Esta es una historia original que publiqué hace tiempo por aquí pero que por problemas tuve que abandonar. La vuelvo a subir mejorada. Espero que le deis una oportunidad. Sinopsis. En una época donde reina el miedo hacia los vampiros, una cazadora llamada Iria tiene que lidiar con el hecho de haberse convertido en uno, pasando un montón de obstáculos para intentar aceptarse a si misma y sobrevivir, con la ayuda de Lucas, el vampiro que la transformó. Eternidad. No tengo ni idea de cómo he acabado así ni como he podido ceder así ante esto. Esta situación es muy surrealista. Me llegan a decir a mí hace dos días que estaría ahora así y le hubiera tomado por loco. Es tan… imposible. Supongo que no soy la Iria del corazón de hielo que todos conocen, no, yo no soy así. Es más, soy todo lo contrario, esa Iria de la que todos hablan es una coraza, como una muralla que protege lo que realmente soy y lo que no quiero que vean. Pero a veces esa muralla se resquebraja saliendo parte de mí y en ese momento es cuando acabo haciendo cosas que nunca me hubiera imaginado que haría. Como ahora. Me dolía todo, absolutamente todo y no era solo de los golpes que había recibido y del cansancio acumulado por todo lo que había pasado hace unos minutos sino porque el vampiro que ahora mismo me succionaba la sangre me estaba arrebatando la vida. La vida que pensé que tanto quería y que le estaba dando porque a la verdadera Iria le dio lástima y tristeza ver su condición, ver que se moría. Supongo que eso es lo que llaman compasión, la cual hacia años que no sentía y menos por un vampiro. Sentía como mi sangre poco a poco se iba agotando. Iba a morir, eso lo sabía desde el momento en que me ofrecí a ayudarle. Porque prefería morir a la otra opción. Por mucho que hubiera aceptado ayudarle no significaba que quisiera transformarme, ni de coña. Se me nubló la vista, sintiéndome débil y ya sin fuerzas. Dejé caer los brazos sobre el vampiro y me dejé llevar. Un pensamiento indebido cruzó mi mente un segundo, el pensamiento de que a lo mejor podría salvarme por mi gesto de buena generosidad hacia él, pero como tan pronto vino, se fue, haciendo que mis esperanzas se desvanecieran ya que una vez que un vampiro necesitado de sangre tiene a su víctima, no para hasta quedar saciado y no por que no quiera, sino por instinto. Ese instinto animal que lo lleva a querer más y más. Ahora que lo pensaba bien, mis últimos pensamientos por cierto, no sé cómo había aceptado esto, con lo que yo los odiaba. De pronto me rendí, dejé de luchar, dejé de pensar y de sentir y supongo que ya mismo dejaría de respirar. Cerré los ojos por la pesadez de mis parpados y segundos después todo fue una abismo de oscuridad. Capítulo 1. (Horas antes) Iba por los pasillos de la Residencia de cazadores de vampiros, tranquilamente. Yo era, sin ser creído, uno de los mejores. Digo sin ser creído porque no soy yo quien lo dice sino la gente y el mismo Jefe de todo esto. Y si todos lo decían sería por algo, yo no lo iba a negar, me gustaba esa fama que tenía. Estaba dando un paseo para despejarme un poco y relajarme, aprovechando el poco tiempo libre que tenía, ya que todo no es cazar, nosotros teníamos muchos deberes y obligaciones, sobre todo esta última, cosa que a veces me saltaba con sus consecuentes regañinas y castigos. Ahora no me estaba saltando nada, estaba intentando encontrar algo para divertirme ya que había tenido una mañana muy dura por culpa de Iria que no estaba donde tenía que estar. Iria… me gustaba todo de ella, hasta su nombre. No nos equivoquemos, es solo amistad. Yo puedo fijarme en un tía y pensar que esta buena pero no ir mas allá de la amistad, que era lo que me pasaba con ella. Supongo que era porque la conocía desde que teníamos 12 años. Más que una amiga la veía como una hermana pequeña. A veces nos comportábamos así, como hermanos, y he de decir que me gustaba. -¡Eh Erik!-mire a quien me había llamado quedándome en el camino, ya que me fijé, en uno de los espejos del pasillo, en mi aspecto. Mi pelo castaño claro estaba despeinado a pesar de que lo tenía corto y los pelos del flequillo demasiado revueltos así que me pasé una mano por él para intentar peinármelo sin mucho éxito, además uno de mis ojos verdes estaba algo rojo. Me mire de más de cerca ignorando al que me había llamado. Sabía quién era. Era un cazador nuevo que me habían endosado a mí, porque Iria no estaba en su sitio como siempre y del cual no me acordaba ni de su nombre. Pero a ella se lo perdonaban todo y obviamente que yo también, era una de las pocas personas por no decir la única que nunca castigaban, también influye que sea la mano y el ojito derecho del jefe. A veces la trataba como una hija, lo que no se puede decir de Iria, ella nunca lo trataba como un padre a pesar de todo lo que habían pasado. Para Iria era solo un amigo mas. En eso podía estar orgulloso porque yo era una de las pocas personas que ella dejaba que se le acercase, que trataba diferente. Se podía decir que era especial. A pesar de que me llamó, una vez que me peine seguí caminando como si no le hubiera escuchado y así librarme un poco de él. Obviamente que no funcionó. Enseguida llegó a mi lado. -Erik, una pregunta-Me molestaba que siendo nuevo fuera más alto que yo y que pareciera más fuerte. Sé que no soy muy alto, creo que mido 1.77 y tampoco es que fuera súper musculoso, tenía mi abdominales sí, pero no se notaba a simple vista como a él. A pesar de eso soy muy guapo y sí, sé que había dicho que no era creído…. Lo soy a veces. -Bueno, antes que nada felicidades. -Mi cumpleaños fue hace dos semanas-dije serio sin ganas de hablar con él y menos de eso. No quería recordar que había cumplido 23, con lo bien que estaba yo con mis 22. Pasó de mi comentario. - ¿Quién es Iria?-hablando de la reina de roma- Es que todo el mundo habla de ella como si fuera la que manda o algo parecido. ¿Tan fuerte es? - Si, es fuerte. Es… la favorita del Jefe Millán y no manda. -¿Es más fuerte que tú?-le mire un poco fastidiado por la pregunta. Eso es algo que siempre me había molestado a pesar de lo mucho que la quería. -Dejémoslo en que es la mejor. -Lo tomare como un sí. -Oye no te pases. -Yo quiero verla, todos dicen que es muy guapa y que tiene mucho carácter, me encantan las chicas con carácter. ¿Sera mayor que yo? A lo mejor le gusto. Ah ¿tiene novio?-Que pesado, a este paso me iba a dar jaqueca. Tenía que cortarle. -No, no tiene ni quiere tener así que ya te estas olvidando. Su vida gira alrededor de vampiros, no tiene otra cosa en la cabeza que matarlos. Fin de la conversación.- Me molestaba que sin conocerla ya quisiera ligar con ella. Esto es lo que todos en esta Residencia decían que yo tenía hacia Iria, sentimiento de protección fraternal, o algo así, yo nunca le daba muchas vueltas. -¿Es mayor que yo? Es que si es mayor tendré menos posibilidades- ha pasado totalmente de mi… El siguió hablando y divagando. Yo pasaba de él o lo intentaba, lo que pasa es que su voz me taladraba el tímpano. Tenía que encontrar una forma de quitármelo de encima. Vi la oportunidad delante de mí. Estábamos en el pasillo de las salas de entrenamiento, cuando vimos a un montón de gente agrupada en una de ellas mirando con expectación y alabando a alguien. Sabia con total seguridad que ese alguien era ella: Iria. Casi siempre pasaba. -¿Qué pasa ahí?-me pregunto. -¿No querías conocerla?-le cogí del brazo y me abrí paso entre toda la gente hasta llegar a entrar.-Pues ahí la tienes. Si, ahí estaba Iria, entrenando con una espada de mentira, luchando contra una pobre victima que se había dejado llevar por las masas y su orgullo. El cual termino en perder y caer al suelo. Lo sé porque ya me había pasado a mí, lo único bueno que saque de ese día era que ella me había felicitado por la voluntad a ganar que le había puesto. Eso fue lo que creo recordar que me dijo, ese día cuando me sonrió se me olvido todo. Otra víctima cayó en las redes del orgullo. La pelea empezó y como siempre Iria se dejó atacar primero. Me encantaba toda ella. Su pelo negro, ahora recogido en una coleta, que le llegaba por debajo de los hombros, sus curvas perfectas y sus ojos azules. También sabía que tenía unos pechos y un culo envidiables para ambos sexos. En ella no me solía fijar en eso porque como ya he dicho es como una hermana y se puede decir que había crecido con ella pero... a la vista está. Lo único que me molestaba de ella, sé que me repito, era que a pesar de ser 4 años menor que yo era mejor que yo con la espada. Si, era más hábil, más rápida y más ágil. Hacia cosas con la espada que me sorprendía. Luego a la hora de la fuerza, le ganaba. Me parece que el novato que tenía al lado se quedó igual que todos la primera vez que la ven, embobado. Siempre me pregunte si era por su forma de luchar, ágil y hermosa o porque ella en si es una belleza o por las dos cosas. A mí me gustaba su forma de luchar. Cuando Iria termino con su oponente, se cansó de entrenar, cogió una toalla, su espada de verdad y vino hacia nosotros. Me miro todo el trayecto y el novato se puso nervioso. -Hola Erik-se quitó la pinza que le cogía el flequillo, el cual le llegaba por encima de las cejas.- ¿Has venido a luchar conmigo? -No, yo ya he entrenado esta mañana antes de que Millán me mandara lo que tenía previsto que hicieras tú, pero como siempre no estabas. -Lo siento, esta mañana tenía que hacer cosas en el pueblo.-se fijó en el novato el cual la miraba embobado todavía.- ¿Quién eres tú? Nunca te había visto. -Soy… -Tu tarea.-me miro con interrogación- es nuevo y me han mandado que le enseñe la Residencia.-Iria le miro y le sonrió. Luego me miro a mí. -Que te vaya bien, Erik-dijo mientras se iba. Todos se apartaban para dejarla pasar. -¡Se supone que era tu tarea! -¡Te la debo! -Ya claro…-mire al novato quien me miraba con admiración. -De ahora en adelante eres mi modelo a seguir. -¿Qué?