Mi Primer Amor

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Alisse Madness, 20 Mayo 2014.

  1.  
    Alisse Madness

    Alisse Madness Maestre

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    Escritora
    Título:
    Mi Primer Amor
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2377
    Hola!!!!!

    Hace ya mucho tiempo que no publicaba una historia y les traigo esta que fue basada en un personaje que cree para el rol de Gladiadores, algunos de ustedes ya conocen la "primera parte" por asi llamarlo, lo que no, si les interesa, pueden visitar mi blog, ahi publique una biografia de Sebastian "La historia de mi gladiador", puede que haga mas comprensible esta historia. Quiero agradecer especialmente a la persona que me ayudo a Betearlo @Nami Roronoa Bueno que lo disfruten.



    Me encontraba trabajando como de costumbre, martillaba el metal caliente para moldear aquella espada con la que había estado bregando durante mucho tiempo, era el arma más perfecta que había elaborado.

    —¡Sebastián! Atiende a este cliente, yo iré a entregar unos pedidos con el jefe —me gritó Santiago mientras los veía alejarse; dejé de hacer mi labor dando un suspiro, colocando la espada en un balde con agua. Caminé hacia la entrada mientras me limpiaba con un trapo las manos.

    —¡Bienvenid.. —me interrumpí de inmediato al ver a una chica muy hermosa.

    —Escuché que en este lugar fabrican las mejores armas en toda Roma —me dirigió en cuanto me vio acercarme con una voz tan fina pero con un tono que reflejaba su aspecto.

    —Por supuesto —le respondí algo nervioso pues su belleza me había dejado impactando.

    —Estoy buscando una espada…

    Me sorprendió demasiado escuchar esas palabras de la boca de una mujer, normalmente las chicas que llegan a este negocio eligen una daga o un arco. Le asentí con la cabeza y me di la vuelta sacando del mostrador un paquete que contenía tres esapadas, las cuales había hecho hace tiempo.

    —Elige la que más te acomode —le dije, apoyando mi brazo en una mesa cercana mientras la observaba atentamente; sus rasgos eran perfectos, tenía un aspecto de rudeza, su piel era blanca, sus ojos de un rojo sangre y sus cabellos estaban largos hasta las rodillas y con un color negro profundo.

    Sonreí un poco mientras sostenía una de las armas, repentinamente ella volteó a verme y se dio cuenta de que la estaba viendo, creí que me golpearía como a todas las chicas que veo, pero no, mi sorpresa fue que igual me sonrió.

    —Creo que me llevaré esta, aunque no estoy muy convencida —habló después de aquel gesto dejándome cinco monedas de oro en el mostrador, pues es lo que costaba,

    —Si no te sientes a gusto con esa puedes volver mañana y elegir otra —finalicé el negocio mientras veía como me asentía con la cabeza y salía del negocio—. Que chica más peculiar… —me dije mientras volvía al trabajo.

    Al día siguiente ella estaba parada justo en el mostrador; Santiago no estaba presente por lo que yo fui a atenderla nuevamente.

    —Supongo que no te gusto y viniste a cambiarla —le dije con un son algo bufón.

    —No, no es eso, realmente es hermosa lo que pasa es que es algo pesada para mí —me respondió algo seria.

    Volví a mostrarle otras tres espadas, las cuales eran más ligeras que la que ella tenía ahora.

    —Ya sabes, elige la que quieras —comenté, y no pude evitar observarla de nuevo; esta vez tenía un vestido tan corto que me dejaba apreciar sus piernas, estaban tan bien desarrolladas y torneadas. No tenía malas intenciones, sólo me gustaba apreciar la belleza de una mujer y en especial de ella. Volvió a darse cuenta, bajé la mirada rápido a lo que ella soltó una pequeña carcajada.

