Le doy patadas al mundo... ¡porque quiero!

Tema en 'Fanfics Abandonados Pokémon' iniciado por Melody, 2 Octubre 2009.

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    Le doy patadas al mundo... ¡porque quiero!

    Odio el título ToT. Aparte de eso, hace mucho que no escribo y realmente necesito una crítica constructiva, ¿quién se anima? :D.

    Datos extra:

    - No hay shipping, el personaje es mío. Y de nadie más x'D
    - No hay más datos xD.

    ---------------------------------

    Capítulo 1:

    Ver como jugaba su pequeño amigo era muy reconfortante, a veces él también le acompañaba y ambos se divertían tanto que el joven olvidaba todos sus problemas adolescentes. Estúpida edad. El parque había estado muy animado esa cálida tarde de verano, como consecuencia de la ausencia de clases en aquella estación. A pesar de ello, el chico no se mezclaba con los de su edad, ni con ninguna otra persona del pueblo, aparte de sus padres, con los cuales no tenía unas buenas relaciones desde hacía ya varios años.

    El cielo comenzaba a tornarse anaranjado, y el joven decidió que ya era hora de abandonar sus juegos. Miró a su fiel acompañante, el cual se colocó a su lado, listo para marcharse de aquel maravilloso lugar. Encendió su mp3 y obstruyó a sus oídos de cualquier cosa que lo distrajese.

    No tardaron mucho en llegar a su destino, una casa no muy grande en mitad del pueblo. Nada más entrar el joven subió a su habitación ignorando los comentarios de su madre, los cuales nunca llegó a escuchar gracias a la música que inundaba su cabeza. Su habitación permanecía a oscuras, y el joven no deseaba ninguna luz. Se tumbó en su cama con la mirada perdida en el techo, pensando.

    En una semana le sería entregado su primer pokémon. Error. Él ya poseía uno, el destino quiso que ambos se encontraran cuando el sólo era un crío, y lo había cuidado y criado siempre. Sin embargo las leyes decían: un Pokémon se les será entregado a los nuevos entrenadores que inicien por primera vez un viaje. De modo que comenzaría con ventaja. Nuevo error. Quizás tendría dos Pokémon al inicio, sin embargo él nunca había combatido con su amigo, ni tampoco lo había entrenado.

    “No importa”, se dijo. “Ni siquiera sé aun qué haré una vez consiga mi otro pokémon”. Cierto era. El joven aun se debatía sobre el futuro, no estaba seguro sobre lo de ser entrenador, le resultaba algo tan común. Todos los chicos se hacían entrenadores, coordinadores o criadores. Pero él no era como los demás, y tampoco deseaba serlo. No le interesaban los combates, ni tampoco ganar nada.

    - Por el momento viajaré un tiempo -comentó en voz alta- luego ya veré que hago -Terminó.

    Todo aquello estaba a una semana de distancia, y por tanto no quería rayarse la cabeza con cosas en las que se preocuparía en su momento. No antes. Su comentario había llegado a oídos de su amiguito, el cual comenzó a llamarlo desde el suelo de la habitación. Lamentablemente los auriculares del joven lo impedían. No necesitó más intentos. El joven se incorporó en su cama, y dejó sobre ella su aparato de música. Obviamente el pequeño no había sido el causante de que él se moviera, pero al menos consiguió lo que quería. Dio un salto y subió a sus rodillas, y lo miró a sus profundos ojos perla.

    - Tienes hambre, ¿a qué sí? -Decía divertido el joven- vamos a la cocina.

    Entró en la sala con alguien siguiéndole. Ignoró a su madre que se encontraba colocando la mesa para cenar, y con un bote de comida pokémon en la mano salió presuroso de allí. Le concedió la comida una vez en su habitación. El pequeño disfrutaba felizmente, mientras su dueño salía nuevamente de su cuarto.

    - Voy a salir un momento -Le susurró- no salgas de aquí y no hagas mucho ruido -Le aconsejó. Acto seguido salió y cerró la puerta a su espalda.

    Su madre lo vio pasar rápidamente hacia la puerta de la entrada, sin embargo no hizo ningún comentario, hizo caso omiso y siguió cenando, junto a un hombre que tampoco habló. El joven caminó por las calles solitarias de su pueblo, las luces artificiales ya habían hecho acto de presencia y la oscuridad huía de ella sin remedio. Pronto llegó a su destino: el laboratorio del Profesor.

    No sabía que rayos hacía él en aquél edificio, el cual era el más grande de la localidad. El día anterior una chica a la que no conocía de nada se le había acercado durante su visita al parque y le entregó una carta del mismo profesor. En ella decía claramente que deseaba verle ese día y a aquella hora. Era extraño, sobre todo porque no lo conocía personalmente.

