I Miradas que hablan Me desperté por el constante ruido del agua cayendo de las goteras y chocando contra el sucio suelo de esa celda, oscura y mal oliente, en la que me encontraba encerrado. Ese sonido de incesable golpeteo contra el suelo que podía volver loco a cualquiera, me obligó a moverme perezosamente, haciendo sonar mis cadenas de reluciente plata al chocar entre ellas mientras arrastraba mi camiseta por el suelo y lo dejaba justo debajo de la caída del agua para silenciar, y así poder volver a dormir, ese sonido tan cansino. Volví a arrastrarme hasta la pared en la cual me encontraba anteriormente y me apoyé nuevamente en esta, cerrando los ojos dispuesto a reanudar su sueño ya que era lo único que hacía que mi tiempo corriera deprisa hasta el siguiente domingo, cuando otra vez sería vendido al mejor postor como otras veces había pasado antes. Cambié mínimamente mi posición y alcé una de las rodillas para poner el brazo encima de esta, gimiendo durante el movimiento a causa del dolor por haber estado tanto tiempo inmóvil. Solté un suspiro rompiendo el nuevo silencio de mi celda y sacudí la cabeza para despejarme. Había matado ya demasiado tiempo durmiendo y con ello había conseguido no enloquecer por el aburrimiento. Respiré profundamente y dejé que el aire del lugar se apoderase de mis pulmones. Entonces lo olí. Era una fragancia de jazmín, un olor agradable entre tanta hedor de humedad y perro mojado. Automáticamente todos los esclavos se fueron asomando desde la oscuridad de las celdas hacia los barrotes que les mantenían dentro, con curiosidad. Tan solo los vampiros de alta clase social o predilectos podían darse un paseo por las celdas de loslobos esclavizados justo antes de una gran subasta para ver si hay alguno interesante y poder comprarlo de ante mano sin arriesgarse a que otro candidato lo compre antes, lo cual significaba que habían venido a buscar lobos. El sonido de unos pasos bajando por la escalera hicieron que muchos de los licántropos volvieran a esconderse en las esquinas oscuras, recelosos, intentando pasar desapercibidos. Poco a poco los pasos se fueron difuminando en dos tipos, unos eran los pasos de un hombre, seguramente el carcelero, y los otros de tacones de alguna mujer adinerada de los Pró̱to. El carcelero era un hombre corrompido por el tiempo. Por lo que teníamos entendido no era ni hombre, ni vampiro. Y mucho menos un cambiante. Lo poco que habíamos escuchado es que era hijo de un humano y una Mikrá, cosa que no nos creíamos ya que la existencia de un mestizo era imposible. Nunca había pasado y nunca pasará porque ninguna de las dos razas van a dejar que unos se mezclen con otros. Así que nadie sabía que era ese ser. Si un vampiro, o un humano longevo. Tanto hombres comovampiros lo trataban como si fuera otro esclavo, y es obvio que a nosotros no nos gustaba ya que era él quien nos retenía entre estas paredes sin poder sentir el viento acariciarnos. Hasta el final de las escaleras no se dieron cuenta que realmente eran dos mujeres que venían.Hubieron algunas risas entre algunos que observaban desde las sombras, y luego el típico silencio que siempre se paseaba por ese lugar tan frío y húmedo. Pude ver a una de ellas perfectamente entre las oscuridad del lugar por la falta de luz. Su cabello se confundía con la negrura, de no ser por algunos pequeños reflejos más claros en él que me hacían darme cuenta de que en realidad era una chica morena, de tez pálida como los vampiros y labios gruesos acompañados por unos ojos azules pálido y pequeños. Esa mujer tenía la belleza misteriosa y fría que caracterizaba a los vampiros, esa apariencia que atrae a todo ser y que termina con su vida. Apenas podía ver su cuerpo, pero no me cabía duda que era igual o más perfecto que el de otras vampiresas que he visto antes. Entonces, el carcelero encendió la luz y pude ver que no había fallado en nada; era tal y como me la había imaginado entre las sombras. Volví a adoptar mi posición despreocupada mientras escuchaba su conversación al detalle. – Si es primeriza debería apostar por los Néoi. Les facilitaría mucho y podría aprender de ellos sin arriesgarse. –Explicó el carcelero a las mujeres mientras abría la puerta del pasillo.