Hola! Les traigo mi primera historia original! Aviso, esta es sólo la introducción, en el próximo capítulo empieza lo bueno ;) Capítulo I : ¡No existen! “Diosas” Me pregunto cómo es que podemos estar estudiando algo tan inútil como son las Diosas. No sé, a lo mejor de niño me lo hubiera creído, pero ahora... la verdad es que es algo bastante improbable. Si éste tema va de Diosas ¿el siguiente de qué irá? ¿De unicornios y ninfas que van por los bosques? Ya que estamos estudiando cosas completamente inservibles y que no existen ¿qué tal si estudiamos los poderes sobrenaturales de seres humanos especiales? Hasta ahora mi hermana me sorprende bastante con sus habilidades, aún no entiendo cómo no se le ha caído la oreja de tanto hablar por teléfono. Eso sí es un tema interesante y realista, ya estoy viendo hasta el título “teléfonos peligrosos y orejas adolescentes resistentes ¿realidad o mito?”. Sí, sería todo un éxito. Hasta le pediría a Kelly que hiciera una rueda de prensa en promoción a la idea, y si es posible, una recepción para firmar autógrafos. —Una Diosa es una deidad femenina, en contraste con las deidades masculinas conocidas como "Dioses". Muchas culturas tienen diosas. Frecuentemente son parte de un largo panteón que incluye los géneros convencionales y, en algunos casos, incluso deidades hermafroditas o de género neutro. El lápiz daba vueltas y vueltas sobre la mesa, yo estaba aburrido, a los demás parecía que les gustaba el tema. A fin de cuentas a todos les gustaba soñar, o eso parecía porque desde mi punto de vista se estaban creyendo todo lo que el profesor decía. Que si son “deidades femeninas”, que “algunas son hermafroditas”. Madre mía ¡¿acaso era yo el único con sentido común en esa clase llena de gente ilusa?! —¿Y usted qué cree señor Bauer?— Preguntó de repente el profesor. Detuve mi lápiz y miré al hombre. Era muy obvio que quería cogerme desprevenido, él sabía que no me gustaba para nada su clase de “fenómenos” como yo le llamaba. —Que es mentira, ¿qué voy a creer?— Mientras hablaba, cabe decir que con nada de interés en el tema, pude sentir como todas la chicas del salón me miraban con los ojos brillosos. No es por nada, pero era bastante popular entre las chicas, cosas que nunca entendí ni entenderé ya que yo nunca les había hecho caso. Ni a ellas ni al profesor de Fenómenos inútiles de estudiar, así que no sé ni por qué me preguntaba del tema si ya sabía mi respuesta. Mckenzie, el profesor, me miró con algo de enfado... seguramente porque no me gustaba la clase que daba, aunque eso ya lo sabía todo el mundo, y me traía sin cuidado si aprobaba o no. Se acercó un poco a mi mesa y se detuvo mirándome de frente. —Entonces ¿me puede dar una razón que justifique lo que dice?— Preguntó. ¿Una razón? Por Dios, le podría dar mil, no, mil y una razones y estoy seguro de que lo convencería o por lo menos lograría cerrarle esa gran boca. —Pues para empezar soy Ateo, por si no sabe lo que significa, es que no creo ni en mi madre.— Sí, lo expliqué un poco vulgar, pero ya estaba como se suele decir “hasta los cojones” de ese tío.— Después, si en realidad existieran las supuestas Diosas, ¿por qué tienen que ser mujeres extraordinariamente hermosas y sin ningún defecto?— Pregunté retóricamente, no me hacía falta que aquel hombre al que le pagaban por contar mentiras y el cual me tenía manía me contestara.— Además, ¿acaso usted me puede dar una prueba que demuestre que las Diosas existen? Frunció el ceño, se dio la vuelta y volvió a su asiento. Se sentó en él y volvió a mirarme. Todas las personas de la clase observaban en silencio aquel “encuentro” entre el mentiroso y yo. —Muy bien, esa es su opinión, una opinión bastante interesante sí señor.