Nos dijimos adiós simulando el cotidiano devenir de las cosas. Lo dijimos como todos los días aún cuando sabíamos que era el último. La lágrima atorada en la garganta nos impidió decirnos tantas cosas tan necesarias en ese momento, tantas cosas que jamás se convertirán en palabra. Sabía dónde ibas, pero preferí imaginar que tomabas el tren a casa como cada tarde. Preferí creer que mirabas por la ventana del vagón pensando en mí como siempre... o al menos como siempre lo creí. No debí ver aquella conversación en tu teléfono, quizás así toda esta farsa hubiese sido más sencilla. Quizás hubiese sido más doloroso y mi cabeza estaría llena de preguntas, pero al menos tendría la duda de tu paradero y no esta certeza que me quiebra por dentro. Quizás aquel otro te haga más feliz de lo que creí eras conmigo. ¿Para qué encararte si ya tenías tu decisión tomada? ¿De qué me sirven a mí las explicaciones? Al final esta incertidumbre me es más grata que una verdad cruel o una mentira piadosa que mitiga el dolor hasta que la verdad se impone. Malhaya la hora en que te dejé entrar tan hondo en mi vida. Ya es de noche y acabo de darme cuenta de que te olvidaste de tantas cosas en casa. Tu abrazo me sigue rodeando en la cama y me apreta fuerte. Tus manía de levantarte a comer un refrigerio a media noche también quedó conmigo. Tus poemas recitados de memoria merodean el aire de la habitación y tu mirada de infante travieso me acecha desde la puerta. Juraría que se te quedó tu cantar desafinado en la ducha y mil silencios regados por el salón principal. Tu sexo está aún impregnado en las sábanas y me acosa en esta fría noche, mientras que tus besos me llueven a cántaros desde el techo de la habitación. Tus secretos te los dejaste en el cajón del velador, ordenados uno sobre el otro; los «te amo» me los dejaste tatuados en el cuerpo y ahora no puedo dormir pensando en cómo me desharé de ellos. Sin embargo, lo que más me duele son las mentiras que dejaste por todas las paredes, bajo la alfombra y los manteles, incluso entre mi ropa... con esas sí que no sé qué hacer. Tomará tiempo deshacerme de todas estas cosas. Una parte de mí cree que volverás quizás a buscarlas, pero mi razón me dice que te las olvidaste aquí por que ya no las quieres contigo y que debo hacerlas desaparecer. Aún no sé por dónde partir, pero si llegas a leer esto algún día, que sepas que lo haré poco a poco, por si aún quieres alguna cosa de vuelta... Aún puedes recuperar algunas.