GOTAS DE ACUARELA Ambos estaban sentados sobre el verde prado, apoyándose mutuamente contra la espalda del otro. La hierba estaba húmeda por el rocío de la noche y algunas gotas brillaban cual diamante cuando una halo de luz las acariciaba. El sol todavía holgazaneaba tras un manto de nubes que comenzaba a disiparse, abriéndole paso al astro rey que ascendía hasta su trono. —Adoro los diversos tonos con que el cielo está teñido al alba —susurró Nella, con la mirada fija en el firmamento. Pero a Lena, la pequeña gata parda que les hacía compañía, poco o nada le importaba el maravilloso escenario que la rodeaba, puesto que su única preocupación era encontrar un lugar donde poder secar su pelaje. Se desplazó grácilmente hasta posarse en las piernas de su amo, quien la recibió haciéndole cosquillas detrás de la oreja. Lena ronroneó de satisfacción. —Eres una mimada —le dijo éste. —Igual que tú —afirmó la joven de hebras azabaches, con un deje de burla en su voz. Lenn giró sobre sí mismo y descansó la barbilla en el hombro de su compañera, observando cada trazo que realizaba con el pincel sobre el lienzo. Ella siempre había tenido un gran talento artístico, logrando captar la belleza del mundo y convirtiéndola en algo mil veces mejor. —Parece un rinoceronte —comentó, refiriéndose a una de las nubes dibujadas. —La que paseaba en las alturas era similar. Durante varios minutos permanecieron en silencio, inmersos en los colores y formas de su trabajo. El rubio se llevó pequeños trozos de queso a la boca, dejando las uvas aparte, ya que sabía que eran las favoritas de Nella. Esperaban regresar antes del mediodía, así que no habían llevado nada más que dichos alimentos consigo, aunque su estómago le reclamaba más. Lenn la rodeó por la cintura con ambos brazos, atrayéndola delicadamente hasta que sus cuerpos se juntaron por completo. Sin embargo, a pesar de su intento por ser cuidadoso, un par de gotas de acuarela cayeron en medio del lienzo a causa del movimiento. «¡Idiota!», se reprendió. —¡Cómo lo siento! Yo no quería... Fue interrumpido por la sonrisa afable que Nella le dedicó. Ésta dejó sus utensilios a un lado y alzó el cuadro para apreciarlo detalladamente. Inclinó la cabeza hacia la derecha. —Nuestro rinoceronte ahora parece otra cosa, ¿no crees? Él imitó su acción. Y lo vio. —Una mariposa. —Una mariposa —repitió ella. Contenido oculto: Notas de la autora ¡Terminé! Espero que sea de tu agrado, @HarunaMatsumoto . En lo personal, me divertí y quedé conforme con el resultado, aunque simple. Gracias por jugar conmigo.