Los Vigilantes

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por jkhgferyu, 19 Enero 2013.

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    jkhgferyu

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    Título:
    Los Vigilantes
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    2516
    Iniciación.
    “Como vigilantes y personas, todos pasamos por alguna iniciación en una oportunidad. Solo debes confiar en ti mismo, y creer… Creer que se puede llegar más allá, y creer en que tus compañeros creen en ti. Muchas veces, cuando inicias algo, no puedes terminarlo, pero si lo intentas, podrás decir que eres una gran alma…”
    -Joe Lynch.

    Una nueva jornada comenzaba en la secundaria de Tolopesevaalci, las vacaciones de verano ya habían finalizado hace un par de días, y tanto maestros, como alumnos ya estaban listos para ingresar plenamente a los estudios.
    Algunos venían muy cargados y renovados para comenzar el año, otros estaban listos para intentar superarse, otros solo querían hacer de las suyas y ganar popularidad, y otros… Bueno otros… No sabían qué propósito cumplir…
    ―¡Señor Aarón, despierte, las vacaciones se acabaron! ―gritó el profesor de matemáticas en el oído de Aarón. Éste se despertó abruptamente y se golpeó contra el rostro del maestro.
    ―”¡Es un idiota, fenómeno, ve a dormir a casa!” ―fueron algunas desaíras que se escuchaban entre las risas burlonas de todo el salón.
    Aarón Cox, desde la escuela primaria se caracterizó por ser muy dormilón y holgazán.
    Este sería su primer año en la secundaria, y si bien era un chico muy amigable y alegre, ante los chicos que se burlaban de él, se mostraba muy cerrado y alejado, por lo que todos veían en él, una oportunidad para aprovecharse; quitándole el dinero del almuerzo, empujándole, y al pasarle por encima.
    Por suerte para Aarón, no todos en su clase eran iguales. La chica que se sentaba a su lado, a pesar de ser tímida y callada, se notaba buena persona…
    ―Oye… Disculpa que te interrumpa… ―Le murmuró Aarón a la chica en medio de la clase.
    ―Creo que tengo algo que se te verá bien ―terminó de decir mientras sacaba de su bolso, una rosa de color rojo… La había cortado en el camino a la escuela para guardarla dentro de un libro.
    La chica sin decir nada, solo veía a Aarón, quién cortó la flor, y la puso en el pelo de la chica, sobre su oreja.
    ―¿Ves? Mucho mejor… Por cierto, soy Aarón Cox, un gusto. ―Dijo Aarón fijándose en que la chica por demás tímida, seguramente no se tenía confianza.
    ―Mi… Mi nombre es Paris… Paris Larrivey… Mu… Muchas gracias por la flor Aarón… Pero… No se me verá linda… Yo no lo soy… Respondió sonrojada Paris, quitándose el adorno de su cabello…
    ―De acuerdo… Pero deberías hacerme caso… En fin, vi que en la clase anterior los chicos te molestaron tanto como a mí… Puedes quedarte conmigo y te protegeré si quieres. ―Dijo Aarón con una confiable sonrisa.
    ―¿De… Verdad? Gracias, eres el primero… El primer chico que es tan bueno conmigo… ―Respondió tímidamente la chica, volviendo a enfocarse en la clase.
    A pesar de conocer a alguien con quién compartir, esa misma dura tarde de primer día de clases, un chico de su curso se acercó a él junto a un grupo de mujeres y hombres.
    ―¡Oye Cox, respóndeme una pregunta! ¿Por qué eres tan idiota? ―preguntó el chico que era más alto que él, burlándose en su cara. Los demás chicos solo le apoyaban riéndose.
    ―No lo sé Travis… Dímelo tú… ―Respondió Aarón, bajando la mirada ante quien simplemente se mostraba superior a él.
    Los demás chicos comenzaron a sofocar el ambiente proclamando una pelea entre el brabucón y Aarón.
    ―Cuando te refieras a mí, deberás referirte como “Señor Travis”, ¿entendiste fenómeno? ―respondió Travis dándole un pequeño golpe con el dedo índice, justo en el pecho.
    Aarón solo se dio media vuelta y se dispuso a retirarse a su casa.
    ―¡Hey! Óyeme, ven aquí, no he terminado de amaestrarte… ¿O es que acaso no tienes dinero para lavarte los oídos? De seguro es eso… Tu familia es pobre ―dijo Travis, justo antes de ser empujado varios metros atrás por Aarón, quien lo mandó a volar con una sola mano. Haciéndolo estrellarse contra un casillero.
    ―”¿Qué diablos fue eso?, vámonos de aquí, ese fenómeno está endemoniado” ―se escuchó entre los seguidores de Travis, antes de que todos se dispersaran, corriendo de Aarón.
    “¿Qué ha sido eso? Jamás había mandado a volar a nadie así con esa fuerza” pensó Aarón antes de ser interrumpido por una grave y fuerte voz.
    ―”Has sido escogido, Aarón Cox. Se te ha asignado una misión a la cuál pocos tienen el privilegio de llegar. Un nuevo comienzo para ti, y un nuevo futuro para toda la humanidad en cuestión.
    Por favor, Aarón, haznos el favor de dar un paso adelante para comenzar la iniciación, y no olvides… Tu misión… Descubrirás pronto cuál es tu misión” ―indicó la voz que parecía provenir del techo de la secundaria antes de detenerse.
    ―¿Quién dijo eso… De qué misión habla… Es usted profesor Matís, dónde está? ―respondió desorientado el joven de cabellos azabaches, viendo como de un momento a otro, todo el pasillo de la escuela se oscureció, como si todas las luces se hubiesen apagado al mismo tiempo, y al unísono, todo el ruido de las conversaciones ajenas y de los alumnos caminando desapareció… Aarón fue llevado a un espacio no conocido y no habitado, a la nada misma, en donde la oscuridad era lo único que se distinguía.
    “¿Pero qué pasa aquí… Estaré soñando? De seguro volví a dormirme en clases…” Pensaba Aarón tratando de encontrar explicaciones… Primero una voz en su cabeza, y de pronto aparece en una habitación oscura y silenciosa…
    ―Escúchame muchacho ―dijo un señor de edad avanzada, de piel morena y cabello corto, quien repentinamente apareció frente a Aarón.
    ―Te hemos escogido… Posees un gran poder, Los Vigilantes te dan la bienvenida, y esperamos que tanto tu valentía, al igual que tu honor y fidelidad estén de nuestro lado. Una gran misión te ha sido encomendada, sabrás más detalles en lo que denominamos “El Acto”, y te deseo suerte… Por ahora no puedo decirte más…