    Ignoró aquellas dudas, las cuales sabía que aclararía al entrar. No tardaron mucho en abrirle la puerta. Y allí apareció un señor mayor, vestido con una bata blanca. El hombre poseía un pelo negro como el carbón, el cual sin embargo lo estropeaba la presencia de múltiples canas. Su rostro expresaba cansancio, y al sonreír le brotaron arrugas nada agradables a la vista.

    El chico no estaba seguro de que aquél señor se tratase del profesor, pues tampoco lo había visto jamás. El hombre le invitó a pasar, y él no vaciló en entrar. Le condujeron hasta una amplia sala, con grandes ventanales, que parecían opacos a causa de la noche. Pudo observar una serie de máquinas por todos los rincones, aunque las ignoró por completo al comprender que nunca sabría para qué servían. El hombre se dirigió al final de la habitación donde se hallaba una mesa algo desordenada, llena de papeles de Dios sabe qué investigaciones, lápices por todos lados, un ordenador que parecía no descansar jamás, y por último observó un trío de Pokéballs primarias.

    - Siento haberte hecho venir un poco tarde -Comenzó- pero estoy muy ocupado y este era el único hueco libre de mi agenda -Explicó.

    - ¿Podría decirme para qué me ha hecho venir profesor? -El joven no se sentía muy entusiasmado por la invitación, y deseaba terminar cuanto antes con todo aquello para poder marcharse a su casa.

    - Te he hecho venir porque ha llegado la hora de que elijas tu primer Pokémon -Confesó- o el segundo, según se mire -Se corrigió.

    El joven no entendía muy bien, se suponía que la entrega de Pokémon se realizaría dentro de una semana, sin embargo se lo ofrecía ahora, y no comprendía por qué. No estaba seguro de lo que debía decir en aquel momento, no estaba preparado aun para nada.

    - Creía que era la semana que viene -Comunicó muy serio.

    - Pero te lo ofrezco ahora, vamos escoge una de las pokéballs de la mesa -Le invitó.

    Aun no comprendía demasiado, pero tampoco tenía ganas de que le dieran una larga explicación. De modo que alargó la mano, para coger una de ellas.

    - ¿No deseas primero que te diga cuales son los Pokémon que tienes a tu disposición? -Preguntó al comprobar que el joven simplemente elegía al azar.

    - La verdad es que no -Dijo secamente- no me importa el que me toque, cualquiera me parece bien.

    Dicho esto se decidió por la Pokéball de la derecha. La sostuvo con su mano izquierda y la observó sin mucho interés. Con un leve toque en el botón central de la misma, la empequeñeció y se la guardó en uno de sus bolsillos. Ante esto, el profesor se sorprendió aun más, el chico no sentía ninguna curiosidad por saber qué tipo de pokémon había elegido.

    Ya le habían hablado del comportamiento tan extraño de aquel joven, pero nunca pensó que fuera así. No se paró a pensar más en ello y rápidamente abrió uno de los cajones su mesa de trabajo. De ella sacó un Pokédex, y se lo concedió a su invitado. Éste lo cogió, lo observó un momento y lo guardó enseguida.

    - Gracias -Fue lo único que dijo.

    Ya de camino a su casa el chico caminaba sin prisa alguna, seguía sin saber por qué el profesor le había dado el pokémon antes de tiempo. Sin embargo ya no le preocupaba, ahora estaba en una extraña situación para él, y era más importante su decisión que cualquier explicación que no le interesaba.

    Subió a su habitación y encontró al pequeño recostado en su cama, casi dormido. Trató de hacer el menor ruido posible para no despertarlo. Sacó de sus bolsillos el Pokédex y luego la Pokéball con su nuevo pokémon y los colocó en su escritorio. De pronto sintió las caricias de su antiguo pokémon en sus piernas, se había despertado o simplemente nunca se hubo dormido.

    Ignorando por completo la existencia de otro ser vivo en su habitación, cogió en brazos a su mejor amigo y sin reparar siquiera en su olvidada cena, se preparó para irse a dormir. Tenía mucho que pensar al día siguiente, porque aquella decisión marcaría su vida.


    No tardó en guardar todo lo que necesitaba, que no era mucho. El joven salió rápidamente de su hogar sin cruzar palabras con los seres que le dieron la vida, y ellos tampoco se esforzaron por preguntar, sabían donde iba y que estaría bien. Caminó presuroso hasta los límites del pueblo donde había crecido, seguido de su amigo.