-¿De que hablaba ahora este? -Quiero hablarle a Iria como tú lo has hecho. -Ah, por favor…-me fui sin decir nada más. Que pesado… y por encima lo tenía que aguantar. Si que me la iba a deber. Ya estaba pensando en algo. Creo que una cena estaría bien. Iria. Estuve toda la mañana en el pueblo, de un lado para otro, vigilando un poco la zona y a visitar a… un chico. Pensé que sería solo un rato, normalmente con un par de horas me bastaba, pero al final me quede más tiempo de lo que pensaba. Cuando quise darme cuenta habían pasado más de 5 horas. En días así me solía pasar eso. Tampoco es que me apeteciera ir a la Residencia, seguramente Millán me mandaría cosas que hacer, cosas estúpidas y no tenía ganas de perder la mañana así, por lo que aparte de que pensara de que me merecía un descanso, decidí pasarla en el pueblo. Y no me arrepentí de irme ya que me había librado de tener todo el día pegado a un novatillo. O sea, yo les entiendo, yo había sido nueva en su tiempo y sabía lo que se sentía pero no tenía tiempo que perder ni ganas, sobre todo lo último, en explicarle cosas obvias ni a enseñarle la Residencia. Compadecía a Erik, siempre que yo no estaba me cubría de esa manera sin pedírselo, demasiados años de amistad y cariño es lo que hacen. Cuando le había dicho que se la debía se lo decía de verdad. Ya le invitaría a algo. Después del entrenamiento me fui a duchar, cosa que me vino bien para relajarme, dejar de pensar y liberar la tensión de los músculos. Cuando salí de la ducha, que estaba dentro de mi habitación, me quede mirando mi espada que había dejado encima de la cama. Esa espada larga de color negro azabache, con dibujos incrustados y con el mango dorado era especial y demasiado valiosa para mi. Todas las armas de los cazadores son especiales porque están hechas de una aleación que pueden matar vampiros, balas, hachas, espadas, todo lo que teníamos podía matarlos si se les daba bien. A parte del fuego y de si le cortabas la cabeza, eso último era muy desagradable, solía evitarlo. Pero esa espada para mí no era especial por eso sino porque era de mi padre. Una espada que había pasado de generación en generación y que ahora tenía yo. Tenía historia y eso era lo que me gustaba, aparte de que era preciosa. Dejé la toalla en el suelo y empecé a vestirme con la ropa de batalla, bueno de batalla, era así como la llamaban pero en realidad eran unos vaqueros verdes oscuros casi negros, unas botas para andar por el campo, cómodas y ligeras, una camiseta de color negro de tirantes o de manga corta, a elegir, y un chaleco del mismo color que el pantalón. Me puse eso porque según Millán íbamos a salir por la tarde-noche al bosque a hacer no sé qué. No tenía muy claro que era pero si era para matar vampiros yo estaría dispuesta a lo que fuera. Esos chupasangres no iban a matar a más personas. Hacía mucho tiempo que los odiaba y que había decidido acabar con cada uno de ellos, y si tenía que morir en el intento, orgullosa estaría, moriría en paz. Me senté en la orilla de la cama cuando ya estaba lista y desenvainé mi espada. Me gustaba mirarla y limpiarla muy a menudo. La cuidaba como algo delicado que tenía que ser mimado cada día. Más me valía si quería conservarla en el mejor estado posible. Era lo único que me quedaba de mi familia. Alguien toco la puerta, sacándome de mis pensamientos, la cual estaba abierta. Levante la vista. Era Millán. Todos le llamaban Jefe pero unos cuantos y yo le llamábamos solo Millán, para eso es su nombre, veía una tontería llamarle por su puesto de trabajo. Además le conocía desde hacía demasiado tiempo, había confianza. Era un tío respetable, de edad… bueno nunca se lo pregunte pero podría ser mi padre. Siempre tenía el pelo echado hacia atrás, oscuro, con algunas canas y una barba de pocos días. Y también era alto. -¿Dónde estabas esta mañana, Iria?-me pregunto apoyado en la puerta de brazos cruzados. De momento no estaba enfadado, sabia cuando lo estaba, más bien lo que tenía era curiosidad, total, no era la primera vez que hacia algo así, creo que no se podían contar con los dedos de las manos. Al principio claro que me regañaba pero llego un momento que se dio por vencido conmigo, se acostumbró. Creo que era a la única que dejaba hacer eso, a otros por el simple hecho de salir cuando no les toca, ha llegado hasta a echarlos. Supongo que era privilegiada, aunque siempre hasta cierto punto. -En el pueblo.-no había que darle más detalles, no era necesario. Tampoco quería, porque si le decía lo que había hecho puede que me regañara y no tenía ganas de discutir. -Ah…-envaine de nuevo la espada y me levante poniéndomela en la espalda por medio de un cinturón hecho a medida para ella-Si querías visitar la tumba de… -No lo digas.-le señale en modo de advertencia. Odiaba que sacara ese tema y más con el tono de compasión con el que lo decía. Me crispaba. -Porque yo no lo diga no va a cambiar el hecho de que él esté muerto y tú le vayas a visitar.-le mire mal a modo de advertencia pero él siguió, lo solía hacer- Iria… es algo normal, no hace falta que te avergüences y lo escondas de esa manera.-Esto era a lo que no quería llegar. -No quiero hablar de ello. No sé cuántas veces te lo voy a tener que decir para que te des cuenta.-levantó las manos en símbolo de paz. -Como quieras. Nosotros nos vamos ya, solo venía a decírtelo. -Pues entonces ¿A que esperamos?-pase por su lado saliendo de la habitación. Sé que íbamos a cazar y a proteger a la gente del pueblo y estaba dispuesta a ello, incluso tenía ganas. Lo que no sabía era lo que me iba a pasar esa tarde. Algo que cambiaría mi vida para siempre. Porque lo que empezó siendo una partida de caza con Erik, Millán y con más de 30 hombres, algunos seminuevos, termino siendo una carnicería. No sé cómo, los vampiros nos atacaron antes que nosotros a ellos. Iban hacia las primeras casas que estaban más aisladas del pueblo. Pensamos que les iban a atacar pero fueron primero hacia nosotros. Luego todo se volvió un poco locura porque vinieron más vampiros que no nos atacaron a nosotros sino a los otros vampiros. Se volvió una lucha muy rara. Vampiros VS Cazadores VS Vampiros, algo así… Me dio igual todo, yo solo tenía que atravesar vampiros con mi espada, punto. Y asi hice. Me atacaban, atacaba. No me atacaban, atacaba, me daba igual blanco que negro, seguían siendo vampiros. Después de cortarle la cabeza a uno vi dos vampiros entrar en la casa más cercana. Escuche gritos o eso me pareció, ya que se confundían con los gritos de batalla, así que fui corriendo hacia ahí. No iba a permitir que mataran a gente inocente. Lo que no me espere es que por el camino me dieran por detrás. Me tiraron al suelo, me gire y vi que uno de los vampiros se me echo encima intentado hincarme el diente. Forcejee todo lo que pude y en un mal movimiento del vampiro le clave la espada en el corazón. Me lo quité de encima y volví a correr hacia la casa. Entré en silencio mirándome el brazo que me dolía. Tenía sangre, tanto mía como la de los vampiros que había matado, eso era algo que no me gustaba de todo esto, llenarme de sangre asquerosa, cuando se seca es difícil quitar de la piel y de la ropa, a veces ni salía. Ignoré el dolor y la sangre ya que en esta casa alguien se estaba peleando muy a lo bestia. Se escuchaba de todo. Se parecía a la lucha entre vampiros. Pase a la habitación de la izquierda, que era la cocina, viendo a dos personas cubiertas de sangre. Les tome el pulso. Estaban muertos. ¿Había llegado tarde? No… Todavía se escuchan ruidos de lucha en la habitación de al lado. Me asome con la espada en mano, preparada para lo que fuera. Creí que la lucha seria de algún cazador contra algún vampiro o incluso algún propietario de esta casa que la estuviera defendiendo como pudiera pero no. Eran dos vampiros que luchaban a muerte en ese espacioso salón. Uno de ellos estaba herido, sus movimientos a veces eran previsibles por ello, el otro creo que estaba bien, no estaba segura, no los podía diferenciar ya que aunque todavía no se había ocultado el sol estaba bastante oscuro y ellos se movían demasiado rápido. Me volví a esconder ¿Para qué meterme en medio? Cuando uno de los dos ganara y matara al otro yo me encargaría del que quedaba, asi haría la mitad del trabajo y tendría mas posibilidades de ganar rápidamente. Solo esperaba a que no olieran mi sangre ni a que quedara más gente en esta casa. Un minuto después escuché un grito bastante grande y luego un sonido horrible, que no sabría describir, en la otra punta del salón. Me asomé con cuidado. Uno de ellos había perdido, estaba sentado en el suelo apoyado en la pared con una herida feísima en el pecho y en la barriga. Había mucha sangre. El otro le miraba desde arriba. Creí que le iba a dar el golpe de gracia pero no, simplemente se dio la vuelta dejándolo tirado. -¡Déjale en paz!-grito el que estaba en el suelo. ¿Qué? ¿A quién? No sé a qué se refería pero el otro se paró.-Solo es un niño… -Es mi comida asi que observa como me alimento.-seguí la mirada del vampiro. Había un niño pequeño escondido bajo una mesa muerto de miedo.- Además a este paso vas a morir asi que quédate quietecito mientras te llega tu hora, por fin. Esto te pasa por meterte en donde no te llaman y por querer proteger a unos humanos.-El otro no contesto porque empezó a toser sangre. Si se había regenerado ¿porque no se levantaba y le atacaba? No lo entendía. ¿Se había rendido asi de fácil? Que cobarde. El vampiro empezó a andar hacia el niño el cual se pegaba más a la pared. Yo no podía permitir que esto pasara asi que salí de mi escondite apuntándole con la espada al vampiro y poniéndome delante del niño. -No le toques. -Oh, una cazadora y no es una cualquiera-sonrió- eres Iria. Qué bien me lo voy a pasar yo esta noche contigo.-En cuanto dijo eso atacamos los dos a la vez. Yo intentaba darle con mi espada pero él era muy rápido. Intente darle por la izquierda pero el vampiro salto por encima con un giro extraño y se puso detrás de mí. Gire la espada y sin darme la vuelta hice el intento de clavársela. No se la clave pero si le herí en un costado haciendo que se separara de mí. Nos miramos. -Te pasa por subestimarme.