todas partes. Y a la derecha, el pequeño bosque que cubría todo ese lado hasta llegar al pueblo. Los árboles desnudos con pequeños montones blancos en los huecos de sus ramas -y cayendo continuamente de ellas- y el viento recorriendo cada lugar entre los troncos, haciendo con ello un sonido un poco desagradable, me hicieron sentir unos débiles escalofríos que esta vez no tenía nada que ver con el frío.

    Poochyena estaba varios metros por delante de mí en aquel momento. Cuando se escuchó una especie de rugido dentro del bosque, mi mirada, obviamente, se posó en los árboles. Moví el cuello arriba, abajo, derecha e izquierda, tratando de ver algo en su interior. Entonces me giré hacia mi amigo justo a tiempo de verle internarse rápidamente. Me quedé atónita, el jamás había salido corriendo de aquella manera. Corrí hacia la cerca de madera por la que él, gracias a su reducido tamaño, había atravesado por debajo.

    - ¡Poochyena! -Le llamé- ¡Vuelve!

    Pasaron unos segundos angustiosos en los que no obtuve respuesta. Mi corazón iba tan deprisa que parecía que se me salía del pecho. Porque si bien el bosque era muy tranquilo y rara vez alguien se había perdido en él, también estaba ese extraño rugido que había tronado por todos los árboles. Quizás podría ser un Pokémon nada contento, y Poochyena era tan pequeño… La angustia me pudo, y me decidí a saltar la cerca. Por suerte solo me llegaba a la cintura y no tuve problemas para hacerlo.

    Pronto me di cuenta de que caminar entre los árboles era muy dificultoso. Mis pies se hundían en la nieve que me llegaba casi hasta las rodillas y mojaban mis vaqueros azules, pero aun así continué. Pude ver las visibles huellas que había dejado mi amigo -aunque más que huellas había dejado marcado su cuerpo entero a causa de su pequeño tamaño en contraste a la alta nieve- y las seguí sin problemas.

    Avancé varios metros, miraba hacia atrás de vez en cuando, no quería perder de vista la cerca, lo menos que quería era perderme, aunque lo cierto es que eso era relativamente difícil. Sentía que mis pies cada vez se hundían más, cuanto más me internaba, mas profunda era toda esa nieve. De repente algo obstaculizó mi caminar y caí de cara en la fría nieve. Eché un vistazo a mis pies y pude ver una gran raíz de algún árbol, objeto con el que había tropezado al estar oculto bajo la nieve. Me levanté despacio. Ahora que había hecho contacto con el blanco suelo, mis ropas estaban empapadas, un viento invernal me recorrió todo el cuerpo, si no encontraba a Poochyena me daría una pulmonía o algo peor.

    - ¡Poochyena! -Volví a llamarlo.

    Al principio, silencio absoluto, segundos después escuché unos ruidos entre los árboles. Ilusionada, corrí -o caminé medianamente deprisa- hacia el foco del sonido. Nada más esquivar un árbol situado frente a mí, me encontré de golpe algo que me hizo caer de nuevo al húmedo suelo. Frente a mí, un enorme Mithyena se veía entre nervioso y enfadado. El pánico se apoderó de mí al verle mostrar sus brillantes colmillos y escuchar sus gruñidos, ambas cosas dirigidas hacia mí. Sin embargo, repentinamente mi querido Poochyena apareció a mis espaldas y se interpuso entre yo y su mayor.

    - ¡Poochyena! -Grité por tercera vez. Esta vez entre alegría y miedo al verlo plantar cara contra algo que podía pulverizarlo.

    - ¡Alto! -Una voz desconocida para mí se mezcló entre los gruñidos del fiero Pokémon.

    Rápidamente el Mithyena cesó sus amenazas y se alejó de nosotros caminando tranquilamente, lo seguí con la mirada hasta que paró frente a alguien del cual no me había percatado hasta ese momento. Me daba la espalda y se encontraba acariciando al que supuse era su Mithyena como si hubiera ganado un premio y estuviera muy orgulloso de él. Me levanté como pude y cogí en brazos a mi Pokémon asegurándome de que no había sufrido ningún daño, una vez me tranquilicé, alcé la cabeza, sólo para encontrarme de que aquel chico, que apenas me superaba en edad, me estaba mirando…. A saber por cuanto tiempo.

    No dijimos nada por unos minutos, nos quedamos mirando el uno al otro silenciosamente. Me empezó a cabrear, ni siquiera se había disculpado o preguntado si su querido Pokémon me había dañado. El viento se levantó un poco más fuerte y tanto mis cabellos castaños como los suyos color nieve se alborotaron. Su mirada frenó completamente mi intento de reproche por lo sucedido. Parecía totalmente ausente, casi parecía que ni me estaba mirando, sólo observaba un infinito perdido en sus pensamientos. Aunque obviamente sus ojos gélidos estaban clavados en mí.

    -------------------------

    Espero que les haya gustado, pronto lo seguiré. ^^
     
  2.  
    Mr Fey

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    Re: Mirada de hielo.

    ¡El hombre de las nieves!

    xD ok no, ese es el vendedor que pasa por mi casa anunciando Esquimales LOL.

    Melody:*0*: Manita.

    Hace mucho que no te habia visto postear aqui, ya sabes que a mi me gustan tus fics y este tambien.


    :)Amé la narración en primera persona, aunque debes buscar algunos sinonimos LOl porque aveces repites varias palabras, xD nah pero eso tambien me pasa a mí.

    Me enamoré perdidamente del chico raro(L), con sólo saber su color de pelo y sus ojos me doy cuenta que es un pan caido del cielo.

    Ya, me emocióno. :oNadamas no quiero que lo termines en tragedia e.e porque siempre que hacen algo que sea en temporada de invierno, siempre termina triste o alguien se muere D:
     
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