    En ningún momento miró atrás y obviamente no sentía tristeza, ¿para qué? El joven siempre había odiado aquella localidad, era un placer abandonarla. Ahora ya era una persona independiente, aunque seguía sin saber que hacer con su vida. Odiaba los combates y los concursos le parecían tontos y una pérdida de tiempo. Cuando aun se observaba el pueblo de lejos se detuvo un momento, se sentó sobre una roca al lado del camino y se puso a reflexionar unos segundos. Por fin había iniciado su viaje, pero no como los demás principiantes, él era especial, por dos razones muy obvias.

    La primera de ellas y probablemente la más visible era que había empezado con dos pokémon, una ventaja que pronto dejaría de serlo. Y la segunda, que era mucho más mayor. Diez años le parecía una edad temprana para abandonar su casa, por mucho que quisiera largarse de allí. No era estúpido, y quería hacer las cosas bien. Sin ganas de rayarse más la cabeza se levantó de golpe, y su acompañante se sobresaltó. El chico lo acarició y sonrió amablemente. Luego inició de nuevo sus andanzas, con paso firme y con decisión, sin importarle donde terminaría todo.
     
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    Re: Le doy patadas al mundo... ¡porque quiero!

    Capítulo 2:

    El joven había caminado durante toda la mañana sin detenerse, no obstante no sintió cansancio en ningún momento. Un poco más adelante divisó unas escasas casas. “La aldea Tifón”, trescientos habitantes que reducían su número cada año. El chico lo conocía bien, muchas veces había venido con sus padres de pequeño a ver las agradables fiestas de aquel lugar tan cercano a su hogar. Sin embargo nunca le habían agradado, esas fiestas le parecían absurdas. El lugar subsistía básicamente de su agricultura, la cual descendía tanto como su población.

    Caminó atravesando la aldea por sus viejas calles. Encontró a varios niños pequeños jugando con un balón de fútbol e insinuó muy seguro que serían los únicos jóvenes de la aldea. Ya podía ver el final de la aldea, aquel lugar le parecía despreciable y quería salir cuanto antes. Pero antes de que eso ocurriera un chico menor que él le detuvo. El joven en cuestión tenía el pelo muy negro con unos ojos oscuros. Llevaba una mochila al hombro y unas pequeñas Pokéballs primarias en su cinturón, por lo que dedujo que se trataba de un entrenador.

    - ¿Qué quieres? -Exigió saber. El chico sacó entonces una de sus Pokéballs y se la mostró.

    - Es obvio ¿no? -Dijo desafiante- te reto a ti y a tu Pokémon a un combate de uno contra uno.

    Aquella propuesta no entusiasmó demasiado al chico. Jamás había peleado, sin embargo no era eso lo que le preocupaba, era más sencillo. No le apetecía luchar. Él no era entrenador, no aun. Ante su indecisión el retador comenzaba a impacientarse, de modo que sin esperar una respuesta lanzó su Pokéball al aire. Esta se abrió y de ella salió un brillo deslumbrante que tomó forma. La forma de un Pokémon desconocido para él.

    - Aun no he aceptado -Replicó.

    - Demasiado tarde, ya te he retado. No puedes negarte -Le explicó.

    - ¿Qué no? -Se enfadó- Pues mira como lo hago.

    Dicho esto el joven esquivó al desconocido y su Pokémon para continuar su camino. El chico se enfadó y miró con desprecio como se marchaba, pero no podía obligarlo, levantó de nuevo la Pokéball y, apuntándola hacia su Pokémon, salió de esta un débil brillo que envolvió a la criatura y de pronto desapareció. Nada de esto lo observó rapaz pues ya se había alejado y salía de la aldea.

    El joven por fin había salido de aquel penoso lugar que pronto desaparecería. Caminó un poco más, pero pronto el cansancio lo sacudió y tuvo que detenerse. Se encontraba en mitad del campo y sin nadie a la vista. Se apartó del camino para no entorpecer y se sentó en la hierba salvaje. A su lado su amigo se había tumbado exhausto.

    Entonces pensó que quizás a él le gustaría más e incluso estaría más cómodo dentro de su Pokéball. Nunca se lo había propuesto, jamás había querido encerrarlo ahí dentro, por muy bien que pudiera estar. En ese momento recordó algo. Su nueva Pokéball con su “primer Pokémon” en su interior. La sacó inmediatamente de su bolsillo y la observó. No le causaba ninguna curiosidad, pero supongo que debería saber al menos qué clase de Pokémon le acompañaba. Sin mucha emoción y sin soltar la esfera la abrió.