    —Esta vez me llevare esta —me dijo pagándome otras cinco monedas dejándome sorprendido pues se supone que se la cambiaria, se dio cuenta de mi reacción—. La estoy comprando, como te dije me encantó, es preciosa, nunca había visto una como esto…

    Continuó sonriéndome para después retirase. Me ruboricé levemente porque nadie nunca había apreciado mi trabajo

    —Ya sabes... vuelve si no te agrada —fue lo único que pude articular mientras la seguía con la mirada hasta que la perdí de vista.

    ¿Qué me está pasando? Sólo es una chica... volví al trabajo sin sacármela de la mente, continué elaborando mi espada especial. Ya había pasado unas cuantas horas y la noche había caído, creo que era hora de dormir. Alcé la mirada limpiándome el sudor de mi frente y pude ver a una persona encapuchada justo en frente de la calle, observándome, me quede viéndola por un momento tratando de identificar quien era pero no tuve suerte.

    —Sebastián ya es hora de descansar —me interrumpió Santiago, haciendo que fuera a mi habitación agotado.

    Al día siguiente, la misma chica volvió con el pretexto de que esta espada que se había llevado estaba demasiado larga. Volvió a comprarme otra diferente, yo seguía observándola, el día siguiente lo mismo y la semana restante, al igual que la aparición de aquel encapuchado, todas las noches estaba ahí observando como trabajaba.

    Era un Martes por la mañana y ella estaba ahí nuevamente, Santiago había salido a negociar junto con el jefe, por lo que la atendí nuevamente, mi nerviosismo había aumentado demasiado al verla, pero ¿por qué? ¿Qué me está pasando?

    —Quiero la mejor espada que tengas —expresó, pero esta vez más seria. De momento me vino a la mente aquella espada en la que estaba trabajando toda esta pesada semana.

    —Pues si la quieres tendrás que demostrarme que eres digna de portarla —le dije entre carcajadas, recargándome en el mostrador.

    —Pues me parece justo —me respondió sin pensarlo aunque sea un segundo. Se recargó también contra aquel mostrador, regalándome una sonrisa haciendo que se acelerara mi corazón de lo cerca que estaba.

    Le pedí que me siguiera después de unos minutos observando su bello rostro de cerca. Salimos por una puerta trasera, la llevée a un pequeño campo de entrenamiento en donde Weaver, el dueño del negocio, nos entrenaba a Santiago y a mí.

    —Vaya, no sabía que una tienda como esta tenía algo así, debo admitir que estoy sorprendida —comentó la chica explorando el lugar con la mirada mientras caminaba, únicamente volteé levemente viéndola de reojo contestándole con una risilla. Después fui al lugar donde se encontraban nuestras espadas de madera…

    —Piensa rápido —le grité, aventándole mi espada, ella hizo un movimiento que me dejo en ascuas—. Que chica… —expresé en silencio.

    —¡En guardia! —me ordenó la muchacha, colocándose en posición de ataque.

    —Te aviso que yo no tendré piedad solo porque eres una mujer —hablé mientras me quitaba la camisa para mayor comodidad.

    Fijó su mirada sobre mis ojos, por un breve segundo me perdí en ese rojo vivo, esos ojos divinos y ardiente hacían que me distrajera fácilmente.

    —Pon atención —me interrumpió con un ataque que no vi venir, apenas y me dio tiempo de poner mi espada de madera frente a mí para bloquear.

    Ella se encontraba riendo y aproveché su defensa baja para atacar, ella también hizo un movimiento parecido al mío, improvisado. Ambos nos soltamos a carcajadas, continuamos entrenando hasta el atardecer entre sonrisas, chocábamos nuestras espadas una y otra vez, parecía un juego de niños.

    No podía evitar ver cada detalle de ella, esos ojos tan profundos. Ese rostro tan celestial y esa hermosa sonrisa que me enloquecía, mi corazón se aceleraba al ver cada uno de sus rasgos tan perfectos y definidos.

