Hola a todos, esta vez vengo con una historia por decirlo así en esta sección de originales, tal vez no les guste, tal vez para nada les guste, pero la hago como un modo de desquitarme de las etiquetas que nos ponen o ponen a personas que no son lo que parece, bueno aquí les traigo el primer capítulo, no les digo que lo disfruten pero si lo leen, solo les puedo decir muchas gracias. Como otros fics, se admiten toda crítica de todos sabores y colores heheh perdonen mi sentido del humor, bueno así empieza esto. El Honor nunca debe morir. Capitulo 1.- La Chica Freidora. En la gran Ciudad de las luces, aquí en parís, sinónimo de arte y cultura, a veces, la gente se olvida, de sus principios, de sus valores, de cómo un ser humano es más que un simple pedazo de carne, o solo otro ‘objeto’ de diversión, la gente ya no tiene principios. En la cocina de un restaurant algo conocido en París, para ser más preciso en una de las calles cerca de la avenida de los Campos Elíseos (una de las avenidas más hermosas del mundo), una chica de origen Belga, trabaja en el dicho restaurant llamado Coucher du Soleil (Puesta de Sol) se encargaba de separar, cortar, freír y a veces cocinar ingredientes, verduras, frutas, para entregárselas al chef y que este se asegurara de que todos los ingredientes estuvieran hechos conforme a sus instrucciones, todos los cocineros, meseros y ayudantes acataban sus ordenes, y la chica Belga no era la excepción. El nombre de la chica de cabellos rubios/arenosos es Julia, una chica de estatura promedio, tez blanca, un poco bronceada, ojos verdosos casi llegando a una tonalidad gris, complexión delgada, vestida del uniforme del restaurant, ella tiene 19 años, y tiene un sentido del humor que a muchos les simpatiza, pero a otros los vuelve locos. Ella ya llevaba trabajando en ese lugar por más de 2 años, tal vez no gana mucho dinero, pero no necesita tener más que para pagar un pequeño apartamento cerca del área metropolitana de París, pues siempre se las ingenia para tener opciones a la hora de ganarse la vida. El chef al mando del restaurant se llama Alphonse Benoit, hombre de 53 años, piel blanca, 1.70mst, un poco obeso, y un clásico traje de chef, ponía en orden todo, su voz demanda autoridad y todo aquel que lo escucha, esta a sus ordenes sin reclamar, de verdad que es un perfecto candidato para ser líder en algún partido político. El chef Alphose requería la presencia de Julia para un encargo en el otro extremo de la avenida donde ellos trabajan, al ver que todo mundo estaba ocupado, se vio en la necesidad de buscar personalmente a Julia que se encontraba en una pequeña bodega del restaurante, pelando papas, y encargándose de otras labores, mientras tanto Alphose le ordenaba algo a la chica rubia. –Julia levántate, tengo un encargo para ti, y por favor, prende la luz cuando peles papas –Alphonse le hablaba a Julia. –Lo siento Señor, pero, ¿sabe?, tengo una conexión con las papas en especial, las de este país, siento como si me hablaran, como si fueran mis hijas, y la verdad, veo muy bien, además, dejo la ventana de la bodega abierta, para poder pelar papas sin utilizar la luz eléctrica y utilizar la luz del sol. Y en caso de que me hablen, con la puerta abierta los escucho de lejos, ¿qué le parece? –con una sonrisa, Julia le explicaba el por qué de sus locas acciones. –Otra vez tomaste café frio ¿verdad?, mira dile a Leroux que te de la dirección para entregar unos ingredientes y verdura que nos solicitaron a….–antes de que terminara su orden, Alphonse es interrumpido por su ayudante. – ¿¡Qué ¡?, ¿Otra vez tengo que ir a la casa de los mostros digo el burdel ese?, usted sabe muy bien que siempre terminan pagando hasta el otra semana, el ultimo pedido fue pagado hasta el último mes, además el doberman que tienen en ese lugar de mala muerte casi me rebana las posaderas –con mucho lujo detalle y a regañadientes, Julia expresaba su disgusto por ir al destino encomendado por el chef ejecutivo. –No exageres, ya no haces entregas en bicicleta, ahora lo haces en motocicleta, y el perro que tienen, no es un doberman, es un french poodle tuerto y cojo del tamaño de la bolsa que vas a entregar, así que no me discutas, y solo le das al encargado de la casa el recibo de cuánto va a costar la entrega y eso es todo, regresas y listo. –Alphonse le recalcaba a Julia como eran las cosas realmente, y la ponía en movimiento con la orden que le encomendó. –Sssssshh, no se lo diga a los muchachos, ya les dije que era un doberman, y no les dije sobre su camisa que se me atoro en las llan… digo heheh ya voy, digamos que fue un empate hahah –con algo de preocupación y risas, Julia ya se alistaba para entregar el pedido. – ¿¡Que, cual camisa ¡? –con enojo Alphonse preguntaba sobre lo que se le salió decir a Julia. –Nada, nada, ya me voy, ahorita vengo –con todo el encargo en un compartimiento trasero de la moto, Julia aceleraba por si había algún reclamo u otro regaño del chef que se quitaba su zapato en forma cómica de enojo. Ya en el transcurso del camino, Julia se dirigía a la casa de citas