"La Pirata" [Remake by Faroth]

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Faroth, 20 Enero 2009.

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    Faroth

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    "La Pirata" [Remake by Faroth]
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    "La Pirata" [Remake by Faroth]

    Antes de empezar a Re-Escribir esto, quería dedicárselo a Okita. Creo que ella me abrió los ojos -una vez más- para darme cuenta que, o cambio un poco lo que estoy haciendo y en lo que me estoy transformando, o mejor me voy a la mierda.

    Por eso, esta hitoria. Me importa muy poco que la lean o no, tampoco me importa si les toca los corazones o no. Simplemente es una historia que comencé a escribir por Okita, y pretendo seguir escribiendolo por ella. NECESITO terminarla. Y la repostearé con algunos cambios para que sea de más fácil lectura.

    Saludos

    Faroth

    -----------------

    No podría decir que era una lluvia torrencial, ni mucho menos una tormenta como aquellas que se viven sólo en mar abierto, cuando el infortunio llega y el navío se ve envuelto en la más dura de las batallas, enfrentándose al contrincante más despiadado: La Naturaleza. Tampoco puedo decir que era apenas una llovizna o sólo un chapuzón.
    Caían sólo de vez en cuando, pero eran goterones tan grandes que con
    estar de pie un corto tiempo bajo el cielo, ya comenzarías a estilar. Era una lluvia gorda y lenta. Pero no muy rara en esta gran isla.
    Me encuentro en La Gloria: ciudad principal y único puerto de la gran isla que la aloja. Ante la lluvia, el gran puerto parecía aguardar en silencio. Era una noche pacífica, y sin contar las luces de los bares encendidas donde ocurrían las fiestas, se puede decir que era una ciudad que dormía completamente. Nadie en las calles, ninguna pelea callejera. No habían barcos que llegaban ni que zarpaban. Todo estaba sumido en el más profundo de los silencios.
    Fue entonces que apareció una figura. Al principio me pareció que era misteriosa, oscura, llena de secretos. Parecía ser un hombre corpulento, musculoso. Llevaba una capucha y una capa. Era todo lo que veía, pero sus botas seguras se acercaban cada vez más hacia la ventana por donde observaba todo.
    Mientras se acercaba, un instinto extraño me vino desde lo más profundo, y sin saber porqué, dejé de mirar a través del vidrio, y me escondí bajo las sábanas.
    Me sentí, en un comienzo, un poco imbécil. La gente pasaba siempre de aquí a allá sin detenerse, sumida en sus propios asuntos, y no es incomún que algún hombre salga a vagar en una noche de lluvia.
    Pero son estas malditas fantasías y los cuentos marinos los que me hacen creer que éste hombre sí es importante. Que tiene una historia secreta y tiene un destino único. Por eso me escondí. Pues mi mente creía que aquel hombre podría de pronto mirar en rededor revisando si está completamente solo, y luego convertirse en un ángel o un águila y salir volando.
    Me levanté un poco más de mi cama donde reposaba anteriormente, para asomar mis ojos de la forma más discreta posible.
    Allí iba él. Con su capucha, su capa al viento. Su mano derecha sujetaba el capuchón, impidiéndole que dejara al descubierto su cabeza.
    Y allí iba... allí iba... y allá fue.
    Antes de que hubiese pasado un minuto, el hombre ya había doblado una esquina y había desaparecido.
    Mi nariz se quedó pegada completamente al vidrio. Esperando que de pronto apareciese aquel hombre. Pero nada.
    ¡Que idiota! Con razón mis compañeros de trabajo se ríen tanto de mi. Todo el día tengo esta clase de fantasías. Por Dios...
    Me tendí un rato en mi cama, mirando el techo. No sé cuánto tiempo pasé así, pero sólo sé que luego no pude aguantar más el desánimo, y resolví tomar un poco de aire fresco.
    Me puse mis botas de trabajo, unos pantalones provisorios, y chaqueta y sombrero de cuero, que protegen muy bien de la lluvia.
    Me moví por mi casa sin hacer ruido, para no despertar a mi madre. Esquivé todas las tablas lloronas y llegué sano y salvo hasta la puerta. Ésta es inevitable hacerla sonar, pero por suerte está lejos de la habitación de mi madre.
    Abrí rápidamente la puerta para no alargar el sonido, y la cerré tras de mi.
