Inevitable tentación.

Tema en 'Archivo Abandonado' iniciado por Kathy, 20 Enero 2013.

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    Kathy

    Kathy Iniciado

    Aries
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    4
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    Escritora
    Título:
    Inevitable tentación.
    Clasificación:
    Para niños. 9 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    1470
    Esta es una historia de Rin y Len, esta inspirada una pequeña parte en la cancion de "Adolecense"
    Es apenas mi segunda historia, asi que estoy abierta a criticas n_n Espero que les guste.

    ----------------------------------------Capitulo 1---------------------------------------​
    Vivir en una sociedad en la que, fácilmente, te sientes como un cuervo atrapado en una jaula sin cerradura alguna que se pueda abrir y liberarte. Tener que ocultar aquello que te gusta, tus ideas, tus opiniones, tus sentimientos… Es una sensación horrible, atrapante, que lentamente va despertando la locura oculta de cada uno.

    Imaginar que, al expresar tu amor hacia una persona, todo el mundo cambiara su manera de verte, la mayoría de un modo de rechazo es todavía peor…

    Aquellos sentimientos albergaban la mente de un joven chico con cabellos rubios resplandecientes, y unos grandes y brillantes ojos azules hechizantes. Aquel chico tenia un gran amor hacia una joven dama en especial; desde su infancia ha hecho todo lo posible para verla sonreír .Para verla feliz; le dedicaba preciosos poemas, le ofrecía dulces postres - sobretodo flanes-, le regalaba hermosos racimos de rosas, entre otras cosas.

    Desde su niñez, hasta su actual edad de catorce años, su amor ha sido correspondido, pero para desgracias del joven, la dulce dama no ofrecía más que un amor fraternal, sin gran intención de algo más serio –O por lo menos eso daba a entender- . Para el varón, en sí, no había ningún inconveniente con eso, sabía que era algo entendible. Le bastaba con verla sonreír…Sin embargo aun con sonrisas y alegría, los verdaderos sueños del joven jamás serian cumplidos, por una simple y sencilla razón: Aquella dama dulce y elegante era muy cercana a él… demasiado cercana, era su querida hermana. Para ellos era algo inofensivo y sin importancia, en cambio, para la sociedad era el pecado mas desdichado y rechazado que se podría cometer. En los pensamientos del joven, albergaba la idea de que el simple hecho de que los demás lo consideraran de ese modo tan prohibido, le causaba todavía más tentación.

    Un día lluvioso se presentaba ante la ventana de Len, combinaba perfecto con su estado de ánimo.

    -Volverás ¿Cierto?- Preguntaba inquietante la dulce damisela que se encontraba a su lado, tomando su mano esperando su respuesta.

    -Te lo prometería, pero desgraciadamente no puedo asegurar nada- Contestó el joven rubio, sin despegar en ningún momento su mano. Evitaba ver a Rin tan directamente. Estaba al borde del llanto, su cordura colgaba de un hilo y ver la sollozante expresión de su hermana no seria nada favorecedor.

    Un silencio incomodo invadió la habitación, donde solo se encontraba la dulce pareja en su momento de melancolía. Ninguno de los dos quería romper el silencio continuo, pues cualquier palabra podía causar el llanto de cualquiera de los dos.

    -Umm Len, hoy será la ultima noche ¿Verdad?.

    -A…Asi es- Tartamudeo, incrédulo por la verdad que albergaba la situación. Deseando poder decir que es mentira y todo será como lo fue todos estos catorce años.

    -Entonses quiero que la pases conmigo- Bajo su tono de voz, al igual que su mirada- como lo hacíamos antes de separarnos de habitación.


    -Pero… si papa y mama…- Contesto Len decepcionado.

    -No importa, no volverán hasta mañana en la tarde… Ademas, para ellos es normal, somos hermanos, no hay nada malo con eso.- Insistio la dulce joven sonriendo un poco forzado, pero en el fondo Len era capaz de ver su sinceridad y como le rogaba su cariño por esta ultima vez.

    -Si insistes- Desistio.

    Tomo dulcemente con su mano el cabello de la joven de ojos azules, acariciándola tiernamente mientras le sonreí con calidez.

    Ase al menos siete meses que Len y Rin no compartían una cama. Toda su vida lo habían hecho, sin embargo sus padres pensaron que, al ser de sexos diferentes, les gustaría tener una mayor privacidad teniendo cada uno su propio cuarto. Fue desde entonces, cuando los dos comenzaron a pasar noches de soledad en la inmensidad de sus habitaciones, esperando volver a sentir el calor del otro en las frías noches de invierno.

