Lo que aconteció entre callejones y murales El joven se encontraba mirando fijamente un tablero, en donde se hallaban, enganchadas con chinches, varios papeles escritos, todos ellos con historias dentro. El muchacho, de ojos azules y cabello del color del trigo, se encontraba sentado, con una gran cara de concentración. Y fue por esa razón que saltó como si tuviera un resorte en el trasero cuando alguien le habló de improviso por detrás. — ¡Hey! ¿Te vas a pasar todo el día mirando ese tablero, esperando que alguien venga y comente?— preguntó una voz detrás suyo. El muchacho se dio vuelta, y se encontró con una criatura completamente oscura, con silueta femenina, que lo miraba con dos orbes amarillos como ojos. — Ah, eres tú. Te dije que dejaras de aparecerte de esa manera. Algún día me darás un infarto. — Sí, sí, lo que sea.— respondió la criatura, restándole importancia con un gesto de la mano.— Mi pregunta se mantiene. Tu tiempo de existencia en este lugar es de menos de una semana, del cual te debes haber pasado tres días mirando fijamente el tablero del barrio Pokémon. — Oye, eso no es del todo cierto. También estuve leyendo otras historias, y comentando. — Pero no has movido la retaguardia de aquí en todo este tiempo. ¡Esta ciudad es inmensa! ¡Tienes miles de lugares a los que ir!— exclamó la criatura, abarcando el lugar con ambos brazos extendidos. — Intenté ir hacia otros lugares, como al Café Rolero, o a esas plazas donde la gente se suele juntar a debatir distintos temas.— el joven agachó la cabeza.— Pero me perdí. — ¿Y por qué no pides ayuda a la gente que te recibió apenas entraste? Eran como seis o siete personas, acechando en las sombras de la entrada de la ciudad, esperando a que alguien nuevo entre, para saludarlo cálida y efusivamente.— la criatura soltó una risa débil.— Sombras, gracioso. — Sí, podría…— asintió el joven, mientras seguía sentado, sin mostrar ningún ánimo para pararse. La criatura suspiró. Sabía que no iba a mover al testarudo a ningún lado; lo conocía bastante bien. Después de todo, era su sombra. — Bueno, entonces me quedaré contigo. Me apena verte solito.— dijo, y se sentó con las piernas cruzadas, encima de la cabeza del joven. — ¿Y te vas a sentar encima de mi cabeza? — Sipi. — ¿No deberías, no sé, estar proyectada en el suelo, según la dirección de la luz dominante del lugar?— le preguntó el joven, alzando sus ojos. La sombra se agachó, hasta que quedó cara a cara con el joven. Lo miró curiosa. — Nathan, soy una sombra que habla. Creo que esa es suficiente explicación para que no se me apliquen las leyes de la Física.— dijo la criatura, sonriéndole de esa forma tan horripilante y a la vez tierna que tenía. El joven la comparó con el gato Cheshire. — Touché.- respondió el joven. Estuvieron así por varios minutos, mirando silenciosos el tablero. Cada tanto, alguien venía, tomaba una hoja, leía su contenido, y la volvía a dejar, o algunas veces escribía algo en ella. Ni Nathan ni la sombra les prestaban atención, y las otras personas, aunque lo miraban raro, se encogían de hombros y se marchaban luego. Cabe destacar que nadie más excepto Nathan podía interactuar con su sombra. La tarde fue pasando tranquilamente, cuando de repente, el muchacho, que en ese momentos se había parado para estirar las piernas, recibió un tremendo impacto en la espalda, que hizo que cayera al suelo y rodara un par de metros. Al incorporarse, sobándose un poco la espalda, puedo ver que su atacante era una joven, de su misma edad. Llevaba un gorro que representaba la cabeza de un tigre, de varios colores. Se frotó un poco el cráneo, pero luego se fijó con quien había chocado. Se incorporó, y le dedicó al joven una amplia sonrisa. — ¡Holis, holis! ¡Bienvenido Huevín! Yo soy Bruna, pero me dicen Nuna o Bruh. ¿Cuál es tu nombre?— preguntó, alegre, extendiendole la mano. — Emm, Reual Nathan Onyrian.— contestó el muchacho, estrechándole la mano, algo perturbado por la sorpresiva efusividad de la muchacha. — Que nombre largo.- la joven se mordió el dedo, medio nerviosa.— ¿Te puedo decir Than? Si no te molesta, claro. — No, no hay problema.— respondió el chico, rascándose la nuca. — ¡Gracias! Espero que más adelante pueda darte un apodo de comida.— dijo la joven. De pronto, la cara se le iluminó como si hubiera recordado algo. Con un rápido movimiento, se puso detrás del joven y se ocultó.— Than, ¿puedo esconderme aquí? Necesito un refugio de la lluvia de tomates. El muchacho la miró raro. “¿Acaso acá lloverán tomates?”, pensó mientras pasaba su vista al cielo. Pero no había ni un solo girón de algodón de nube en el firmamento azul. Nathan se encogió de hombros, y luego se volteó hacia la muchacha, que seguía atrás suyo. — ¿Y por qué necesitarías que te proteja contra la lluvia de tomates? — Porque dije un mal chiste, camuflado de adivinanza.