La familia Sanchez

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Anie, 3 Enero 2009.

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  1.  
    Anie

    Anie Guest

    Título:
    La familia Sanchez
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    802
    La familia Sanchez

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    La Familia Sánchez

    La familia Sánchez vivía en un tradicional pueblecito de pescadores cerca de Hondarribia. La familia la formaban Emma, la mayor de las hijas, que iba a 4º de ESO y tenía el pelo rubio y largo, habitualmente recogido en una cola; tenía además unos grandes y expresivos ojos verdes. Emma era muy inteligente. Iba bien en todas las asignaturas, y su preferida era plástica. Además, en sus ratos libres, pintaba cuadros sobre óleo. También asistía clases de voleibol. Emma estaba muy bien relacionada y tenía muchas amigas. Los únicos defectos que tenía Emma eran lo poco que ayudaba en su casa en la cual prácticamente todo lo hacían su madre y su hermana menor y la poca afectividad que la tenía a su tiabuela y el descaro e impertinencia con que la trataba pese a las buenas intenciones de la anciana señora, que tanto había ayudado a sus padres en tiempos anteriores. Tenía una hermana menor que ella que iba a 3º de ESO, llamada Elizabeth pero apodada Lizzie o Liz nombres que a ella molestaban mucho pero que no decía a nadie ya que era muy tímida. Esta tenía el pelo castaño y con melena aunque no tan larga como la de Emma, llevaba gafas y aparato y no era tan inteligente como Emma, por lo que iba mal en algunas asignaturas pero tenía un gran talento para la música y la escritura. También tenían un hermano mayor que ellas; llamado Tom que era tan alborotador que tenía a su profesor, el señor Pérez, amargado debido a sus innumerables trastadas. Cursaba 2º de bachillerato. Tenía el pelo oscuro y era tan listo como Emma, además, estaba en el equipo de béisbol de su colegio lo que hacía que fuera popular entre las chicas. Sin embargo, a su madre, Lucy, sus gamberradas la enojaban, pero por más que lo castigara, Tom nunca le hacía caso. Su padre, Juan, era cirujano y trabajaba a 5 Km de su casa que estaba situada junto a un río a unos 2 Km del colegio de Tom, Lizzie y Emma. Tom pronto pasaría a la universidad y sus padres habían decidido enviarlo a un internado en Madrid si no mejoraba su conducta. Pero Tom, que nunca tomaba en serio las amenazas de sus padres, seguía pensando trastadas para hacer pasar malos ratos a su profesor. La broma que Tom pensaba llevar a cabo consistía en preparar una maloliente mezcla y rociarla hacia la pizarra cuando el profesor se acercara a escribir en ella. Tom preparaba la hedionda mezcla en su habitación y la escondía en la habitación de invitados, que siempre estaba desocupada, excepto cuando Tía Carmen iba a visitarlos. El chico no iba a ninguna clase extraescolar porque sus entrenamientos de béisbol ocupaban gran parte de su tiempo. Emma se llevaba muy bien con Tom y encontraba divertidísimas sus gamberradas, a Lizzie sin embargo no le parecían tan graciosas, ella sabía lo que era sentirse humillada y se podía imaginar como lo debía pasar el profesor de Tom, y se lo decía a su hermano cada vez que tenía ocasión; esto hacía que Tom se enfadara con su hermana y la convirtiera en el blanco de sus bromas mientras estaba en la casa. A pesar de esto no se peleaban demasiado y llevaban una tranquila y apacible vida hasta que llegó la tía Carmen con su loro, su desaprobación de todo lo que los muchachos hacían y sus críticos comentarios. Tan solo Lizzie parecía caerle bien, ¡Lizzie!, la más tonta y fea de los tres, la más tímida, la que siempre se escondía... sólo ella se llevaba bien con Tía Carmen, sin embargo, ¡Emma!, la bella e inteligente Emma, la que obtenía siempre las mejores notas, la favorita de sus padres, la niña mimada... era siempre el blanco para las críticas de Tía Carmen y Tom, ¡el popular Tom!, el más gracioso, el que hacía reír a todos con un solo gesto... era reprochado continuamente por su tía porque, según ella su comportamiento era propio de chicos que no habían pisado nunca un colegio decente, y puesto que no era el caso de Tom, Tía Carmen consideraba que su conducta era muy vulgar ateniéndose a la educación que su sobrino había recibido.
     
  2.  
    Anie

    Anie Guest

    Título:
    La familia Sanchez
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Drama
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    1205
    Re: La familia Sanchez

