Jane y el castillo laberíntico

Tema en 'Relatos' iniciado por cuki, 29 Julio 2012.

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    cuki

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    Título:
    Jane y el castillo laberíntico
    Clasificación:
    Para todas las edades
    Género:
    Horror
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    3754
    Hola a todo el mundo. Esta historia es increíblemente vieja. La presenté para un concurso que se organizó en el foro a finales del 2009. Uf, sí que es vieja.
    No gané nada, pero tampoco obtuve una mala puntuación, además a mí siempre me gustado bastante.

    Jane y el castillo laberíntico


    Jane pasó el dedo por las solapas de los viejos libros de terror de la biblioteca. Nada. No había nada interesante.
    Ya se los había leído todos por lo menos diez veces.
    Dejó escapar un largo suspiro ¿Por qué no traían libros nuevos?
    Dio media vuelta. Tendría que ir a echar una ojeada a la otra biblioteca, que le quedaba a una hora de su casa.
    Dejó escapar otro suspiro, en esta ocasión, lleno de resignación.
    No se había alejado más que unos cuantos metros de la estantería, cuando un ruido sordo de algo cayendo al suelo llamó su atención.
    En el suelo, con las solapas abiertas, había un libro.
    Enarcó una ceja ¿Cómo demonios se había caído?
    Se acercó a él y lo cogió.
    Miró de que libro se trataba, y se sorprendió al comprobar que el título no le sonaba.
    -Michael y el castillo laberíntico-Leyó en voz alta.
    Hizo girar el libro entre sus manos.
    No le sonaba para nada. No había escuchado hablar de ese libro en ningún lado, y eso que ella estaba al tanto de todos los libros de terror que salían.
    Abrió el libro, dejando pasar las hojas. Contenía dibujos con escenas llenas de terroríficos y macabros monstruos.
    Miró de nuevo la portada del libro. No salía nombre alguno que hiciese referencia al autor que lo había escrito, ni tan siquiera el nombre de alguna editorial.
    Alzó la mirada hacía la estantería, de donde supuestamente había caído el libro, pero allí no faltaba ninguno. La estantería estaba a rebosar de libros. No había hueco para ninguno más.
    Bajó la mirada de nuevo al libro ¿De dónde demonios había salido?
    Ignoró la pequeña alarma que se había encendido en su cabeza. Ignoró la vocecilla de su conciencia diciéndole que aquello no era normal y se dirigió al mostrador para llevarse el libro.
    -Hola cielo-Le saludó Monique, la bibliotecaria-¿Ya has escogido libro?-
    -Sí-
    Y la niña le extendió el extraño libro.
    Monique alzó ambas cejas, sorprendida.
    -Vaya, no sabía que teníamos un libro con éste título-
    -¿A ti tampoco te suena?-
    Monique le dedicó una dulce sonrisa.
    -Bueno, tal vez lo hayan traído mientras yo no estaba. Voy a buscarlo en el ordenador-
    Y la bibliotecaria comenzó a teclear a velocidad de vértigo.
    -Que extraño no sale el nombre del autor, ni tampoco sale el nombre de ninguna editorial-murmuró Monique, mientras terminaba de introducir el nombre del libro. La mujer miró con sorpresa la pantalla. Nada. La búsqueda no había dado ningún resultado-Querida, no me sale ninguna referencia de éste libro. Tal vez lo haya escrito alguien, y se lo haya olvidado aquí-
    -¿Te refieres a un Amateur?-
    -Exacto-
    Jane arrugó la nariz. No le gustaba aquello. Ya se había ilusionado con leerse un libro nuevo, pero si el libro no era de la biblioteca, probablemente tendría que dejarlo allí para que su dueño lo fuese a buscar.
    Monique sonrió de nuevo.
    -Mira, porque no hacemos una cosa. Ya casi es la hora de cerrar, de modo que no creo que lo vengan a buscar, y se que tú mañana ya te lo habrás leído, de modo que ¿por qué no me lo traes de paso que vas a la escuela mañana por la mañana?-
    -¿Puedo?-Preguntó Jane, emocionada. Le encantaba aquella mujer, era realmente maravillosa.
    -Por supuesto-
    Jane sonrió con gratitud a la mujer y después se marchó a toda prisa, ansiosa por llegar a casa y leerse aquella extraña adquisición que había conseguido por un único día.

