Garras sangrientas

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Ichiinou, 7 Noviembre 2015.

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    Ichiinou

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    Título:
    Garras sangrientas
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    1049
    Prólogo

    Había caído la noche ya hacía un buen rato, Rufus y los suyos se encontraban agazapados al pie de aquella carretera. No les era especialmente difícil el ocultarse, ya que los árboles que flanqueaban la misma ayudaban mucho en su empresa.

    Algunos de los suyos empezaban a impacientarse, escuchaba cómo se removían nerviosamente y algunos resoplidos. Los que tenían la mala suerte de cruzarse con su mirada se quedaban helados al instante y volvían a mantener la compostura. Le tenían respeto, para algo era el líder.

    —Se escucha algo señor —dijo Leila, su más fiel súbdita, en un susurro.

    Rufus olisqueó el aire y lo pudo notar. Allí venían. Habían esperado durante mucho tiempo aquel momento y ahora podía notar aquel olor tan familiar.

    Habían puesto de señuelo en el medio de la carretera el cadáver de un venado, lo suficiente para que los que viniesen en el coche parasen y así podrían cumplir lo que habían venido a hacer.

    No tardó ni cinco minutos en aparecer el coche por el fondo de la carretera y todos quedaron expectantes.

    Como unos cervatillos que caen en una intrincada trampa, ellos cayeron. Cuando Samuel Tanner hubo bajado del coche, Rufus indicó a sus compañeros que se quedasen quietos, que él se encargaría de ellos, pero que le cubriesen las espaldas.

    Como una sombra se acercó al buen hombre por detrás, dispuesto a cumplir su empresa.

    —Hace una buena noche, ¿No cree? —le dijo sobresaltando al hombre que inspeccionaba el venado en el suelo.

    Samuel no encontró las palabras, estaba realmente desconcertado porque claramente no sabía qué hacía allí, en medio de la nada, un desaliñado hombre saludándolo tan buenamente.

    —Supongo… -atinó a decir finalmente Samuel— ¿Ha visto usted lo que le ha pasado a esta pobre criatura?

    Rufus negó rápidamente con la cabeza.

    —Lobos, supongo. Por esta zona hay muchos, ¿sabe? No es una buena zona para los animalillos indefensos.

    —Claro… ¿Me ayuda a retirar el cadáver de la carretera? –le dijo Samuel inocentemente aunque estaba especialmente tenso.

    Desde el coche, la tierna voz de una mujer se escuchó y el llanto de una niña.

    —¡Samuel! ¡Vámonos ya a casa! ¡Ya se encargarán los guardabosques de recoger eso de la carretera! ¡La niña está muy asustada!

    —¡Tranquila Carol! Si solo es un momento…

    —Quizás deba hacerle caso a su mujer, al fin y al cabo, la pequeña ha notado un peligro —dijo Rufus dedicándole una sonrisa lobuna al hombre que hizo que este retrocediese.

    Entonces, con una leve indicación con la mano derecha, más de una decena de los hombres de Rufus flanquearon el camino. Ante las horrorizadas miradas que lanzaban Samuel y su esposa, el líder solamente esbozó otra sonrisa lobuna y se abalanzó sobre el hombre para cogerlo por el cuello.

    —Leila, encárgate de la mujer —dijo mirando de soslayo a su súbdita que asintió rápidamente y se abalanzó con una velocidad sobrehumana sobre su presa.

    —¿Por qué? —pudo decir Samuel, al cual le costaba respirar.

    —Tu mujer es un impedimento para cumplir el pacto de sangre, tenemos que eliminarla a ella y por consiguiente, a ti, para que no se te ocurra vengarla.

    —Pero mi hija… tan solo tiene dos años… —articuló Samuel, al cual las lágrimas le salían a borbotones y que estaba considerablemente horrorizado ya que escuchaba los gritos de terror de su familia.

    —Oh, tranquilo, a tu pequeña no le pasará nada. Se criará con su familia hasta que tenga capacidad de elegir por sí sola. Pero esa bruja —dijo Rufus señalando a la mujer de Samuel— oh, ella debe morir, Samuel. Elegiste mal al amor de tu vida, qué se le va a hacer. Pero tranquilo, tu pequeña vivirá, al fin y al cabo, no podríamos matar a uno de los nuestros.