    De pronto, la oscuridad comenzó a aclararse. Por alguna razón, Aarón sentía la brisa del viento… El señor de tez morena desapareció, y en un abrir y cerrar de ojos, nuevamente el chico se encontraba en un lugar diferente… Esta vez, se trataba de una especie de parque, pero no se veía nadie en los alrededores, y solo se podía escuchar el soplido del viento.
    “¿Qué ha sido todo eso… A caso habré estado delirando?” se preguntaba Aarón tratando de sacar conclusiones, examinando todo su cuerpo, hasta darse cuenta que en vez de su habitual atuendo, llevaba un extraño traje de color negro, muy ajustado y a la medida.
    ―Vaya, veo que al fin te han mandado chico… Mi nombre es Joe, Joe Lynch. Soy el general del Escuadrón Sur… Aunque por desgracia, ya no queda escuadrón, por lo que solo somos tu y yo muchacho ¿tu nombre es Aarón, cierto? ―terminó preguntando Joe, un hombre de casi dos metros, cabello castaño similar al de Aarón, y de ojos rasgados, quién se sentó en el piso a beber de un extraño líquido azul, mientras le hablaba al desconcertado chico, que sin enterarse aún de lo que pasaba, solo le miraba extrañado.
    Sin dar tiempo a Aarón para decir nada, una gigantesca bestia apareció frente a ambos.
    Su inmensidad le hacía parecer una bestia irreal y feroz. Tenía dos alas con las que volaba no muy alto, enormes y afiladas garras, y unas gigantescas mandíbulas con feroces colmillos.
    Todo su cuerpo estaba cubierto de una extraña sustancia líquida, y sus ojos, rojos y endemoniados, se posaban sobre el chico que recién llegaba.
    La enorme criatura se abalanzó sobre sus dos contrincantes, que vestían los mismos trajes, ensartando sus garras en el piso.
    Antes de que esto pasara, y con una velocidad inhumana, Joe tomó a Aarón en brazos, y lo alejó del peligro.
    ―Verás muchacho. Algo muy grande esta por pasar, y necesitamos reunir a todos los espíritus vigilantes que podamos… Tu nivel de energía es enorme, el más grande que haya visto en mucho tiempo, pero tu alma es joven, recién tiene quinientos años de edad, por lo que dominar todo tu poder te será complicado… Aun así, la necesidad de la situación nos ha hecho reclutar a todos los vigilantes que podamos, entre ellos, tú. Aarón, desde hoy en adelante, serás parte de los vigilantes de todo el mundo vivo y espiritual, desde hoy estarás sobre la ley y sobre el poder inimaginable, con la misión de hacer perdurar a la estirpe humana… Desde hoy, eres un Vigilante. ―Concluyó Joe, posando una mano en el hombro de Aarón.
    ―¿Pero, qué es eso, y éste traje qué… Se supone debemos combatir contra éste monstruo? ―respondió muy desconcertado el joven Aarón, pero antes de recibir cualquier contestación de Joe, el enorme demonio atrapó en sus colosales manos a ambos, aprisionándolos como pequeñas ratas, sin darles salida alguna.
    ―¡No hay tiempo para preguntas, debes pensar en una explosión y estirar tus brazos hacia adelante! ―gritó Joe, al sentir la presión del cuerpo de la bestia cayendo sobre sus garras.
    ―¿Y eso para qué? ―contestó Aarón, muy alterado, sin duda sentía que todo lo que pasaba era real, pero los nervios y la impresión lo tenían inmovilizado y casi temblando de miedo.
    ―¡Solo hazlo! ―Respondió Joe, con una voz muy rígida, fiándose en que Aarón aún no se hacía la idea de que en cualquier momento, el enorme demonio podría matarlos.
    Aarón, sin más, estiró sus manos e imaginó en su mente una explosión; dos automóviles colisionando de frente, y las llamas que posteriormente se generarían.
    Mientras imaginaba esto, su cuerpo le daba una extraña sensación que jamás había sentido. Podía sentir cómo un excepcional cosquilleo bajaba desde su cabeza hasta sus manos, y como su espalda se enfriaba… Percibía como una extraña brisa recorría sus extremidades, y un chirrido aumentaba su volumen poco a poco.
    Al abrir sus ojos, pudo ver como una extraña energía de color celeste, chispeante igual que la electricidad se acumulaba en sus manos, al mirar al lado para ver a Joe, se percató que estaba sucediendo lo mismo con él.
    ―¿Qué sucede? ―le preguntó Aarón al general Joe, asombrado y asustado al mismo tiempo.
    ―Lo haremos estallar ―le contestó golpeando las manos de Arón con las de él, formando una tremenda explosión, producto de las dos energías colisionantes, como si dos polos opuestos chocaran.
    Un enorme rugido se escuchó en cada rincón de lo que parecía ser una ciudad abandonada.
    La mano de la bestia se hizo pedazos debido a la tremenda explosión, pero tanto Joe como Aarón, lograron escapar a toda velocidad, saliendo ilesos.
    ―¡Malditos Vigilantes, los acabaré, te acabaré bastardo, a ti y a ese chiquillo entrometido, tal y como lo hice con todo tu escuadrón! ―gritaba entre dolorosos quejidos el demonio, viendo como su mano derecha explotó en cientos de sangrientos pedazos.
    ―Escúchame Aarón, hay mucho que debes aprender, pero si quieres sobrevivir, te daré un par de consejos rápidos. Jamás lo mires a los ojos, nunca te quedes parado frente a él, y trata de volar lo más alto que puedas, el muy desgraciado pesa tanto, que con suerte puede despegarse del piso ―concluyó Joe, que sin duda tenía una basta experiencia luchando contra ese tipo de bestias.
    ―Pero yo… ―Hizo una pausa Aarón, tratando de hacerse la idea de en lo que estaba metido. ―No tengo idea de qué esté pasando aquí… Tal vez esté soñando… O tal vez no… Pero si esa cosa dijo que mató a tus compañeros… Está mal… No tengo idea de qué haré, pero trataré de ayudar en todo lo que pueda… Supongo que para volar, debería imaginar un avión o algo que pueda flotar, ¿no?
    ―Así es, aprendiste rápido… Veo que es verdad lo que se rumorea de ti… Pero en fin. Así como imaginaste una explosión para generar un estallido, imagina algo que vuele para poder despegar del piso, solo concéntrate. Intentaré distraerlo mientras tú dominas la técnica. No hay mucho tiempo, asique… Date prisa. Yo solo no podría acabarlo, y tu ayuda, por pequeña que sea, me serviría mucho ―culminó Joe, antes de salir volando a toda velocidad para enfrentar al demonio en lo que sin duda sería una batalla desigual.