    El brillo comenzó a brotar y tomar forma, hasta adoptar su forma final. El chico lo miró detenidamente. Inmediatamente supo que no tenía ni idea de cual era, supongo que para eso estaba el Pokédex. Empezó a rebuscar en su mochila, mientras el nuevo pokémon lo observaba sin mucha atención, esperando a ver qué hacía su entrenador. Una vez lo hubo encontrado, abrió el aparato y lo apuntó hacia la criatura, el cacharro reaccionó enseguida.

    Pokédex: Charmander. Pokémon Lagartija. La llama que tiene en la punta de la cola arde según sus sentimientos. Llamea levemente cuando está alegre y arde vigorosamente cuando está enfadado.

    - Pues vaya -Musitó- esta cosa no me ha proporcionado mucha información, no sirve para nada.

    Aparto el Pokédex a un lado, y se tumbó de espaldas en la hierba, ignorando por completo a su Charmander. Este lo miró extrañado, pero no le dio importancia. Imitó a su entrenador y se acostó sobre el césped salvaje. El joven cerró sus cansados ojos, pero se resistió al sueño. Dejó que la brisa le acariciara su piel y alborotara levemente sus cabellos blancos. Al cabo de unos minutos se incorporó y sacó de su mochila un poco de comida Pokémon para dos.

    El joven estaba de nuevo en su camino, ahora a su lado solo estaba el Pokémon de siempre, el cual no quiso meter en su esfera correspondiente. Ambos caminaron el resto de la tarde. Pronto el cielo comenzó a tornarse anaranjado, el sol le cedía el sitio a la luna que ya se alzaba dominante en el cielo. Cuando ya no se veía más que la luna y las estrellas el chico supo que era hora de parar. No tenía más remedio que dormir al aire libre, aunque no le importaba.

    El cielo estrellado en pleno verano y en mitad del campo era maravilloso, una brisa cálida acarició la piel del joven. Era ya muy tarde. El chico tenía los ojos cerrados, tratando de llamar al sueño, no obstante este no quería llegar. Había un silencio abrumador allí, por eso pudo escuchar el leve avance de una sombra en mitad de la noche. Iba despacio, y se acercaba a su improvisado campamento. Decidió no moverse y esperar haber qué hacía quien fuera que estuviera rondando por allí a esas horas de la noche.

    De pronto sintió como algo le tocaba la cabeza. El joven se sobresaltó y se incorporó rápidamente. Frente a él se encontraba un bulto negro, se escuchaba un ronroneo que nada tenía de amistoso y un par de ojos brillantes en mitad de la oscuridad. Estaba seguro de que se trataba de un Pokémon, ¿qué otra cosa podía ser? Sacó su linterna de la mochila y bañó con su luz a la criatura.

    - ¡Sí solo es un cachorro! -Se quejó, no podía creer que por un momento se hubiera asustado- ¡Lárgate de aquí! -Y le lanzó una pequeña piedra que tenía a su alcance.

    El cachorro esquivó la pedrada, pero en ningún momento pareció decidido a marcharse. Seguía gruñendo y mostrando sus pequeños pero fieros colmillos. La criatura sofocaba al chico, quien sacó su Pokédex para saber con quien trataba esa noche. Sin embargo, al apuntar hacia él, recibió una negativa respuesta: “No hay datos”. En ese momento el rapaz se dijo que ese aparato no servía realmente para nada, porque lo más seguro es que viniera estropeado de fábrica...

    De golpe el cachorro se lanzó contra él, éste no pudo reaccionar, no obstante algo se interpuso entre ambos. Había olvidado por completo que su propio Pokémon estaba durmiendo a su lado, y claramente llevaba mucho rato despierto y observando. Ambos Pokémon comenzaron a gruñirse el uno al otro, a una distancia prudente.

    - ¡Oye! Ya basta ven aquí -Le regañó- nadie te ha dicho que pelearas, vuelve -Ordenó mosqueado.

    Su pequeño amigo hundió la cabeza y con resignación regresó con su amo. El joven bañó nuevamente al Pokémon con la luz, en ese momento el cachorro simplemente se desplomó. Pasaron unos segundos antes de que el rapaz reaccionara. Se acercó despacio hasta la criatura y la observó. Sacó un par de hipótesis: o se ha desmayado, por Dios sabe qué, o se ha muerto, por la misma razón. Lo acarició suavemente buscando los latidos de su corazón; aun vivía. Se apartó y se sentó a solo unos centímetros de su lado.

    - ¿Y qué hago ahora? -Se decía a sí mismo.

    Miraba fijamente al Pokémon desconocido, ni siquiera sabía su nombre; “estúpido aparato” pensó. Después de unos minutos ahí parado, cogió en brazos al pequeño. Entonces se percató de lo que le ocurría; estaba enfermo. Notaba la fiebre alta perfectamente.