    De camino a su casa, Jane se cruzó con gato negro, tuvo que pasar por debajo de una escalera, y uno de de los cordones de su bamba se rompió. Pero no dio importancia a esas cosas que normalmente la gente dice que trae mala suerte. Ni tan siquiera dio importancia a los cuervos que estaban en el tejado de su casa.
    Por qué… ¿Qué iba a pasar?
    Sólo era un libro, nada más.
    Ignoró las protestas de su madre por llegar tarde, y subió como un torbellino a su habitación, encerrándose en ella.
    Pasó con cuidado los dedos por la portada del libro, como si temiese que en cualquier momento fuese a desaparecer.
    Lo abrió y comenzó a leer.

    ``Necios e insolentes humanos, si apreciáis vuestra vida, no continuéis leyendo éste libro maldito. Cerradlo y quemadlo en la hoguera del infierno ´´

    Jane enarcó una ceja ante aquellas palabras, pero en lugar de hacer lo que allí decía, ella continuó pasando las páginas, hasta llegar a la primera página del primer capítulo.
    Pasó la mano por las letras rojas en relieve.
    Curioso, parecía sangre.

    ``Michael cogió el libro y comenzó a leerlo con ímpetu, ignorando la advertencia…´´

    Jane dejó de leer durante una fracción de segundo ¿Qué era lo que pasaba allí? ¿Es que acaso el autor ya sabía como iba a reaccionar la gente y por eso había hecho el comienzo del libro de modo que pareciese que se reflejaba lo que uno hacía? ¿O…?

    Jane no pudo tan siquiera terminar de formular el siguiente pensamiento, a su alrededor, todo comenzó a dar vueltas, y de repente, se sintió absorbida, como si un aspiradora la estuviese succionando, únicamente que en lugar de estarle succionando una aspiradora, lo que le succionaba era el libro.
    El libro tiraba de ella, arrastrándola hacía su interior, y antes de que la chica pudiese hacer nada por evitarlo, todo se volvió oscuridad a su alrededor.

    Jane abrió los ojos de repente. Sentía el brazo izquierdo dolorido.
    Se debía de haber caído de la silla y había caído sobre ese brazo ¿Cuánto rato llevaría inconsciente? ¿Por qué su madre no había subido al escuchar el estruendo que habría provocado al caerse al suelo?
    Se incorporó con cierta dificultad. La cabeza aún le daba vueltas.
    Buscó a tientas la mesa del escritorio, para poder apoyarse en ella, pero por más que buscaba, allí no había nada. Entonces, decidió alzar la vista y abrir los ojos.

    Miró con incredulidad en todas direcciones ¿Dónde demonios estaba?
    Una cosa era segura, no estaba en su cuarto, si no en una llanura de escasa vegetación. Entornó los ojos, intentando ver más allá de la espesa niebla que acababa de aparecer de la nada.
    En la lejanía, había un castillo.
    La niña refunfuñó, encaminándose con pesadez hacía el castillo.
    Caminó lo que le parecieron horas, y cuando por fin consiguió llegar hasta él, se quedó completamente helada. Era el mismo castillo que salía en la portada del libro ¿Acaso se había quedado dormida y no se había enterado? ¿Realmente era todo un sueño?