    En uno de los golpes la empujé alejándola un poco de mí. Ella reaccionó de inmediato y se echó a correr, la vi acercándose a mí, ya no lo soportaba más, solté mi espada y la recibí en mis brazos, la abrace como nunca lo había hecho con nadie ni mucho menos a una mujer.

    —Lo… lo siento, fue un impulso... —le susurré al oído sin dejar de estrujarla. ¿Qué rayos era lo que estaba haciendo? Realmente sólo fue un impulso repentino porque ni siquiera lo pensé, ¿qué es este sentimiento que me inquieta tanto?

    Tenía un sentimiento raro sólo cuando estaba con ella, no conocía su nombre siquiera, de dónde venía o si estaba comprometida. Es definitivo, estaba enamorado de ella, me gustó desde el primer día en que la vi.

    Fui sacado de mis pensamientos cuando ella soltó igualmente la espada y correspondió mi abrazo. Levantó sus brazos apretando mi espalda, un escalofrió recorrió mi cuerpo debido a que la sentí sin mi camiseta, pero luego pude apreciar el calor de sus manos tan suaves, mi corazón se aceleró aún más.

    —Tu... tu corazón... está latiendo dema… demasiado… —me dijo apoyando su oído en mi pecho tratando de escucharlo. Me sonrojé al escuchar y sentir que se apuntaba en mi pecho, ninguna chica lo había hecho antes.

    —¿Cuál es tu nombre? —continuó hablándome, nunca me habían preguntado mi nombre con tal interés como lo hacia ella, ciertamente a ninguna mujer le interesaba.

    —Se… Sebastián —apenas articulé, sin dejar de abrazarla, seguía sin entender este sentimiento al que llaman amor, me tenía como un idiota, pero se sentía bien.

    —Sebastián… —repitió mi nombre en casi un susurro y me abrazo más fuerte—. Mi nombre es Elena —continuó ella. Mi asombro seguía presente, era la primera chica que me decía su nombre sin que se lo pidiera.

    —Igual que mi madre —era de esperarse, una mujer tan perfecta merecía llevar ese nombre.

    Elena levanto su rostro, estaba a solo un centímetro del mío.

    —Te amo. Sebastián.

    No podía creer lo que mis oídos acababan de escuchar ella se puso en puntas y me robó un beso. ¿Podía acaso mejorar esto? Seguía incrédulo de que hubiera una mujer así, que me amara y no me corriera a patadas, todo de ella me enamoraba, caí rendido a sus pies con aquel acto, yo le correspondí, fue realmente largo y muy diferente a los que yo robaba, pues todos eran de asco y repulsión, pero este era tierno y dulce, sus labios se sentían cálidos y carnosos, sentía que mi corazón se iba a salir de mi pecho.

    —¡Sebastián ya estoy aqu… —gritó Santiago entrando al lugar y quedándose absorto por lo que descubrió.

    —Bueno, entonces mañana paso por mi encargo —completó Elena, separándose de mí muy apenada y saliéndose rápidamente del negocio.

    — ¿Pero qué acabo de ver? —reaccionó Santiago, rodeándome el cuello con su brazo.

    —No es nada —le respondí zafándome mientras daba unos pasos, tan ruborizado que mi cara estaba completamente roja.

    —Vamos hermano, te conozco bien, pude sentir el amor —me respondió algo bufón obligándome a contarle todo. Di un pequeño suspiro al terminar de relatarle los hechos.

    —No me digas que le darás tu espada —dijo sorprendido a lo que me quedé sin palabras y solo agache la mirada—. Ay hermano, lo que te hace el amor… —continuó, dándome un par de palmadas en la espalda.

    Toda la noche me esforcé al máximo por terminar esa espada pensando sólo en ella. Quedaba solamente agregarle los últimos detalles, en el mango tenía una especie de trenzado para hacerla manejable y que fuese difícil que se resbalara, en el cuerpo puse una franja delgada que la dividía por la mitad junto con un grabado especial, era un poco larga pero cómoda, como toque final grabe nuestras iniciales en pequeño.