-no me contesto, solo miro al niño poniéndosele los ojos más rojos. Estaba sediento y eso era malo. Creo que antes se lo estaba aguantando pero como ha visto que yo soy un obstáculo se estaba desesperando. Me ataco más salvajemente que antes con movimientos más típicos de un animal que de un humano. Yo intentaba que no me golpeara porque como lo hiciera seguro que me rompía algún hueso, no os podéis imaginar la fuerza que tiene un vampiro y más en ese estado. Ya había tenido mas de una vez una experiencia asi y no quería volver a repetirla. Lo bueno es que no pensaba con claridad, asi que en uno de sus golpes me eche a un lado esquivándolo y le clave la espada en el brazo. El vampiro chillo y se volvió a alejar de mí. He de reconocer que era fuerte, si fuera uno normal ya le hubiera ganado hace rato, tenía algo de auto-control, cosa rara en un vampiro de su calaña. -Vaya he fallado. Quería darte en el pecho.-Se que enfurecerlo era un error que Millán siempre me reprendía y yo también lo sabia pero es que tenia la lengua larga y casi nunca lo podía evitar. No sé cómo hizo pero de pronto desapareció y apareció ante mí de una forma tan rápida que no lo vi venir y por mucho que tuviera reflejos y me intentara cubrir me pudo golpear en un costado, haciendo que cayera al suelo. Antes de que me pudiera levantar su puño voló hacia mi solo que esta vez lo pare con la espada, con el resultado que me la quito de las manos con otro de sus golpes y aprovecho para darme otro mandándome al lado del niño. Aunque estaba acostumbrada a heridas y golpes peores, ese me había sacado un quejido. Estaba segura de que se había contenido, sino lo hubiera hecho ahora tendría mas de una costilla rota. Mierda, ahora la que se había confiado era yo, una día iba a venir con esparadrapo en la boca. El vampiro se rio con ganas y fue de nuevo hacia mí. Me cogió del brazo levantándome y atrapándome entre sus brazos. Con una de sus manos me giro la cara con fuerza dejándose ver con total claridad mi cuello. Por más que intentaba hacer fuerza y quitármelo de encima no podía. Tenía demasiada fuerza y eso aunque supiera defenderme era algo que me superaba. Me olio haciendo que me entrara un escalofrío y giramos para que el otro vampiro nos viera. -Que bien hueles… estate quietecita, te dolerá menos.-Miro al otro vampiro.- La voy a matar delante de tus ojos, asi que no te mueras todavía, Lucas.-se rio, saco los dientes y fue a morderme pero de pronto alguien nos empujó desde atrás impidiéndolo. -Déjala en paz-era el niño. -¿Qué haces?-le dije entre sorprendida por su valentía y asustada por su vida-¡vete, huye de aquí, sálvate tú! -¡Maldito niño!-me empujo contra el cayendo los dos al suelo-ahora los dos vais a morir a mis manos.- Cuando le mire fue hacia nosotros. Mierda. Por eso nunca podía perder porque si no moría. Siempre había repasado un montón de escenarios en los que podría morir y sabia que cabía la posibilidad de que el causante fuera un vampiro, pero siempre había rehusado a ello. Yo no podía morir a manos de un vampiro estúpido que no sabia ni pelear en condiciones. Cerré los ojos un momento, para no ver su cara cuando me matara pero ese golpe no llego. Cuando los abrí vi que mi espada atravesaba al vampiro muy cerca del corazón, espada que había dejado caer antes. Mire quien había sido. No sé como pero el vampiro moribundo se había levantado, había cogido mi espada y se la había clavado al otro. -A lo mejor yo muero aquí hoy pero tú te vienes conmigo. No voy a permitir que les hagas nada. -¡Maldito!-quiso darle pero el otro fue más rápido y giro la espada dándole en el corazón de lleno. Se la saco de un tirón inundando la habitación de un olor a carne quemada desagradable. El vampiro cayó al suelo como una piedra y empezó a ponerse de un color gris oscuro. El otro dejo caer la espada. Le mire con curiosidad. Los últimos rayos del sol le iluminaban un poco. Era bastante alto o eso me parecía, con el pelo negro corto con flequillo echado hacia atrás y ojos pardos, no sé, no era algo fuera de lo normal pero algo en sus rasgos le hacia atractivo. Nos miró con tristeza y cansancio. Me prepare para defenderme como fuera de él ya que creía que nos atacaría para salvarse pero no. Cayó de rodillas respirando con dificultad y mirando hacia abajo. -Iros-susurro. Me relaje sin entenderlo. Él era un vampiro como el otro, un vampiro que mata a gente, que bebe sangre, que solo existe para matar. Pero no. Quiere que nos vayamos y le dejemos morir después de que nos haya salvado. No lo entendía. Creí que todos los vampiros eran iguales.-Iros… Cogí al niño y a la espada y lo saque de ahí sin pensármelo por la parte de atrás de la casa, donde no había nadie. Cuando ya estábamos fuera se paró. -No, espera. No le dejes ahí. -Es un vampiro. -Pero es bueno, nos ha salvado. -Seguro que es una trampa.-sabía que estaba buscando excusas para no volver, porque sabia que pasaría si lo hacía. -No lo es. El si quisiera se podría salvar a costa de nosotros pero no lo ha hecho. No lo puedes dejar ahí.-le mire unos segundos. Sé que tenía razón pero... -No puedo dejarte solo.-otra excusa y podría inventarme miles. -Tengo familia en el pueblo, iré con ellos, sé por dónde es pero por favor sálvale, él no es como los demás.-Miré a la casa indecisa y pensativa. Ni si quiera sabía como salvarle, se supone que se regeneran y sanan solos. El niño me empujo haciendo que saliera de mi batalla de pensamientos y salió corriendo. Lo vi alejarse ya a salvo. No me puedo creer que esté haciendo esto. Volví a entrar a la casa en silencio. El vampiro estaba de nuevo apoyado en la pared con los ojos cerrados. ¿Habría muerto ya? En cuanto entre en el salón, abrió los ojos y me miro en silencio, una mirada que daría bastante miedo a quien no estuviera acostumbrado a lidiar con ellos. A mi me acelero el corazón. -¿Por qué nos has salvado?-se encogió de hombros. -Soy asi. ¿Qué más te da? Soy un vampiro y tu una cazadora, vete y déjame morir en paz. ¿O me vas a dar el toque de gracia?-sonrió amargamente. -El niño… el niño me dijo que le habías salvado.-no me contesto solo se me quedo mirando que ahora que ya se había hecho de noche a penas le veía bien, el seguro que me veía a la perfección.-Yo… yo nunca hago esto pero ya que nos has salvado y a él dos veces te lo debo asi que… te dejo que bebas de mi.-Aquí fue cuando la coraza se rompió lo suficiente como para que sintiera compasión por el y un sentimiento de agradecimiento, estaba hasta nerviosa y me decía a mi misma que no pasaba nada si solo bebía un poco de mi. Creo que eso le sorprendió. -No… no quiero. -¿Cómo qué no? Te estoy ofreciendo a que vivas ¿Sabes cuantas veces he hecho esto? Ninguna. Si no fuera por el niño ahora tú estarías muerto.-me acababa de enfadar por su rechazo, quien me viera... -Yo no bebo sangre humana. -¡Eres un vampiro!-Eso ni siquiera tenía sentido. Aunque le grité pasó de mi. -Y si aceptara, para salvarme tendría que beber demasiado de ti...-se me quedó mirando que aunque su mirada seguía siendo intimidatoria, pude captar un deje de preocupación y tristeza. Sabía a lo que se refería, al beber demasiado de mi moriría asi que eso de “solo un poco” no servía. Empecé a pensar en mi vida, en cómo me veían los demás y en como actuaba ante ellos, engañándome a mi misma y estando triste la mayor parte del tiempo. A pesar de eso seguía adelante por mi familia y por “él”, a pesar de que odiaba esto, a pesar de que estaba harta y cansada de todo. Por mas que lo negara, sabía perfectamente que esa justicia que pensaba que estaba haciendo desde hacía años se había convertido en venganza hace tiempo, envenenándome, si es que en algún momento había sido justicia. ¿Qué clase de vida era esta? Nunca podría ser feliz. Ahora bien... si no fuera por este vampiro ahora yo estaría muerta asi que supongo que me sacrificaría por él. Moriría pensando en que mi último acto fue algo bueno, que ayude a alguien, aunque este alguien fuera un vampiro. Me iba a rendir por fin y a pesar de que siempre pensé que no quería morir de ninguna de las maneras, el saberlo ahora, me aliviaba. Era como si al decidirlo me hubiera sacado un peso de encima. -Me da igual.-me agache para ponerme a su altura y descubrí mi cuello.-Te lo debo. -¿Vas a morir… por mí? ¡Estás loca, vete ya! -No hace falta que me mates, si bebes de mi y me dejas moriré en minutos. Y si decides hacerlo, bien, mátame pero no me conviertas.-me miro con ojos dudosos. -¿Prefieres morir a…? -Sí. Venga.-no le deje terminar. No quería escucharlo. -No.-se acababa de poner serio. La sorpresa que reflejaba se había ido. -Mira, te estoy ofreciendo la salvación, no me rechaces.-estaba molesta, era increíble que ahora que le estaba diciendo a un vampiro que me matara este no quisiera. El mundo al revés. -Déjame en paz y vete.-Que cabezota. No me iba a rendir tan fácilmente. Lo había decidido. -Desagradecido.-No sé porque hice lo que hice. Es que no lo entendía. Lo único que sé es que con la espada me corte haciéndome sangre en la mano y se la acerque a él que me volvió a mirar sorprendido. Su pupila se agrando, sus ojos se hicieron mas rojos y le salieron los colmillos. Aun asi giro la cabeza para el otro lado. Estaba luchando para no matarme. Un vampiro sediento de sangre y la rechazaba. Esto no podía ser verdad. Me miro de reojo. -Por favor vete, no me hagas esto. Para ti es fácil dejarme morir aquí.-estaba casi suplicándome. -No después de lo que estoy viendo.-me miro con esos ojos rojos y yo me pase la sangre de la mano por el cuello. -¿Por qué quieres morir por mí?-quiso preguntármelo mirándome a los ojos pero no le salió. Su mirada enseguida se fue a mi cuello. -Para ser feliz-lo dije convencida y aliviada sorprendiéndole mas si cabía-Estoy harta de esta vida asi que decido morir a convertirme en vampiro, no quiero vivir asi. Por favor te lo pido, aprovecha mi último gesto de generosidad, muérdeme y déjame morir en paz.- Respiraba rápido intentado quitar la mirada de mi cuello pero le era casi imposible. -¡Hazlo antes de que me arrepienta!