— Sonrió evadiendo la pregunta, yo seguí serio. —Gracias.— Respondí con una media sonrisa. —¿Alguien más piensa igual que el señor Bauer?— Preguntó al resto de la clase. Todas las mujeres levantaron la mano menos Clara, mi mejor amiga la cual estaba sentada a mi izquierda y me miraba divertida. Los hombres se quedaron callados y bastantes serios al ver la reacción de las chicas. —Estás hecho un Don Juan ¿eh?— Susurró Clara, que me sonrió y me dio un codazo. —Ya ves, tengo mis armas.— Respondí divertido. El profesor parecía nervioso, más de la mitad de la clase estaba en su contra y todo gracias a un “mocoso” como yo. Ja, ésta batalla la había ganado yo, eso estaba claro. Para la gran suerte de Mckenzie el timbre sonó de un momento a otro. Literalmente había sido “salvado por la campana”. La multitud de la clase se levantó rápidamente de los asientos y salieron corriendo del salón con sus mochilas al hombro. No me extrañaba, un viernes a última hora de lo único que había ganas era de irse a casa. Clara y yo nos levantamos a la misma velocidad que los demás y salimos de clase entre los murmullos de las chicas que decían cosas como “¡Encima de guapo valiente!” o “Es mi hombre perfecto”. Unas frases que en realidad eran estúpidas, no conocía ni a la mitad de aquellas chicas y ellas hablaban como si supiera mi biografía completa y de memoria, aunque la verdad, prefería no enterarme de si esas suposiciones era verdad o no. —¿Harás algo este fin de semana?— Pregunté mientras caminábamos por los pasillos hacia la salida. —Sí, mis padres y yo iremos a ver a mi tía Laura. No me hace mucha gracia, pero es lo que hay.— Sonaba algo desanimada, por no decir mucho. Nunca se había llevado bien con alguien de su familia que no fueran sus padres, siempre me lo decía. Supongo que ir a ver a su tía un fin de semana no era lo más alegre para ella. ¿Ahora qué haría yo este fin de semana? Pues quedarme en casa chateando y jugando con el ordenador. Sí, seguramente esa sería la mejor opción de todas, este fin de semana no me apetece para nada salir de fiesta, más que nada porque no va Clara. —¿Laura? ¡¿No es aquella tía tuya que tenía una hija que se llamaba Marie?!— Para variar David nos sorprendió por detrás con sus estúpidos gritos y preguntas por chicas. A veces a alguien le puede dar la sensación de que David está necesitado de una mujer porque está totalmente desesperado, pero la terrible verdad es que es un mujeriego incorregible. ¿Cuándo fue que empezó a ser así? No lo recuerdo muy bien ahora mismo pero creo que fue por quinto de primaria, nunca había salido con una chica y le gustaba mucho su novia, si, recuerdo que ella lo dejó y él se convirtió en un mujeriego... No hay que sentir lástima por él, sino por las chicas. —¡¿Es que nunca vas a cambiar?!— Preguntó Clara alzando el tono de voz. Cada vez que David se ponía en “modo mujeriego” como decía ella, Clara se enfadaba y mucho. Llegaba a dar hasta un poco de miedo si la provocaban demasiado. —Venga Clara, y me lo dices a mí. Yo no tengo la suerte de éste.— Me señaló con el dedo índice interponiéndose entre los dos.— Tengo que buscarme la vida con las chicas. Es increíble, soy más guapo que él y en cambio no tengo ni a una detrás de mí. ¿Cómo lo haces Alan? —¿El qué?— Pregunté confuso. —Tener tantas chicas que matarían por ti.