    - ¿Y qué hago ahora? -Repitió, pero esta vez se refería a algo más concreto.

    Lo cierto es que no podía hacer nada, no era médico ni nada que se le pareciera. La ciudad a la que se dirigía estaba aun lejos. Y para añadir más cosas no tenía medicinas de ninguna clase. Entonces el joven cayó en una cosa muy clara, ¿por qué tenía que curarlo? Es decir, ese Pokémon no tenía nada que ver con él. No lo conocía, ni el nombre, ¿por qué tenía que rayarse la cabeza con todo ese asunto? “Los Pokémon salvajes están solos siempre, y aun así sobreviven” razonó, “que se las apañe como los demás” sentenció. Volvió a dejar al cachorro en el suelo y le dio la espalda, dispuesto a intentar nuevamente coger el sueño que estaba casi seguro que ya no conseguiría. Ahora solo le preocupaba eso, el pequeño no le producía ningún remordimiento, “no lo conozco” la excusa perfecta.

    La luz de un nuevo a amanecer molestaba sus cansados ojos, pero no estaba dispuesto a ceder, apenas había dormido esa noche. Llevaba un buen rato con los ojos cerrados pero siendo consciente de que no volvería a dormir, no tenía ninguna prisa por ir a ninguna parte por lo que esperó un poco más. No transcurrió mucho tiempo cuando su compañero comenzó a zarandearle y colocarse encima de su estómago, de este modo el chico no tuvo más remedio que levantarse finalmente.

    De pronto a su cabeza regresó un breve recuerdo sombrío. Medio dormido como estaba dudó de sus propios recuerdos. Unas vagas imágenes azotaron su mente; oscuridad, pasos, gruñidos… De pronto recordó todo lo sucedido en aquella cálida noche de verano. Intentó evitar esos inútiles sentimientos de debilidad, no obstante acabó cayendo en ellos, y dirigió su mirada hacia donde había abandonado al pequeño pokémon desconocido.
     
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    Melody

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    Le doy patadas al mundo... ¡porque quiero!
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    Re: Le doy patadas al mundo... ¡porque quiero!

    Maldita sea, hoy no es mi día, ya van dos veces ¬¬.
     
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    Re: Le doy patadas al mundo... ¡porque quiero!

    Bien mi pequeña cuentista, aquí finalmente nos sueltas tu nueva obra eh. ^^

    Bueno para empezar el juego te diré que concuerdo contigo el titulo esta algo rarito aunque hasta cierto punto es interesante pero pudiste darle un poco mas de sarcasmo o algún tipo de especialización para hacer que se luciera mas, ah bueno que mas da es solo un titulo al fin y al cabo así que a quien le importa. (Eso ultimo es una forma discreta de decir que yo también soy pésimo para los títulos no te fijes. =P)

    Siguiendo con el tema y volviendo con la nena aquí nos encontramos la historia de en lo que a mí respecta es un perfecto imbécil, ya sabes no puedo decir que yo sea un modelo de ser humano ni nada pero los idiotas como él me dan ganas de golpearlos, personas que parecen estar tan muertas por dentro como se ven por fuera necesitan un buen escarmiento para despertarlas de ese letargo, pero bueno así es el chiste, así que no hay mucho que hacer.

    Nuestro pequeño idiota del cual no tengo dato alguno en este primer cap a demostrado las “inmensas ganas de vivir que tiene” y por lo visto después de pasearse por toda la ciudad sin nada que hacer y aun teniendo dos pokémon y su pokédex por adelantado gracias a una de las “gracias” del profesor canuto des cual tampoco sé su nombre así como tampoco sé el de su misteriosa asistente, nuestro joven idiota decide darse una escabullida a lo que tal vez fueron primeras horas de la mañana quien sabe eso tampoco se especifico, y ya lejos al muy tarado le coge por reflexionar, no me pudieron dar más ganas de patearlo en esa roca, pero bueno ya parece que el muy tarado empezara a moverse lo que es bueno.