-le grité perdiendo la calma. De pronto me agarro rapidísimo y me mordió. No le vi venir. “Gracias”-creo que fue él, el que lo dijo. Me desperté no sabiendo donde estaba y con mucho dolor por todo el cuerpo, como si me hubieran dado una paliza enorme. Además los parpados me pesaban muchísimo y me dolía la cabeza. La claridad me cegó un poco incrementando el dolor de cabeza, cuando me acostumbre pude ver que estaba en el bosque, cerca de la Residencia, con una manta encima. Me incorpore confundida ya que no me acordaba de lo que había pasado. Esa amnesia duro poco. Cuando me mire la mano herida y manchada de sangre de pronto me acorde de todo. Las imágenes se agolparon rápidamente en mi cabeza. Yo debería estar muerta y a pesar de todo me siento muy viva cosa que no entendía, asi como tampoco entendía que hacía en el bosque. Me toque el cuello. Tenía una venda en él y la parte izquierda me dolía mucho. Me queje. Mierda… era verdad. El vampiro me había mordido... me ha mordido y no me ha matado. Le dije que me dejara morir y que no me convirtiera. Me empecé a cabrear por momentos ignorando el dolor. Maldito vampiro, eso me pasa por confiar en uno de ellos. ¿Qué he hecho? ¿Soy un vampiro? Yo no quiero ser algo que odio, no podía serlo. El peso que había liberado cuando reconocí que no quería seguir viviendo volvió con más fuerza, asfixiándome. Me empecé a poner histérica, casi hiperventilando, sin saber que hacer hasta que vi mi espada tirada en el suelo cerca de mi. Tuve una idea. Con rapidez y sin pensar la cogí, la desenfunde y me acerque la punta al pecho. Si no me ha matado él, lo haría yo. Solo tenía que clavármela y se acabó, todo terminaría, Iria dejaría de existir. La reacción al cogerla había sido rápida ya que cuanto menos me lo pensara mas posibilidades había de que me suicidara pero al no clavármela con la misma rapidez esas posibilidades bajaron, demasiado. Como que me quede en esa posición un rato, sin moverme y con las manos temblando. Conté hasta tres unas 5 veces pero no me decidía, siempre me retractaba. Aunque me daba ánimos a mi misma, al cabo de unos minutos tiré la espada al suelo. No podía hacerlo, eso era impropio de mí y ahora que lo pensaba en frio, después de todo lo que había pasado, las ganas de morir habían bajado, ya no tenía tanta predisposición. Mierda de vampiro, cuando lo viera se iba a enterar, si es que lo veía. Que lo dudaba. Recogí mis cosas y me tapé bien el mordisco. No sabía muy bien que hacer ni a donde ir. Si volvía a la Residencia tarde o temprano se darían cuenta de lo que soy y me matarían. ¿Dónde podía ir si no? También estaba el hecho de que me dolía todo y estaba muy cansada. No le di muchas vueltas. Iría a la Residencia y que sea lo que Dios quiera, aunque no creyera en él. No creo que me pudiera quedar mucho tiempo ahí, solo iría para descansar, coger ropa, largarme y pensar como morir de manera justa. Yo me entendía. Si me quedaba de mas y se enteraban de lo que era mientras estuviera ahí, como ya he dicho, me matarían, les daría igual quien fuera yo. Me harían lo mismo que a Ángel hace un año. Me quemarían sin pudor. Me acuerdo que Millán no quería, o eso es lo que me dijo a mi, no se si lo hizo para consolarme o no, pero salió por mayoría y murió delante de mi, sin que pudiera hacer nada. Camine por el bosque apoyándome en cada árbol un ratito pequeño e intentando ignorar el dolor de todo mi cuerpo hasta llegar a las puertas de la Residencia. No se cuánto tarde en llegar ni qué hora era, mi mente solo pensaba en mi cama y en dormir. Dormir hasta el fin de los días. Cuando vi las enormes puertas me pare pensándomelo, si entraba y se daban cuenta me matarían, cosa que en realidad no me asustaba porque aunque mis ganas de morir, como ya he dicho, habían bajado, todavía seguía queriendo eso. Lo que me asustaba y me entristecía era quien iba a hacerlo: todos mis amigos. Tenía miedo de la mirada que me echarían y su desprecio hacia mi persona. Total, ahora mismo no era muy diferente a como era antes, seguía pensando igual, no tenía sed de sangre, no quería matar a nadie... ¿Y si ese vampiro había buscado la forma de no matarme sin convertirme? Era imposible ¿no? Pasado unos minutos me decidí a entrar cogiendo mi compostura normal. Todos me miraban, como siempre, pero al tener ese secreto estaba nerviosa. A lo mejor estaba peor de lo que creía. Estaba a la defensiva, como viera cualquier movimiento de amenaza saltaría. Tenia que tranquilizarme un poco. Solo esperaba que nadie me parara, ni a encontrarme ni con Erik, ni con Millán, no tenía fuerzas para hablar, solo quería encerrarme en la habitación, tumbarme en la cama, descansar y luego largarme de aquí si es que de verdad me iba a convertir en vampiro. Cada vez que lo pienso me doy asco a mí misma. No iba a suceder como yo quería, obviamente, me tuve que encontrar con Millán. Aunque ahora que lo pienso es normal. Fui con el ayer por la tarde y desde ayer no lo vi, estaría preocupado. Normalmente me vuelvo con ellos. Tenia que pensar algo rápido y creíble que haría yo para justificar mi falta -¡Iria!-se acercó a mí pero sin tocarme ni nada.- ¿Estas bien?-me miraba de arriba abajo buscando alguna herida. -Sí, no te preocupes-le sonreí como pude.- ¿Tan mal estoy? -No se… es que ayer desapareciste y vienes ahora… -¿Qué hora es?-empecé de nuevo a caminar hacia mi cuarto. Cada paso era una tortura. -Son casi las 5 de la tarde.- ¡Madre mía! ¿Tanto he dormido ahí fuera? -Ah, se me paso el tiempo, siento haberte preocupado. -¿Dónde estabas? -Bueno, es que salve a un niño de una casa y lo lleve al pueblo y… -¿Has vuelto a ir a la tumba no?-no iba a decir eso pero me servía para salir del paso- Te he dicho que me avises cada vez que vayas. Me has tenido muy preocupado. -Millán, lo siento mucho de verdad pero ¿me puedo ir a mi cuarto? Estoy cansada. La próxima vez que vaya te aviso. -¿Que tienes en el cuello?-esa pregunta me mato. Seguro que me puse pálida. -Eh... un vampiro me araño, no es nada-dije mientras casi corría lejos de él. Se paró y me dejo ir con gesto preocupado. Supongo que había salido del paso. -¡Deberías dejar de ir!-fue lo último que me dijo. Y qué remedio como que no iba a poder ir mas al pueblo siendo lo que era o lo que iba a ser. No me encontré a nadie más. Cuando llegue a mi cuarto, después de cerrar la puerta con pestillo, me fui al baño a ducharme. Me mire en el espejo. No tenía un aspecto tan malo como creía, solo un poco sucia de la batalla con sangre seca en el brazo, en la mano, en el cuello y en la ropa. Nada más grave. Lo de siempre. Me empecé a quitar la ropa hasta llegar al cuello. Me mire la venda unos segundos sin poder tocarla, no quería ver esos agujeros pero tenía que limpiármela así que con valor me quite dejándose ver dos pequeños agujeros rodeados de sangre. Me dolía sin tocarme y estaba inflamado. De pronto al verme eso tuve ganas de llorar. No puede ser esto verdad ¿Por qué había hecho eso? Ahora me arrepentía muchísimo. No sabía que iba a pasar conmigo. Quería morir pero no, era extraño. Había una mezcla de sentimientos y de pensamientos contradictorios en mi enormes. Por una vez en mi vida no sabía que hacer ni cómo actuar, estaba en blanco. Intente tranquilizarme, ahora con el dolor de cabeza y de cuerpo que tenía no podía pensar con claridad asi que lo mejor era darme una ducha y dormir otro poco. Y eso fue lo que hice. En cuanto termine de ducharme me puse una camiseta blanca y unos pantalones cortos del mismo color y me tumbe en la cama. La cabeza en vez de dolerme menos me dolía mas y a pesar de todo lo que había dormido tenia sueño. Sí. Me estaba convirtiendo en vampiro. En algo que yo siempre había odiado. Cerré los ojos y me deje llevar a donde fuera, en este preciso instante me daba igual todo, como si entraban y me mataban. Solo quería dormir y que cuando despertara, pasara lo que tuviera que pasar. No sé cuánto tiempo dormí, a mí me pareció poco pero en cuanto me desperté el dolor de cabeza era insoportable, peor que antes, apenas podía abrir los ojos porque si lo hacía aparecían en mi sien unos pinchazos insoportables, parecía que me iba a estallar y tampoco podía tomarme nada porque, aparte de que no funcionaria, era pensar algo de comer y querer vomitar. Me toque la frente. Sé que estaba ardiendo aunque no lo notara. Temblaba de frio y creo que hasta de miedo. ¿Esto era el proceso de transformación? Porque si era asi no era nada agradable. Al final si que me estaba convirtiendo. Me incorpore un poco porque ya no podía ni dormir. Veía borroso y estaba mareada. Me estaba transformando en un chupa sangre y yo no quería. No quería pasarlo mal ahora, para que después me matasen. Solo pensaba y hasta suplicaba que todo este malestar se me pasara, solo pedía eso. Ni si quiera podía respirar bien ya. Me revolví en la cama y arrugue más las sabanas, sentía mi corazón latir a toda prisa, sentía el dolor del pecho, del cuello, de la mandíbula y de la cabeza con tanta fuerza que por un momento pensé que no superaría esto, que moriría con este dolor. Quería que alguien entrara a la fuerza que me viera y que no tuviera contemplación ninguna en matarme, asi dejaría de sufrir. Eso era lo único que podía concentrarme en pensar; en la muerte. “Tranquila” “pronto pasara”-no se quien había dicho eso pero había sonado muy cerca mía, cosa extraña cuando en la habitación no había nadie mas que yo.- “Cierra los ojos y duérmete”-no sabía quién era ni donde estaba pero su voz hacia que me tranquilizase como si fuera un calmante. Pensé que me estaba volviendo loca pero no luche contra ello mas, solo me deje de mover y cerré los ojos dejándome llevar por esa voz.
