Sollozaba sin consuelo alguno sentada en un escondite que tenía en la academia, a pesar de haberse graduado hacía tiempo, regresaba a aquél rincón del instituto con intenciones de refugiarse; recientemente había sido reprendida por su padre a causa de su debilidad, poco le faltaba para que con aquel reclamo la desconociera como su hija, de no ser por Neji… Sus lágrimas caían suavemente por sus mejillas, pero no todas llegaban a morir en su barbilla, pues ella no dejaba de pasar las manos y los brazos por su cara para limpiar cada una de las aguas amargas de sus ojos. ¿Por qué no podía llenar las expectativas de su padre? ¿Por qué por más que se esforzara siempre seguía viéndose inferior a su pequeña hermana? No, Hyuga no odiaba a Hanabi, tampoco a su padre, se odiaba a sí misma por no dar el ancho y eso era por lo que siempre se lamentaba. —¿Por qué lloras Hinata-chan? Esa voz la reconocería en cualquier lugar, la oía tan cerca que instintivamente levantó la cara encontrándose a unos centímetros de ella, un par de ojos color celeste acompañados de una gran sonrisa. Su cara enrojeció, retrocedió tanto como el lugar donde estaba sentada se lo permitió y giró el rostro para que su nerviosismo no fuera conocida por Naruto, quien se hallaba de cuclillas frente a ella. —No tienes de que llorar, hace un día hermoso ¿no crees? La chica de ojos perlados sintió al rubio sentarse a un lado suyo, su sonrojo había disminuido pero no tanto como para sentir la confianza de verlo a la cara. Naruto, su amor secreto desde hacía largo tiempo, justo cuando pensaba que su día no podría mejorar o empeorar aparecía él como un sol desvaneciendo las nubes grises de ese espantoso día. —Na… Naruto-kun… ¿qué haces aquí? —Paso de vez en cuando, me da nostalgia la academia y también visito a Iruka-sensei —respondía tendiéndose en la barda que tomaron como banco— ¿Tu qué haces aquí? ¿Por qué llorabas? —Yo… es que yo… —aún no se atrevía a verlo a la cara, secaba desesperadamente lágrimas que ya no tenía, pero sentía el rubor en sus mejillas. Cuando creyó que el sonrojo desapareció, pero en realidad aún se veía, volteó a ver a Uzumaki—. Fa… fallé en mi entrenamiento nuevamente… —¡Sólo eso! —Exclamó enérgico— Si es horrible fracasar en los entrenamientos, pero no es para llorar —se levantó para apostarse nuevamente frente a ella—, sólo hay que poner todo de nosotros. —Pero… —bajó la mirada y con ella la cabeza— Otosan… —Le mostraremos a tu papá cuan fuerte puedes ser —tomó su mano sin mucho cuidado y por la fuerza logró levantarla de un jalón—, yo te ayudaré a entrenar de veras. Como si un botón en la mano de Hinata hubiese sido presionado, la cara de Hyuga quedó en rojo de un tono que jamás se había visto antes, las piernas le temblaron y cuando menos se dio cuenta ya estaba en el suelo con los ojos cerrados. —¿Hinata-chan? —Oía a lo lejos mientras se reintegraba a la realidad— Hinata-chan, despierta. Lo primero que vio al despertar fueron unos cabellos dorados enmarcados por el sol del día, poco a poco descubrió un rostro con un par de ojos azules que la llamaban incesantemente. —Naruto-kun… pareces un sol.
¿Por qué ponen Hinata-chan en los diálogos de Naruto? Él nunca le ha añadido el "chan"... ¿O si? Estuve a punto de marcarte como Ooc la actitud del rubio hasta que seguí leyendo. Lo sentí muy tranquilo al principio, pero bueno...no importa. El tuyo es un one-shot simple pero tierno de algún modo.. Aunque me habría gustado que profundizaras mas en los sentimientos de Hinata, el rechazo de su padre siempre ha sido una maldición para ella. Entonces debería sentir desesperación, no solo tristeza... ¡Una desesperación bestial! Lo que sentiríamos nosotros al estar en su lugar, eso es. Naruto para hinata siempre ha sido un "salvador", (cosa de la cual empiezo a hartarme) pero aquí el rubio fue algo mas efusivo con su apoyo a la chica. Cuando en realidad éste le ha ayudado de una manera involuntaria. Igual fue un buen escrito, la frase final fue lo que mas me gustó. Sin mas que decir me retiro. Mucha suerte y espero que sigas escribiendo por acá. :D