- Además, son más baratos y… – ¿Insinúa qué no tenemos dinero suficiente? –Preguntó una de las mujeres en un tono educado pero evidentemente molesto ante esa acusación incierta por su parte. – Oh, no, claro que no señora. Lamento si lo ha mal interpretado…-Intentó disculparse torpemente el hombre, esforzándose por no tartamudear. – ¿Ahora es mi culpa? –Ella se cruzó de brazos y alzó una ceja al mismo tiempo que alzaba la barbilla y acusaba con la mirada al pobre hombre. – Kate, basta ya por favor. –Pidió la acompañante mientras se cogía al brazo de la otra chica.- Este hombre sólo no sabe explicarse. No lo decía con mala intención. – Esta vez lo dejaré pasar. –Accedió la mujer y se giró hacia la chica que le sujetaba el brazo.- Pero luego hablaremos tú y yo, Ashley. –Inquirió. Con una mirada dulce el hombre agradeció a aquella chica su intervención y el sacarle de ese mal entendido con su acompañante que podría haber acabado en una terrible pelea. Rebuscó entre sus bolsillos las llaves y al encontrar el llavero, tardó otro rato en buscar la llave para abrir la puerta del pasillo hacia las celdas. Dejó pasar primero a las dos féminas y luego él fue detrás, sin comentar nada más, con el miedo palpable en su piel después de ese enredo con una de las posiblemente compradoras. Kate se adelantó y comenzó a mirar a su alrededor sin ningún tipo de interés en los encadenados. Estiró su brazo lentamente e hizo chocar las yemas de sus dedos por los barrotes mientras movía su cintura de forma llamativa de un lado al otro, contoneándose de forma provocadora e irradiando la sensualidad de su especie. Mi gruñido le hizo detenerse y retroceder sus pasos hacia la puerta de mi celda otra vez. Se giró ágilmente y me miró alzando una ceja descaradamente. – ¿Disculpa? –Preguntó indignada al recibir ese trato que, al parecer, no se lo esperaba para nada. Golpeó los barrotes con la punta de sus tacones con la suficiente fuerza para que se levantase.- Tú, perro, levántate. –Me ordenó. Entre mis mechones de pelo rebelde alcé la vista y observé la entrada de mi cárcel donde estaba la mujer de pie. Torcí la cabeza hacia un lado, haciendo sonar los huesos de mi cuello, sin apartar esa mirada feroz y retadora que tenía sobre la visitante. Me levanté con lentitud como si el cuerpo me pesase toneladas, de forma que, aparentemente, parecía débil y castigado por la mala alimentación del sitio, las condiciones infrahumanas y los constantes maltratos. Poco a poco me fui erguiendo con mi figura humana de un tamaño considerable y me acerqué con tranquilidad hacia la chica. Con los dedos rodé las barras de la prisión y arrimé mi cara a uno de los huecos que había entre estas. Y todo esto, sin parpadear ningún momento con tal de no romper ese contacto visual retador hacia la visitante. – ¿Qué se le ofrece, mi señora? –Murmuré en cierto tono vacilante, totalmente dispuesto a molestarla.- ¿Es de vuestro agrado la instalación o las encontráis algo sucias? –Cuestioné con burla en un tono más elevado.- Disculpadme, pues, si no os agrada, ya que parece que nuestro casero no sabe lo que es limpiar. –Bromeé, haciendo que las risas resonaran por el pasillo. – Creo que son perfectas para sus inquilinos. –Su aguda voz silenció las risas y borró las sonrisas para sustituirlas por gruñidos y golpeteos contra las puertas de las celdas ante tal ataque verbal.- No podemos culpar al hombre de daros lo que merecéis. –Sonrió de forma ladeada, mostrando sus perfectos y blancos dientes.- Y, aunque no son de mi agrado, me parecen suficientes. – Oh, me alegro que defendáis al pobre hombre, pero no sirve disculpar a alguien inútil. Aunque, claro está, seguramente le viene de sangre. –Dije sutilmente mientras sonreía de una forma falsa e irritante.- Quiero decir ¿Para qué necesitáis esclavos si sois la raza superior? La respuesta es más que obvia, pero no quiero discutir, mi señora. Espero que encuentre lo que busca. –Y tras ese rápido ataque retrocedí quitando toda su atención de ella e ignorándola. Oí como tomaba aire para contestarme y seguir con esa guerra de palabras inteligentes, pero esa chica llamada Ashley que la acompañaba volvió a aferrarse a su brazo para que no siguiera con esa discusión. Volvió a callarse durante unos instantes mientras me miraba apoyarme en la pared de la cual me había levantado antes. En ese mismo momento crucé mi mirada con su acompañante, la que parecía más serena. Sus ojos marrones café chocaron con los míos, verdes como el bosque. Sentí como algo se removía dentro de mí, en mi pecho, algo cálido y agradable, al menos hasta que ella apartó