    En ese momento, con un giro rápido de muñeca, Rufus le arrebató la vida a Samuel, el cual dejó de resistirse y cayó inerte sobre el asfalto.

    El líder le echó un último vistazo al cuerpo de Samuel, hasta que decidió ir por su verdadera presa, que lloraba y pataleaba presa del pánico en la parte de atrás de aquel monovolumen. Se acercó y arrancó una de las puertas de atrás del coche. Y sonrió al ver a aquella pequeña bola que lloraba sin cesar.

    —Oh, pequeña, no pasa nada, tú no vas a sufrir ningún daño. Tan solo estate quieta y todo pasará rápido.

    Rufus se acercó a Emma y le colocó en el cuello un colgante con un colmillo, le sonrió y le dedicó unas últimas palabras.

    —Cuídalo bien.

    Le dedicó una de sus sonrisas lobunas y salió del destrozado coche.

    —Retirada —dijo sin más.

    Todos los súbditos de Rufus se replegaron y se internaron en el bosque de nuevo. Leila se adelantó y se puso a la altura de su líder.

    —Señor, hemos dejado a la niña a la intemperie, se morirá si no hacemos nada.

    —Necia. El colgante la protegerá, ¿Por qué crees que se lo he dado?

    Leila se quedó callada, avergonzada. Pero de pronto otra duda le surgió.

    —¿Por qué no nos hemos transformado?

    —Porque no quería que la niña asociase que los licántropos son unos seres malvados. Tiene dos años y posiblemente no se acuerde de nada del episodio de hoy, pero si lo hace… al menos que solamente recuerde como unos despiadados seres humanos mataron a sus padres.

    —¿Teme que busque venganza?

    —No lo hará. No podría matar a los suyos aunque quisiera.

    —Pero…

    —No me recuerdes eso ahora Leila, sé por dónde quieres ir, pero esta vez no volverá a ocurrir eso, eso fue hace más de medio siglo.

    Una vez más, la súbdita se calló, no quería molestar a su líder y más con un tema que todavía estaba demasiado reciente como para que él no lo recordase cada día.

    —La memoria de Aisha será honrada, por fin —dijo finalmente Rufus— ahora, todos a la base. Tendremos que esperar mucho tiempo y libraremos muchas batallas, puede que muchos muramos en los años que transcurrirán, pero merecerá la pena. Ella es diferente…

    Los ojos de Rufus cambiaron de color y se dibujó en ellos la luna amarilla que caracterizaba que estaba empezando la transformación.

    —Pronto… —dijo, aunque su voz ya no sonó igual que antes si no, más salvaje.
     
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    Black Kat

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    Uuuuuu.... Interesante una historia de licántropos y un prólogo... puf. Dime por favor que la seguirás escribiendo y no me dejaras con la duda...
    No fuiste muy explícita en la escena del asesinato, pero se noto que fue violento... Eso me gusto... no soy del terror sangriento /u\

    En fin; la continuaras verdad... Tienes qué .... okno

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    Ichiinou

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    Garras sangrientas
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    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Romance/Amor
    Total de capítulos:
    2
     
    Palabras:
    1991
    Capítulo 1
    La joven Emma ya sentía el viejo cementerio de Panthev como su verdadera casa. Allí reposaban todos sus seres queridos. No hacía ni un mes desde que había perdido a su abuela y aunque temía dormir al raso, más por si alguien le hacía daño que por otra cosa, pasaba todo el día ahí y a la noche volvía a su vacía casa.

    Panthev era un pequeño pueblo del norte de Texas, no tenía muchos habitantes y en su mayoría se conocían entre ellos, pero la joven Emma nunca había llegado a tener una relación estrecha con ninguno de sus vecinos, lo cual ahora no le ayudaba mucho, porque se sentía más sola en el mundo que nunca.

    Cuando murieron sus padres ella solamente era una niña pequeña y apenas tenía recuerdos de ellos, aunque más bien ella pensaba que habían sido creados por su propia imaginación al ver las fotos y los recuerdos de ellos. Su abuela le había contado muchas cosas sobre ellos y de igual manera eso contribuía a que la chica alimentase esos posibles falsos recuerdos.