    La metí en su funda que estaba hecha de piel y rotulado con su nombre y la envolví con una manta.

    —Por fin está terminada —pronuncié, dejándola en mi mesa de trabajo. Sentí esa mirada otra vez, giré la cabeza y ahí estaba el encapuchado una vez más, seguí ignorándolo y me fui a dormir.

    Al día siguiente le pedí a mi jefe que me dejara trabajar en el mostrador pues estaba esperando a un cliente en especial para entregarle su encargo. Al principio le sonó raro pues sabía que odiaba estar ahí pero acepto sin problema.

    La mañana se me hizo eterna pues la ansiedad por verla me consumía vivo, pero la espera eventualmente terminó. Al verla entrar completamente sonrojada mi corazón volvió a acelerarse.

    —¿Tienes lo que te pedí? —me preguntó, acercándose al mostrador, a lo que yo le sonreí y le di mi espada. La desenvolvió con mucha cautela y la sacó de su funda poniéndola en alto; sus ojos brillaron al ver semejante espada.

    —Nunca había visto una así —expresó con asombro mientras la recorria con sus dedos.

    —¿Te gusta? —le cuestioné con curiosidad.

    —Me encanta —respondió con una gran sonrisa, después dio un par de golpes al aire—. Además es perfecta para el combate, justo como lo imaginé —continuó y después de unos segundos reaccionó, realmente se veía muy contenta—. ¿Cuánto te debo? —concluyó sacando una bolsita con monedas de oro.

    Después de todas esas espadas que había adquirido no planeaba pedirle nada pero…

    —Dejémoslo en diez monedas —interrumpió Santiago, apareciendo de la nada y tapándome la boca para impedir que protestara.

    — ¡Vaya! ¿Hablas en serio? —sorprendida del precio se expresó entregándonos el doble de lo que Santiago le había propuesto—. Acéptalo por favor, pude ver reflejado en esa espada todo tu esfuerzo desde que la empezaste hasta esta noche —terminó dándose la vuelta para irse.

    Pasaron dos semanas desde entonces, y Elena no volvió a la tienda. Curiosamente, tampoco volví a ver a aquel misterioso encapuchado que solía aparecerse por las noche.

    Ciero día, asesinaron a mi jefe Weaver por no querer comenciar con los troyanos, muchos conocen ya esa historia. Santiago y yo los emboscamos pero fui capturado, y posteriormente vendido como esclavo. Ese día… ese condenado día… me amordazaron y me subieron a una carreta. Santiago intentó alcanzarme, despidiéndose y prometiéndome que me sacaría de allí. La carreta dio vuelta en cierta calle y perdí de vista a mi amigo.

    En ese momento, pude ver a una persona encapuchada que nuevamente me observaba detenidamente. Cuando pasó la carreta frente a dicho encapuchado, éste alzó una asombrosa espada… la espada que yo había creado…

    —Elena… —susurré sin quitarle la mirada.

    Ella bajó la mirada, señaló al lugar donde había visto a Santiago antes de que la carreta volteara, y alzó finalmente la voz.

    —¡Nosotros te ayudaremos, te lo prometo! —esto último lo dijo con los ojos llorosos a lo que yo me levanté en mi lugar y me despedí de ella llevando dos dedos a mi frente y alentándolos al aire. Sin duda, nos volveríamos a ver...


    Bueno eso es todo, porfavor no se olviden Comentar su punto de vista bye.
     
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  2.  
    warrior

    warrior Entusiasta

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    continualo por favor estan muy bueno
     
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  3.  
    Alisse Madness

    Alisse Madness Maestre

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    tratare, lo que pasa es que lo saque del rol de gladiadores, al parecer ha terminado asi que, cumplire tu peticion ^^
     
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