    “Veamos… necesito volar, por lo que imaginaré… Un avión… Va cruzando el océano… Estoy mirando por la ventana y… Hay muchas aves, de todos los tamaños y colores, volando alrededor… Vamos a toda velocidad… Se puede ver por la ventana el viento y las nubes, miro hacia abajo, y veo diminutos puntos y muchas elevaciones… ¡Son las casas que se pueden apreciar desde tan alto!” pensaba Aarón. A lo lejos, podía escuchar quejidos, rugidos, y el sonido de golpes. Joe estaba peleando contra esa bestia…
    Al abrir los ojos, el chico de cabellos azabache estaba unos metros elevado del piso, pero sus nervios por todo lo que ocurría le jugaron en contra y le hicieron caer abruptamente al piso, lo que le hizo fracturarse su brazo derecho.
    Su estruendoso gemido de dolor por la fractura llamó la atención del demonio que se encontraba a metros de él…
    ―¡El mocoso! Ya veo… Con que me estabas distrayendo… Pero ahora iré por él ―dijo la bestia, haciendo a un lado a Joe, para disponerse a volar a toda velocidad hasta la posición de Aarón.
    ―Es tu fin chiquillo, aprenderás a no meterte con los del clan Negro ―murmuró el demonio, saboreando en su mente, la carne fresca y joven de un chiquillo desprotegido que pronto degustaría… Aprovechando que se encontraría desprotegido, y aprovechando su ingenuidad, el demonio engulliría a Aarón de un solo bocado, acabando con su vida.

    Continuará…
    [Próximo Capítulo: El Poder de Uno]
     
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    Thunder Dragneel

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    Hola, hola.

    Me gusta esta historia, me encantan las historias de este tipo, son mis favoritas. ¿Cual será la misión que Aarón tendrá que llevar a cabo? Ya quiero saberlo, y también quiero saber quienes son esos del ''Clan Negro'', espero el próximo capítulo.
    En cuanto errores, te faltaron algunas tildes en algunos puntos determinados, y pues, no noté más. n.n

    Avísame cuando tengas el capítulo dos, estoy ansioso por saber qué pasará ahora.

    Nos vemos, un gusto leerte.
     
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    jkhgferyu

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    Pues supongo que todo se irá desvelando a medida que avancen los capítulos. *-*
    Gracias por leer. ^^
     
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  4.  
    jkhgferyu

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    Los Vigilantes
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    2407
    El Poder de Uno.
    “La misión de un guerrero no es ir a cada batalla a matar y ganar. La verdadera misión de un guerrero es ir sin miedo a todas las batallas, levantarse cada vez que lo golpeen, y volver sin miedo a encarar.”
    -Rita Hunno.