    Cada día mantenía las flores que estaban en las tumbas de sus seres queridos, les renovaba el agua o las cambiaba por otras, cuando ya estaban muy mustias. Quería cuidarlos y aunque no sabía si en algún lugar del universo ellos se lo estarían agradeciendo, le gustaba pensar que sí.

    Casi todos los habitantes del pueblo a esas alturas pensaban que la joven Emma había perdido la cabeza. Y a muchos de ellos no les parecía para nada raro, había sufrido mucho más a sus casi dieciocho años que muchos de los adultos de Panthev.

    A la chica no le eran indiferentes las miradas que le echaban sus vecinos, algunas de curiosidad, otras de compasión y pena y algunas, las que más odiaba, de regocijo. Había gente que se regocijaba pensando que ella era más desafortunada que ellos mismos, eso les hacía sentirse mejor.

    Aquel día ya estaba llegando a su fin, no faltaba ni una hora para que la noche cayese sobre el pueblo y Emma tenía que pensar en irse despidiendo de sus padres por ese día. Pero algo detrás de ella la sobresaltó.

    Al girarse se topó con la cara surcada por arrugas de Marta Henderson.

    —Niña, mañana es tu cumpleaños, ¿no es cierto?

    Aquella pregunta tomó por sorpresa a Emma, que no pudo evitar que el dolor que le producía el simple hecho de pasar sola su cumpleaños se notase, pero también le causó curiosidad el que aquella mujer lo supiese.

    Todo el mundo conocía en Panthev a Marta, era una mujer huraña que habían acusado muchas veces de brujería, aunque Emma suponía que era de manera infundada. Muchos se burlaban de ella, bien era cierto que la higiene personal no era lo suyo y que su desdentada sonrisa no era lo más agradable del mundo, pero Emma sabía muy bien qué tan mala podía llegar a ser la gente y por eso, ella nunca había sentido demasiada aversión hacia Marta Henderson, pero nunca antes había hablado con ella y por lo que tenía entendido, su abuela hacía años que no tenía relación con Marta, por lo cual, el hecho de que se acordase del día en que ella cumplía años era bastante raro.

    —Sí señora, mañana es mi cumpleaños. Pero, ¿cómo sabe usted eso?

    Marta negó con la cabeza, haciendo entender que le restara importancia a ese asunto.

    —Tienes que estar preparada, ellos van a regresar a por ti. Tienes que irte lejos de aquí, buscar protección.

    —¿De qué habla? ¿Quiénes son ellos?

    Emma se sobresaltó cuando Marta agarró el colgante que llevaba puesto y lo arrancó de su cuello de un tirón.

    —¡Eh! ¡Señora! ¡Eso es mío! ¡Lo tengo desde que nací!

    Marta volvió a negar con la cabeza.

    —No, este colgante ni es tuyo, ni lo tienes desde que naciste. Alguien te lo dio, jovencita. Este colgante te protege y te marca para que ellos puedan encontrarte cuando cumplas los dieciocho años.

    —¿De qué está hablando? ¿Cómo puede un colgante significar todo eso?

    La mujer miró fijamente a los ojos a Emma, la cual pudo vislumbrar una chispa semejante a la locura en ellos.

    —Hay muchas cosas de este mundo que tú todavía no entiendes y ojalá nunca llegases a conocerlas, pero desgraciadamente recae sobre ti la maldición de la sangre, así que lo sabrás, tarde o temprano. Si fueses inteligente y no creyeses que estoy loca, esta noche huirías muy lejos de aquí sin este colgante —dijo enseñándolo en alto—, pero seguramente, como todos los de este lugar, me tomes por una vieja chiflada.

    Emma seguía sin comprender nada, no sabía a lo que se refería aquella mujer. ¿Quién se suponía que vendría por ella? ¿Qué era esa supuesta maldición de la sangre? Emma no creía en las maldiciones ni en nada por el estilo, aunque su abuela siempre hablaba de cosas místicas y sobre espíritus y así, ella siempre había visto con escepticismo esos temas. La chica miró con un poco de compasión a la mujer que tenía delante de ella. Y decidió concederle el beneficio de la duda, por lo que empezó a pensar en que realmente estaba hablando en serio. Ya que conocía que era su cumpleaños y a lo mejor era cierto y tenía poderes extraños y por eso era capaz de predecir todo lo que pasaría.

