La señora Rodríguez sacudía la ropa en el tendedero, el viento de primavera siempre pegaba polen a sus prendas de lino, pero ella siempre se daba la molestia de sacudirlas sin reparar que volverían a ensuciarse. En el segundo piso miraba el gato del señor Calderón como los árboles se movían en el soplar del viento, y a su distancia, sobre los tejados dormía una lagartija. Era una tarde muy tranquila en donde los niños jugaban en los patios y los perros se mojaban el hocico con el agua fría que ponían sus dueños. Pero en el centro de la ciudad, se movía un hombre. Con una gabardina que le tapaba el cuello sudado por la adrenalina. Corría entre las calles, estaba muy agitado, su mirada perdida y terriblemente asustada siempre veía sobre su hombro, como si un pájaro lo persiguiese. Chocó a una mujer, que lo hizo detenerse un segundo, esta lo maldijo un poco, pero el hombre no se detuvo, siguió corriendo por la calle hasta que llegó a la esquina, donde cruzó la calle, frenético. Un auto tocó su claxon e hizo sonar sus frenos, pasó golpeando al hombre en la pierna y en la mano izquierda. El auto siguió su camino mientras el hombre cayó de bruces al concreto, rompiendo sus gafas. La gente gritaba mientras el hombre se levantó rápidamente, le sangraba un poco el corte en su mejilla y su mano se notaba en mal estado, el hombre miró al cielo buscando por algo, tenía los ojos achinados. Trataba de enfocar, la gente se colocaba alrededor de él, hasta que al parecer. Vio la imagen que lo motivó en un inicio a correr. El hombre apuntó al cielo mientras gritaba que la muerte lo perseguía. Algunos miraron en la dirección que el hombre apuntó en lo que el hombre, rápido, pero cojeando, se escabulló del lugar corriendo en dirección contraria a aquella visión del infierno. Mientras se alejaba, un chico de gafas y cara larga, que llevaba un candado al cuello lo quedó mirando, resopló a una chica baja al lado suyo: “Vaya loco…” En dos cuadras, su cuadro se complicó, ahora no solamente lo seguía una muerte que nadie más veía, sino que su pierna estaba completamente destrozada y su mano goteaba un líquido rojizo más parecido a la jalea que a la sangre. Apenas veía por lo que constantemente estaba chocando con las personas que apenas le prestaban atención. Llegó a un callejón y ahí se escondió. Miraba constantemente la apertura de la calle con tal de ver si llegase aquella figura que lo aterraba. Al final, se precipitó contra unas bolsas de la basura, la adrenalina del momento no le dejaban sentir el dolor que ahora le entregaba su pierna y su rota mano. Empezó un rezo entre labios mientras se contemplaba los dedos de la mano izquierda, su pulgar ahora no era más que un enorme cráter y su anular estaba desfigurado cual rama. Podía respirar, pero no estaba tranquilo, sabía que la muerte lo encontraría en cualquier momento, hasta que en un momento. Sus labios recordaban temblorosos como suspiro de ratón un padre nuestro hasta que sin anuncio y sin mención alguna, vio frente a él a una pequeña niña, con un vestido rojo de una época muy antigua. -¡Dios mío! ¡No me lleves muerte!- Dijo el hombre. -Pero, ¿no es lo que deseabas?- Le dijo la niña en una voz muy suave y tranquila. -Mis días estaban contados, eso me dijo el médico. Pero ¿Por qué me has venido a buscar de una forma tan tormentosa? Mi cuerpo se ha sacudido de dolor, pero no he muerto. Me has ahogado, acuchillado, atropellado y envenenado. Pero ¡no he muerto!. -Pero no lo entiendo, Enrique. Eres una persona tan buena, que ha llevado su vida en el servicio de Dios. Has cantado todos los cantos que conoce el hombre sobre la divinidad del Señor y has maldecido a los hombres de poca fé. Has orado cada noche y repudiado cada acto que la biblia te ha dicho que es malvado, incluso has golpeado a tu mujer cuando no limpió a cruz de tu salvador. Has soñado miles de veces con el cielo y has orado y rogado por ser llevado al reino de Dios. Pero ahora que te he dado la opción… te niegas a morir- La niña estaba tan preocupada que hasta su voz se cortaba. -¡No he muerto porque no he querido morir! ¡A ti no te trajo mi señor! ¡Me has dicho que no me puedes prometer el cielo! Por eso me niego a morir.- -Claro que no te prometo tu cielo… pero conocerás a Dios y caminarás a su lado… Pero primero has de morir. -¡Me niego, demonio!- La niña miraba a ese hombre llamado Enrique con tanta lástima que hasta miedo producía su mirada. Los ojos de Enrique lentamente empezaron a ver como ese demonio de cabellera rubia se desvanecía, mientras que una última frase le dijo, una frase que a Enrique le sacudió la médula. -El cielo que tú crees no existe, Enrique. Pero Dios sí… y ahora que has negado la muerte tan privilegiada que él te trajo. Nunca morirás… Hasta nunca Enrique, sé bueno- Cada herida abierta de Enrique sangró, cada hueso roto se astilló y cada simple célula de su cuerpo colapsó. Lo que la muerte le prometió fue verdad y durante años, Enrique, cuyas heridas nunca sanaron, nunca pudo morir. Ni por bala, ni soga, ni veneno que el hombre creara. Cuando su cuerpo él quemaba, simplemente una herida extra quedaba marcada en su carne, pero su alma nunca abandonaría su cuerpo, ni siquiera el día en que Enrique dejó de respirar y su corazón dejó de latir en una cama de hospital. Ni siquiera el día que lo enterraron. Desde ese día, él se queda día tras noche, tras día mirando la oscuridad de su ataúd, pero cada anochecer recuerda que debe rezar.
Me gustó bastante tu escrito, principalmente la trama y el desenlace de la misma. Con lo de no poder morir sin importar qué, déjame confesarte que me fascinó, sobre todo la última oración "Pero cada anochecer recuerda que debe rezar". Fue interesante el One-Shot, creo que por tener mil palabras ésta categoría le va mejor, y me sumergí en la lectura hasta el punto en que no despegué la vista en ningún momento. Ese es el objetivo de muchos escritores ¿No? Captar por completo la atención del lector. Me cautivó la idea de que la muerte fuese una preciosa niña vestida de rojo. No he podido quitar esa imagen de mi cabeza, es realmente un detalle encantador. En cuanto a la ortografía, no vi errores, o al menos no que haya detallado. Pero una cosa si es cierta, y es que repites innecesariamente varias palabras, que en una próxima ocasión, si vez necesario el contexto, trata de reemplazar por sinónimos. El muy útil. También hay momentos en los que la idea de la situación se corta y no se termina de entender del todo bien, empero eso con práctica va mejorando. A veces detallé unos errores en la ubicación de los signos de puntuación, al igual que la formación, separación y unión de frases y oraciones. Trata de leer en voz alta lo que escribes para que en tu siguiente relato tengas una mejor perspectiva de la forma en que están plasmadas tus ideas. Ahora a tu pregunta: ¿Debería subir más? Me gustaría que lo hicieras. En verdad quisiera poder leer tus obras nuevamente, y quizá ver como mejoras escribiendo con el tiempo. Si me lo permites, desearía poder seguir tu desarrollo.
muchísimas gracias, me gustó mucho tu crítica y tomaré en cuenta los aspectos de redacción que me dijiste. Que bueno que te gustara y seguiré subiendo más, ahora quedé completamente convencido y seguiré subiendo escritos. Muchas gracias!