— respondió Nuna. Luego, miró para varios lados, como buscando algo.— Bueno, pero al parecer, no me tirarán tomates. La muchacha salió de detrás de Nathan, y estiró los brazos al cielo en señal de triunfo. El joven dejó escapar una sonrisa. — Bueno, al parecer, no necesitaremos el refugio anti-tomates.— anunció el chico, cruzándose de brazos. — ¿Existe un refugio anti-sandías?— inquirió la muchacha, mirándolo curiosa. Nathan no quería saber el motivo por el cual la joven tenía esa inquietud. Abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido nuevamente por Nuna. — Than, ¿quiéres conocer a mi Pudín personal?— preguntó, con ojos esperanzados. Nathan la miró raro. ¿Pudín personal? — Bueno, no veo por qué no…— antes de que pudiera terminar, Nuna lo agarró del brazo y empezó a correr, arrastrándolo hacia su destino. — ¡Genial! Es muy dulce, y es mi hermana. — ¿Tu hermana? — Sí, mi hermana gemela, de otra madre y otro país.— respondió sonriente la joven. El muchacho solo logró articular un “Oh”, mientras la chica del gorro de tigre lo guiaba por callejones y callejuelas. La sombra de Nathan los acompañaba, flotando velozmente a su lado. — Vaya, al parecer conociste a alguien bastante...efusivo.— dijo la criatura, mirándo a Nuna. — Sí, demasiada efusiva, tal vez.— respondió el muchacho. — Ya, deja de resistirte. Estos encuentros son fortuitos, del destino, digamos. No puedes ir contra el destino, así que relájate, y déjate llevar por sus olas.— le dedicó una de sus sonrisas.— Serás más feliz así. — ¿Estás hablando con alguien?— preguntó Nuna, mientras seguían corriendo. — Sí, con…— empezó a responder Nathan, pero luego recordó que solo él podía interactuar con su sombra. Para el resto de las personas, era una sombra común y corriente. Ni siquiera veían que se movía de forma independiente.— No, con nadie. Conmigo mismo. — Tú no eres nadie, no digas eso.— replicó la muchacha. Mientras corrían, mucha gente los saludaba al pasar, de forma bastante cariñosa. “Vaya, este lugar es muy cálido”, pensó Nathan. Luego de algunos metros, esquivadas y hasta derrapadas, Nuna frenó de golpe, haciendo que por poco Nathan no se la llevara puesta. La joven señaló emocionada hacia adelante. El joven se fijó lo que la muchacha estaba señalando. Al frente suyo, había otra chica, aunque esta parecía ser más joven. Tenía el pelo gris azulado, ojos de un color similar, y un extraño gorro. La chica los miró a ambos con unos ojos curiosos. — Perls, te presento a Than. Than, esta es Perls. Es nuevo en la ciudad.— anunció Nuna, presentándolos a ambos. — Un gusto Perls…— saludó Nathan, mientras extendía su mano. Perls se la estrechó sonriente. — ¡Igualmente!— luego, rodeó con sus brazos a Nuna.— Veo que Onee-chan te ha recibido muy bien. Espero que te sientas a gusto con nuestras locuras. Perls miró a Nathan fijamente, con una sonrisa traviesa. — Me gustaría alguna vez leerte, Onyrian-kun. Siento que tienes mucho qué dar.— dijo, ensanchando su sonrisa. Nathan sintió detrás suyo una ola de energía acalorada. Giró la cabeza, y notó a su sombra con los cachetes colorados. “Un segundo, ¿una sombra tiene cachetes?”, pensó el joven. De repente, el muchacho entendió. Su sombra se estaba poniendo celosa. Rápidamente, se dio vuelta, para enmendar el tema. Sabía cómo se ponía su sombra cuando estaba celosa. — Si quieres “leerme”, va a ser complicado, pues mi sombra se pondrá celosa.— dijo, apuntando hacia atrás. — ¿Tu qué?- preguntaron ambas chicas, al unísono. — Ya se los explicaré luego.— respondió Nathan, restándole importancia.— Pero, si quieres leer algo mío, te invito a que pases por… Perls se golpeó la frente con la mano, como recordando algo. — ¿Pero qué estamos haciendo aquí, perdiendo el tiempo? ¡Vamos, te mostraremos la ciudad!— exclamó exaltada Perls, y echó a correr, seguida por Nuna.— ¡Vamos Nathan, no te atrases! El joven se quedó un segundo tieso, por lo inesperado del momento, pero luego se recompuso. Meneó la cabeza, para despejarse, y luego siguió a ambas muchachas, que ya se habían alejado bastante. Mientras las perseguía, una sonrisa se dibujó en su rostro. Miró a su sombra, que le devolvió el gesto, de una manera tierna. Inspiró profundamente, y luego miró al cielo. Sí, seguramente disfrutaría de su estancia en este lugar. ——————————————————————————— Bien, este relato fue parte del concurso "Experiencia entre calles", por el aniversario del foro. Para poder entrar, debíamos escribir una historia que nos hubiera ocurrido dentro de esta enorme ciudad. Voy a dejar la molestia de lado y diré que gané el tercer lugar con este escrito :3 Bueno, no hay mucho más que explicar jajaja. Si alguna de las otras dos involucradas en la historia la leen, ojalá se reconozcan :D. ¡Nos vemos!
Encantador, simplemente encantador... Y ahí se nota la experiencia de un buen escritor que sabe contar una historia agradable. Aplausos!!