    —Vale, Marta, confieso que todo esto me resulta demasiado extraño como para procesarlo todo junto, pero si es cierto, si todo de lo que me estás advirtiendo es cierto, ¿Adónde voy a ir? Es posible que con mi herencia pudiese huir un tiempo, de un enemigo que no conozco ni sé nada de él, ¿Y luego? ¿Qué hago?

    —Tienes razón, huir no es una buena opción si lo haces sola, así que necesitarás compañía.

    —¿Insinúas…?

    —Ah, no, jovencita, no iré contigo. Yo no puedo protegerte de lo que se te viene encima, ¿Sabes? Aunque pueda que tenga algún tipo de poder, no tiene nada que ver con la fuerza. No, solamente soy una vidente, algo así como un canal entre dos mundos.

    —¿Dos mundos? ¿Qué quieres decir?

    —El mundo de los vivos y el de los muertos. Esta noche pasada, en sueños, se me apareció tu madre y me pidió que te advirtiera de lo que se te venía encima. Yo no podía ver tu futuro de otra forma, porque nunca lo he intentado, simplemente. La verdad, es que tu madre podría haberme advertido antes, qué fastidio. Con tan poca antelación no sé qué hacer.

    Emma trató de procesar toda esa información y le enterneció el pensar que su madre, aún después de muerta, seguía intentando protegerla, aunque fuese de aquella manera. Entonces, mientras pensaba en toda aquella información, la joven reparó en algo.

    —Has hablado de que busque un protector, ¿Cómo puedo hacerlo?

    Marta esbozó una amarga sonrisa y negó con la cabeza.

    —No tengo ni la más mínima idea. Tu madre solamente me indicó que te contase todo esto y te quitase el colgante. De hecho, lo de que te dieses a la fuga fue idea mía, ella no dijo nada de eso.

    Emma miró de soslayo la tumba de su madre intentando adivinar lo que debería hacer.

    —A ver, según tengo entendido, como te he quitado este colgante quién sea que te busque no podrá rastrearte, por lo que le va a resultar un tanto difícil encontrarte. Y tienes toda esta noche y el día de mañana para reflexionar, porque hasta que pase el día de tu cumpleaños, no se considerará que tienes dieciocho, después es posible que ellos vengan a por ti.

    “Ellos”, ¿Quiénes eran? No lo sabía. En ese momento, todos los interrogantes y toda aquella información le estaban abrumando. No se sentía mejor al conocerla, desde luego, pero su madre y Marta trataban de ayudarla. Aunque ella hubiese deseado mil veces reunirse con los suyos en el mundo de los muertos, ahora sabía que su madre no quería eso para ella, que trataba de que viviese, porque al fin y al cabo, aunque ahora mismo sabía que la muerte no era del todo el fin, no era algo que le agradase a nadie.

    —Vete a casa, intenta descansar y consúltalo con la almohada. Si mañana quieres huir podrás hacerlo, tienes todo el día. Acércate por mi casa si quieres y te daré algunos amuletos que pueden servirte. ¿De acuerdo?

    Emma asintió, pensó que aquello no era la mejor salida, pero estaba bien, por ahora. Después de eso, Marta decidió acompañarla hasta su casa. Pasaron el camino en silencio y solamente se despidieron con un leve gesto con la cabeza.

    Cuando la joven traspasó el umbral de la puerta, fuera ya había caído la noche. Aquella iba a ser una noche muy larga, de reflexión.

    *****​

    Emma ya se había puesto el pijama y había preparado una taza caliente de chocolate. Había encendido la televisión para que esta acallase el barullo de pensamientos que se agolpaban uno tras otro en su cabeza. Por encima de todo aquello, sacaba algo en claro, que estaba realmente asustada. No conocía a su enemigo, no sabía nada de él, solamente sabía que la quería. Además, para bien o para mal parecía que algún tipo de lazo sanguíneo los unía, eso no la tranquilizaba en absoluto, si no todo lo contrario.

    Estaba encogida, en el sofá, temblando ligeramente y tratando de serenarse, debía pensar un plan, debía encontrar una salida a todo aquello. Pero es que no tenía a nadie, nadie le iba a ayudar en aquello. Estaba sola en el mundo y se encontraba con un peligro inminente, que desconocía y que parecía el peor de todos. Tenía miedo, mucho miedo.

