Labios dulces que tanto gozaba besar. Ahora, sin decir ni una palabra. Manos que con cada roce hacía su piel erizar. Ahora, causantes de esta brutalidad. Ojos que antes adoraba contemplar. Ahora, se mantenían penetrantes en él. Hombre que tanto la adoraba. Ahora, se retorcía en el suelo, sintiendo que todo se opaca, sin más aire. Ella sólo lo observaba detenidamente, con su lacerante mirada acobaltada.