    Mirando la puesta de sol en el horizonte, se podría haber concluido rápidamente en que todos los hechos comenzaron aproximadamente a las cinco de la tarde del mismo día lunes, primer día de clases en la secundaria.
    Intentando recordar; todo comenzó luego de ese encontrón con Travis y los demás chicos alborotadores en el pasillo de la secundaria…
    Una extraña sensación de ira dominó a Aarón, y se imaginó mandando a volar a Travis de un golpe, cosa que en menos de lo que pudo darse cuenta, había logrado realizar.
    “Pero, ¿de dónde saqué ese poder, y porqué justo en éste momento ha pasado todo… Y Paris, cómo estará? Bueno, ahora no es momento de ponerse a pensar… Por suerte logré esconderme entre estos escombros antes de que esa bestia pudiera verme… Me pregunto cómo estará el general Joe…” Pensaba Aarón, viendo con angustia su brazo lesionado, que con suerte podía mover sin ser atacado por el padecimiento al tener un hueso roto en el peor momento que podría esperar.

    Joe sin perder tiempo, se deslizó hasta la posición de Aarón, sin dejar que el demonio se percatase. Estaba muy ocupado buscando a su próxima víctima, podía sentir como su energía era más suculenta que la de Joe, por lo que le dio más prioridad.
    Los Vigilantes necesitaban planear algo para atacarle por sorpresa y tener más probabilidades de ganar la desigual batalla entre humano y demonio gigante.
    ―Aarón, soy yo, tranquilo ―murmuró en voz baja Joe, acercándose por atrás de Aarón, casi a rastras, entre los escombros que hacían un perfecto escondite desde el aire.
    ―General Joe… ¿Qué sucede, acaso ya ha acabado todo? ―respondió Aarón, quién claramente daba a entender que desearía estar en la escuela antes que en ese lugar.
    ―Ojalá fuese así… El muy bastardo es más duro que una roca… Pero mira, tengo un plan. Los de su especie serán muy fuertes, pero si te diste cuenta, son muy lentos. Saldré ahora mismo a atacarlo por la espalda… Una vez que lo haya atacado de sorpresa, saldrás volando en silencio, y le darás el golpe de acierto. Solo tendremos una oportunidad, por lo que no puedes fallar. Deberás volar y darle con una explosión de energía.
    ―De… De acuerdo… Lo intentaré… ―Respondió Aarón, tratando de encontrar valentía y fortaleza en lo más profundo de su ser, sabiendo que sería muy complicado y confundido por todo.
    “Tal vez no se haya dado cuenta… Pero si fallamos esta vez, no tendremos una nueva oportunidad… Mi poder está muy bajo, y si llego a morir, él…” Pensaba entre sí Joe, viendo a Aarón concentrarse, tratando de creer en lo que hacía.
    ―Como vigilantes y personas, todos pasamos por alguna iniciación en una oportunidad. ―Decía en voz baja Joe. De algún modo, trataba de darle confianza a Aarón, en las mismas palabras que recibió él al unirse a Los Vigilantes. ―Solo debes confiar en ti mismo, y creer… Creer que se puede llegar más allá, y creer en que tus compañeros creen en ti. Muchas veces, cuando inicias algo, no puedes terminarlo, pero si lo intentas, podrás decir que eres una gran alma…
    Joe se dispuso a salir al encuentro del demonio, preparado para su último movimiento.
    ―En resumidas cuentas joven Aarón… Solo cree en tu propio poder… Hazle caso a un servidor. Debes creer en el poder de uno… Como Vigilante debes creer en tu poder, y derrotar a todo aquel que se haga llamar tu oponente… No olvides que morir, morir sería jugarle una traición a quienes dependen de ti ―proclamó el general Joe Lynch, para luego dar marcha al plan.