    ¡Cual fue mi sorpresa cuando me di cuenta que había sorprendido a alguien!
    Allí estaba el hombre. Sí, estoy seguro. Era el mismo capuchón, la misma capa, la misma mano ahora sostenía un cigarro de papelillo. Aquel hombre estaba sentado en el escalón de la entrada de mi casa, donde yo suelo sentarme, y se parapetaba de la lluvia con el pequeño cobijo que le brindaba mi techo.
    Una cosa me di cuenta de inmediato. De seguro no era como lo había visto. Era más bien bajo, de mi estatura, y era más flacuchento que robusto. Cuando abrí la puerta, se dio vuelta y se levantó a medias, en mezcla de sorpresa, respeto e incomodidad.
    Hubo un silencio incómodo. El cigarro seguía emitiendo humo.
    - Vuelve a sentarte. No te preocupes, viajero - Le dije en el tono más serio que mi poco más de docena de primaveras me permitía. - No me haría mal algo de compañía.
    El hombre no decía nada. No me dejaba verle claramente el rosto. Pero podía verle el final de una terrible cicatriz que comenzaba en el lado iquierdo de su cara, desde su quijada, y subía en dirección a su ojo.
    Se volvió a sentar, dándome la espalda, pero haciéndose a un lado para darme espacio.
    Me senté junto a él. Él movió su brazo cargado de papelillo con tabaco ardiendo en mi dirección, ofreciéndome.
    - No, gracias - Le dije cortesmente - No fumo. -
    Mi voz había vuelto a ser un poco más normal, y el viajero volteó su rostro encapuchado para mirarme más detenidamente. Yo todavía no me atrevía a escrutarlo bien.
    - Lo siento, no me di cuenta que eras tan joven - Dijo en un susurro grave. Su voz me parecía extraña. Como si no pudiera sacarla más allá que de los susurros graves - ¿Que edad tienes?
    Odio mi edad. Es triste ser menor de edad. Y lo peor de todo. Ser un hijo de costurera que no ha recibido una educación decente.
    - Yo... 18 - mentí. Afortunadamente no vería a este sujeto nunca más. Entonces, ¿Que tiene de malo mentir?
    - Pareces menor. - Me dijo continuando con su peculiar forma de entonar la voz, que se confundía con la lluvia. - Diría que representas unos dos años menos.- Y volvió a poner el cigarro en su boca.
    Eso era más de la edad que tenía. Al menos me di cuenta que con la actitud correcta, soy capaz de hacer creer a los demás que tengo algunos de más. Así es que a pesar de mentir por tres años, es hora de hacerle notar a este hombre (Y en parte a mí mismo) que soy mucho más maduro que mi cuerpo.
    - ¿Vives en estos barrios de La Gloria? - Le pregunté con tono seguro. - Nunca te había visto aquí.
    - Llegué hace unas horas de Europa. - Me dijo - No conocía el gran puerto de La Gloria, pero había oído hablar mucho de él.
    - Entonces... - le respondí yo. - ¿Que haces por estas calles con esta tormenta? ¿Andas perdido?
    El hombre lanzó una risa amable en señal de afirmación. Se produjo otro silencio donde pude oír claramente que el sonido de la lluvia se hacía un poco más ligero.
    El hombre alzó un poco el rostro en dirección opuesta a donde yo estaba, por lo que sólo pude verle la capucha, y preguntó tranquilamente.
    - ¿Conoces "El Bastón Ebrio" o algo así, muchacho?.
    Yo quedé sorprendido. ¿Que si lo conocía? ¡Por supuesto! Quedaba cerca. Pero era un antro de piratas, ladrones y bandoleros. Básicamente sufría las venidas de muchos perros de mar por su posición cercana al muelle. Además de su fama de servir de todo tipo de cervezas de la zona. Lamentablemente se ha llenado de mala gente, a pesar que el dueño es un bueno hombre. Alguna vez lo he visto. Pero nunca he podido entrar a ese bar. He sido presa del miedo cada vez. Miedo a que descubran que legalmente no se me permite entrar.
    Mi rostro pareció iluminador y pensativo, pues el hombre acercó su mano izquierda a mi hombro y me sujetó.
    - Por favor, llévame allí.
    Tenía miedo, desde luego. Pero si iba con él. Tal vez podría por fin volverme hombre y contarle a los mierdas de la carpintería lo que hice. Entrar al "Viejo Bastón Ebrio"



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    Eso por ahora. Gracias a los que lean. Pretendo seguir reescribiendo y al mismo tiempo escribir las continuaciones de lo que YA llevo, guardado en cómodamente en mi computador.

    Saludos

    Faroth
     

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