Februus: Bajo tu sombra.

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por El tigre de Bolsillo, 21 Agosto 2013.

  1.  
    El tigre de Bolsillo

    El tigre de Bolsillo Entusiasta

    Leo
    Miembro desde:
    17 Julio 2013
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    Escritora
    Título:
    Februus: Bajo tu sombra.
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Misterio/Suspenso
    Total de capítulos:
    3
     
    Palabras:
    2137
    He decidido sentarme a escribir seriamente y hacer algo distinto a mis cartas diarias.No tengo idea de nada, así que resultara todo en el camino.

    PRÓLOGO.

    En ocasiones la vida, tiene ocultos miles de secretos que pocas veces salen a la luz. Secretos bellos, secretos dolorosos y algunos otros son más...pecados. Esta es mi historia, donde yo solo soy un títere de las circunstancias. No se si tiene un final y de tenerlo, cual sea. Francamente por las noches ruego para que no me atormenten y es que sencillamente viajo demasiado. Recuerdos de otras vidas, tocan con fuerza la puerta de mi conciencia y termino temblando frente a ella pensando si debo abrir o correr. Así entre mas pasa el tiempo más se apoderan de mi,mis memorias y aquel ser al que tanto temo.

    "Aya" es mi nombre y mi mayor sueño era ser profesora. Desde niña siempre les decía a mis padres lo increíble que era para mi enseñar.Ahora en las vísperas de mis 25 años, sabia que enseñar era lo mío, hacerlo en ese colegio era algo muy distinto.
    El colegio sin riesgo a equivocarme era un mar de memorias. Secretamente, muchas veces pensaba en lo lúgubre que era aquel edificio. Muy a pesar de ser un colegio de monjas, de su prestigio y del grandioso jardín que le rodeaba, siempre terminaba pensando que el edificio era un pedazo de otra dimensión. Como sacado de las peores pesadillas, sus paredes parecían lamentarse apenas caía la noche. Estaba repleto de hierbas, era frío y se podía notar el moho.
    Sin alguna casa alrededor y el pueblo mas cercano a una hora. Hacía de él, el lugar perfecto para una historia de terror.Además estaba ese laberinto en la parte de atrás, hecho para que los niños jugaran. Era bastante complejo, en realidad. Ocupaba el mismo espacio del edificio, las paredes que conducían a espacios sin salida, estaban cubiertas por plantas que parecían apoderarse de cada centímetro de piedra, sin contar esas horribles gárgolas que parecían custodiar la entrada.
    Los niños naturalmente no visitaban ese lugar, contaban historias bastante escalofriantes, que hacían de ese lugar ,un lugar bastante solitario.
    Mi historia empieza con este edificio, por que tuvo gran impacto en mi...Desde la primera vez que le vi. No lo sé, pero siempre tuve la sensación de que era observada.

    El edificio tenia cuatro pisos y además de ser colegio también era un orfanato. Y yo era la "Miss de matemáticas". Mi gran sueño se había vuelto realidad el día que me aceptaron y se desmorono cuando llegue. Parecía que existían demasiadas reglas para todo y no solo parecía, existían. Los uniformes por demás apáticos ademas eran de un terrible sentido de la moda. Falda azul hasta las rodillas, blusa blanca y un rosario de plata colgando al cuello, eran lo habitual en mi.
    Era como una monja más, sin necesidad de serlo.
    Los niños eran otra cosas, maravillosos. Ellos hacían de mis días bastantes sencillos. En especial la pequeña Anael.
    "Anael es el nombre de un ángel, Miss Aya . El ángel del amor, de la ternura y de todas las cosas lindas del mundo".
    Eso fue lo que me explico la pequeña, el primer día de clases. Un nombre bastante adecuado para ella.
    A diferencia de mi nombre que era contradictorio, dando clases en un colegio católico y siendo de otra religión. Siempre me preguntaba la razón por la que mis padres eligieron ese nombre. Nunca lo supe. Anael era una niña de 6 años, que además de ser muy linda, era valiente y sincera. Había perdido a sus padres en un misterioso incendio y al no tener familiares que pudiesen pedir su custodia, se había vuelto inquilina en ese tétrico orfanato donde esperaba ansiosa la llegada de una familia. Tenía el cabello largo que llegaba hasta su cintura y era tan negro como la noche. Sus compañeras habitualmente le hacían una hermosa trenza y colocaban florecillas que recogían del jardín. Era la pequeña "Rapunzel" del colegio. Era de piel morena con un tostado que el sol se había dedicado cuidadosamente a crear y tenía los ojos más grandes que jamás había visto de un color miel tan bello, que prácticamente hipnotizaban.