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    Llega Tía Carmen

    Mientras viajaba en el metro con los ojos entornados debido al sol, Tía Carmen ya sabía que, probablemente, nadie iría a buscarla; Ya que casi nunca era bien recibida en la casa de los Sánchez; Allí solo Juan y Lizzie se alegrarían de que fuera a hacerles una visita.
    Tía Carmen era una mujer anciana, tenía el cabello canoso pero aún conservaba el color rubio de su juventud. Siempre llevaba unos discretos pendientes en forma de aro. Vestía un oscuro vestido y no podía retenerse cuando de criticar o corregir se trataba. Tenía un loro llamado Fox como mascota. Era un loro precioso de unos bonitos y vivios colores. Fox repetía prácticamente todo lo que oía y era un pájaro muy alegre.
    Cuando Tía Carmen bajó del tren se llevó una gran alegría al ver a Lizzie esperándola con su violín en la mano en la puerta 10, por el que llegó desde Barcelona hasta San Sebastián en tan solo una horas, el tiempo que Lizzie tenía de clase de violín, así que la muchacha pensó que le daría una gran alegría a Tía Carmen yendo a buscarla a la aeropuerto y acompañándola a casa, donde tanto ella como su tía sabían que el recibimiento no seria demasiado acogedor por parte de sus hermanos mayores; Ya que Tom enseguida empezaría a imitarla exagerando sus gestos para hacer reír a sus hermanas y, luego, Emma, se reiría de una manera tan escandalosa que resultaría prácticamente imposible que Tía Carmen no la escuchara y cuando se acercara al cuarto de juegos y vería que Tom aún estaba haciendo payasadas y entonces, entonces... Lizzie no era capaz de imaginar lo que sucedería entonces, pero una cosa si era segura sucediera lo que sucediera no sería nada bueno: Puede que Tía Carmen no regañara a Tom pero ya sabría que todo lo que hiciera sería imitado por Tom, y eso la haría sentir muy rechazada y humillada por parte de su sobrino, y, debido a la rabia que esto le produciría, corregiría más aun a Tom y el aborrecimiento que su sobrino le tenía se incrementaría notablemente.
    Cuando llegaron a casa, Emma estaba dibujando en el salón, a Tom no se lo veía por ningún sitio y Lucy estaba hablando por teléfono; Ninguna apareció notar que habían entrado en casa porque siguieron a lo suyo sin prestarles ninguna atención por lo que Lizzie dijo a su tía que la siguiera y le mostró su habitación; Era un dormitorio precioso: tenía tres grandes ventanas; Desde una de ellas se dominaba la bahía repleta de bellas barquitas, la segunda se asomaba a un bosque de castaños y nogales que en otoño producían sus frutos con los que las niñas disfrutaban haciendo tartas y conservas y la tercera, orientada hacía el Oeste, daba frente a las colinas que en invierno se cubrían de nieve y en primavera se vestían con flores multicolores. El mobiliario rezumaba alegría. Sillones y mesitas de mimbre adornaban los rincones, excepto uno de ellos, ocupado por un escritorio lleno de libros. En un extremo había una cama preciosa, cuya cabecera estaba presidida por una bonita estampa de la Virgen. Cerca de ella se alzaba un espléndido armario ropero repleto de cajones y compartimentos. Tras un precioso biombo japonés se escondía un gran lavabo de mármol, con objetos de tocador de cristal azul y blanco y una suave esponja y a su lado había un maravilloso tocador de cedro tallado sobre el cual había cepillos de marfil, finos peines y una caja de porcelana, entre otras cosas; Sobre el tocador había un antiguo espejo circular y un lindo almohadón de raso azul bordado en colores y generoso de encajes revestía una pequeña banqueta. Lizzie solía ocupar esa estancia, pero al enterarse de que venía Tía Carmen, estuvo encantada de cedérsela a su tía, ya que la anciana mujer había vivido toda su niñez en esa casa, que regentaban sus abuelos y esa habitación siempre había sido su preferida. Tía Carmen agradeció mucho a Lizzie que hubiera aceptado pasar a la habitación de invitados para dejar esa a su tía cuando siempre había sido su dormitorio, ya que cuando Tía Carmen fue niña y vivió en esa casa, ese siempre fue su cuarto. Tom, sin embargo, no estaba de acuerdo con que Lizzie se hubiera trasladado al dormitorio de invitado, ya que era allí donde se escondía a la hora de preparar sus bromas pesadas para hacer pasar malos ratos a su profesor y que su madre no se enterara de lo que preparaba. Debido a esto Tom tuvo que esconder sus artilugios para gastarle bromas al estrafalario señor Pérez en su mesita, debajo de la cama o en su armario lugares en los que su madre podría descubrirlos mucho más fácilmente cuando subiera a realizar la limpieza diaria por toda la casa.
    A la hora de la cena, a la que toda la familia se reunía, Emma comenzó a hacerle desprecios a su tía, ignorándola y rechazando cualquier esfuerzo por parte de su tía para ayudarla; Por su parte, Tom comenzó a imitarla a su espalda cuando sus padres no lo veían. Todo estaba sucediendo como Lizzie había imaginado y eso la hacia sentir muy mal, porque sabía que le estaban haciendo daño a su tía, pese a que esta siempre tenía muy buenas intenciones.
    Al día siguiente, a las ocho de la mañana Emma, Tom y Lizzie, salieron de la casa de camino a la parada del autobús de su instituto, allí Lizzie y Emma cogerían el autobús al instituto femenino y Tom subiría a otro que le llevaría un instituto masculino situado a 2 Km en el sentido contrario al de las chicas a partir de la parada del autobús. Mientras que esperaban al autobús, Emma preguntó a Tom sobre su próxima trastada, a lo que él respondió sinceramente que pronto dejaría ese feo vicio, porque pasaría a la clase superior, donde estaba el profesor Rodríguez, el más duro del colegio, y no aceptaba ningún momento de distracción en sus clases; No obstante, le contó a Emma y a Lizzie su última broma. Cuando Tom terminó, Emma comenzó a reír pensando en la cara que pondría el profesor de Tom al oler su hedionda mezcla, y Lizzie abrió la boca para aconsejarle a su hermano que no realizara esa trastada, cuando llegaron los autobuses del colegio y tuvieron que marcharse.
     
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