    Oh si, nuestro gran señor de todos los idiotas aun no se le han pegado ganas ni de ver a su nuevo pokémon que escogió a “Random” eso si me ha sonado interesante, hehehe sería divertido que lo sacara en una mala situación y le saliera un Magickarp, hehehe. ^^

    Bueno ahora viene la crítica del primer cap, en este note que sobre poblaste de comas algunos lugares y que mermaste otros, trata de tener cuidado con eso que en par de ocasiones me quede en el aire tratando de seguirle el hilo a la lectura, vi unas cuantas faltas ortográficas repartidas por ahí y finalmente vi que aparte de los detalles que obviamente dejaste en el aire apropósito hubieron detalles críticos que simplemente ayudaban a la comprensión de los sucesos que también dejaste, cuídate de eso que puede arruinar fácilmente cualquier escena que nos quieras plasmar, así que aunque sé que andas tentándonos con algunos misterios trata de ser mas explicita en donde realmente se necesite. ^^

    Ahora atendiendo al segundo juego, lo reitero muy claramente ese sujeto es un perfecto idiota y no solo eso, en lo que a mí respecta es un maldito que me rece ser castrado y picado en pedacitos, pero qué más da, si hago eso no podre seguir leyendo la historia, bien, en este cap vimos que si paso por la ciudad de los tornados de la que pude deducir que estos se encargan de llevarse tanto a pobladores como a sus cosechas de tanto en tanto, y ya que a el rey de los idiotas todo le desagrada esta ciudad y sus habitantes no fueron la excepción, es sujeto aparte de tener -100 de motivación es un cobarde mira que irse así de una pelea no me extrañaría para nada que alguien se desquite de muy mala manera con el peliblanco ese.

    Y siguiendo con el partido vemos que el tonto no se acuesta hasta que la noche no lo alcanza y de campamentos, cenas o camas no sabe ni pio, que se alegre de que no haya hormigas en ese mundo o ya le hubiera tocado una muy mala pasada, encima de esto el animal se encuentra con un pokémon desconocido y paró en seco al suyo para que no pelearan, hubiese sido un animal poderoso o hambriento, como un Mightyena o algo y ya no tuviéramos peliblanco para rato, pero buen resulto ser un cachorro de algo y se desmayo por estar enfermo, y así mismo el imbécil lo dejo ahí tirado que se muera por que no es su problema, seriamente quiero ir y cortarle las manos. ¬_¬

    Yendo a la crítica del segundo cap vi que en este al menos no te faltaron esos detallitos cruciales y que ya hasta revelaste el color de cabello del muchacho y la hora a la que se había largado, también note que el asuntico de las comas estuvo muy mejorado y aunque note un par de faltas tontas por ahí en total en cuanto a errores este cap estuvo muy mejorado, sin duda te felicito por haber superado todo eso tan rápido. ^^

    Bueno mi linda lobita, te puedo decir dos cosas con toda seguridad después de haber leído estos dos caps, la primera como ya te habrás dado cuenta es que odio a tu nuevo personaje, la segunda y más importante aun es que esta historia en verdad que está resultando ser muy interesante, me esta gustando el aire de misterio que rodea todo aunque no te haría daño ir debelándonos un poco mas de datos, ya quiero ver cuál será tu próximo cap y no, no hare trampa ni iré a verlo donde de seguro sé que esta, así que no tardes y publícalo aquí donde puedo comentarte con facilidad. Porque te lo repito puede que hayas tenido tiempo sin escribir pero tus cuentos siguen teniendo ese atractivo misterioso que las rodea así que no dudes en seguir trayéndolos mi querida cuentista. ^^

    Bueno sin mucho más que agregar y nada más que cantar este serviciador aquí presente se retira, nos veremos lueguito Mel, será hasta la prox vez, Bye. ^^
     
  5.  
    Melody

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    Re: Le doy patadas al mundo... ¡porque quiero!

    ¡Melody vuelve a CZ! :D

    Rayos René has aplastado a mi personajes a piropos ¿eh? xD.

    -------

    Capítulo 3:

    La cantimplora liberó el resto del agua que aun contenía y esta huyó hacia la luz con el deseo desesperado de libertad. Su frialdad contagió sus manos sucias las cuales frotaba para tratar de quitar esa arena rebelde que se quedaba atrapada entre las uñas. El joven miró con furia como la tierra y las hierbas del suelo absorbían las últimas gotas de agua que conservaba. Guardó la cantimplora vacía en su mochila, y se alzó para marcharse del lugar. Miró con desgana una zona de tierra revuelta en donde minutos antes había excavado un hoyo.

    Ya nada le retenía allí. Su conciencia estaría tranquila con el último acto que había hecho. Comenzó a caminar nuevamente, su acompañante le siguió sin queja alguna, estaba acostumbrado a su silencio y sequedad. Luego de haber caminado sin parar durante un rato, algo se cruzó corriendo delante de ambos. El joven se sobresalto. La pequeña criatura morada dio media vuelta y paró delante de ellos, mirándolos fijamente. El Pokémon del joven se alzó hacia su entrenador y cayó al suelo una Pokéball vacía, acto seguido se puso cara a cara con la criatura salvaje.