    Las demás profesoras vivían ensimismadas todo el tiempo y parecían cargar a cuestas un gran secreto. Eran mujeres arriba de los 50 años y yo era la más joven. Con mis dulces 25 años, no imaginaba ni un poco lo que aquellas paredes ocultaban un secreto que cambiaría el resto de mi vida.

    Capítulo I. Escucha.

    Esa mañana de Octubre era todo bastante normal, asistiría al colegio para dar las clases del turno vespertino. Llevaba aquellos vaqueros que me había regalado Lucia, mi mejor amiga y el viejo jersey de mi abuela. La temperatura había bajado en el transcurso de la noche y ahora andando en bicicleta por el bosque, era notable la neblina.
    Últimamente, tenía la sensación de ser observada constantemente aun cuando me encontraba sola. Desde que trabajaba en ese colegio, cosas peculiares me sucedían. Tenía sueños bastante realistas y violentos. Mi mente hacia grandes obras por las noches y me las presentaba con redoble de tambores. No conciliaba el sueño con facilidad. Pasaba las noches, mirando el cielo desde la ventana de mi habitación, siempre esperando que en cualquier momento algo sospechoso sucediera. Empece a pensar que era paranoica, muchas veces al repetirlo lograba tranquilizarme y convencida de que solo eran sensaciones traicioneras seguía mi rutina.

    Justo a mitad de camino, mi tranquilidad desapareció.
    Cada noche, en mis sueños un hombre solía visitarme. Era el actor principal de mis pesadillas y en algún sueño conseguí su nombre por error. Jamás lo pronuncié en voz alta por temor a ser escuchada y perseguida. Me había obligado a mi misma, olvidar la silueta o toda conexión con aquel espíritu que rondaba en las sombras de mi inconsciente. Creo que no es más que un juego peligroso el que solíamos mantener.
    Cuando frene de golpee pensé que estaba soñando. Al final del camino, donde terminaba el bosque había un hombre parado. Lo reconocí muy bien, tantas veces vi esa gabardina negra que incluso sabía de memoria lo que guardaba en el bolsillo.
    Me caí de la bicicleta y aun con la boca abierta, di un salto a mi lado derecho y corrí en sentido contrario. Con la única idea en mente de que debía escapar y esto era tan solo una cacería donde obviamente yo no era el cazador.
    Miré hacia atrás y de pronto, él ya no estaba. Esperaba mirar al frente de nuevo y recuperar el aliento en breve pero tuve que girar sobre mis talones, aquel hombre no estaba a más de cinco o seis pasos de mi. No podía verlo pero supe que sonreía. Eso no me alivio ni un poco, sentí como el desayuno se revolvía en mi estomago y como un gato di un salto hacia atrás.

    "Februus, ¿que haces aquí?"-dije, con la mayor naturalidad del mundo. Como si alguien comprendiera porque trataba de ese modo a un "producto de mi imaginación".
    De algún modo, me explique muchas veces que ese hombre me pertenecía. En algún espacio de mi razón, el era "algo así" como mi otro yo.

    Fue cuando por primera vez, vi el rostro que ocultaba aquel sombrero de ala grande. Un hombre de piel clara, pero no blanco. Tenía los ojos de un verde profundo que me recordaba a los ojos de una serpiente. Creo que no esta de más mencionar que me aterran las serpientes, es por eso que mi pánico aumentaba con el pasar de los segundos. Era dos cabezas más alto que yo, ni demasiado delgado ni tampoco robusto. De su edad, yo le calculaba no más de treinta. Sin embargo algo me decía que era muchas vidas más viejo.

    "Siempre es un placer saludarte, querida mía"- dijo.

    Era la primera vez que lo veía en "la realidad", que me hablaba y burlonamente me hacía una reverencia como saludo. Él era la razón por la que despertaba cada noche sudando frío y gritando. Sino era el narrador, era actor en mis pesadillas.
    Camino lentamente hacia mi y mi cuerpo se desvaneció Cuando abrí los ojos, estaba en un sueño. El parado a mi lado y sin abrir la boca para pronunciar palabras, me estaba "hablando". Era más el eco de su pensamiento, creo.

