Mírame a los ojos

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Rebellious Mind, 9 Agosto 2013.

  1.  
    Rebellious Mind

    Rebellious Mind Nefilimm

    Virgo
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    20 Mayo 2013
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    Escritora
    Título:
    Mírame a los ojos
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    2829
    El despertador sonó ruidosamente.

    Una mano masculina se movió torpemente por el buró, tratando de apagarlo, logrando al final que el aparato cayera estrepitosamente al piso, provocando un sonido aúnmás molesto.

    Un joven castaño produjo un quejido de molestia mientras se tallaba los ojos.

    Ataviado solamente por un bóxer, el muchacho se levantó de su cama King size con pereza, se dirigióal baño para ponerse una bata y así salir de la habitación sin provocar suspiros y cuchicheos entre las sirvientas.

    La casa era especialmente lujosa.

    Ubicada a las afueras de Manhattan, la mansión Thorne, era una de las casas más lujosas y ricas entre las 10 que existían en Estados Unidos.

    El joven magnate, salió apresurado, solo luciendo una bata de baño color beige.

    El helado piso de mármol no le causó molestia alguna. Llevaba años caminando descalzo sobre ese suelo, nadie jamás le había reprendido por eso.

    Más bien, nunca nadie le había reprendido por nada.

    Bajo por las escaleras. Se sintió máscómodo al pisar las alfombras turcas que la adornaban. Poco tiempo después se dirigió a la cocina.

    Como siempre, el comedor estaba vacío. A excepción por un lugar en el otro extremo del comedor.

    Un plato con huevo y hotcakes recién preparados le esperaba. El joven de ojos miel se sentó con rapidez, tenía bastante hambre.

    Una sirvienta, muy hermosa para los ojos del magnate, se acercó con timidez a donde el muchacho se encontraba.

    --Buenos días, Mr. Dylan—dijo la sirvienta, esperando la autorización del joven Thorne para seguir hablando.

    -- Buenos días Glaze, dime, que te trae por aquí—pronunció el joven de manera educada y seductora, esa sirvienta le gustaba mucho. Lo malo era que se mostraba bastante difícil.

    La sirvienta se sintió nerviosa ante las palabras del joven castaño. Trago saliva y siguió con su mensaje.

    --el joven Sam ha llamado. Dijo que tendría que ir a la oficina lo más antes posible, el nuevo socio no tardará mucho en llegar—Dylan asintió mientras saboreaba y observaba discretamente los grandes atributos de la sirvienta. Le indico que se marchara, no sin antes dedicarle un leve guiño.

    << Este joven no tiene remedio>> Pensó Glaze mientras que con paso apurado se dirigía a la cocina.

    El joven DylanThorne era hijo del súper magnate de negocios y multimillonario Mr. AlecThorne.

    Pero cuando el hombre murió, quien quedo a su cargo fue su único hijo de 29 años de edad. Desde entonces, su empresa, Golden corps. Company, había sido de las más exitosas de todo el mundo.

    Sin embargo, el noble joven de ojos miel y cabello castaño, se había vuelto un tipo arrogante, rompe corazones y mujeriego codiciado por todas las mujeres de Nueva York. Pero el solo se molestaba en seducir a las más hermosas para después acostarse con ellas y abandonarlas desnudas a media noche después de conseguir su “ premio mayor”.

    Dylan se levantó sin terminar su desayuno. Realmente la noticia del nuevo socio lo había apurado. No tenía tiempo de terminarse todo, así que solo se comió una pequeña porción de los hotcakes y el huevo.

    En su habitación lo esperaba su vestimenta. Pudo haberse lucido con un vestuario de las mejores marcas que pudo haber habido, aun así, se vestía demasiado sencillo.

    Unos ajustados pantalones Levis, que marcaban a la perfección sus muslos y trabajadas piernas. Una camisa Givenchy color azul pastel, y un saco MássimoDutti de un tono caqui.

    Salió disparado. Pasando sin importancia por el hermoso camino que lo llevaba a su cochera.

    En esa bodega había al menos 14 auto móviles, prácticamente carísimos. La mayoría eran BMW, Chevrolet y unos cuantos Volkswagen.

    Escogió finalmente el camaro plateado que había al fondo, era de los mas sencillos, pero sinceramente el favorito del castaño.

    --Dylan, 20 de Enero de 1984—dijo el castaño. El camaro quito el seguro de sus puertas, dejándolo entrar. Ese sería un duro día.

    La muchacha observaba por la ventanilla como, poco a poco, iban aterrizando en el aeropuerto de la ciudad de New York, al sur de Manhattan.

    --Queridos pasajeros, ya pueden desabrochar sus cinturones. Tengan cuidado al bajar y disfruten su estancia en “la ciudad que nunca duerme” —

    La azabache caminó de forma elegante, tratando de no arrugar su traje al pasar entre la gente.