    -Está equivocada, señorita-Dijo una voz desde las sombras- está bien despierta y como no se de prisa, jamás podrá escapar de aquí-
    Jane frunció el ceño mientras miraba al hombre que se acaba de mostrar ante ella.
    Vestía una levita negra y unos pantalones del mismo color, botas altas de color marrón oscuro y un enorme sombrero.
    -¿A qué te refieres?-Preguntó malhumorada.
    El hombre señaló hacía el cielo, que era de un extraño color rojizo, como si estuviese manchado por la sangre, y en donde una luna de color amarillento brillaba con fuerza.
    -La única forma de escapar de aquí está en el interior del castillo. Si consigues encontrar la puerta que lleva a tu mundo antes de que la luna quede completamente oculta, serás libre, pero si no es así…-El hombre dejó la frase en el aire.
    -Si no es así, ¿Qué?-
    -Quedarás encerrada aquí para siempre, y serás la comida del señor del castillo-
    -¿Señor del castillo? ¿A quién…?-Pero Jane no concluyó la pregunta, ya que no había nadie a quien formulársela.
    No había rastro del hombre que hacía unos segundos estaba delante de ella. Había desaparecido en la nada.

    Jane fulminó con la mirada la puerta.
    -¡Que demonios!-Masculló, empujando la pesada puerta para entrar en el interior del lóbrego castillo.
    Miró a ambos lados. El interior del castillo estaba prácticamente a oscuras. Tan sólo unas pequeñas zonas estaban iluminadas por pequeños haces de luz procedentes de consumidas velas.
    -Bienvenida-Dijo una voz detrás de ella.
    La chica se giró sobresaltada.
    Contuvo una mueca de asco ante el jorobado que le observaba desde la penumbra.
    Uno de los ojos del jorobado giró sobre si mismo, y después se clavó en ella.
    Jane no podía apartar la vista de ese ojo, más grande de lo normal, ya que parecía que se iba a salir de la cuenca.
    -Vengo a explicarle las normas señoritas-
    -¿Qué normas?-Preguntó, haciendo un gran esfuerzo por apartar la vista de ese ojo.
    -Las de juego-
    -¿Qué juego?-Preguntó con incredulidad.
    -El de su vida-
    Jane sintió como un escalofrío le recorría la espalda, entendiendo el doble sentido de aquellas palabras.
    -Tiene de tiempo hasta que la luna quede completamente oculta para salir de aquí. Este castillo tiene infinidad de puertas, todas ellas comunicadas entre si y sólo hay una que la llevará de regreso a su casa. Si consigue encontrarla antes de que la luna se oculte, quedará a salvo-
    -¿A que te refieres con eso de quedar oculta?-
    Uno de los amorfos dedos del jorobado señaló hacía un gran ventanal, en dónde se podía apreciar la luna, que comenzaba a quedar oculta, como si se tratase de un eclipse lunar.
    -Si no se da prisa no le dará tiempo-
    Jane se giró, para preguntarle más cosas al grotesco jorobado, pero de nuevo, allí no había nadie para responder a sus preguntas.
    Arrugó la nariz. Si aquello era un sueño, no le estaba gustando.

    Giró sobre si misma, para ver cuantas puertas había, o por lo menos hacer el esfuerzo de intentar ver algo, ya que aquello cada vez estaba más oscuro.
    -¡Maldita sea, pero si no se ve nada!-Exclamó.
    Y como si alguien le hubiese escuchado, todas las luces se encendieron, o al principio, pensó que eran las luces, ya que lo que en realidad iluminaba la entrada, eran unas pequeñas y fantasmagóricas bolas que flotaban por el aire.
    Jane no quiso ni imaginarse que serían aquellas bolas que flotaban en la nada, ya que le había parecido escuchar algún que otro gemido lastimoso saliendo de ellas, y en su lugar se centró en buscar cuantas puertas había.
    En el piso inferior, había una que daba al ala Este y otra al ala Oeste. Debajo de las grandes escaleras que llevaban al piso superior también había una, y en el piso superior había dos más.
    Eso hacía un total cinco puertas para elegir.
    Jane volvió a arrugar la nariz. Miró con indiferencia las puertas, y sin pensárselo demasiado se encamino a la que daba al ala Oeste.