    En ese momento, escuchó un murmullo fuera de su casa. Eran unas voces, pero parecían hablar considerablemente bajo, aunque lo suficiente como para que ella las escuchase por encima del sonido que emitía la televisión. Apagó esta y se quedó escuchando. Pero no lograba entender lo que decían esas voces.

    Se convenció a sí misma de que seguramente serían algunas viejas que murmuraban sobre ella y sobre su comportamiento huraño. Aquello siempre le había resultado repulsivo y esa vez no era para menos.

    Tenía ganas de saber quién estaba delante de su casa, pero la puerta no tenía mirilla. Su abuela había dicho muchas veces que no era algo que necesitasen, porque allí se conocían todos y además las mirillas incitaban a cotillear y no era algo que le gustase.

    Entonces Emma respiró hondo e intentó aplacar su curiosidad, volvió a encender la televisión y apuró el poco chocolate que le quedaba en la taza, que ya casi estaba frío.

    —Desde luego, estas no son horas para cotillear —dijo entre dientes dándose cuenta de la hora que era pues ya hacía un largo rato que había caído la noche.

    El sonido del timbre sobresaltó a Emma notoriamente. ¿Quién sería a esas horas? Aquello hizo que el corazón de la chica empezase a latir a un ritmo frenético.

    Se levantó, apagó la televisión definitivamente y pegó la oreja a la puerta, tratando de averiguar de quién se trataba. No escuchó nada, simplemente el característico sonido de los grillos por las noches.

    ¿Abría o no? ¿Y si fuese alguien peligroso? ¿Qué pasaría entonces? Emma tenía mucho miedo.

    El timbre volvió a sonar, clavándose en los oídos a la chica. Estaba aterrorizada, pero a lo mejor podía tratarse de Marta o de alguien que venía a ayudarla. Como bien había dicho aquella mujer, estaba protegida hasta que oficialmente cumpliese los dieciocho años, aunque tampoco era que se creyese todo aquello.

    Emma cogió aire profundamente y agarró el pomo de la puerta firmemente y la abrió de un tirón. De golpe, se encontró con tres rostros totalmente desconocidos pero serenos y serios, que la miraban fijamente. En ese momento, la chica no pudo evitar sentir que estaba en peligro.
     
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  4.  
    Poemy

    Poemy Guest

    Hola, al fin puedo venir a comentarte <3
    Siendo directa, lo que he leído hasta ahora me ha fascinado. Tienes buena ortografía, buenas descripciones y buena trama. Me gustó mucho el segundo capítulo, ya que realmente pude sentirme en la piel de Emma. Si viviera sola y alguien me timbrara a eso de las dos de la mañana, estaría aterrada. ¡Pero no abriría la puerta, me iría a esconderme bajo la cama, en el closet, o quizás buscaría un arma!
    Otra cosa es que no puedo evitar sentir algo de empatía y tristeza por Emma, y se ve que ha sido muy fuerte, atravesando todas esas circunstancias en las que se encuentra.
    La premisa es interesante, la trama es excitante, de cierto modo, y me agrada mucho. Pude empezar a imaginarme la casa de Emma con un sofá desgastado, y una puerta con una seguridad mínima, de ésas que apenas tienen cadenitas.

    Algo que noté en el primer capítulo es que una parte pones que la nena tiene 12, pero luego como que rectificas que tiene 2, y la verdad es que de no haber leído el siguiente, seguiría con la duda.

    Realmente eres muy buena en esto C: Te invito a continuar esta linda historia, y que me invites al próximo capítulo. ¡Quiero saber qué pasará con Emma! D:
     
    Última edición por un moderador: 29 Noviembre 2015
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    Andria

    Andria Iniciado

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    Ayer solo tuve tiempo de leer el prólogo y me quedé con las ganas de continuar leyendo, así que es lo primero que he hecho esta mañana jaja
    Las historias de licántropos, vampiros y todos esos seres sobrenaturales me fascinan *.*
    Al parecer Marta no era tan malvada, al fin y al cabo intentó ayudarla ¿no?
    Seré mala, pero tengo ganas de que encuentren a Emma para saber quién o qué es su destino, por qué ella.
    ¡Sigue escribiendo pronto, por favor!
     
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