    El chico miró la esfera en el suelo y la recogió. A un metro de él su amigo esperaba una orden. Lo pensó seriamente. Pero sólo un segundo después reaccionó.

    - Vulpix… vuelve -Ordenó.

    La criatura salvaje aprovechó la sorpresa de su rival para huir perdiéndose en la maleza de los extremos del camino. La mencionada miró a su entrenador confusa, creía que debía atrapar y entrenar. Pero él no dijo nada más, volvió a guardar el esférico en su sitio y comenzó a caminar nuevamente. La pequeña sólo le siguió resignada, nunca cambiaría.

    Ya casi anocheciendo, el terreno a los extremos del camino comenzaron a cambiar, e incluso lo hizo el propio camino. Pasó de la tierra seca al hormigón duro, a los extremos empezaban a verse edificaciones que sustituyeron a la naturaleza salvaje. Sin duda se acercaba a la ciudad.

    Ya podía divisar los altos edificios de la gran ciudad, realmente eran impresionantes. Aun quedaba un buen trecho para llegar, y el joven comenzó a caminar un poco más deprisa, porque si bien no estaba cansado por la caminata de todo el día, también era cierto que deseaba de una vez tumbarse en una cama de verdad en el Centro Pokémon que seguramente habría allí. Al principio el Pokémon zorro le siguió el paso, luego se quedó un poco rezagada. Entonces la pequeña escuchó un ruido en los matorrales de un lado del camino, y obviamente, movida por la curiosidad se acercó poco a poco para hasta meterse entre ellos. El entrenador ni siquiera se había dado cuenta de que su acompañante simplemente ya no le acompañaba. Para cuando se dio cuenta, Vulpix ya no estaba allí.

    - ¿Vulpix? -Mirando a todos lados- ¡Vulpix! -La llamó; sin respuesta.

    Volvió sobre sus pasos con la ilusión de que su amiga se hubiese entretenido con algo en el camino y como consecuencia lo perdió de vista. Paró en seco tras varios metros. Sólo había un camino y su amiga era lo bastante lista para saber en qué dirección iban.

    Comenzó a llamarla otra vez, sin respuesta nuevamente. Había retrocedido mucho, estaba seguro de que iba a su lado aun cuando iban más adelante. No estaría tan atrás, de modo que volvió hacia delante, esta vez despacio mirando bien a los extremos del camino por si se había introducido entre los matorrales o algo. Aunque sabía que si ese fuese el caso habría escuchado sus llamadas.

    Llegó hacia donde se había percatado de la desaparición de su amiga, la furia lo dominó completamente, ¿dónde rayos estaba? La noche estaba cayendo sin remedio y no pensaba irse a la ciudad a dormir tranquilamente mientras ella siguiera fuera. No lo comprendía, Vulpix jamás se había marchado de su lado de esa manera. En ese momento escuchó el ruido de un motor acercándose. Volteó en dirección opuesta a la ciudad, la cual ya brillaba en mitad de la noche, y vio las luces de lo que debía ser una motocicleta. El vehículo frenó a su lado, y el joven reconoció rápidamente a su ocupante.

    - ¿Te diriges a la ciudad muchacho? -Preguntó la joven oficial de policía.

    - Sí -Dijo con tono enojado, aunque no fuera culpa de ella.

    - Yo también me dirijo hacia allí -comentó ignorando el tono maleducado que obviamente había notado en su voz- Puedo llevarte si quieres -Ofreció.

    - No gracias -Sentenció.

    - ¿Estás seguro? Será muy tarde para cuando llegues, y yo no tengo inconveniente -Insistió amablemente la agente.

    - ¡Ya he dicho que no! -Soltó- Ahora estoy buscando a mi Pokémon, ya iré cuando pueda.

    - Escúchame jovencito, sólo trato de ayudarte -La agente empezaba a sentirse molesta por el poco respeto y agradecimiento que mostraba el muchacho.

    Harto de aquella estúpida conversación, le dio la espalda a la oficial y comenzó a caminar volviendo nuevamente sobre sus pasos. La joven de uniforme se quedó muy sorprendida por su actitud, y por ello, molesta como estaba, puso en marcha de nuevo su motocicleta y se marchó en dirección opuesta al chico, directa a la ciudad. Cuando se dio cuenta de que se había vuelto a quedar solo, sus labios formaron lo que podía ser una sonrisa momentánea, porque al fin se había deshecho de aquella persona tan irritable, pero que su pequeña amiga estuviera desaparecida no le gustaba nada. Todo aquello era tan extraño, un sentimiento extraño oprimía su pecho, ser negativo en ese instante no podía ser bueno pero la sensación de no poder volverla a ver, no sentir como siempre le apoyaba sin dudar aun sabiendo que quizás nada de lo que hacía era correcto…

    - Vulpix… -Susurró. Y la palabra se la llevó el viento, trayendo consigo un grito de desesperación.