    Intente pararme pero mi cuerpo no respondía. Fue tan confuso que empece a resignarme que eso sería mi muerte.
    El se arrodillo y dijo:

    "Escucha con atención Aya. No te puedes parar porque odio los dramas, sabemos que tú no te quedarás quieta y eso me aburre, cariño. Odio las preguntas y considérate afortunada de estar viva. Es momento de hacer de ti, un buen uso. Escuchaste demasiadas cosas por las noches e incluso por las tardes. Vengo a explicarte las reglas, pues estas a punto de cumplir 25. ¿No te sientes vieja? Bueno, yo no te veo vieja de paso sea dicho. Aunque me causa un placer retorcido ver como despiertas cada mañana, digamos que no te odio ni me desagradas."- acarició mi cabello y continúo.

    "Esto es simple Aya. Tratémonos con mero profesionalismo y juro que vivirás para contarlo (bueno, no para contarlo...quizás para recordarlo. ¿Estas lista para saber de tu trabajo aquí?"
    ¿Trabajo? Estaba agotada y demasiado confusa para entender ni la mitad de lo que hablaba. Si existen los pactos con satanás, esto seguro era lo más cercano.

    "Te dejaré con la duda (porque siempre me ha divertido hacerlo) y te visitaré pronto. Recuerda que no sabes nada de mi. Distinto a tu caso, yo se de memoria lo que has hecho a lo largo de tú vida. Apropósito ¿Como esta Christopher? Así se llamaba, ¿no?. Lo dejaremos de tarea. No es un adiós, es un hasta pronto querida"- finalizó mientras besaba mi mano.
    Mi cuerpo se hizo aún más pesado y de pronto sentí que me movía. De golpe y tomando una bocanada de aire, abrí los ojos.
    Un hombre me cargaba dentro de una camioneta. Nunca he sido buena con las marcas y entre la desesperación del momento, mentiría al decir que recordaba a detalle las cosas. Era una camioneta normal como cualquier otra, negra. Mi bicicleta estaba en la parte de atrás y yo envuelta en una toalla.
    "Suéltame"- grité mientras pateaba.
    El hombre se disculpo, mientras trataba de tranquilizarme y me bajo.
    "Relájate. Te he encontrado tirada a la orilla del camino,estaba a punto de llevarte al doctor. Agradece que he sido yo y no algún otro que pudiera dañarte".-refunfuñó.
    Di unos pasos atrás y miré mi reloj, eran las 8 de la noche. ¿Que había sucedido con el resto del día?, ¿estuve tirada en ese camino?, ¿cómo es que nadie más me encontró?.
    Supongo que al ver mi "conflicto emocional" el hombre se compadeció y fue más amable.
    "Me llamo Emilio, mis padres viven a unos 20 minutos de aquí. Me pidieron ir a recoger la camioneta con un vecino llamado Mario un poco más adelante. La prestaron ayer y el hombre enfermo, así que no pudo manejar para devolverla. Además, dentro estaba mi ropa. Estoy de vacaciones, tengo 26 años, no tengo novia. ¿Quieres que te muestre mi pasaporte o prefieres hacer una llamada desde mi celular? Por cierto, esa toalla (si, la que esta tirada) es mía".- dijo mientras extendía la mano y sonreía abiertamente.

    "¿Porqué me dices todo esto? y, ¿tan de repente?"- dije, mientras miraba de reojo a mi izquierda, buscando una vía segura para escapar.

    "Pensé que te tranquilizaría saber quién soy. Lo que pueda hacer para que convencerte de acompañarme a un médico, lo haría gustoso".- dijo justo cuando se hacía a un lado dándome espacio total a la izquierda. "Eres libre de irte"- continuó- "pero me sentiría culpable si algo te pasará. Permiteme acompañarte al médico, es un pueblo pequeño. Todos me conocen, incluso eres tú la que no me parece conocida".

    "Ok,para con el rollito de chico bueno. No quiero ir al doctor, llévame al Colegio "Sta. Fátima" y me daré por bien servida."- exigí.

    "¿Era allí a donde ibas?"-preguntó.
    "Sólo llévame"- susurre.
    "Si así lo quieres, sube a la camioneta y te llevaré."- finalmente accedió.
    Me subí atrás con mi bicicleta, al aire libre. Si el tipo estaba loco, al menos me daría tiempo de saltar o de gritar.

    Tenía la terrible necesidad de confesarme. En el colegio había un sacerdote día y noche,deseaba contar lo que me había sucedido antes de que lo olvidará y así eche mano de mi chofer temporal.
    ¿Me creería el sacerdote?, ¿me estaba volviendo loca?, tantas preguntas y la única respuesta era yo.
     
