El cometa

Tema en 'Relatos' iniciado por OnixTymime, 19 Noviembre 2015.

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    OnixTymime

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    El cometa
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    ¡Hola, mundo!
    Muy pocas veces escribo algo que no tenga nada que ver con fanfics, pero de vez en cuando saco algo, ya sea por voluntad propia o para algún evento al que me anote en algún foro. Este surgió de lo segundo.

    La idea del evento era que nosotros éramos como Dios y debíamos explicar la manera en la que se creó nuestro mundo. Al inscribirme no tenía idea de qué podría hacer, pero quise intentar algo distinto a lo que siempre hago y me derivé por una idea más "romántica" en base a algo que leí hace muchísimo tiempo.

    Recuerdo que olvidé la fecha de entrega y tuve que plasmar mi idea corriendo, no quedó mal, pero luego la acomodé otro poco. Aún siento que tiene fallos, pero prefiero dejarlo así por motivos educativos (o sea, una linda manera de decir que me da pereza)

    En fin, ahí se los dejo:

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    El cometa

    En el infinito espacio, el frío envuelve sin piedad y la soledad parece eterna. Sin embargo, la belleza de las luces que brillan a la distancia es el consuelo de aquellos seres hechos de polvo cósmico, que vagan por el universo sin rumbo ni propósito, sólo preguntándose si encontrarán algo fantástico alguna vez.

    Así fue con un cúmulo de polvo cósmico viajó por eones, en busca de algún lugar en el que pudiera quedarse y llamar hogar, deseando que el frío que lo envolvía terminase.

    Por suerte, su deseo se cumplió: encontró un pequeño planeta. Se había tropezado antes con cientos de miles, pero la gran mayoría sólo acumulaban caos, tormentas o interminables y temerosos precipicios, nunca hubo nada en ellos que le animara a aproximarse o permanecer en ellos. Pero este era diferente, parecía que lo llamaba, le invitaba a ir hacia él con los brazos abiertos.

    Se acercó presurosamente, comía ansias por averiguar qué era aquello que le llamaba; pero cuando ya casi estaba ahí, algo la detuvo. Una densa muralla de nubes no le permitía seguir. Aún así, pudo entrever a través de ellas que había algo más allá, aunque por su culpa todo estaba sumido en total oscuridad, no tenía idea de qué encontraría al otro lado.

    Mientras buscaba la manera de cruzar aquél cúmulo de nubes, se le presentó una entidad, tan etérea como lo era él mismo, con el viento arremolinándose en su interior: era, también, una nube.

    Al principio, ambos estaban incrédulos ante lo que veían, era la primera vez que se tropezaban con otro ser que parecía estar “vivo”; y aún en su fascinación, el ente de los cielos parecía receloso con su presencia. El ser de las estrellas, sin embargo, le probó al amo de las nubes que no tenía motivos para temerle, mostrándole el hermoso brillo que consigo traía y del que estaba hecho todo su cuerpo, logrando asombrarlo y encantarlo.

    En poco tiempo, el Viento y las Estrellas se llevaron bien, forjando una cercana amistad. Como regalo y muestra de afecto, el Viento sopló para despejar las nubes, dejando a la luz y al polvo cósmico cruzar. Así, el Viento prometió que siempre permitiría que la luz pasara a través de las nubes, así podría ver todo lo que quisiera cuando lo deseara.

    El polvo cósmico continuó su travesía, teniendo siempre presente en su corazón al Viento, pero ansioso por conocer todo lo que ese planeta le ofrecía. Lo primero que se encontró fue con algo líquido a sus pies, algo que reflejaba la luz y danzaba con hermosos colores que lo dejaron atónito, absorto en la espuma y las interminables ondas.

    En su asombro, casi pasa por alto a la figura que se alzaba para recibirlo. Era una criatura hecha de lo mismo que estaba a sus pies: agua; pero gracias a la luz, se asemejaba a una nebulosa de miles de colores, la más hermosa que jamás había visto, y eso cautivó profundamente al ser de las estrellas.

    El amor fue mutuo. El dueño del océano estaba fascinado por el cuerpo etéreo del polvo cósmico, brillando como miles de estrellas en un espacio tan ínfimo que podría caber en la palma de su mano. Ni siquiera ellos saben cuánto tiempo pasó desde entonces, pero entre cantos y bailes, los dos expresaron su amor con un beso. De ese modo, nacieron las primeras criaturas, colmando al océano de vida y color.

    Cuando el beso terminó, un inmenso estruendo los sacudió a ambos. El ser de las estrellas sentía curiosidad por saber a qué se debía y partió, aunque no sin antes recibir la advertencia del Océano sobre quién era el responsable de tal cosa, pidiéndole que no le abandonara. A pesar de eso, al polvo cósmico no le importó mucho y siguió su camino.