    Mientras tanto, surcando los aires, el demonio continuaba la insaciable búsqueda, guiado por el poderoso aroma, lleno de vitalidad y energía de Aarón, y por la sangre de Joe, que pretendía probar a toda costa.
    ―Ven aquí muchacho… Solo quiero matarte y devorar tus poderes… ―Murmuraba el demonio, mientras sobrevolaba los escombros donde momentos atrás había visto a Aarón.
    ―¡Oye infeliz, te olvidas de mi! ―gritó Joe a las espaldas del demonio, encarándole de sorpresa.
    ―Mi nombre es Resto, maldita escoria humana, y los únicos infelices condenados a morir son ustedes, Los Vigilantes ―respondió el demonio que se hacía llamar “Resto” del clan Negro, tratando de clavar sus afiladas garras en el cuerpo del general.
    Aprovechando esto, Joe tomó de su enorme mano izquierda a Resto, y luego de cerrar los ojos, generó una tremenda explosión que dejó malheridos a ambos.
    De pronto, el joven Aarón, salió disparado a toda velocidad por los aires, ante la sorpresa tanto del demonio, como de Joe.
    ―¡Mírenme, puedo volar! ―gritaba con entusiasmo el chico de cabellos color azabache, mientras el viento golpeaba a toda velocidad su rostro.
    Por los aires, unas vueltas y trucos completamente alocados daban a entender el ánimo de Aarón por haber logrado despegarse del suelo, además de su habilidad, por controlar de inmediato el vuelo.
    ―¡Idiota, no descuides tu guardia! ―advirtió Joe, sin resultados, pues el enorme demonio, “Resto”, salió de entre los escombros por la potencia de la anterior explosión, y disparado a toda velocidad contra Aarón, mandó volar a éste último con un fuerte golpe.
    ―Malditos humanos… Ya me han causado suficientes problemas. No permitiré que ustedes, Vigilantes inferiores, sigan interponiéndose en los planes de nuestro Clan. ―Proclamó Resto, antes de ir en persecución de Aarón.
    ―¡No, Aarón! ―gritó Joe al ver cómo el joven había sido envestido con mucho vigor por el demonio que lo superaba en al menos cinco veces su tamaño.
    ―¡Ven aquí infeliz, aun no acabo contigo! ―gritó Joe, lanzando una patada cargada de energía a Resto, quién ni si quiera se inmutó al recibirla, casi como sin sentirla.
    El demonio se volteó hacia Joe y con una frívola mirada hizo recorrer en el cuerpo del vigilante, una sensación que hace mucho no sentía… Aquellos escalofríos que solo recordaba de sus días de novato en los vigilantes, y que por primera vez en mucho tiempo, le hacían recordar el temor a la muerte…
    Por intentar ayudar a Aarón, olvidó una de las muchas reglas que se manejaban entre los vigilantes: Nunca mirar a los ojos a un demonio... Se dice que todo aquel que se atreva a mirar los rojos ojos de un demonio, verá la muerte, será tan profundo el miedo que sentirá en su cuerpo, que quedará petrificado, inmovilizado del terror.
    ―No eres nada, vigilante… Tu miserable vida termina aquí y ahora… ―Fue lo único que pronunció Resto antes de atravesar el abdomen de Joe con una de sus enormes y afiladas garras, destrozando todos los órganos internos del general.
    Por un segundo, el silencio se apoderó del mundo… La muerte había llegado hasta quién menos lo pensaba. El mismo general del Escuadrón Sur había sido derrotado, y al parecer la misión a estas alturas ya habría fracasado.
    “Todo ha llegado a su fin… He fracasado en mi labor… Traicioné a todos… Merezco la muerte…” Fue lo único que pensó Joe, al mirar su abdomen y ver como éste era atravesado por una larga garra, negra como el carbón, y con restos de sangre sin limpiar, de seguro no era el único que moría en manos de ése demonio y de esa forma.
    ―Tu silencio lo dice todo, vigilante. Desde un principio sabía que morirías en mis garras, desde que pronunciaste la primera palabra… Supe que tu destino era morir ante mí… Gracias, por concederme el placer de acabar con tu patética existencia. ―Dijo Resto, marcando claramente un tono de sarcasmo, acercando sus enormes mandíbulas al vigilante moribundo.
    Ante el silencio de su contrario, el demonio solo abrió la boca, y se preparó para engullir aquel debilitado cuerpo humano.
    Antes de que el cuerpo de Joe entrara en las enormes mandíbulas del demonio, una enorme explosión en la espalda de Resto hizo que soltara al vigilante y lo dejase caer al suelo desde tal altura.
    ―Oye… ¿No empezarás el banquete sin mi, verdad? ―preguntó Aarón con una irónica sonrisa en su rostro.
    Su cuerpo se mostraba exhausto y las heridas que tenía, demostraban que la envestida que le proporcionó Resto lo mandó a volar muy lejos. La velocidad y potencia con la que fue atacado lo hicieron chocar a la distancia con uno de los muchos edificios derrumbados de ese lugar, provocando en él, múltiples lesiones en su endeble cuerpo.
    ―¡Mocoso, aún estas con vida, a pesar de tener un brazo lesionado y estar casi agonizando de dolor! Pero descuida… Ya hice el favor de acabar con ese idiota… Ahora lo haré contigo. Uno a uno irán cayendo Los Vigilantes, hasta que mi clan quede al mando de toda la orden. ―Dijo Resto sacudiendo sus enormes alas.
    ―No tengo idea de qué diablos hablas, pero te equivocas… Mi misión… He descubierto mi misión… ¡Mi misión es aniquilarte! ―gritó exaltadamente Aarón, casi olvidándose de Joe… Quizá su sentido de la justicia ahora estaba por sobre sus emociones, estaba ciego de ira. ―Yo terminaré contigo demonio, y pagarás por lo que has hecho… Porque… Porque yo soy… ¡Un vigilante!
    Aarón voló contra Resto, lanzando un puño cargado de energía, el cual, para sorpresa del demonio, le hizo mucho daño, moviéndolo de su lugar, y dejándolo casi sin aire.
    ―Pequeña sabandija, tal parece que has aprendido a utilizar tu poder en poco tiempo, pero no debes olvidar que soy muy superior a ti ―dicho esto, Resto se desvaneció en el aire, y desapareció.
    “¿Qué es esto… A caso se ha ido… Me habrá temido?” pensó Aarón, pero para su inmediata respuesta, un fuerte corte rozó su hombro izquierdo. Se trataba de una garra del demonio… Sin duda se había hecho invisible y estaba atacando al joven vigilante.
    ―Ya aparece demonio… Aparece ¡y pelea como debe ser! ―pedía desesperadamente Aarón, tratando de localizar un objetivo invisible.
    ―Tu patética muestra de ignorancia me hace mucha gracia… Pero claro, vigilante. Aun eres muy joven, pero solo por capricho, antes de matarte, te contaré que… Los de mi clan somos únicos… No tenemos muchas habilidades especiales, pero, a cambio de eso, podemos restaurar nuestra salud… No nos volvemos invisibles… Simplemente, fusionamos nuestra materia con la oscuridad, al estar en éste estado, nuestro cuerpo se recupera completamente, y dentro de unos minutos, cuando mi cuerpo esté como nuevo, volveré a materializarme automáticamente, en otras palabras, tengo un par de minutos para acabar contigo mientras no me ves, y si no lo logro, pues, al terminar estaré como nuevo, y la muerte de tu amigo, los otros cuatro vigilantes, y todo el esfuerzo no habrá valido la pena… ¿Qué me dices pequeño vigilante... Divertido, no? Aprovecharé la oscuridad y la baja luminosidad de la puesta de sol, ya que lamentablemente en este mundo no tenemos anochecer… Pero de todas maneras me ayuda… ―Terminó entre burlonas carcajadas el demonio, sabiendo que tomaría una enorme ventaja sobre su joven contrincante.
    ―Bastante divertido. ―Irrumpió una voz femenina que apareció en un abrir y cerrar de ojos al lado derecho de Aarón.
    Se trataba de una mujer, de unos treinta años de edad, de cabellos blancos y con el mismo traje ajustado de Joe y Aarón.
    ―Ya has hecho suficiente chico, es hora de que descanses ―dijo la mujer mirando de reojo a Aarón.
    ―Vaya, pero si es, la comandante Hunno… No esperaba que más sabandijas se atreviesen a venir, pero, mejor para mí… Aún tengo hambre.
    ―¡Ya cállate demonio! ―gritó la comandante Hunno, estirando sus manos al cielo.
    De un momento a otro, el sol volvió a brillar como en plena tarde… Repentinamente, y a la orden de Hunno, el clima cambió brutalmente.
    La figura del demonio Resto se hizo visible nuevamente debido a la ausencia de oscuridad que proporcionaba el atardecer, y sin desaprovechar ni un segundo, la comandante se abalanzó sobre el demonio, proporcionándole patadas y golpes recargados de energía, que le provocaban un enorme daño.
    “Ella… ¿Es la comandante?… Pero si Joe era general, ella es… Ella es más fuerte aún… Su poder es increíble…” Pensaba Aarón, mientras veía pasmado, como la capitana Hunno acababa con el demonio que tantos problemas le había traído a él y al general Joe.
    ―¡Señorita Uno, cuidado! ―gritó Aarón al ver como el demonio apareció rápidamente en las espaldas de la comandante luego de un momento de desatención, preparado para clavar sus garras.
    La comandante se giró rápidamente, y de una patada brillante, de color celeste, mandó a volar al demonio lejos.
    ―Mi apellido es Hunno, Rita Hunno, con “H”, chiquillo mal criado ―contestó la mujer de cabellos blancos, quién aparentaba tener poca paciencia y un carácter frívolo y directo.
    Su llegada fue tremendamente oportuna… Al menos para Aarón… Para el general Joe Lynch, ya era demasiado tarde. Inevitablemente murió en manos del demonio Resto.