    Lucía un hermoso traje negro, con falda lisa y saco a juego. El saco llevaba unos bordes blancos en las mangas para hacerlo resaltar.

    Los tacones no eran un estorbo, total, no eran muy altos. Su estatura era simplemente perfecta para una joven empresaria de 26 años.

    Stella Seawney. Una hermosa mujer. Cabello color negro azabache. Piel blanca, pero no pálida y ojos color azul verdoso con débiles líneas negras, que la hacían parecer un hada. Un fenómeno de la naturaleza.

    Según su padre, ese día tendría que reunirse con el hijo del magnate de negocios, AlecThorne.

    A ella no le hacía gracia tener que estar a las órdenes de un hombre. Nunca se había dejado manipular. En su vida se había enamorado o ilusionado.

    <<Los hombres son como una bola de plastilina, si eres inteligente, podrás moldearlo a la forma que tú quieras>> Pensó la joven azabache mientras bajaba las escaleras del avión.

    --¡Vaya díamás hermoso! ¡Sí que tuvimos suerte!—exclamó un turista que se encontraba al lado de ella.

    Stella miro al cielo, que se encontraba azul, casi del color de sus ojos. Esbozo una sonrisa leve mientras miraba las formas de las nubes esponjosas. Bajó la mirada y miró el reluciente Ferrari que tenía ante sus ojos. Según su padre, ese sería su premio por haberle ayudado en el trabajito. Después miró sonriente al turista que se encontraba a su lado, afirmando el comentario que había dicho con anterioridad.

    --Sí, señor—afirmo la azabache sonriente—sí que tenemos suerte—

    La ciudad de New York, era una selva hecha de cemento.

    Gracias al cielo, el joven castaño no se había metido en un embotellamiento. Para llegar al rascacielos de Golden corps. Company, debió haberse tardado al menos una hora. Sinceramente, al joven Thorne, la ciudad se le hacía exasperante.

    Estacionó el Camaro en frente del edificio de la empresa, de todas maneras, nadie podría entrar.

    La sede de la empresa era un rascacielos muy alto, más que los otros edificios. Eso le hacía sentirse orgulloso al joven castaño.

    Dylan entro por la puerta giratoria con su clásico porte de galán por si se le cruzaba algunaque otra secretaria, pero solo se acabo encontrando a la solterona recepcionista.

    Una mujer de 50 años de edad. Cabello negro, pero no natural, porque ya se notaba demasiado las repintadas que le daba a su cabello con tal de ocultar las ya evidentes canas. Su carácter era especialmente amable, todo lo contrario que decía su masacrado rostro.

    --Buen día, Hazel—dijo Dylan con amabilidad, borrando el tono seductor de su voz.

    --Buenos días, joven Dylan. El joven Sam lo está esperando en su despacho—avisó la mujer mientras escribía algo en la computadora.

    Dylan asintió. Camino, como hacia usualmente todos los días, hacia el ascensor que se encontraba al fondo del umbral. Desde pequeño había acompañado a su padre en la empresa, y le gustaba patinar en ese piso lustroso color plateado. Pero ya no tenía tiempo, no se podía andar con inmadureces.

    El ascensor se abrió. Adentro se escuchaba la melodiosa música de “truly” tocada por Lionel Richi. El mismo había solicitado que se escuchara en los ascensores, pues era su canción favorita. Apretó el botón del último piso y espero a que llegaran a su destino.

    Afuera del despacho se encontraba Samuel Brooks, un rubio de ojos verdes, esbelto y bonachón. Su mejor amigo y sin duda su vicepresidente. Se dieron un cordial abrazo de saludo y entraron al despacho.

    Una acogedora oficina. Con un escritorio no muy moderno hecho de cedro rojo, tallado a mano. Una silla giratoria de cuero muy cómoda, tanto, que podrías pasar la noche ahí. Un pequeño refrigerador acomodado en un hueco del estante lleno de libros que tiene al lado del escritorio y un ventanal gigante como fondo, que le permitía ver quien entraba a la empresa a la hora que quisiera.

    --Preparado para conocer a tu próximo socio amigo—dijo Sam mientras jalaba una silla para sentarse frente al escritorio del joven Thorne. Este sonrió de manera segura mientras él también tomaba asiento.

    -- Claro, mas que preparado— explicó Dylan mientras tamborileaba sus dedos contra el escritorio. Brooks se levanto de su asiento para dirigirse a la computadora, donde se veía todo por las cámaras de seguridad. El rubio dejo escapar un grito de asombro.

    --¡Madre de Dios!—exclamó el muchacho totalmente asombrado, con una sonrisa de gusto en el rostro.

