“En Nombre de Dios” Allí estaba una vez más aquella mujer; sólo que esta vez su aspecto era el de un cadáver andante entre los vivos ¿Por qué estaba allí? ¿Qué hizo para merecer tal trato? Sus ojos azules parecían un profundo mar sin un cielo, sin una "luz" que pudiese volverlos a hacer brillar cuando joven ¿Quién le creería a una anciana de 63 años de que ella no era lo que gritaban? Se sintió impotente al contemplar las miradas encendidas y las caras de horror de los pequeños detrás de sus madres...todo estaba confabulado en su contra, su pueblo, su gente ¡Todo! Miró hasta donde sus reducidas fuerzas a un hombre de semblante indescriptible que traía un rollo "su santa condena"; algo sofocada alzó levemente el rostro contemplando el característico clima: un cielo opaco y gris; su rostro se ensombreció y por un momento quiso gritar de frustración ¡¿Quién era él, quiénes eran ellos para acusarla de ser hereje?! En medio preguntas sin respuestas de su entorpecida mente, causa del desgaste mental de todo lo que estaba aconteciendo, afinó un poco el casi perdido sentido auditivo para escuchar renuente la razón de toda esa pesadilla; el hombre la miró con despreció y le dijo: —En nombre de Dios, Yo os condeno a la hoguera Anna Schnidenwind, por ejecutar pactos con la oscuridad y Satanás. La juerga iracunda gritó con excitación tras esas palabras; ya estaba listo, ya no había salvación. — ¿Tus últimas palabras? Por un momento pensó en reír y llorar amargamente, pero se le ocurrió algo "sutil" para aplacar la burda sonrisa en aquél "Hombre" —¡Os veré a todos arder en el fuego del infierno!— Declaró fúrica. la turba se exaltó y unos que otros gritaron por tal afirmación; el "hombre de Dios" sintió un escalofrío que poco después desapareció, acercó la antorcha ardiendo a los leños secos donde Anna se encontraba presa y ocurrió el tan anhelado espectáculo. La mujer cerró los ojos con fuerza sintiendo como era consumida en aquél velo implacable e inmisericorde. Miró a nueva cuenta el cielo, esperando un respuesta; gritó de dolor puro cuando sintió su piel ceder; por un momento creyó que podría escucharla y perdonarle su aparente falta, del cual para ellos era simplemente imperdonable pero, para "Aquél que todo oye y ve" No. ¿Era esta la justa retribución a sus pecados? tal pareciese que sí ¿No? __________________________________________ N/A: Algo extraño? Demasiado ya lo sé.