Capítulo 2. Me volví a despertar, esta vez sobresaltada, incorporándome como un resorte y mirando a todos lados por un ruido incesante y desagradable en estos momentos. Alguien estaba golpeando la puerta de mi cuarto insistentemente, la golpeaba y me llamaba, no reconocía la voz de momento, porque aparte de que la escuchaba distorsionada estaba atenta a otras cosas; como saber que hora era, cuanto había dormido y comprobar que ya no me dolía tanto el cuerpo ni la cabeza. Me fijé que la cama estaba echa un desastre y si la cama estaba así, no quería ni imaginarme como estaría yo. -¡Iria!-golpeaban la puerta repetidamente y sin cansarse. No sabía cuánto tiempo llevaba ahí pero ya me parecía pesado. Me levanté de la cama y me puse unas deportivas blancas que tenía para entrenar. Me miré al espejo echándole valor. Como dije, estaba echa un desastre, despeinada, con ojeras, pálida y con cara de estar cansada a pesar de que había dormido un montón. Intenté arreglarme un poco el pelo pero la mala cara que tenía no lo arreglaba nadie. De todas maneras no tenía tiempo porque fuera quien fuera el de la puerta parecía que la iba a echar abajo, cosa que terminaría haciendo. -¡Iria, abre!-todavía no sabía muy bien quien me estaba llamando pero no quería que me viera así. Me descubriría y no tenía ganas de lidiar con ello. Tenía que pensar algo para salir de aquí sin que se dieran cuenta cosa que cada vez veía mas difícil. -¡Me encuentro mal!-grité mirando de reojo al espejo y fijándome en algo de mi cara que antes pasé desapercibido, algo que me asustó: mis ojos. Se habían oscurecido bastante, seguían siendo azules pero muchísimos más oscuros y además se empezaba a entrever un color, mezclado con el azul, que odiaba; el rojo. Al ver eso empecé a ponerme nerviosa y al hacerlo, de pronto, podía escucharlo todo. Antes no sabía quién era el que me estaba llamando y golpeando la puerta pero ahora sabía que era Leo “uno de los mejores” y que aparte de él había dos personas más. Pude escuchar el sonido de sus corazones, el sonido de la sangre circular por su cuerpo y el de sus respiraciones. Escuchaba cada roce y toque que hacían sus manos o parte del cuerpo con cualquier superficie con tanta intensidad que era como si estuviera con ellos, como si los viera, como si estuviera a su lado. -No, no, no…-susurré empezando a ponerme un poco histérica. Me dolió la mandíbula y enseguida me volví a mirar al espejo. Los colmillos me habían crecido de pronto y mis ojos ya no eran azules, eran rojos, rojos… como la sangre. Algo en mi cerebro cambió, hizo clic y mis pensamientos cambiaron totalmente. Ya no pensaba en salir de aquí o intentar hacer que se fueran, ahora mi cerebro se había centrado en una única cosa. En la sangre. Si, quería la sangre de Leo y de los otros dos, lo demás daba igual. -¿Estás bien? Es que llevas encerrada dos días ahí.-Volví a la realidad con esa respuesta. ¿Dos días? ¿Tanto tiempo había estado dormida? -Abre por favor. -¡No!-lo dije con demasiada urgencia y miedo. Sentí que los colmillos volvían a ser como antes. Eso es, tranquilízate, tranquilízate, piensa en otra cosa. Claro que si, por mucho que me hubiera convertido en vampiro seguía siendo Iria, seguía podiendo controlar mi cuerpo como quisiera así como mis pensamientos, no iba a dejar que el monstruo me venciera. Todo saldría bien mientras no entraran. -¡Iria abre! Es una orden de Millán.-si insistían tanto es que sospechaban algo de mi condición. Ahora que volvía a tener el control de mis actos y pensamientos tenía que pensar en algo para echarles sin que me vieran. Lo que no sabía era como. No me sentía con fuerzas de moverme del sitio de donde estaba, estaba como una estatua de pie, delante del espejo, respirando rápido e intentando pensar en otra cosa que no fuera la sangre y los corazones de Leo y los otros dos que podía escuchar. Eso no ayudaba nada. -¡Como no abras la puerta la echo abajo!-no escuchaba lo que estaba diciendo. Yo me concentraba en aclarar mis ojos, no sabía cómo, y en no escuchar más sus corazones a la vez que intentaba pensar en algo para salir de esta. Demasiadas cosas a la vez. A lo mejor estando bien podría hacerlo pero así no. - Por favor… no entréis.-empecé a susurrar a modo de rezo casi dándome por vencida, dejándolo todo a la suerte. No funcionó. La puerta se abrió de un golpe fuerte dejando a entrar a los tres cazadores. Seguí sin moverme. Si miraba, si me movía, haría algo que me condenaría porque estaba segura de que iría a por ellos. -¿Iria?-cerré los ojos intentando calmarme. Ahora que estaban más cerca los podía escuchar mejor y no os digo nada de su olor. Los colmillos volvían a bajar, me estaba descontrolando.- ¿Estás bien?-se acercó a mí. -¡Fuera!-les miré perdiendo la calma. Todos se sorprendieron y se asustaron. Supongo que ya no tenía pinta de humana y como ya se habían dado cuenta de lo que pasaba, todo el poco control que tenía se esfumó. No aguanté más y me abalancé sobre ellos. Dejé de pensar en todo lo que no tuviera que ver con la sangre, en mi mente solo había cabida para ese líquido rojo. Creo que le di un empujón a uno y me tiré encima de él pero alguien me cogió por detrás. Forcejeé y le empujé también. Me di la vuelta para encararme a quien quedaba pero una red me atrapó tirándome hacia atrás y quemándome. Estaba hecha del metal anti-vampiros. A la vez que gritaba de dolor escuchaba el sonido que hacia mi piel al quemarse y su horrible olor, hasta ahora no sabía lo mal que lo pasaban los vampiros con nuestras armas, era horrible. Intenté quitármela de encima, sin mucho éxito, lo único que hacía era quemarme más. Vi a Leo que venía hacia mí, supongo que había sido él, el que me había capturado. -Iria…-estaba triste.-Lo siento-vi su puño con algo más viniendo hacia mí y nada más. Erik Sé que mi café se había enfriado hace rato, que por mucho que lo removiera no se iba a calentar y que me tenía que levantar a calentarlo pero no podía, bueno, mejor dicho, no tenía ganas de moverme. Y es que no podía dejar de pensar en Iria. Desde que salimos de caza hace dos días no la había vuelto a ver, cuando normalmente se venía con nosotros después de cazar. Sé que a veces desaparece sin dejar rastro, si, es típico de ella y unas horas después aparecía, como siempre. Ahora llevaba dos días sin verla. Millán me dijo que estaba en su cuarto, que no me preocupara, pero ella no era así. Ayer fui a verla encontrándome con su puerta cerrada y por mucho que llamara no me abrió, no se la escuchaba. Lo más lógico era pensar que estaba mala, seguimos siendo humanos, nos ponemos enfermos, era normal. Aun asi no podía evitar preocuparme. Algo dentro de mi me decía que no era una situación normal, que pasaba algo más grave, por eso me preocupada porque cuando a ella le pasaba algo grave se lo guardaba y por mucho que insistiera no me lo contaba. Hasta que ya no podía más y venía a mi agobiada y medio llorando. Por eso se que tarde o temprano me lo contaría, si es que le ocurría algo, que a lo mejor no era nada y yo me estaba rayando solo. Suspiré. Ya no sabía que pensar y por encima se me habían quitado las ganas del café. -¡Erik!-otra vez él… -¿Qué quieres, Christian?-si… era el novato que me había tocado. -¿Por qué no me has contado lo que le ha pasado a Iria? -¡¿Qué le ha pasado?!-me sobresalté demasiado dando un golpe en la mesa a punto de tirar el café. Christian se asustó y los que estaban cerca me miraron por un momento. -¿No lo sabes? -Christian, no me vayas a tocar los cojones, dime que le ha pasado a Iria. -No lo sé, te lo estoy preguntando, creí que lo sabías.-me dijo más serio y con miedo. Si no estuviera tan preocupado por Iria, le hubiera soltado un sopapo. -¿Dónde está?-pregunté con urgencia. -Es que he escuchado que la van a juzgar pero no sé porque.-en cuanto me dijo eso salí corriendo hacia el despacho de Millán. ¿A juzgar? ¿A Iria? Pero ¿de qué? ¿Por qué? Si ha estado encerrada en la habitación dos días no ha podido hacer nada malo y ni aun asi, Iría es incapaz de saltarse las grandes normas. No sé porque la iban a juzgar pero si lo van a hacer debía ser algo gordo. No quería ni pensar que podía ser. Corrí por los pasillos, esquivando a gente y también chocándome con ella. Algunas se quejaban, otros se quedaban mirando. A mí me daba igual, mi objetivo era llegar al despacho de Millán y saber que había pasado con Iria. Le debía mucho y sea lo que sea lo que haya hecho yo la defendería, porque es mi mejor amiga y porque le debo la vida. Cuando llegué al último piso que es donde estaba el despacho, ni si quiera toqué la puerta, simplemente la abrí de sopetón. -¡Iria!-todos me miraron. Millán estaba de pie con gesto serio, también estaban Leo y Félix, otro de los mejores, a los lados. En medio, de rodillas y con las manos atadas a la espalda, estaba Iria mirando al suelo. - ¡Erik, no entres asi al despacho del Jefe Millán!-me reprendió Félix, el cual le tenía un respeto enorme a Millán y nunca, nunca desobedecía sus órdenes. -¡¿Qué hacéis con Iria?! ¡¿Por qué está atada?! No creo que haya hecho algo tan grave ¿no, Jefe Millán?-dije esas dos últimas palabras con retintín mirando a Félix que me devolvió la mirada un poco molesto. -Erik…-su tono era un poco amenazante. -Si es Iria, a ella siempre se le perdona todo, venga ya….-me acerqué a ella pero Leo me paró. -No te acerques es peligroso. -¿Peligroso? ¿De que estas hablando? ¡Es Iria! -Ya no.-habló por fin Millán- Ya no es Iria…-le miré sin entender nada. -¿Qué dices?-la miré- ¿Iria?-subió la cabeza dirigiendo su mirada a mi y entonces entendí todo. Me paralicé y mi mente por un momento dejó de funcionar, solo tenía mirada para Iria, quien tenía los ojos rojos y la mirada cazadora de los vampiros. Es algo que en la vida, repito, en la vida se me hubiera pasado por la cabeza que a Iria le pudiera pasar. Me la hubiera imaginado antes muerta que siendo vampiro. Es tan… irreal. -Encerrarla-ordenó Millán. Enseguida Félix y Leo la cogieron y se la llevaron, yo me aparté rápidamente dejándolos pasar. En todo el trayecto, nuestras miradas se cruzaron, ella… no sé cómo me miraba, era una mirada entre triste y amenazante, una mirada que nunca había visto. La mía era de miedo, terror, incomprensión. Cuando cruzaron la puerta, no me moví del sitio, me quedé mirando a un punto muerto de la habitación, asimilando lo que acababa de ver, mas bien intentándolo. Porque no creo que pudiera hacerlo nunca. -Erik.-me llamó Millán pero no le respondí, por una vez en la vida no le respondí.- Sé que es duro pero no podemos hacer nada. Primero Ángel y ahora Iria, hemos perdido a dos grandes guerreros. -¿Cuando la van a ejecutar?-susurré dándolo por hecho. -No lo sé. Mañana por la mañana se decidirá, tengo que hablar con los demás Jefes.