Al pasar el último bus, éste abrió la puerta para dejarle subir, pero un gesto de su mano bastó para darle a entender al chofer que no era necesario, por lo que el vehículo se fue surcando la noche y dejando una estela de luna. Se preguntó entonces el sentido de tantas horas de espera. La lluvia caía sobre el paradero y parecía no tener fin, lo notó de golpe y le cayó encima la certeza de aquella lluvia tormentosa. Llovía desde que llegó hace unas horas y seguro llovería hasta llegar a casa. Miró al cielo buscando una señal de él, que no había llegado en ese último bus a mitad de la noche, que lo dejó esperando en medio de la lluvia. Las gotas se amontonaban al borde del cielo del paradero y se lanzaban estrepitosas sobre el pavimento. Miró la calle mojada esperando una respuesta, alguna luz que le cambiara el destino, pero nada parecía cambiar. ¿Valió acaso la pena la espera? El espectáculo de las gotas parecía amainar de tanto en tanto, pero al cabo de un rato volvía si acaso con más fuerza. Al menos eso lo mantenía entretenido. Se subió la bufanda hasta taparse la boca y decidió esperar, no por él, sino a que calmara un poco la lluvia, o al menos eso es lo que se dijo a sí mismo.
Me ha parecido muy tierno el relato. Supongo que la esperanza es lo último que se pierde y aunque fuese evidente que no iba a ir, que era el último bus, ahí tenía la excusa perfecta para seguir manteniendo, aunque fuese, un pequeño hilo de esperanza. Me ha gustado, aunque me ha resultado muy triste. Supongo que al final, nunca llegó a aparecer, supongo que, simplemente, era un engaño sin más, supongo también, que a veces lo entregamos todo, con el fin de obtenerlo todo y bueno, nos dejan así, solos en un paradero, bajo la lluvia. La imagen que has creado en el escrito, ha sido bastante hermosa. Me gusta. Un saludo.