    Última edición: 21 Agosto 2013
  2.  
    El tigre de Bolsillo

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    Palabras:
    863
    Capítulo 2. Realidad.
    Acerque mi rostro a la ventanilla donde podía observar si "Emilio" intentaba cualquier cosa.Mire mi reflejo. Afuera todo estaba en penumbras y sin las luces de la camioneta, dude que pudiese ver algo al frente. De pronto vinieron recuerdos de aquellos temores que me acorralaban en las noches cuando era niña. Nada especiales pero que siempre terminaban mal.
    Cerré mis ojos un minuto y evoqué las plegarias de mi madre en mi oído.
    "Tranquila princesa, ya paso."
    Cuando era pequeña y no tenía más de cinco o seis años, mis sueños tomaban "vida". Cada noche me abrazaba junto a ella, mientras mi padre tomaba algo para controlar sus nervios. Yo me sentía cansada y hasta llegar la mañana recordaba fragmentos de aquel sueño que había sacado a mis padres de la cama.

    Era normal tener el mismo sueño donde un grupo de gente me perseguía entre un bosque, con antorchas mientras gritaban en una lengua que jamás entendía.
    Aquel sueño parecía suspenderse por un corto tiempo cuando corría a la orilla de un río, disminuía el paso para beber agua y miraba mi reflejo. Esa no era yo, jamás era una niña la que aparecía. Estaba encerrada en el cuerpo de una mujer que parecía más mi madre. Aún así no me sorprendía, ese reflejo ajeno me parecía natural. Tomaba un poco de agua entre las manos y bebía. Entonces escuchaba su voz. En una piedra que iluminaba la luna, sentando con la pierna cruzada estaba sentado aquel hombre que llamaría por años "ojos de serpiente". Sonreía con descaro disfrutando los segundos de la persecución Era casi siempre lo último que recordaba antes de despertar. Excepto una ocasión donde las cosas se tornaron distintas a lo habitual.

    -En tu lugar, me apresuraría. Escucho a la gente acercarse.- dijo mientras se paraba y caminaba hacia mi.
    -Querido, no es necesario que me apresure. Esto dura lo que yo decida.- decía yo con insolencia. Al menos, creía que era yo pues no reconocía mi voz. Me erguía y sonreía sin reparo.
    -¿Querido? Siempre me he preguntado de donde sacas tu "familiaridad". Eres el colmo "princesa".- respondió sin emoción.
    Me paré, mis hombros estaban relajados y con toda calma sacudí mi cabello. Camine para encontrarme a mitad de camino con el.
    -Puedo llamarte como desee, eres tú el que irrumpe en mi mundo. Aquí controlo, soy ama y señora.- dije mientras pasaba de largo a su lado sin mirarle.
    -Interesante punto de vista, princesa.- respondió arqueando la ceja.- Veamos que tan cierto es y como prueba un botón.
    Chasqueo los dedos y de pronto, la orilla estaba iluminada podía ver a detalle las costuras de su ropa. Su ya clásica gabardina negra que le llegaba como a diez dedos debajo de la rodilla estaba abierta y se podía ver una camisa negra (mi madre hubiese reconocido tan buen trabajo, pues estaba impecable). Tenía el cabello corto y lucía de la misma edad de siempre. Afeitado y podría jurar que olía a sándalo. Había solo una cosa que no cuadraba en todo y era ese estúpido hoyuelo al sonreír.
    Había demasiada luz comparado con la de unos minutos atrás. Cuando miré a mis espaldas, había más de diez personas alumbrando el camino con sus antorchas.

    -Eres un asco querido.- farfullé.
    -¿Asco y querido en el mismo enunciado?, debo ser grandioso en lo que hago para recibir tal honor.- respondió burlonamente.- Morirás cuantas veces yo desee y de la forma que decida. ¿Capisci?
    -Vete al infierno.- grité mientras dos hombres sujetaban mis brazos.
    -No te pongas dramática. ¿Es que no sabes distinguir?, esto es el infierno princesa.- dio la vuelta y camino lentamente adentrándose al bosque.

    Me dolían los brazos, los hombres jalaban y apretaban con fuerza. La gente parecía pobre, gritaba cosas que no entendía, me lanzaban cosas y tiraban de mi cabello, algunos otros me escupían. Yo no entendía nada. Dentro estaba muerta de miedo y deseaba salir, por fuera la mujer donde habitaba tenía los ojos clavados al frente, caminaba con cadencia, si tenía miedo no lo mostraba. Entre gritos me guiaron a un desfiladero, un poco más allá del bosque. Una mujer gritó algo que por fin entendí: "¡Quémenla!", otra más le apoyo.

