Ella llegara... Él miró ansioso hacía los lados, había llegado temprano esta vez, normalmente eso no sucedía, pero ¿Como no dejar que la emoción y el entusiasmo lo llenaran si estaba tan enamorado? No podía contar el tiempo para verla y confesarle todo lo que sentíaUn suspiro salió de su garganta acompañado de una tenue sonrisa. Faltaban aún treinta minutos para su encuentro, pero impaciente revisaba el objeto en su bolsillo; aquella cajita de terciopelo que contenía un anillo, el cual había seleccionado especialmente para su amada. Su vista se ubico al horizonte de la ciudad, aquel era un día extrañamente tranquilo, pocas personas caminaban por las calles. La nieve llenaba los techos de los locales y levemente teñía de su color aquel alrededor. Él se encontraba en el restaurante en que habían quedado de verse…como tantas otras veces. Se sentía feliz como un niño al que le dan un juguete, la vida le había obsequiado de la misma forma, ese ambiente perfecto para sus intenciones. Recordaba el día en que la había visto por primera vez: Sus hermosos cabellos pulcramente peinados, sin contraste alguno con aquel elegante traje ejecutivo; su mirada tenía un brillo excepcional, que probablemente, solo él sería capaz de entender y admirar. Ella era su superior en el lugar donde se había ganado un puesto, no era mucho, pero si lo suficiente para vivir bien. Su persona era de esas de las que solo notan cuando se ha ausentado y el trabajo no ha sido realizado. Nadie le conocía en aquel lugar; fácilmente se perdía entre todos aquellos con títulos Todos lo ignoraban, con una excepción: aquella mujer de alto puesto. Siempre le saludaba con una hermosa y duradera sonrisa; no le importaba conocer a alguien más, no necesitaba el saludo de ningún otro para motivarse tanto como lo lograba cuando la miraba Luego de un tiempo aquellos saludos se convirtieron en pequeñas pláticas sobre el trabajo y la empresa, un tiempo después sobre temas personales que cualquiera podría saber. La confianza iba creciendo hasta llegar a crear una amistad muy solida, incluso pudo conseguir un ascenso con un poco de “ayuda”, él sonrió al recordarlo. Miró su reloj: faltaban tan solo diez minutos. Ese día le diría lo que pensaba, las emociones que fue capaz de experimentar a su lado, cada vez que estaban uno con el otro Le pediría que uniera su vida con la suya, tenía en mente que era algo precipitado, pero aquello sería un acto de confianza para demostrarle que de verdad la amaba; ella tendría total derecho de decidir. El tiempo paso con lentitud y su miraba vagaba por todas las direcciones para poder mirarla en el segundo en que se deslumbrara su figura, las ansias lo estaban matando. Suspiro repetidamente, sintió algo romperse dentro de si al ver la hora señalada en aquel objeto —Mujeres, tanto tiempo arreglándose—pronuncio tratando de darse valor—Ella llegara. —Su voz quebrada demostraba su incredulidad ante aquellas palabras. Por que él lo sabía, la conocía demasiado para no darse cuenta. En todas las ocasiones en que se habían reunido, ella siempre llegaba puntualmente, a la hora pactada. - Camino con un poco más de rapidez pues anhelaba llegar al lugar asignado de esa cita. Había estado dándose valor por mucho tiempo y ese era el día en que se lo confesaría por fin, todo lo que le hacía sentir…todo lo que le amaba. Ella miró su reloj y apuro aún más su paso, su felicidad no podría apagarse con nada en aquel momento. Sin poder contenerse, sus pies comenzaron a moverse con velocidad, tan rápido corría que no pudo notar el cambio de aquel objeto de rojo a verde antes de que pudiera cruzar. La bocina pito con fuerza y ella volvió su rostro hacía aquel sonido, aquellas dos luces serían lo último que la alumbrarían - Trago con fuerza y miró de nuevo su reloj, cuatro horas más de lo acordado, cuando nunca llegaba tarde. —Ella llegara…