    La habitación que había tras la puerta, estaba a oscuras, ni un solo rayo de luz iluminaba la oscura estancia.
    -Genial-murmuró.
    Jane iba a dar media vuelta, para buscar por otra puerta, pero antes de que pudiese hacer algo, la puerta se cerró, dejándola completamente a oscuras.
    La niña se abalanzó hacía el lugar en donde debía estar la puerta, para abrirla de nuevo y salir de allí, pero la puerta ya no existía. Allí únicamente había un trozo de pared.
    Su corazón comenzó a latir con tal violencia, que lo oía retumbar en sus propios oídos.
    Relájate, pensó.
    Comenzó a dar grandes bocanadas de aire, intentando relajar su frenético corazón, que poco a poco comenzó a latir con normalidad.
    La niña se giró. Tendría que buscar otra puerta. Dio un paso un al frente, pero se detuvo en seco al ver algo dentro de aquella absoluta oscuridad.
    A pequeños intervalos de tiempo, se veía grandes cantidades de algo similar a la niebla flotando en el aire.
    Jane se concentró, intentando descubrir que era, y entonces comenzó a escuchar una respiración. No era una respiración normal. Un humano no respiraría así. Parecía la respiración de un animal. Un animal que tenía que ser enorme dado las grandes cantidades de vaho que estaba saliendo por sus fosas nasales.
    -¿Pero qué…?-
    Y de repente, se hizo la luz. Una gran cantidad de antorchas se encendieron, mostrando al ser que respiraba de aquella forma. Un enorme perro de tres cabezas le observaba con los ojos inyectados en sangre.
    -Cerberos-susurró la niña, mientras su corazón latía frenéticamente de nuevo.
    ¿Qué hacía el perro de averno allí?
    -¿Tú serás mi comida?-Preguntó Cerberos, con voz grave.
    Y sin decir nada más, se abalanzó contra la niña, que aduras penas fue capaz de esquivar el ataque.
    -No te muevas. Todo será mucho más fácil si te estás quieta-
    ¿Qué se estuviese quieta? Tenía que ser una broma, una de muy mal gusto por cierto.
    Jane buscó desesperada otra puerta, y la divisó justo detrás de Cerberos.
    Cerberos volvió a tacarle, y en esa ocasión, Jane fue capaz de prevenir el ataque, haciendo la rueda hacía delante, para colocarse justo debajo del perro y comenzar a correr hacía la puerta, con lo que ella no contaba, era con que Cerberos saltase sobre si mimo, quedando sus cabezas justo detrás de ella, y que abriese su grandes fauces en el preciso instante en el que ella conseguía alcanzar el pomo de la puerta y abrirla.
    En el preciso instante en que la puerta se cerró, escuchó el sonido de los dientes chocando contra el otro lado de la puerta, pero en el lado en el que estaba ella, no había marca alguna de los afilados dientes del guardián del averno.
    Miró a su alrededor. Volvía a estar en el vestíbulo, más exactamente en la puerta que estaba justo debajo de las escaleras.
    -Pero ¿qué le pasa a éste lugar?-
    Miró hacía la entrada. La puerta que conducía al exterior también había desaparecido.
    -Genial- Y se encaminó a la puerta del ala Este.
    La nueva puerta daba a un largo pasillo, en el que había extrañas ventanas de distintos tamaños.
    Miró por una de ellas y se sorprendió al comprobar que estaba por lo menos en el tercer piso.
    Aquel castillo era realmente un auténtico laberinto.
    En el pasillo había un total de siete puertas, y al final, sin pensárselo demasiado, entró por una que había hacía la mitad del pasillo.
    La habitación estaba ambientada en una típica casa japonesa, y justo en medio, había una mujer ataviada con un elegante Kimono.
    La mujer estaba de espaldas, por lo tanto, tal vez aún no se habría percatado de su presencia.
    Dio una rápida ojeada a la habitación, en la otra punta había otra puerta.
    Bien, tengo que marcharme de aquí. Por lo menos esa mujer no parece peligrosa, pensó, comenzando a caminar sigilosamente hacía la puerta.
    -¿Eso crees?-Preguntó de repente la mujer, girándose hacía ella, para mostrarle un rostro vacío.
    Jane ahogó el grito que había estado a punto de salir de su boca. Aquella mujer no tenía nada en la cara, ni nariz, ni boca, ni ojos, nada, no había nada.
    La mujer se levantó.
    -¿No era esto lo que querías?-
    ¿De dónde salía su voz si no tenía boca para hablar?
    -Siempre te han gustado las historias de terror ¿verdad? entonces, ¿de qué tienes miedo? Siempre habías querido formar parte de una historia de terror ¿verdad?, querías que tu monótona y aburrida vida cambiase, ¿no?-
    Jane abrió y cerró la boca, cómo si se tratase de un besugo. Era incapaz de moverse, y la mujer cada vez estaba más cerca de ella.
    Basta, se dijo a si misma, corre.
    Y con pesadez comenzó a correr, al principio con mucha lentitud, como si sus piernas fuesen de plomo, pero poco a poco, fue adquiriendo velocidad, hasta que consiguió llegar a la puerta.
    Dio una última ojeada a la mujer, que no se había movido para intentar perseguirla, y después abrió la puerta para marcharse.
    -Jamás conseguirás escapar de nuestro señor…-Dijo la voz de la mujer, antes de que la puerta se cerrase completamente.
    Jane se llevó una mano al corazón. Si seguía llevándose sustos como ese, acabaría sufriendo un ataque al corazón.