    Por un momento, todo se quedo en silencio y el hombre que se encontraba a mi lado derecho, opto por lanzarme al vacío. Excelente opción, tarde para darme cuenta que tenía pánico a las alturas.
    Las personas me rodean y uno toma la iniciativa. Sin aviso, sin ningún tipo de señal y sin remordimiento me lanza al vacío. La mujer en la que me encuentro encerrada, extiende los brazos y disfruta la caída. Yo grito, siento el viento, el vértigo y de pronto siento como el dolor es tan fuerte que empiezo a llorar. Abro los ojos, estoy en el suelo, me he caído de la cama de nuevo. Tengo los músculos tensos, siendo cansancio, tengo sueño y así vuelvo al inicio.
     
  3.  
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    628
    Capítulo 3. Ilusión.

    -Knock, knock. Tierra llamando a la bella durmiente- Emilio dice mientras golpea con suavidad la ventanilla. Hemos llegado.
    De noche, el colegio parece aún más sombrío. Las escasas cosas alrededor adquieren un aspecto muy distinto o puede ser que mi miedo a parecerle una loca al sacerdote este aumentando.
    Le sonrío ligeramente para mostrarle que estoy despierta. Me levanto y bajo de la camioneta de un salto. Luego de todo no tuve que saltar cuando estaba en marcha, aunque aún no confío en Emilio.
    El se baja con toda calma y baja mi bicicleta.
    -Parece que te gusto la Tacoma de mi padre, al menos descansaste un poco. ¿Estas segura que no quieres ir a un doctor?- dice con preocupación excesiva.
    -Estoy más que segura- respondo con firmeza, mientras alargo mi brazo para tomar mi bicicleta.
    El me ignora y camina a mi lado rodando la bici.
    -Acabaste con el trabajo, puedes irte.- le digo fastidiada.
    -Aún no, debo asegurarme que estarás bien. No puedo dejarte sola a mitad de la nada.-responde mientras disminuye el paso.
    En la entrada al colegio esta una de las monjas con las que menos simpatizo. La madre Nara es una mujer ya entrada en los cincuenta que tiene el mal hábito de mirar encima del hombro y mirada que me irrita. Su cabello es negro con hilos plateados cada vez mas abundantes, su nariz prominente no le hace justicia si de belleza hablamos. Los niños suelen hacer bromas al respecto pues insisten que hizo bien en ser monja, de otra forma jamás se hubiese casado. "Ningún mortal hubiese sido tan valiente"- dijo Ricardo una tarde a sus compañeros.
    Justo ahora, no podría estar mas de acuerdo.

    -Estaré bien, por favor retírate. - le digo sin rodeos a Emilio.
    -Bueno, al menos estoy seguro que hay alguien.- me dice resignado mientras ladea la cabeza en dirección a Nara.


    Se sube en el asiento del piloto,pone en marcha la camioneta, da reversa y yo espero en el mismo lugar mientras me aseguro de que se aleje.
    Volteo hacia la entrada y Nara se ha ido.
    Camino decidida mientras empujo a mi lado la bicicleta. Estoy segura que el sacerdote se reíra en mi cara, conozco que no es precisamente la experiencia más cuerda que se pueda tener.
    Suspiro profundamente y busco de reojo a Nara, prácticamente ha desaparecido. Mientras me cuestiono de la velocidad que puede tener una mujer de su edad, recuesto la bicicleta a lado de un árbol y agito la pequeña campana que sirve de timbre pero nadie acude al llamado.
    Golpeo el portón de caoba y no recibo respuesta. Empujo lentamente y entro con cuidado sin armar mucho alboroto; las bisagras rechinan así que me sobresalto a primer instante. Cierro la puerta y camino por el pasillo tan aprisa como puedo pero tratando de evitar hacer ruido. Le temo a la oscuridad y este lugar esta en penumbras, como siempre es tarde para recordarlo.


    Solo necesito llegar al siguiente pasillo, girar a mano derecha y subir por las escaleras de espiral.
    Siento que alguien me sigue pero debe ser parte de mi imaginación. Llego al siguiente pasillo, giro a mano derecha y de reojo alcanzo a ver algo. Me regreso en seco y miro al pasillo por el que un instante antes caminaba, no hay nada.
    "Hubiese jurado que había un niño parado ahí"-balbuceo.
    He perdido tiempo y no averiguaré si fue "solo mi imaginación". Subo las escaleras prácticamente trotando, intento calmarme pero pronto todo se acaba. Miro al frente y de pronto aparece con esa sonrisa tan dulce y amable de siempre.


    "¿Eres una ilusión?"-susurro.
     
    Última edición: 3 Septiembre 2013

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