-la van a matar. Ahora ya no es Iria, ahora es un vampiro y todos los vampiros tienen que morir. Ya ha pasado otras veces, y es lo que me dijo Iria en su día, excepto cuando le tocó a Ángel. Ese día no era ella y ahora… nunca más lo será.-Sé que es duro, para mí también lo es pero es lo que hay, no hay excepciones. -Si… ya lo sé-dije en un susurro abandonando el despacho. Ya no hay vuelta atrás. Ahora me tendré que olvidar de ella para siempre y eso es imposible para mi. -No podemos hacer nada-apoyó una mano en mi hombro-¿porque no te vas a descansar?-asentí moviéndome mecánicamente. Si me dijo algo mas no le preste atención, solo me fui a mi habitación. Estaba tan en shock que aun sabiendo que Iria iba a morir, que nunca más podría volver a verla o a hablar con ella, no me salían las lágrimas. Pasé una mala noche, no podía dejar de pensar en Iria quien ahora estaría encerrada en una celda esperando la hora de su muerte. Pensé en ir a verla pero tenía miedo de que cuando fuera no me reconociera o quisiera atacarme. ¿Por qué tienen que existir los vampiros? No esa no es la pregunta, la pregunta es ¿Por qué Iria? Ella siempre ha sido una buena chica, siempre creyó en la justicia, siempre ayudó y peleó por los demás. ¿Por qué siempre les toca a los mejores? Al final acabé durmiendo dos horas porque a las 7 de la mañana ya estaba en pie, no porque quisiera sino porque mis ojos se negaban a cerrarse. Iba por los pasillos como un zombi, mi cuerpo se dirigía solo hacia cualquier sitio, me daba igual donde, porque yo… no podía ayudar a Iria. Ella era un vampiro y tenía que morir. Todavía mis lágrimas se negaban a salir. Iria. Sufrí toda la noche encerrada en una de las celdas de la residencia. Casi nunca se usaban pero ahí estaban. No tenía nada, ni cama, ni paja, nada. Solo el suelo duro y frio. Pero a mí eso no me importaba, y tampoco me importaba morir porque era lo que quería. Era mi única opción de salvación y ya que yo no pude hacerlo por mí misma pues que lo hicieran los demás. Solo esperaba que fuera rápido. Pero eso no era por lo que sufrí esa noche, sino porque no paraba de pensar en sangre. Cuando descubrieron que Ángel era un vampiro casi enseguida lo mataron. Lo quemaron vivo cosa que no me gustó nada y protesté hasta el final. No quería que lo mataran y mucho menos de esa manera. Me acuerdo que ese día me encerraron a la fuerza dentro de la Residencia, donde podía ver perfectamente su muerte pero sin meterme por medio ya que lo quemaron en el patio. Me acuerdo de su última mirada y también el sufrimiento y el llanto que yo tuve ese día y los siguientes meses, hasta que pude seguir adelante, mas o menos. Y ahora por un capricho del destino yo voy a morir por la misma causa. Ironías de la vida. Lo que me importaba y mucho era que no podía sacarme de la cabeza la sangre. A pesar de que estaba aquí encerrada seguía escuchando los latidos de los corazones de las personas que pasaban cerca o que vigilaban las celdas asi como sus conversaciones y respiraciones. Me estaba volviendo loca. Solo quería que pasara esto de una vez. De todas formas aunque quisiera vivir ¿Por qué hacerlo en un mundo donde nadie te quiere, donde todos te odian, sola y vagando como un alma en pena? Si hasta Erik me ha rechazado. Por cómo me miro sé que no va a hacer nada para ayudarme, ni quiero su ayuda pero no se… es triste. Supongo que lo bueno es que me reuniré con Ángel en el otro lado. Si, pensaría en eso hasta mi muerte. Era el único consuelo que tenía. Escuché la conversación de alguien cerca de aquí y luego que la puerta que daba a las celdas se abría dejando paso a dos hombres, lo sé porque escuchaba los pasos. Yo no tenía ganas de hablar con nadie. Cada vez que abría la boca me entraba más hambre de sangre y yo no quería hacer daño a nadie. Estoy viendo que como no me ejecuten pronto no iba a poder controlarme. Me fui a la esquina de la celda donde había más oscuridad para que el que viniera no pudiera verme con claridad, fuera quien fuera no quería hablar con él porque acarrearía más tristeza por mi parte y no quería más. Me puse con la cabeza enterrada entre las rodillas y de esa posición no me moví. Escuché que uno de ellos se iba, cerrando la puerta, el otro, quien fuera, se quedó en la puerta de mi celda cerrada mirándome o intentándolo. Escuchaba su respiración entrecortada y que tragaba saliva cada dos por tres, a parte de la sangre, eso siempre. -Si te vas a quedar ahí todo el rato mirando como un pasmarote, vete de aquí.-dije al fin cogiendo valor y haciendo que de nuevo me salieran los colmillos. Chisté. - El caso es que no te veo.- ¡Era Erik! No sé porque pero me alegre cosa que no debería de hacer. No sabia que estaba haciendo aquí. Me levanté y me acerqué a los barrotes. No fui consciente de mi rapidez hasta que Erik se cayó al suelo, hacia atrás, asustado. -¡Erik! ¿Qué haces aquí? No deberías haber venido.-me tapé la boca por los colmillos, me dolía la mandíbula de aguantar. No me contestó, solo me miraba asustado.-Y menos para asustarte-me enfadé-¿Para qué has venido? ¿Para tratarme como a un monstruo? ¡Si es asi vete!-le chillé haciendo que se separara más y que los guardias de las celdas se asomaran preparados para cualquier cosa. Eh un momento. Acabo de pensar como un vampiro, me acabo de indignar por las acciones de Erik. Oh no, esto va de mal en peor. Tengo que morir ya si no… -Lo siento Erik, vete. Déjame tranquila, vete y diles que no tarden en matarme-me fui de nuevo a mi sitio. -Millán tiene razón… ya no eres la Iria de antes. Eres un monstruo.-dijo eso y se fue corriendo cerrando la puerta. De nuevo esas palabras y esa actitud me habían herido y mas viniendo de él. Erik era la única persona de este lugar en quien creía y confiaba y su actitud me acababa de decir que en realidad no tenía a nadie, estaba sola en esto, iba a morir sola y eso era lo que me hacía querer llorar. Estaba equivocado, yo seguía siendo la misma de siempre, seguía siendo yo, seguía pensando igual, con algunas variantes. Seguía siendo Iria pero en vez de Iria la cazadora, Iria la vampiresa. Me reí tristemente. Por favor… que no tarden en matarme. Lucas. Nunca había estado tan cerca de la Residencia de Cazadores y para ser sincero estaba un poco nervioso y tenso, no me gustaba nada estar aquí solo. Me encontraba subido a un árbol mirando el ajetreo de ellos y aunque estaba lo suficientemente lejos como para que no me vieran estaba, como he dicho, en tensión. Era fuerte pero si me atacaban todos los que había ahí no salía vivo, no tendría ni la más mínima oportunidad. Tenía que tener mucho cuidado. Tampoco me hacía falta acercarme más para saber lo que pasaba dentro. Se habían dado cuenta de que Iria se había transformado en vampiro y eso era un problema. Yo la transformé, era mi responsabilidad y a este paso la iban a matar, no sé dónde pero sé que lo iban a hacer y todo porque yo no la pude matar en su momento. Joder, es que gracias a ella estoy vivo ¿Cómo voy a matar a la persona que a pesar de que odia a los vampiros ha salvado a uno? Es imposible que pueda hacer eso y menos después de ver lo guapa que es. Imposible. Creo que Iria estaba en una de las celdas de la Residencia. Si supiera como es por dentro y fuera algo más fuerte me pensaría el entrar a sacarla de ahí. Como no se da ningún caso me tenía que aguantar ya que si lo hacía, como he dicho, sería un suicidio. Ninguno de los dos saldríamos con vida. Y lo que es más, ni si quiera tengo permiso de estar aquí. Tenía que hacer algo. Iria debía de estar volviéndose loca porque en los primeros días de un vampiro no se piensa en otra cosa que en la sangre. Solo se actúa por instinto. En esos días si eres un verdadero monstruo. Debe de estar pasándolo fatal. ¿Qué hago? Por más que pensaba no sabía qué hacer. -¿Te gustan las vistas, Lucas?-me sobresalté y me giré hacia donde había venido la voz. Era el General Axel, otro vampiro y a pesar de tener solo 5 años más que yo, solo aparentemente porque en realidad debía tener unos cientos de años mas, se puede decir que es mi entrenador. También estaba en la rama del árbol, apoyado en este, mirándome con los brazos cruzados. No sé cómo no lo había escuchado llegar. -Que susto me has metido. -Eso para que veas que aun te faltan facultades o... ¿Es que estabas pensando en alguna chica? -Axel, estoy mirando a la Residencia de Cazadores ¿Qué te hace pensar que esté pensando en alguna chica?-¿Cómo mierda había dado en el clavo? -Era broma, no te pongas así. -¿A qué has venido? -Estas muy borde conmigo eh-suspiró-he venido a llevarte de vuelta con tu padre. -¿No crees que ya soy un poco mayorcito como para que alguien me venga a buscar? -Sí, si no hicieras cosas innecesarias, indebidas y perjudiciales para el reino.-me quedé mirándole- Lucas no quiero discutir, me han mandado traerte de vuelta, no me pongas las cosas difíciles.-No podía volver ahora, no sabía cuándo la iban a matar por lo que tenía que estar atento a cualquier movimiento para actuar con rapidez y salvarla. Si mi iba la perdería y eso sí que no me lo perdonaría jamás. -Lo siento no puedo volver de momento. -¿Qué se te he perdido aquí? No me digas… Ya has hecho algo innecesario, indebido y perjudicial. -¿Quieres dejar de repetir eso?-dije molesto- No he hecho nada de eso.-No creo que transformar a Iria en vez de matarla fuera algo de eso. -Lucas, hace dos días que no vuelves, tu padre está preocupado. -Pues dile que estoy bien y que ya volveré, no seas pesado.-no me contestó ni se movió del sitio.-Te lo ordeno. -Eh tranquilo, ahora no puedes mandarme porque estoy bajo una orden de tu padre. -Por favor, volveré pronto, dile a mi padre que estoy bien.-volvió a suspirar. -Lo que hay que hacer…. No esperes que le mienta, seguramente cuando vuelvas te va a echar la bronca.