    Continuará…
    [Próximo Capítulo: Falsa Traición]
     
  5.  
    jkhgferyu

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    21 Septiembre 2011
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    Título:
    Los Vigilantes
    Clasificación:
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    Ciencia Ficción
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    2403
    Falsa Traición.
    “Ser alguien importante y lleno de respeto en la vida no depende de ti, depende de dónde vengas y cómo vengas. Tarde o temprano pierdes el honor y el respeto, y al perderlo, dejas de ser importante.”
    -Resto Negro.

    El terror, el pánico, las penas, podían sentirse en el aire. Aire especialmente contaminado y recargado de dolor y angustia… Podía sentirse de sólo respirar la tensa atmósfera…
    Según dicen las historias de aquellos guerreros de mil batallas. De aquellos vigilantes que han acudido a mil combates, y han regresado con vida… En el aire se pueden sentir las penas y el dolor sentido por todas aquellas personas muertas a manos de un demonio…

    Rita Hunno, comandante del Escuadrón Sur… Su llegada repentina significó para Aarón, más que un amparo, un rayo de luz.
    Su poder, se dio a notar de inmediato, superando con creces a aquella bestia come hombres llamada “Resto”, pero aun así, viendo aquellos oscuros ojos, frívolos, sin expresión, por la mente del joven Cox no dejaban de pasar preguntas sin respuestas, las cuales, viendo todo lo sucedido, sabía no era el momento de exponer…
    ―Sé lo que estas pensando, Aarón Cox. ―Irrumpió la voz de Hunno, tras advertir que se encontraba bajo la atenta y estacionaria mirada del chico. ―Hace muchos años… Yo era una joven llena de sueños y esperanzas para el futuro… Recuerdo que cursaba el último año de la secundaria, pero no me sentía llena… A pesar de que tenía las mejores calificaciones de la clase, y ya tenía una beca en una universidad, había algo en mí que todas las noches me quitaba el sueño, y durante el día me inquietaba...
    Una fría noche de invierno, salí a comprar a la tienda que estaba en la esquina, solo a un par de cuadras de mi casa. Mi padre llegaría por fin de su largo viaje por Ghana, se encontraba encabezando una campaña por los desprotegidos, por lo que mi madre estaba preparando una gran cena sorpresa.
    Al acercarme a la tienda, vi a un hombre parado en la puerta de entrada.
    La lluvia lo tenía empapado de pies a cabeza, su traje color marrón y su sombrero estaban completamente mojados… Él simplemente, estaba allí, como si no tuviese nada más, ni adonde ir… Me acerqué a la entrada, sin darle mayor importancia, pero pensé que sería un gesto amable ofrecerle mi paraguas mientras yo estaba dentro. Al mirarle a la cara, me di cuenta que se trataba de mi padre… Tenía en su boca un cigarrillo a medio encender, pero… Estaba petrificado… Mirando hacia dentro de la tienda, quizá, ni se dio cuenta de mi presencia.
    Antes de que pudiese decirle cualquier cosa, su cabeza estalló… Frente a mi… En ese entonces tenía dieciocho años recién cumplidos… Vi como una bala le atravesó el cráneo.
    Resulta que un sujeto estaba dentro de la tienda en la que mi padre había comprado sus cigarrillos antes de llegar a casa.
    Ese tipo mató al dueño, al ayudante, y a las cinco personas que se encontraban dentro…
    Recuerdo que el tipo se me acercó, me dio un chocolate y escapó en motocicleta.
    Desde ese día, desde el día en que llegué a convertirme en vigilante, me juré a mi misma, que nunca más dejaría que hubiese maldad en el mundo… A esto me dedico, ésta es mi vida… A lo que quiero llegar con esto Aarón Cox, es que debes darte cuenta, de lo que significa ser un vigilante… Aún no lo entiendes, estoy segura, y aún tienes muchas preguntas sin respuestas, pero pronto sabrás la verdad.
    Así como Joe Lynch tropezó… La misión de un guerrero no es ir a cada batalla a matar y ganar. La verdadera misión de un guerrero es ir sin miedo a todas las batallas, levantarse cada vez que lo golpeen, y volver sin miedo a encarar. ―Terminó la comandante, alzando su mirada para ver las oscuras nubes, reflejando por primera vez en mucho tiempo, una sensación de nostalgia y empatía con el pequeño, que sonrió amistosamente para asentir, sin saber qué decir, pero teniendo en claro cada palabra de lo escuchado.