    Miró la habitación en la que se encontraba. Era muy elegante, con grandes ventanales, por los que se podía ver la luna, que ya estaba oculta hasta casi la mitad.
    -Mierda-
    De repente comenzó a sonar un piano. Miró en aquella dirección, pero allí no había nadie. Se le pusieron los pelos de punta.
    ¿Qué era aquél lugar? Lo único que quería era volver a su cama.
    -Necia-Dijo de repente una voz-Hiciste caso omiso de mi advertencia al principio del libro y por es te encuentras aquí-
    -¿Qué es éste lugar?-
    -No hay tiempo para explicaciones. Si quieres salvar tu vida, busca la puerta roja, esa puerta te conducirá a tu casa-
    -Pero…-
    -¡Corre!-
    Y tal y como había comenzado a sonar el piano, éste dejó de sonar.
    Jane apretó con fuerza los labios, y después corrió hacía una de las dos puertas que había en la habitación.

    La niña corrió y corrió a través de las distintas puertas, buscando la puerta roja, y sorteando infinidad de peligros, desde una habitación que estaba bajo el mar, hasta enfrentarse a un jinete sin cabeza.
    Cuando llegó de nuevo al vestíbulo, la puerta de la entrada, puerta que antes había desparecido, ahora volvía a estar allí, de un magnífico color rojo.
    Miró hacía el gran ventanal por el que se podía divisar la luna. Estaba prácticamente oculta, únicamente se veía un pequeño resquicio de luz.
    Corrió hacía la puerta…

    Jane abrió los ojos de repente. Estaba en el cuarto de baño de su casa. Prestó atención a los ruidos de su casa. Podía escuchar a su madre en la cocina. Miró la hora en su reloj. Era la misma hora que cuando había comenzado a leer el libro.
    Dejó escapar un suspiro lleno de alivio.
    -¿Por qué suspiras?-
    Jane miró en todas direcciones, giró sobre si misma buscando de donde provenía la voz, hasta quedar de espaldas al espejo del cuarto de baño.
    -Lo siento, no conseguiste escapar a tiempo de mi castillo, la luna quedó oculta antes de que consiguieses abrir la puerta-
    Jane quiso girarse, pero no le dio tiempo, algo tiró de ella antes de que acabase de completar la acción, y entonces… todo se volvió oscuridad para ella.

    ``Necios e insolentes humanos, éste es el destino que le espera a los que abren el libro del castillo laberíntico, de modo que si apreciáis vuestras vidas, jamás abráis el libro, o si no, vosotros seréis los siguientes protagonistas ´´




    FIN











     
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