    La alcoba de la joven rubia es la habitación mas cálida de todo su hogar, por lo que prefirieron dormir ambos ahí. Rin paso a su baño a cambiarse su formal vestido marrón por un camisón de seda azul con un delicado encaje negro. Mientras tanto, Len se vestía con una provocativa camisa blanca de botones sin abrochar y un pantalón negro.

    Rin se sentó a su lado en la cama. Aunque ambos parecían nerviosos y tímidos, su felicidad desbordaba por aquellas miradas únicas que solamente ellos podían interpretar. El joven rubio no se podía resistir jamás a aquella dulce mirada que el tanto deseaba.

    Len tomo su dulce mejilla, acercándola lentamente cada vez más cerca de su rostro, acortando la distancia entre ellos cada vez menos, aunque el deseara no parar y continuar hasta que su distancia fuese nula y sus labios rozaran los de ella, sabía que no era lo mejor, y saciar su egoísmo con la inocencia de su dulce damisela lo haría sentirse peor que escoria.

    Ambos deseaban dormir… y no despertar jamás.

    El joven se acostó del lado izquierdo, como toda su vida lo ha hecho. Extendio su brazo derecho, donde Rin adora apoyarse y acercarse lentamente hacia el torso calido de su hermano.

    Aquella noche no les importaba el tiempo que pasara, los sucesos que ocurrieran, los rumores que corrieran, ellos eran felices uno junto al otro, durmiendo plácidamente.

    A la mañana siguiente, lo primero que los brillantes ojos azules del joven rubio apreciaron, fue la dulce sonrisa de una tierna dama que yacía felizmente entre sus brazos.

    -Al fin despiertas- susurro dulcemente la joven damisela

    -Siempre despiertas antes- contesto sonriente el joven caballero.- ¿Ya tienes hambre?-

    El gruñir del estomago de Rin fue una respuesta mas adecuada que nada.

    -Los cocineros no están desde ayer- Menciono haciendo pucheros.

    -Pero me tienes a mi- Contesto con una sonrisa pícara.

    La damisela –como siempre- respondió con una inocente mirada, ignorante a la verdaderas intenciones de su compañero.

    El par de gemelos se dirigió hacia la cocina en la planta baja. En ella Len comenzó calentando un sartén y poniendo un par de huevos sobre el. Al joven rubio le encantaba lucirse enfrente de Rin al cocinar, por lo que hace varios trucos que a ella le encantan.

    Terminando el desayuno el resto del día para los gemelos fue inocentemente divertido. “La ignorancia es la clave de la felicidad” Ese par eran el claro ejemplo de estas palabras.

    -Estan entrando ya - Anuncio Rin con la vista clavada en la ventana de la sala.


    -No importa

    -¿No importa?

    -¿Qué esperas que hagamos ahora? Ellos han tenido el control de nuestra vida por muchos años. Si ellos deciden esto no los podemos detener ¿Cierto?

    -Pero…

    -No por eso nos separaremos del todo- Interrumpió el joven rubio tomando de los hombros a su anhelo personificado.

    Es su sueño y placer, es su amor y cariño…Sin ella el se perdería en la inmensa locura de su mente. De haber nacido separados, la vida lo hubiera arrollado, llevando consigo su razón de seguir siendo quien es, su razón de no dejarse moldear como la sociedad lo desee, su razón de levantarse cada dia y sonreir a pesar de sus deseos egoístas…

    ¿Besarla?

    El siempre ha querido hacerlo.

    ¿Por qué no lo hace?

    La sociedad en la que se encuentran es tan llena de restricciones y posibles rechazos que correr ese riesgo y hacer lo que el desea le parece la manera mas cruel para que la humanidad lo rechaze a el y a ella.

    ¿Le interesa tanto la sociedad?

    Digan lo que digan, piensen lo que piensen, a el no le importaría que lo criticaran por seguir a sus deseos y sentimientos.

    Entonces…¿Qué lo detiene?

    <<¿De verdad seria justo arrastrar a alguien mas conmigo solo por un capricho que quiero cumplir?>> No hace falta decir que estos son los pensamientos que retienen todo posible acto egoísta del joven. Que lo critiquen a el no le importa… pero el simple hecho de pensar que, por su culpa, rechazarían tanto a la pequeña, le duele aunque no lo exprese.

    Su inseguridad, su incomodidad, su baja autoestima son los peores defectos que afectan a la pobre damisela. Con un rechazo de ese calibre solo la destruirían por dentro. El joven no seria capaz de provocarle semejante tortura.

    El momento llego. Ya seria hora de que cada uno tomara caminos diferentes...Ya seria hora de decir adios.

    A veces la vida trae giros inesperados...Y no queda mas opción que aceptarlos y aprender a vivir con ellos.
     
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