    Con una mezcla de miedo y tristeza, corrió hacia la ciudad. Estaba cansado, había caminado todo el día, pero eso no fue impedimento para que su esfuerzo fuese menor. Sus pasos ansiosos se oían por todo el lugar, resonando por la silenciosa noche. Los Pokémon nocturnos lo miraron extrañados y los más tímidos optaban por salir corriendo asustados. Nuevas luces se cruzaron en su camino, pero esta vez no era ningún vehículo, de hecho ni siquiera estaba en la carretera. La iluminación procedía de una casa en uno de los extremos del camino, era un casa muy grande con un enorme jardín del cual se podía deducir, a pesar de que estaba en completa oscuridad, y gracias a lo bien proporcionado de las plantas -las cuales solo veía como simples bultos en la oscuridad- que sus dueños amaban las plantas. Las luces se habían encendido todas de golpe hasta el punto de sobresaltar -aun más de lo que estaba- al muchacho.

    Sus pulmones aun agitados por la carrera subían y bajaban. Suspiró muy fuerte, y posó sus ojos perlados en las ventanas. Obviamente no podía ver nada en su interior pues se encontraba demasiado lejos. Sin saber que extraño poder le impulsaba se fue acercando muy lentamente. La propiedad estaba cerrada por un muro, pero la verja principal se encontraba abierta de par en par, invitándole a penetrar al negro jardín. Anduvo por el ancho camino y se percató que sus pasos habían dejado de ser secos sobre el cemento, ahora eran ruidosos bajo el camino de tierra que se encontraba a sus pies, había pequeñas piedras sueltas por todos lados y golpeaba algunas de ellas en su avance hacia el extraño edificio.

    La luz hipnotizadora de las ventanas no ayudaba a bajar el dolor de cabeza que había surgido de pronto. Vio como un bulto oscuro en el interior de la casa corría de golpe unas cortinas con un color realmente horrible -a opinión del joven-. En ese momento sintió que el dolor se agudizaba, una extraña fatiga le recorría el cuerpo, mientras sus labios se volvían blancos como la nieve y su cara empalidecía sin remedio. Paró su caminar instantáneamente y no tuvo más remedio que sentarse en el mismo suelo o sino estaba completamente seguro de que acabaría allí debajo de todas formas. De este modo y sin poner remediarlo, su vista comenzó a distorsionarse poco a poco. Intentó mantener su vista fija en un punto, pero todo parecía moverse. Alguien salía de la casa ahora… pero antes de averiguar quien podía ser, simplemente se desplomó.

    - Vulpix… -susurró.
     
  6.  
    NeoSombra

    NeoSombra Entusiasta

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    Re: Le doy patadas al mundo... ¡porque quiero!

    Bueno, bueno, miren no mas si ya nos trajeron conti. ^^

    Es bueno saber que aprecias el buen trato que le di a tu personaje eh mi querida cuentista, la verdad creo que fui muy suavecito con el señor de todos los idiotas, pero bueno que se le va a hacer, en este cap le gritare un poquito más. =P

    Bien, comentándote sobre el cap de hoy por lo visto cierto animalito se murió por el grave estado en el que estaba sumado a la falta de atención del peliblanco insensible ese, espero que cuando este en grave estado nadie lo ayude para que vea que se siente morir lentamente, pero bueno, al menos fue capaz de enterar a la criatura, luego se echo a caminar hasta llegar a las cercanías de una ciudad, (Que por cierto creo que esos pueblos están muy juntos le toma demasiado poco tiempo ir de uno al otro casi como si fueran vecinos o algo así, pero bueno supongo que iras arreglando eso.)

    Y como la vida es justa y todo lo malo que haces finalmente se te regresa a la cara con el doble de fuerza su Vulpix se le perdió y no pudo encontrarlo así que se paso un muy mal rato y para colmo cuando alguien llego portándose amablemente para tratar de ayudarle no solo la rechazo si no que la mando al diablo con sus groserías así que se lo tiene bien merecido, al final el tonto quedo a mediados del jardín de una extraña casa tirado entre las piedras como un costal de papas mientras alguien se le acercaba, unm, nos dejaste en incógnita eh pues espero ver pronto la conti para saber qué pasa. ^^

    Bueno ya ando ansioso así que espero no me hagas esperar mucho eh Mel, bien, sin más que decirte ni nada más que agregar me despido, nos veremos lueguito hasta la prox vez, Bye. ^^
     
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