    El demonio, por su parte, no estaba desaprovechando la oportunidad de ver la guardia baja de su nueva contrincante, por lo que el movimiento a realizar sería una pieza importante en su nuevo plan para acabar a ambos vigilantes por completo.
    Sin vacilar más, y usando la poca energía que quedaba en él, lanzó desde el interior de su mandíbula, un pequeño colmillo, utilizándolo como proyectil para clavarlo en la espalda de Hunno.
    ―¿¡Pero qué es eso!? ―vociferó la comandante, al sentir repentinamente el fuerte pinchazo del colmillo en su espalda.
    ―Eso, mi querida comandante, es mi última jugada. Lo he dejado para el final como todo buen truco… Tomaré posesión de tu mente… Acabarás con el chico mientras yo recupero mi salud por completo. ―Respondió Resto, riéndose deliberadamente. ―Y ahora, acércate súbdita… Te entregarás por completo a mis órdenes y a mis propósitos, cumplirás mis demandas y caprichos.
    Tras recitar las palabras ya mencionadas, la comandante Hunno se vio rodeada de un aura negra… El color de sus oscuros ojos cambió a un intenso color rojo… El color característico de los demonios, y su fuerte pero femenina voz, cambió a un tono más agudo y doblegado, como si dos personas hablaran al mismo tiempo dentro de ella… Se podía atender esto, pues una macabra sonrisa se dibujó en su rostro, acompañada de malévolas carcajadas como las de Resto.
    ―¿¡Pero qué sucede aquí!? ―exclamó Aarón muy exaltadamente. ―Y el cielo… está comenzando a oscurecerse nuevamente… Eso significa que… No puede ser… ―Terminó murmurando temerosamente, percatándose de las intenciones del demonio.
    Resto tomó posesión del cuerpo de Rita Hunno… Lo usaría para combatir a Aarón, mientras él, nuevamente intentaría sanarse aprovechando la luz del sol… Se trataba sin dudas, del plan perfecto para él.
    ―Hay que aniquilar al niño ―dijo Resto. ―”Aniquilar al niño…” ―Repitió Hunno, con la macabra voz adquirida, dando cuenta de que su voluntad ahora le pertenecía al demonio y no a ella.
    Sin más preámbulos, y tras unos minutos de silencio absoluto, Hunno voló a toda velocidad al encuentro de Aarón, y de un puñetazo en la cara, lo dejó inmediatamente mal herido dando cuenta de la enorme diferencia de poder entre ambos vigilantes. Así fue como comenzó la tarea encomendada por Resto.

    Los golpes provenían de la comandante, que sin dar tregua, lanzaba repetidos puñetazos y patadas cargadas de energía contra su joven rival.
    Aarón, presurosamente, bloqueaba lo que podía, dando cuenta del enorme poder de Hunno.
    Cada golpe que recibía en su antebrazo, el cual usaba para protegerse, generaba un inmenso dolor, pero por algún motivo, podía sentir como el traje lo protegía de cierto modo, sentía como los golpes eran amortiguados.
    ―¡Por favor, reaccione señorita Hunno, él la está utilizando! ―gritaba Aarón, haciendo lo posible para que la comandante entrara en razón, lo que resultaba ser inútil, estaba entregada a las órdenes del demonio.
    ―Es inútil, vigilante. Ella ni si quiera puede oírte, es más… De seguro ni te reconoce… Ella ésta bajo mi poder… ―Expuso Resto, ya oculto e invisible, observando cada movimiento de su designio.
    Sin previo aviso, Hunno dio un fuerte puñetazo en el torso de Aarón, lo que lo mandó a volar a toda velocidad contra el suelo, impactando fuertemente desde las alturas.
    Una espesa nube de polvo se formó debido al fuerte impacto de Aarón en la tierra.
    ―Pero… ¿Qué se supone debo hacer? Estoy solo… Ella es mucho más poderosa que yo… Y dentro de poco el demonio estará totalmente repuesto… ―Susurró Aarón, antes de sentir como alguien tomó su brazo… Seguro se trataría de Hunno que lo encontró entre la nube de polvo que imposibilitaba la visión.
    ―Estoy aquí joven Cox ―solo indicó la voz que provenía de entre la nada… Se trataba de Joe, aún seguía con vida después de todo.
    ―¡General Joe, sigue vivo! ―Exclamó Aarón, totalmente ilusionado al divisar a Joe... Sus esperanzas habían regresado junto con él.
    ―Si… Pero no te emociones… Estoy acabado… El maldito me atravesó todos los órganos… Pero tengo un plan, pequeño…