-me reí, el me sonrió y se fue con cuidado para no ser visto, saltando de árbol en árbol. Volví a mirar la Residencia que estaba igual que antes, sin ningún movimiento extraño. Lo único que podía hacer de momento era esperar a su ejecución y ahí actuar. Sí, me la jugaría en ese momento, se me daba bien improvisar. Por si fuera poco también tenía en mente las luchas que teníamos mi reino con el vecino. Suspiré con cansancio. Eso de momento tendría que dejarlo a parte, primero estaba Iria. Iria. Me había cambiado de posición, de nuevo. Ahora estaba tirada boca arriba en medio de la celda todavía pensando en sangre. Pensé que en cuanto dejara que pasara el tiempo el ansia de sangre se me iría pero no, era al revés, cuanto más tiempo pasaba más ganas tenía de ella y ni si quiera me gustaba. Me acuerdo que una vez me mordí la lengua haciéndome sangre, no me gustó nada. Mal pensamiento en estos momentos. Fue pensar en ese sabor y mi mandíbula me dolió por los colmillos, hasta salivé. Di un golpe en el suelo. ¡Para ya! ¡¿Es que soy masoquista o qué?! Joder. Me llevé las manos a los ojos e intenté tranquilizarme. No sabía cuánto tiempo había pasado y ya me estaba cansando de no saber nada. Quería salir de aquí ya, quería ver el exterior aunque solo fuera para mi ejecución. Ni si quiera podía dormir por los ruidos que hacia la gente al dormir, si, hasta ahí había llegado mi oído. No sé porque estaba tan tranquila, supongo porque iba a morir dejando de ser un vampiro y porque me reuniría con Ángel porque si no… sino no sé cómo reaccionaría. De pronto entraron a la sala unas cuantas personas. No me moví del sitio. -Iria-era Millán y supongo que las otras dos personas que iban con el eran Leo y Félix. Dos hipócritas, no soy vampiro y son súper simpáticos y amables, hasta me invitaron a cenar mas de una vez, Félix quiso ligar conmigo a pesar de que más de una vez le había dicho que no. Soy un vampiro y ya no soy nada, solo un monstruo que desprecian y tratan mal. Que les den.-Has sido condenada a muerte.-se produjeron unos segundos angustiosos de silencio. -¿A qué esperáis?-pregunté sin moverme. Era obvio que iban a matarme, no sé qué creían que yo pensaba. Salvarme desde luego no. -No te vamos a matar nosotros. El Jefe Baruch ha decidido que al ser tú te ejecutaran en el pueblo delante de todas las personas. No he podido rebatirle nada. -¿A qué esperáis?-volví a preguntar intentando ocultar mi sorpresa y mi nerviosismo. -¿Si entramos ahí nos prometes que no nos vas a atacar?-preguntó Leo. Este tío es tonto ¿Qué se cree que lo hago apropósito o algo? -No.-me senté y me di la vuelta para no mirarles a la cara. Escuché como abrían la puerta de la celda teniendo que sacar toda mi fuerza de voluntad para no tirarme sobre ellos. Cerré los ojos y los puños fuertemente hincándome las uñas, de alguna manera el dolor hacía que me controlara más, creo que era porque me hacía sentir humana. Cuando apenas podía aguantarme alguno de los tres me cubrió la cabeza con un saco y me ataron las manos a la espalda. Cuando me cogieron del brazo y me levantaron, me revolví un poco por instinto pero enseguida paré y caminé junto con el que me agarraba. Con el saco en la cabeza apenas podía respirar bien. Por lo menos el olor de los humanos no me llegaba tanto y me podía controlar mucho más. A pesar de eso sí que escuchaba el murmullo de la gente y sus respiraciones. Intenté despejar de mi mente los instintos básicos que pedía mi cuerpo intentando entender porque querían matarme delante de todo el pueblo. No creo que yo fuera muy diferente a Ángel ¿no? Era una cazadora, como él, que se había convertido en vampiro, como él. ¿Por qué por ser Iria me iban a matar de forma diferente? Tampoco le iba a dar muchas vueltas, me daba igual delante de quien me mataran, pero que lo hicieran y rápido. Nos paramos en la salida de la Residencia, lo sabía por la claridad y porque escuchaba mejor el sonido de los árboles y de los animales. -A partir de aquí la llevaremos nosotros-no sé quién era, no le reconocía la voz pero parecía alguien importante por el tono en el que le hablo a Millán. Pocas personas podían hablarle asi, por lo menos de las que yo conozco. -Pero, quede en que… -Si ya lo sé, veréis su ejecución pero por medidas de mayor seguridad la llevaremos nosotros.- ¿Quién era ese tipo para hablarle así a Millán? Sentía curiosidad, sentimiento nuevo en estas circunstancias. En realidad siendo vampiro todos los sentimientos eran nuevos, se sentían diferente, más amplificados. -Está bien-sentí como era arrancada bruscamente de las manos de Leo y tiraban de mí de malas maneras como si fuera un animal salvaje. Eso me cabreó pero no hice nada. Subí una rampita y me empujaron al interior de algo. Supongo que uno de los carruajes/celdas, asquerosos y fríos que había. Me deje caer al suelo sintiendo su frialdad y suspirando. ¿Y si me quedaba dormida? Sería gracioso que el vampiro que iban a matar le daba igual todo hasta tal punto que se quedaba dormido a la hora de la ejecución. Lo que daría por ver las caras de los presentes si pasara eso. Por lo menos moriría riéndome. El caso es que me tumbe relajándome un poco y pensando que ya me faltaba poco para lo que quería. Lucas. Ya llevaba horas y horas en el mismo sitio, vigilando la entrada de la Residencia sin ver nada extraño, ningún movimiento, ningún ruido, como si no hubiera pasado nada y ya hacía rato que me aburría. Me acababa de sentar en la rama, ya por cambiar de posición apoyándome de lado en el árbol. Me preguntaba que estaba pasando ahí dentro, porque no escuchaba alboroto. Coño que era Iria, no era una cualquiera, debería haber caos y nerviosismo y en cambio solo había silencio. Llegué a pensar que la habían matado dentro pero luego caí de que eso era imposible, sabía que estaba viva, lo sentía en mi. Cuando un vampiro es el creador de otro, los primeros días tiene un lazo con el tan fuerte que se conectan, llegando a saber lo que sienten y lo que piensan. Y eso era lo que me pasaba con Iria. Lo había descubierto la otra noche cuando ella estaba sufriendo por la transformación. También sé que a pesar de que lleva siendo vampiro tan solo un día, no es tan salvaje como debería. Eso era algo que me extrañaba muchísimo. Escuché algo raro a lo lejos haciendo que mi aburrimiento y sueño se esfumaran. Me levanté del sitio rapidísimo viendo que por el camino de tierra se acercaba a la entrada un carruaje-celda de metal, de color gris, seguido de unos cuantos hombres con armas y con un uniforme que conocía bien porque mas de una vez me había enfrentado a ellos, todo vampiro sabía quiénes eran: Los altos mandos de cazadores. ¿Se iban a tomar tantas molestias por Iria? Sé que era la mejor cazadora entre las mujeres y si me apuras entre los hombres pero a llegar a eso… ¿Qué iban a hacer? En cuanto llegaron casi enseguida se abrieron las puertas de la Residencia saliendo cuatro personas, una de ellas atada y con un saco en la cabeza muy feo. Iria. Sentía que estaba bastante tranquila, cosa extraña ya que un vampiro de un día no estaría asi en presencia de humanos y menos estando como está. ¿Por qué está tan tranquila? Y además la iban a matar, debería estar echa una furia, peleando e intentando escapar. Entonces caí en lo que me dijo cuándo me salvó: Quería morir. Puede ser que su deseo de morir fuera tan fuerte que bloqueara la parte vampírica. Sorprendente. Nunca había visto nada igual. Uno de los tíos con uniforme la cogió con fuerza y tiro de ella sin delicadezas. Cosa que me molestó a mí y a ella ya que sentí como se enfadaba por eso. Me reí. -Iria, en realidad no quieres morir. Y ya estas empezando a pensar como uno de nosotros. La empujaron al carruaje el cual cerraron, se despidieron de los de la residencia y empezaron su marcha. Y por la dirección que llevaban seguramente sería al pueblo. ¿La iban a matar allí? Eso era cruel. Los cazadores no se quedaron de brazos cruzados, cogieron caballos y les siguieron. Yo también les seguí por los árboles, tenía que encontrar la manera de salvarla. Tenía que pensar rápido mientras llegábamos. Ahora es cuando tenía que poner en práctica todo lo que me habían enseñado, todas las estrategias y tácticas de batallas, incluido la lucha, porque sabía que iba a tener que luchar. No tardamos mucho en llegar al pueblo donde la gente empezó a salir de sus casas para ver el espectáculo, según oían. Después dicen que nos odian y que matamos a gente bestialmente y no sé qué más, que no digo que no, pero ellos a veces no se quedan atrás. Seguí al carruaje hasta que paro en una plaza del centro de la ciudad donde habían preparado una plataforma de madera con un mástil bien grande en medio, alejado de las casas y de la gente. Vi que también había agua. Iban a matarla con una muerte muy desagradable y horrible para un vampiro. La iban a quemar. Bajaron a Iria del carruaje todavía atada y tapada e hicieron que subiera a la plataforma donde la ataron al mástil de madera. Había muchísima gente por todos lados mirando y seguían saliendo de sus casas, algunas decididas sabiendo lo que iba a pasar y otras con curiosidad. Entre la multitud vi a su Jefe de la Residencia, lo distinguía por las ropas, que eran diferentes a las de sus subordinados. Podía ver que la miraba con tristeza. Si esta tan triste que haga algo y que la salve pero eso no iba a pasar, aquí si alguien la iba a salvar sería yo. Ningún humano movería un dedo por un vampiro aunque antes hubiera sido su mejor amigo. Odiaba eso. Unos de los guardias le quitó el saco a Iria quien parpadeo varias veces. Estaba despeinada y su cara mostraba que estaba cansada de luchar con su instinto vampírico pero como ya estaba atada se rindió ante todo. Un hombre de los altos mandos subió decidido y serio a la plataforma pidiendo que todos se callaran cosa que todos hicieron. Iria. En cuanto me quitaron el saco de la cabeza y pude ver donde estaba, sentí una opresión en el pecho que no me dejó respirar por unos segundos. Sabía lo que me esperaba desde el momento en que me pillaron, sabía que me iban a matar con fuego, era lo más práctico y además a la gente le gustaba ver a un vampiro sufrir. Aun sabiendo lo que me esperaba no quita que a la hora de la verdad tuviera miedo, ahora que estaba en la situación no quería morir así. Ya había sufrido lo suficiente como para que encima me matasen con fuego. Un vampiro tardaba en morir quemado y no quería más dolor pero si así lo habían decidido los altos mandos no podía hacer nada. Me rendía ante todo. Ni si quiera miré a la gente que observaba lo que estaba a punto de ocurrir, que no exagero si digo que estaba el pueblo entero, el cual no dejaba de murmurar, cosa que me molestaba. Me daba dolor de cabeza escucharlos todos a la vez y sin entender una mierda de lo que decían. Las voces se entremezclaban dando lugar a un idioma macabro o eso me parecía. Mi atención se centró en un hombre de los altos mandos que subió y me dio la espalda mirando a todo el público pidiendo que se callaran. Yo bajé la vista al suelo. -¡Gente de Priston!