    --¿Qué pasa?¿Te has vuelto loco?—le reprendió el castaño por haber causado tanto ruido. El castaño se levantó a ver que sucedía con su amigo. Entonces, al mirar lo que pasaba abajo se quedó igual de boquiabierto.

    Una hermosa mujer de cabello color azabache se acababa de bajar de un Ferrari rojo.

    ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

    Stella se bajó con elegancia de su nuevo Ferrari, luciendo sus largas piernas blancas. Abrió la cajuela para sacar su portafolio y se quitó los lentes de sol. Miró hacia arriba, observando con curiosidad la cámara de seguridad que la grababa fijamente. Esbozo una sonrisa de suficiencia, al parecer alguien estaba disfrutando de su belleza.

    Caminó con seguridad hacia la puerta giratoria, divisando rápidamente a la recepcionista que había del otro de la puerta. Sacó de su cartera su identificación para no tener problemas con la mujer, que a juzgar por su rostro, parecía una amargada total. La empresa, tenía un aire ejecutivo, pero no frio, si no acogedor. La azabache sonrío ante aquel agradable ambiente.

    --Buenos días, señora—dijo Stella amablemente, para no provocar el mal genio de la mujer—soy Stella Sweaney, me gustaría hablar con el señor Thorne—

    --Buenos días pequeña—respondió la mujer, amablemente. La azabache se sorprendió demasiado por su forma de reaccionar—En seguida le digo al señor Thorne para que confirme su visita—

    La mujer, tecleó varios números en un teléfono inalámbrico que tenía al lado. Se sorprendió al ver que le respondían muy rápido.

    --Señor Thorne—Dijo la mujer al teléfono—Una señorita…--

    Entonces la mujer fue interrumpida.

    --Déjala pasar, Hazel. La hemos estado esperando—Respondió una voz de un joven al teléfono. La recepcionista asintió.

    Hazel sonrió a la azabache, permitiéndole el paso a la empresa. Stella caminó a paso elegante hacia el único elevador que había en la recepción. A la mujer le pareció algo anticuado para un conglomerado internacional, pero no causaba gran problema.

    Entró al elevador, apretando con impaciencia el botón para cerrar las puertas. No le gustaba compartir espacios cerrados con nadie. Había tenido suficientes experiencias que no quería volver a vivir.

    Tenía 14 años de edad.

    Todos los días ayudaba en la empresa de su padre después de la secundaria. Para ese entonces, Stella ya era una muchacha hecha y derecha. Seductora miraras donde miraras.

    Su padre le había encargado llevar una correspondencia a el último piso, donde se encontraban los altos cargos de la empresa. Cuando estaba en el elevador, a mitad del recorrido, entró un hombre de al menos 50 años de edad; la muchacha en su vida lo había visto.

    Sintió peligro desde el momento en que el hombre empezó a mirarla, sin hablar. Se maldijo mil veces por haberse puesto shorts y camisa como atuendo; pudo haberse puesto simplemente un pantalón de mezclilla.

    Un piso tras otro, nadie entraba en el elevador. El hombre se acercaba más y más conforme el tiempo trascurría. La muchacha estaba en peligro.

    Una mujer terminó por subir al elevador en el antepenúltimo piso. Dejo escapar un grito de sorpresa al ver lo que estaba ocurriendo.

    El hombre de 50 años tenía a Stella contra una pared, metiéndole una mano en el brasier y tratando de quitarle el pequeño short. La muchacha lloraba del pánico, sollozando e implorando que la soltara. Seguridad llegó rápidamente al elevador. Su padre se encargó de que ese depravado terminara en la cárcel.

    Pero su joven hija jamás fue la misma. Terminó odiando a cualquier hombre que no fuera su padre. No tuvo novios y cualquiera que se atreviera a tocarla podría darse por muerto.

    El elevador se cerró por completo, tranquilizando a la azabache. Apretó el botón del último piso y espero a que finalizara su recorrido. El rascacielos sí que era grande y alto. Su empresa en Seattle era más pequeña, pero no menos importante.

    Piso tras piso, la paciencia de la muchacha se agotaba. Esperó 5 minutos, estaba a punto de bajarse del elevador, cuando por fin llegó al último piso.

    Había varios despachos, pero ninguno como el que tenía frente a ella. La mayoría tenía las ventanas con vidrio esmerilado, pero el despacho presidencial parecía estar herméticamente cerrado.

    Le dio tres golpes a la puerta con los nudillos. A los pocos segundos abrieron la puerta, mostrando al joven magnate. Dylan no podía creer lo que veía. Parecía que tenía en frente a la misma afrodita.

    La mujer que lo había venido a ver tenía una belleza única, jamás había visto a alguien igual. Ni siquiera la sirvienta Glaze podría compararse con ella.