para la entrega de la bolsa llena de verdura y otras cosas, cuando de repente se detuvo al ver el semáforo en rojo y a una mujer joven sentada en uno de los extremos finales de los campos elíseos. Se le quedo viendo, parecía preocupada e infeliz al verla con una mirada al cielo, como si quisiera escapar de la ciudad, cuando de repente, esa misma mujer que parecía ‘mujer de la vida galante’ bajo su mirada al percatarse de la curiosa Julia que no la terminaba de ver, esta se le quedo viendo de forma negativa y le hiso una seña con la cabeza, esta se espanto a ver este gesto y además por el pitido del carro que estaba atrás de ella, ya que era la hora de moverse puesto que el semáforo estaba en verde. Cuando daba vuelta en una glorieta, todavía sentía que la mujer en la banca todavía la observaba y era verdad, esa mujer de pelo corto y negro e iris de color azul la seguía con su mirada. Al llegar a su destino, Julia le entrego el pedido a el señor del pórtico de aquella casa que lucía como un lúgubre mini castillo, y e igual forma, el perro que antes describió su jefe, que parecía que no le daban de comer. Al revisar todo y checar el recibo de pago que le entrego Julia, el señor de uno de sus bolsillos, saco una faja de billetes de euros, a lo que extraña y sorprendida los tomo y regreso a su moto casi sin decir una sola palabra más que ‘‘gracias’’. El señor tampoco se inmuto mucho y Julia ya estaba de regreso a su lugar de trabajo. Después de que se fue, el señor del pórtico se metió a la residencia, que daba aspecto embrujado por fuera y burdelesco de los años 20 por dentro, se topo con una señora y un hombre de 30 años a los que únicamente les contesto –ya tengo el paquete –al final de su oración las dos personas que escucharon esto solo se les formo una sonrisa en la cara. Estando en la moto, Julia quería saber si todavía se encontraba esa extraña mujer, solo para devolverle la mirada llena de enojo, sin embargo no encontró a nadie, y en aquella solitaria banca, solo encontró lo que parecía ser algún rastro de sangre, pero no se detuvo a verificar y solo con su mirada lo iba viendo detenidamente hasta que el horizonte se lo permitió y regreso al restaurante. Ya de vuelta en su trabajo, Julia buscaba a su jefe, pero no lo encontraba. Leroux un hombre de tez morena y calvo le decía que no se encontraba, entonces Julia le dijo que le dejara el dinero en su oficina a lo que Leroux le afirmo con la cabeza. Mientras pasaba el tiempo, y todos trabajaban, llego el crepúsculo, Julia estaba cansada de freír tantos espárragos al igual que las papas, Leroux le decía que ya era hora de cerrar, Julia quería terminar su trabajo con una mega freída pero. –Espera, deja hago mi cena de esta noche –con cautela en las papas, julia le contestaba a Leroux. –No te vayas a lastimar como la última vez Julia, no me gusta oír tus groserías –con intuición, Leroux ya sabía lo que podría pasar. –No te preocupes Leroux, esta vez no tendrás que oír eso, porque esta es la vencida –confiada, Julia le decía a Leroux que no se preocupara. –Eso dijiste la ultima vez, y la ultima vez te tuvimos que llevar a la clínica a que te pusieran pomada en los brazos, descerebrada –con ánimos de molestarla, Leroux le recriminaba sus fallidos intentos. – ¡No me distraigas¡ además ese fue un error de cálculo sideral, atómico cuántico culinario, no lo entenderías –con balbucieras, Julia le recriminaba a Lareoux. Sin más que decir, Julia se arriesgo, y en un intento demente, con su sartén hiso volar sus espárragos y papas fritas en una caja de desayunos que hay en la cocina, e increíblemente todas cupieron en esa caja, menos una que le cayó en la cabeza ‘‘desnuda’’ de Lareoux, quitándose con un movimiento rápido de la palma de su mano derecha el esparrago quemado, tocándose la cabeza pues sentía que le ardía endemoniadamente y viendo con ojos de furia de una Julia que no contuvo su risa y literalmente huyo con todo y su uniforme. Lareoux estaba furioso y le recrimino de lejos a Julia puesto que ella se había ido corriendo a su casa a unas cuantas calles de ahí. Lo único que ella escucho fue –ahora tu vas a tirar la basura, Juliaaaaa. Sonriendo por la manera chusca de enojarse y lamentarse de su colega, se dirigía a su casa. En otro lugar, Alphonse se encontraba con el mismo sujeto del burdel, con cara seria y pálida, el le dirigía unas cuantas palabras. –se hará como tú quieras Gerard, a pesar de los problemas legales de mis empleados, será un nuevo ‘‘comienzo’’ para todos –con un nudo en la garganta Alphonse apenas podía expresar algunas cuantas palabras más. Al final el hombre de traje tipo militar, cabello blanco/rubio pintado y tez blanca fuerte recogía un celular y solo decía –está hecho. La noche caia en esa ciudad, literalmente. Bueno amigos de FFL ojala y les sea de su agrado, si no pues también, ya que me dirá que necesito mas practica y nuevos temas que explorar, y sobre todo, construir un buen fic, gracias por su tiempo si leen el relato de verdad y bueno, ojala no demore tanto en el capítulo 2 gracias y nos vemos.