    Mucho tiempo estuvo invisible entre la nube de polvo el joven Aarón, que contra las intenciones de Resto por acabar pronto con esto, parecía que trataba de huir.
    El demonio, usando como su títere encarnado a la comandante del Escuadrón Sur, hizo que la mujer de pelos grises, creara una fuerte tormenta con sus manos para dispersar el polvo, y aclarar la visibilidad del sitio.
    Para sorpresa del monstruo invisible, y de la inconsciente Hunno, Aarón estaba de pie, la fuerza de la ventisca no lo movió ni un centímetro, e increíblemente todas las heridas en su cuerpo estaban completamente sanas. Se encontraba sin ni un rasguño.
    ―¡¿Pero qué sucedió?! De algún modo el mocoso se recuperó ante que yo… Como sea, esto ya fue demasiado lejos… Hunno, deja de jugar y acábalo de una vez. ―Proclamó en voz alta el demonio, pero antes incluso de que la mujer pudiese moverse, el chico voló a toda velocidad, y con una descomunal fuerza, mandó a volar a la capitana, como si fuese un globo de aire pateado por un niño.
    “Ya veo… Una vez más el general Joe me salvó… Siempre le estaré agradecido” pensaba Aarón, mientras en su cara, mostraba una fría mirada a dónde fuese que estuviera el demonio, invisible, observándolo.
    ―Ese chiquillo… Aumentó su poder en solo uno minutos… Pero eso es imposible… A menos que él… ― Murmuraba Resto, totalmente desconcertado al ver como el poder de Hunno era contrarrestado.

    Sin dar aviso, Rita volvió a aparecer por la espalda de Aarón, pero éste se giró hacia ella rápidamente, proporcionándole un rodillazo en el estómago, pero casi sin mostrar dolor, Rita, le devolvió un codazo en la boca. Ambos vigilantes quedaron sin aliento unos segundos, hasta que volvieron a retomar la pelea. Uno dirigía puñetazos, y el otro, patadas. Ambos recibían de lleno los golpes del otro, pero ningún ceño fruncido, ni ninguna seña en su rostro se formaba tras recibir poderosos golpes, lo que daba a entender el enorme poder de ambos.
    Aarón recordó lo ocurrido con Joe, y juntando una cantidad gigante de energía en su repuesto brazo izquierdo y derecho, creó una enorme explosión frente a las narices de Rita.
    Los dos peleadores cayeron a toda velocidad al suelo, malheridos por la explosión, y aturdidos por la caída… Increíblemente el joven Cox, logró igualar y casi superar el poder de su comandante en cosa de minutos, pero… ¿Porqué?
    Mientras se encontraba en el piso, entre la nube de polvo que lo protegía dela vista de Hunno y el demonio, Joe se acercó a él… Al parecer era un vigilante más duro de lo que él mismo pensaba, y logró mantenerse vivo todo este tiempo luego de ser atravesado por las gigantes garras de Resto.
    Ya dando cuenta de su estado casi moribundo, y que le quedaban pocos minutos de vida, tomó la decisión de traspasar toda su energía de reserva al alma de Aarón… Todo el potencial de Joe se uniría al del joven Cox, y formarían un solo poder más grande incluso que el que ya tenía el general Joe Lynch… Una decisión que tuvo que tomar a última hora el general… Al transferir la energía de reserva de un cuerpo a otro, el alma se desintegra y muere, por lo que nunca más podrá rencarnar… Procedimiento que está prohibido entre los vigilantes… Es castigado con el exilio.

    ―Mocoso… ―Irrumpió la voz de Resto, viendo como la batalla con Hunno estaba prácticamente igualada en cuanto a poder. ―No sé que has hecho… Pero mi poder está casi de nuevo en su totalidad… Por lo que ya no necesitaré a esta inmunda humana. ―Dicho esto, el colmillo que estaba en la espalda de la comandante se partió y Hunno cayó desmayada al piso.
    ―Pero antes de terminar contigo… Supongo que deberías saber algo.
    Quién mató al padre de tu comandante Hunno… Fui yo… ―Aarón quedó pasmado al oír la confesión de Resto… Fue él mismo quién mató al padre de Hunno… Fue él quién le causó tanto sufrimiento a ella… Pero ¿por qué, y porqué se lo dice a él y no a ella?
    ―¡¿Qué dices?! ―Preguntó Aarón completamente enfurecido y desconcertado. ―¡¿Porqué hiciste eso… Lo mataste frente a su hija?! ―Volvió a preguntar, empuñando fuertemente su mano.
    ―Él… Al igual que ella, era un maldito vigilante de la noche… Ese día, él y yo nos enfrentamos… Por alguna razón, el muy desgraciado pudo matarme, pero no lo hizo… Tuvo compasión de mí… Él se compadeció del heredero directo del clan Negro… ¡No necesito la misericordia de un maldito humano! Por eso, logré llegar al Mundo Nocturno… Vi que el maldito tenía una hija, y de puro gusto, solo de placer, lo asesiné frente a ella… Lo hice todo por el placer de hacerlo. ―Culminó apareciendo frente a Aarón… Desde ahora, comenzará la verdadera batalla.

    Continuará…
    [Próximo Capítulo: El Principio del Fin]


     

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