-asi es como se llamaba el pueblo- Os he reunido aquí, como podéis ver, para ejecutar a un vampiro y no uno cualquiera. Esta vampiresa ha “nacido” hace poco por un error, un desgraciado error. Iria era la mejor cazadora que ha habido en los últimos tiempos, como ya sabéis, pero para que veías que nadie se salva del ataque de los vampiros y que nadie es lo suficientemente fuerte como para sobrevivir a ellos, aquí os he traído el ejemplo, os la he traído-se apartó para que le gente me viera pero yo no aparté la vista del suelo, no quería ver como habían cambiado sus miradas hacia mi, cuando hasta hace dos días les había protegido siempre- Y para que veáis que los cazadores y los altos mandos nos da igual quien sea transformado en vampiro la ejecutaremos ante vosotros, quemándola. -¡Muerte a los vampiros!-gritó uno. Que le den. -¡Matarla ya!-A ese también. El hombre cogió una antorcha que le dieron y juntando paja que había alrededor mía empezó a quemarla mientras la gente animaba. Me puse nerviosa, incluso en un acto reflejo intenté quitarme las ataduras, pero se me pasó cuando de pronto escuché la misma voz que me habló cuando me estaba convirtiendo en vampiro en mi cama. -“Tú no quieres morir, Iria” -No sé quién era pero… yo sí que quería morir. -“Empieza una nueva vida conmigo” -Me estoy volviendo loca, eso es. Es imposible que haya alguien que me hable mentalmente. Es mi mente que me la estaba jugando. No había otra explicación lógica, los vampiros no podían hacer eso, sino tendrían magia la cual no existía, que yo supiera. Sentía el calor de fuego demasiado a pesar de que todavía no había prendido y que estaba a un metro de mí. Si lo sentía así ahora no me quería imaginar que se sentiría al ser calcinada por él. Mi corazón se aceleró de miedo al pensarlo. Vi como la paja empezó a prender. -¡Espera!-gritó Millán haciendo que todos le miraran, incluida yo, y que el que estaba quemando la paja parara. ¿Qué está haciendo? Son los altos mandos quien lo ha decidido asi, él no puede hacer nada. Y no quiero que haga nada. Va a hacer que me arrepienta.-No podéis matarla asi, ya ha sufrido bastante, ¿no podéis hacerlo de otra manera que sea rápida? No se lo merece.-Me decepcioné. Claro ¿Qué iba a esperar de él? Millán no iba a cambiar de opinión en cuanto a mí. Creía que éramos más que amigos, creía que nos comportábamos como una familia pero ya veía que no, la familia no haría eso, la familia no se abandona pasara lo que pasara. Si esperaba que se lo agradeciera lo tenía claro. Pensé que siempre me apoyaría pero ya veo que no. Cuando me di cuenta de lo que estaba pensando me reprendí mentalmente, a este paso no iba a querer morir. Deseé que lo hicieran ya, fuera como fuera. -“Te voy a salvar”- ¿Qué? No, no me salves, sea quien seas no me salves. Mis pensamientos se cortaron al notar que el hombre apagaba el fuego y me desataba del palo. Entre otros me obligaron a agacharme, poniéndome de rodillas. -Por ser tú, aceptare tu proposición. No será quemada pero si decapitada.-Anda mira, por lo menos eso no dolía. Más o menos agradecí el cambio de la forma de mi muerte pero en cuanto sentí la cercanía de los que me agarraban, deje de agradecerlo. Me estaba poniendo mala. Podía oler la sangre de su interior. O sea antes también podía y más cuando hay un pueblo entero delante de mi, pero al estar atada a un mástil de alguna manera lo olvidaba, total no podía hacer nada. Ahora que estaba un poco más libre y cerca de humanos la cosa cambiaba. Volvieron a salir mis colmillos e iba a perder el control. -Hasta siempre Iria, descansa en paz-Alzó la espada, yo cerré los ojos dejando de respirar, pensando en todo lo que había pasado, desde los últimos recuerdos con mis padres hasta ahora, pensé en lo único bueno que me había pasado: en Ángel. Pronto estaría con él. Escuché el sonido del viento al ser cortado por la espada pero el golpe de gracia nunca llegó. En cambio la gente se asustó y empezó a gritar. Entre las palabras que se perdían en el aire escuchaba “Un vampiro” “Es un vampiro” Ya sé que soy un vampiro no hace falta que me lo recordéis. No se referían a mí. Levanté la vista y vi a un tipo que se acababa de cargar a los dos que me agarraban y que sostenía la espada del ejecutor a centímetros mía. No le había escuchado llegar y tampoco sabía quién era porque estaba de espaldas a mí. Solo sabía por la gente que era un vampiro. ¿Me está salvando porque soy uno de los suyos? Venga ya… Si los vampiros son independientes, les da igual los demás. Empujó al hombre tirándolo hacia abajo. Enseguida una lluvia de flechas de cazadores, los cuales estaban ente la multitud, fueron hacia nosotros dos. El me empujó un poco hacia atrás, evitando que me diera alguna, a él no lo sé. Solo vi que se libraba de alguno que subían a la plataforma. Era fuerte o eso parecía. Pero la racha le iba a durar poco porque venían muchos más cazadores y yo no le iba a ayudar, me negaba. A pesar de todo seguía queriendo morir, no quería vivir como vampiro. En uno de los golpes que dio, hirió a uno de los cazadores haciendo que saltara sangre. La vi salir, salpicar y caer al suelo a cámara lenta. El olor me llegó tanto y tan fuerte que creí que me ahogaba. De pronto toda la debilidad que sentía se esfumó junto con mi autocontrol. Rompí las cuerdas de mis manos no sé cómo y me abalancé sobre él en cuestión de milésimas de segundo. Por un momento antes de siquiera tocarle pude saborear la sangre de él. Quedó todo en la imaginación. El vampiro me paró a tiempo, me puso en sus hombro como si fuera un saco de patatas y huyó de ahí. Fue en ese preciso momento en que me di cuenta de lo que había estado a punto de hacer, había estado a punto de matar a alguien y me había dado igual. Ahora no sabía que hacer, no paraba de pensar en esa sangre y en lo hambrienta que estaba pero a diferencia de hace unos segundos ahora si me importaba. El vampiro empezó a correr con una rapidez increíble a pesar de que me tenía a mí en brazos, bueno en brazos, no se le puede llamar asi. Me dejé llevar un rato asimilando todo y resistiendo al monstruo que había en mi interior y que tantas ganas tenía de salir. Si tenía que perder el poco control que me quedaba que fuera lejos de humanos, donde no podía hacerle daño a nadie. Eso era lo único que podía hacer. Lucas. Por qué poco... por qué poco hago que Iria cometiera una desgracia para mí y sobre todo para ella. Digo para mi, porque como ya dije, es mi responsabilidad, todo lo que le pase a ella, sus actos y sus consecuencias van directas a mi persona, además... se lo que es perder el control y cobrarte una vida humana. No quería eso para ella ni para nadie, es demasiado duro para algunas personas y sé que Iria es una de ellas, no lo soportaría. Había sido un imprudente. No tuve cuidado y al golpear al cazador con la espada lo herí, menos mal que me di cuenta a tiempo y la paré, cogiéndola y sacándola de allí. Corrí a pesar de que una de las flechas me había herido en el brazo y me abrasaba la piel. Lo estaba pasando mal pero la prioridad era Iria. Lo que me parecía raro era la pasividad de ella. Se había dejado coger y no se movía nada, estaba quieta en mi hombro. Digo que era extraño porque había estado a punto de matar a un hombre sin control ninguno y eso no se pasa en cuestión de segundos. A parte de eso debería ser mas salvaje, lo típico de los vampiros nuevos, que no lo controlan. Pues no. Parece que su voluntad es mayor que su instinto. Nunca me había encontrado con una persona como ella. Cada vez tenía más curiosidad sobre ella. Salté un tronco caído con suma facilidad ya más relajado y tranquilo, cuando de repente en mitad del aire a ella le dio por moverse y enfadarse, cayéndonos al suelo. -¡Suéltame!-ese grito fue muy animal. Ahora mismo estaba fuera de control, ya me parecía a mi raro, esto era lo normal. Cuando me levanté, que fue enseguida, lo primero que hice fue quitarme la flecha de un tirón, ignorando el dolor y la sangre para luego encararme a ella, que también se había levantado. Tenía los colmillos fuera y sus ojos rojos, signo de que tenía sed de sangre, me miraban amenazadoramente y con fiereza. -Iria, tranquila, vengo a ayudarte.-no me contestó solo emitió el sonido típico de los nuevos vampiros.-Hazme caso, deja de respirar por unos momentos, por favor. ¿No me reconoces?-Se abalanzó contra mi muy rápido, yo la esquivé pero enseguida se giró y me dio una patada bastante fuerte que me tiró hacia atrás, he de decir que fue demasiado rápida, cosa normal en los vampiros nuevos. También tenía demasiada fuerza. Creo que su instinto acababa de ganarle a su voluntad porque ya no atendía a razones y aunque pudiera seguramente tendría ganas de darme una paliza. Me la había ganado, en parte. Aunque no me puede culpar por querer salvarla. Tuve que dejar de pensar en idioteces cuando se puso encima de mí e intento morderme, no podía subestimarla, como se pusiera en serio podría tener problemas. Le agarré de los brazos y la pude empujar estampándola contra un árbol. -Ah, Lo siento-dije levantándome arrepentido pero en cuanto lo hice me dio un tremendo golpe en el pecho mandándome a mí contra otro árbol. Esto era lo que decía de subestimarla y yo no ir en serio, que recibía. Tardé un poco en mirar hacia donde estaba ella por el golpe, error mío porque cuando alcé la vista ya no estaba. Me levanté de sopetón.- ¡Iria!-la busqué por los alrededores con la mirada, no había podido ir lejos.- ¡Iria!-Ni si quiera la sentía, estaba demasiado descontrolada.- ¡MIERDA!-empecé a buscarla corriendo. No podía perderla.