    Surcó velozmente largas distancias hasta que se topó con algo que nunca había visto antes; no era agua, tampoco nubes, pero en comparación a ellos era realmente pequeño. Cuando aterrizó, notó que se posaba sobre algo sólido, causándole un extraño cosquilleo cuando parte de esto se elevó y arremolinó a sus pies. Casi de inmediato, llegó a sus oídos un llanto que encogió su corazón, por lo que buscó con cierta desesperación a quien expresaba tanta infelicidad, levantando nubes de polvo a su paso.

    Más pronto de lo que pensaba, encontró a aquel que expresaba tanto dolor que hasta él lo padecía. Ante sí estaba otro ser que, a diferencia suya, sí estaba realmente ahí. No era incorpóreo como el ente de las nubes o del mar, él mismo podría tratar de embestirlo y sólo se desintegraría. Aquella figura frente suyo era la tierra misma.

    Al acercarse, la Tierra se encontraba en pleno llanto, pero de sus ojos sólo brotaba arena. Lloraba porque siempre había amado al Océano y al verles juntos su corazón, al igual que su cuerpo, se quebró. El ente de las estrellas no sabía qué hacer, la Tierra estaba tan desconsolada que se hacía cada vez más árida y dura.

    Justo entonces, el Océano, que había escuchado el motivo de su llanto, se apareció ante la Tierra y la abrazó, colmándola así de bendiciones y besos, prometiéndole que nunca más le volvería a causar dolor y que él compartiría la vida que albergaba en su interior, ayudándola a convertirse en el ser más hermoso de todos. De esta manera, se crearon los continentes y el agua fluyó a través de ellos, llenando de vegetación hasta el último recoveco de la tierra y trayendo consigo a todos los seres vivos que se alimentarían en su seno.

    El polvo cósmico se llenó de dicha al ver las cosas hermosas que nacían de la unión entre la Tierra y el Océano, pero se sintió triste por perder el amor del rey de las aguas.

    El ser de las estrellas no podía quedarse por más tiempo, así que se elevó hacia los cielos, despidiéndose de su gran amigo el Viento antes de seguir su camino de vuelta al espacio, donde continuaría recorriendo el universo en búsqueda de más maravillas.

    Como el universo es infinito, quizás la vida no le alcanzaría para verlo todo o siquiera encontrarse con otro hijo de las estrellas, pero este ente de polvo cósmico en particular siempre atesoró en su corazón esta experiencia.

    A pesar de que el tiempo era insignificante para alguien con una vida tan perpetua como el universo mismo, seguía siendo cruel, nada permanecía igual por mucho tiempo aunque pareciera no existir en realidad. Vio estrellas más grandes que él nacer y morir ante sus ojos, estallando y dando a luz a millones de estrellas nuevas. Observó galaxias enteras ser engullidas por el temible vacío, gélido y oscuro.

    Aún cuando presenció cosas tanto terribles como maravillosas, a su corazón le resultaba imposible olvidarlos, sentía cómo pronunciaban su nombre así se encontrara a muchos años luz de distancia. Si regresaba, se arriesgaba a desear quedarse, pero algo en su interior le decía que aquello era imposible. Pero su amor era demasiado grande para ignorarlo. Por eso es que, cada cierto tiempo, los visitaba desde lo lejos, pero ahora como un hermoso cometa, dejando a su paso una hermosa estela de color y estrellas para mostrar su eterno amor.

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    Pokiu.
     
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    J.Nathan Spears

    J.Nathan Spears Adicto Comentarista Top

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    Wooow... ¿Jugando a ser una Diosa, eh? -w-. Al menos parece que te sale bonito xP

    No estoy acostumbrado a ese tipo de relatos, pero me parecen bastante lindos y meritorios. Y si la biblia tuviera esto, quizás me replantearía volver a ser Cristiano... Nah, no es por la biblia que me alejé de la religión, sino por ciertos pendejos importantes que la toman demasiado a pecho.

    Pero bueno, el concepto de cómo nacieron los Cometas, pues es algo muy bonito. Espero que más gente se tome el tiempo para leer esto n__n.
     
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    OnixTymime

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    Jajaja, sí, fue divertido sentirse todopoderosa *risa malévola*

    Bueno, si hablamos de la Biblia, ese libro tiene unas cosas que este corto es demasiado inocente xD. Entiendo a lo que te refieres, yo no soy religiosa porque en verdad yo veo lo que le hace a la gente y no quiero eso para mí, hablando más que nada por aquellos que lo llevan a los extremos. Sin embargo, son buenas fuentes de inspiración.

    Y más que la creación de los cometas, pensé en la teoría que dice que los primeros organismos vivos en evolucionar provinieron de partículas del espacio :)

    Gracias por pasarte a comentar, estoy muy agradecida ^^. Feliz inicio de semana :D
     
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