— Clara rió un poco. Sí, es cierto, tenía a más de la mitad de las chicas del instituto detrás de mí y aún no sabía por qué razón. Digo, soy guapo, pero no es para tanto. Sí, puede que tenga los ojos verdes y el cabello color café pero no es como si yo fuera el más guapo de todos. Ahora que me pongo a pensarlo ¿qué les gustaría tanto de mí? Mi altura, mi peso, mi pelo, mis ojos... Nada fuera de lo normal, todo en su sitio. Quizá fuera eso, que era el único con un poquito de sentido común... No, que va, eso seguro que no era; sobretodo porque yo sobre el sentido común sólo conozco las palabras. —Ah, eso... Es un secreto de profesional.— Aclaré y Clara rió a carcajadas. David se quedó allí, parado estático en mitad del pasillo sin hablar mientras mi mejor amiga y yo nos alejábamos y por fin, lográbamos salir del odiado instituto. Rápidamente me despedí de Clara y empecé mi camino hacia casa. David se debe haber quedado en el pasillo por mucho tiempo, ya que siempre viene conmigo a casa y hoy al parecer el shock fue demasiado. Tardé unos veinte minutos en llegar a la puerta de mi casa, pasé el jardín principal y abrí la puerta. —¡Mamá, ya estoy aquí!— Avisé cerrando la puerta detrás de mí. —Hola cariño.— Mi madre apareció de un momento a otro por la puerta de la cocina, que tenía justo enfrente y me dio un beso.— Sube a tu cuarto y cámbiate, enseguida estará la comida ¿puedes avisar a tu hermana para que baje a ayudarme? —Si, claro.— Subí las escaleras y me detuve en la primera puerta a la derecha.— Kelly, mamá dice que bajes.— Avisé y seguí mi paso hacia mi habitación, justamente la de al lado de ella. Me tiré sobre la cama un momento dejando mi mochila en el suelo. Reí. Hoy había sido un día divertido... No hay muchos días en los que le puedas llevar la contraria al señor Mckenzie y salir impune. Me levanté de la cama y me dirigí al armario, en unos cinco minutos ya me había cambiado de ropa, en definitiva con una camiseta ancha y un pantalón de chándal estaba todo solucionado. Bajé las escaleras nuevamente después de salir de mi habitación y fui al comedor. La mesa ya estaba puesta, Kelly estaba sentada y mamá venía cargada con un plato de ensalada. Me quité del medio para dejar pasar a mi madre y me senté al enfrente de Kelly mientras mamá se sentó en el extremo de la mesa cuadrada en la que estábamos, entre nosotros dos. —¿Cómo ha ido el día?— Preguntó mi madre mientras nos servía la comida. —Bien, hoy saldré con unas amigas al centro comercial.— Dijo Kelly empezando a comer. —Yo me quedaré en casa, no tengo ganas de salir ¿tú vas a hacer algo mamá?— Pregunté empezando a comer yo también. —Sí, hoy tengo que salir, tenemos una reunión en la empresa y es importante ¿no te importará quedarte solo en casa? —Para nada.— Respondí. El resto de la comida no dijimos palabra alguna, acabamos y entre todos recogimos la mesa y fregamos los platos. Kelly se fue al rededor de las cinco y media de la tarde y mamá se fue con ella, me quedé completamente solo. Subí a mi habitación ya hartado de ver la televisión desde que acabamos de comer, eran más o menos las ocho de la tarde. Me acosté en mi cama y puse una que otra canción en el estéreo. No sé que era lo que me pasaba pero no podía estar quieto, busqué unos CDs y no estaban, así que pensé en ir al cuarto de Kelly, seguramente ella los tendría. Siempre me quitaba las cosas. Buscaba y buscaba pero nada, intenté prender la luz de la habitación pero al parecer los bombillos estaban fundidos. Genial, de noche y totalmente a oscuras buscando una aguja en un pajar. En la mesilla, en la cama, en el escritorio... Nada. ¿Qué hacía Kelly con mis CDs? Y lo más importante ¿Dónde carajo los guardaba? Ya me estaba empezando a desesperar.