Microrrelato El origen

Tema en 'Nano y Microrrelatos' iniciado por Ela McDowell, 24 Febrero 2016.

  1.  
    Ela McDowell

    Ela McDowell Entusiasta

    Sagitario
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    29 Noviembre 2013
    Mensajes:
    175
    Pluma de
    Escritora
    Título:
    El origen
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Fantasía
    Total de capítulos:
    1
     
    Palabras:
    603
    EL ORIGEN

    Oculto en las entrañas del mundo, donde la luz es parca y su fuente bendita no es otra que la madre luna, se extiende el lóbrego valle de la muerte. Allí la noche es perenne y el único astro que rige las alturas baña en haces mortuorios a las sombras que peregrinan en su búsqueda. Cada cinco lustros abandona sus aposentos y el firmamento se sumerge en oscuras tinieblas a la espera de su regreso, que sólo se da cuando el universo aúlla una dolorosa súplica al borde del deterioro.

    El valle es orlado por árboles que existían incluso antes que la tierra fuese creada, los cuales albergan la historia de arcanas eras bajo su espeso follaje. De ellos se formó el aire que se respira y el suelo por el que se desplazan todas las criaturas, manteniendo con sus gruesas raíces aquel equilibrio; al agitar sus ramas crearon el viento, y con él a Élet y Halál, las diosas hermanas. ¡Ah, bellas doncellas de apariencia albina que danzan entre tormentas!

    Élet era la encargada de recolectar el cálido céfiro estival para introducirlo en los labios de los infantes recién nacidos y, de esta manera, les otorgaba el soplo de vida. Dicho conocimiento le había sido otorgado por las susurrantes hojas. Y también fue elevada al cosmos, junto a la caprichosa luna, para turnarse la ocupación del trono celestial con su incandescente presencia. Mientras, Halál no tenía más labor que apaciguar las tempestades que se desataban y controlar los vientos que rugían con demasiado fuerza.

    Finalmente, durante el primero de muchos inviernos, en los que el clima se torna gélido y seco, nacieron los humanos, hijos de las ramas caídas, quienes se alojaron en el claro y establecieron en él su pequeña civilización.

    Éstos eran seres efímeros. Se marchitaban con el tiempo y convirtieron en sepulcro lo que antaño había sido terreno fértil. El cuerpo de los hombres comenzaba su proceso de descomposición luego de cinco décadas, pero seguían errando sin conciencia hasta que los huesos podridos cedían y colapsaban por su propio peso. Sus iguales decidieron entonces deshacerse de ellos en cuanto los síntomas de deterioro aparecieran, construyendo una necrópolis en los límites de los frondosos bosques. Allí los cadáveres yacían amortajados en frías tumbas de piedra, profiriendo alaridos guturales, súplicas para que liberaran de aquella cárcel de carne a sus miserables almas. Nada podía superar el horror que despertaba semejante calvario en tan endebles corazones.

    Halál, observando el sufrimiento que padecía la humanidad, descendió de los árboles y adoptó forma corpórea para camuflarse en un desfile funerario. Visitó el cementerio para presenciar el entierro de un enervado anciano que, envuelto por completo en el gris sudario ritual, no cesaba de gritar y retorcerse mientras era depositado en las profundidades de la cripta. Después de que todos se hubiesen marchado, rodeada únicamente de alimañas rastreras, se acercó al hombre y con un deletéreo beso sustrajo su último hálito, concediéndole así descanso eterno en su sombrío y silencioso lecho.

    De igual forma hizo con cada difunto hasta que la cantidad de suspiros fue más de la que pudo albergar en su interior. Subió a las nubes y, entonando una melancólica canción, dejó escapar cada aliento recolectado. Su lamento recorrió el cielo entero. Las almas se transformaron en cristales y cayeron sobre la tierra, se fusionaron con ella y durmieron en paz durante tres meses, renaciendo al cuarto como nuevo y colorido fruto.

    Es siempre en esa misma época, cuando Halál llora a los muertos, arrullándolos con su canto, que el mundo se viste de blanco en su luto.
     
    Última edición: 24 Febrero 2016
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