    --Buenas tardes señorita—El joven castaño extendió la mano amablemente, como saludo—DylanThorne, para servirle—

    La bella mujer sonrió amablemente, estrechando la mano con delicadeza contra la del castaño. El joven se estremeció con tan solo ese leve contacto.

    —Stella Sweaney—la azabache sonrió—creo que usted ya sabe del asunto del que he venido a hablar—

    Dylan sonrió, sin ponerle demasiada atención al asunto. Tal vez podría conseguirse una cita con aquella mujer o podrían tener una pequeña velada en una suite. El castaño estaba perdido en sus pensamientos, tanto, que ni siquiera se había dado cuenta que la azabache lo miraba extrañada.

    --No, exactamente no—el castaño le devolvió la sonrisa—pero estoy a sus órdenes, Stella—

    A la mujer se le hizo extraño que el magnate no recordara la reunión de negocios que su padre había preparado desde hacía meses. Sonrió con sutileza, decidió aclararle la duda al castaño.

    --Soy la hija de Joe Sweaney—Le explicó Stella. El castaño abrió los ojos como platos, estaba muy sorprendido.

    Joe Sweaney habia sido el mejor amigo de su padre, hasta el momento de su muerte. El joven había ido varias veces a la empresa y jamás había visto a tal mujer. Además, Mr. Sweaney, no era un hombre apuesto. Esa no podía ser su hija.

    --Me está jugando una broma pesada, ¿verdad?—preguntó el magnate con una sonrisa juguetona en el rostro. A la azabache le disgusto aquel comentario.

    --No, soy la vice-presidenta de la empresa multifuncional de mi padre—la muchacha cambio su faceta amable a una seria, decidida—él se encuentra muy enfermo así que yo he venido a remplazarlo—

    El castaño casi escupe de la sorpresa. La azabache lo miro con reprobación, frunciendo el ceño. El castaño volvió a sonreír, divertido. No creía que una mujer tan femenina pudiera manejar una empresa tan importante.

    --Lo siento, señorita Sweaney—dijo el castaño—pero no creo que una mujer tan bella como usted pueda manejar cargos tan grandes—

    Stella miró a su socio con desprecio. Era de esperarse; los hombres nunca creen en la capacidad de las mujeres.

    --Pues, lamento decirle—la azabache frunció el ceño—que yo si soy apta para eso—

    El joven rubio que estaba atrás de la mujer estaba atónito. Jamás había visto a una mujer tan decidida. Al castaño le empezaba a caer mal la joven Sweaney. Las mujeres prepotentes eran de mal gusto para él. Stella miraba al castaño con desagrado, estaba decidida, el contacto visual se había convertido en una guerra mental.

    --Necesito un despacho, Señor Thorne—ordenó la azabache con altanería y sonrió—si no es molestia—

    El castaño tenía ganas de lanzar por la ventana a la hermosa empresaria. Terminó aceptando sus propuestas.

    --Samuel, llévala a su despacho—El blondo asintió. La azabache se levantó de forma elegante y salió del lugar, dejando al castaño con una mueca de desagrado y asombro.

    Mala suerte. En la empresa no existían las escaleras.

    El miedo que sintió la azabache al entrar al elevador con el rubio, fue igual de parecido que aquella vez cuando tenía catorce años. Sin embargo, el rubio parecía respetuoso. Su mirada estaba llena de respeto.

    La azabache estaba hiperventilando, sentía pánico. Entonces, las puertas se abrieron. El blondo sonrió con amabilidad, saliendo del elevador. La azabache lo siguió con desconfianza.

    Siguieron por el ancho pasillo hasta llegar al fondo del lugar. Al parecer ese era su despacho.

    Una puerta de cristal esmerilado con ventanas de las que solo se puede ver en el interior. Parecía una sala de interrogatorios.

    El blondo abrió la puerta para dejar pasar a la nueva socia. Esta entró, dándole las gracias con una simple sonrisa, para después cerrar el despacho de un portazo en las narices de Brooks.
     
  2.  
    Josef Barbera

    Josef Barbera Artista sin talento

    Cáncer
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    14 Octubre 2010
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    298
    Pluma de
    Escritor
    esto es muy parecido a cualquier comedia romantia generica de WB, tiene varios cliches de las comedias romanticas como:
    -Una mujer en el mundo de los hombres
    -La chica con el trauma romantico
    -El galan cabronazo

    Desde este punto es bastante notable que el galan de la trama va a cambiar su horrible actitud para agradarle a la chica y ayudarla a superar su trauma y ser todos felices. Espero que puedas darle un vuelco interesante a la trama para que superes a las comedias romanticas de WB.
    Por el lado narrativo colocas demasiados puntos aparte y los usas en reemplazo de las comas.
    Espero que no te desanimes y sigas escribiendo, estare atento a la continuación
     

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