sus ojos de los míos, seguramente por sentirse intimidada por mí. La otra chica, Kate, chasqueó la lengua ajena a lo que acababa de pasar justo delante de él, así que se giró sobre sus altos tacones y de un gesto se soltó del agarre de la chica de ojos marrones y se encaminó hacia la puerta por la que entró a un paso rápido y, evidentemente, molesto. Con un suspiro la otra chica le siguió pero con un andar más calmado, pasando al mismo tiempo su mirada por las celdas. Cruzó su mirada con un chico joven, sentado en el medio de la celda, quieto y pasivo, observándola directamente. Las vi salir del edificio ruinoso y abandonado, aunque eso último tan solo para los ojos de los humanos, pues era la principal y más grande cárcel donde encerraban a los licántropos antes de una gran subasta. Anteriormente había sido una fábrica textil en la cual explotaron a muchos humanos, pero con el tiempo terminó cayendo en desuso. Al menos hasta que un vampiro esclavista de clase Pró̱to le dio un uso mejor, aunque eso desde el punto de vista de la raza libre y es que, para los lobos, ese era uno de los peores lugares del mundo, ya que le daban mucha importancia a la libertad que su instinto animal les exigía. – Que mujer tan desagradable. –Comentó un licántropo del piso de arriba.- Ojalá compre a un Ágria. La pondría en su sitio de un gruñido. –Por lo que dijo supuse que era un Néoi. Los Néoi y los Ágria son unos de los varios subgéneros de la raza, igual que los vampiros se clasificanen Mikrá, Émpeiroi y Pró̱to, sólo que lo que les diferencia a ellos es el tiempo que llevan siendo vampiros, siendo Mikrá el más reciente y Pró̱to el más antiguo. En cambio en los licántropos, uno nace siendo Néoi o Ágria. Un Néoi es un lobo que siempre ha sido esclavo de los vampiros y por ende, es más dócil. No sabe controlarse para su transformación y no sabe lo que es no tener amo. Un Ágria en cambio, es un alma libre. Encadenar a un Ágria es muy difícil, ya que estará muy unido a su lado animal y por lo tanto, a su libertad. Muchos de los vampiros que han intentado controlar a un Ágria han terminado siendo brutalmente asesinados por ellos. Así que a los Ágria simplemente se les da caza. Pero lo que los vampiros no saben es que si un Néoi se escapa con una manada y se convierte en un Alfa, en un líder, pasa a ser Ágria, pero mientras sea un Omega, un solitario, o un Beta, parte de la manada, seguirá siendo un Dragut. Los vampiros creen que si matan a todos los Ágria simplemente esa parte de la raza se extinguirá. Después de que se fueran ellas y el carcelero, varios lobos entablaron una conversación sobre quépasará a continuación y a quién comprarán. Hablaban en susurros pero lo suficientemente alto para ser escuchados por ellos mismos, no por otros, así evitaba que los vampiros se metieran en sus conversaciones. Al final terminaron burlándose de las dos visitantes que ya se habían ido, soltando risas por lo bajo, como cuando un niño habla tonterías en clase y tiene miedo a que el profesor le escuche. Yo estuve un rato hablando con ellos, pero al final me cansé y me volví a mi esquina, aquella donde estaba improvisada una cama con trapos y trozos de ropa rota que había ido recogiendo. Me tumbó sobre esta y cerró los ojos para volver a dormir, queriendo matar el tiempo otra vez. Gruñí y me removí molesto, aquellas cadenas de plata que evitaban que me transformase eran exageradamente molestas. Igual de molesto como todo lo que había en ese condenado lugar para evitar que nos escapásemos. Antes de dormirme, eché un último vistazo a mi alrededor. Aún oía la conversación que tenían entrelos dos pisos. Se había formado un ir y venir de las palabras por aquellos pasillos solitarios y normalmente silenciosos. Los barrotes, que contenían plata para impedirnos salir, vibraban por los movimientos, y en muchas ocasiones golpes, que los encarcelados daban sin quererlo ante una risotada o simplemente al moverse. Podía escuchar también el movimiento de las cadenas y el chocar entre ellas por la misma causa. Alcémi mirada hacia la parte alta del edificio, donde había un gran ventanal plano y perfectamente limpio. Era la única parte del edificio que estaba en perfectas condiciones e impecable, y es que en comparación a todo el edificio era muy nueva ya que originalmente la fábrica no tenía esa parte del techo de cristal. Por aquella gran ventana entraba la luz de la luna de noche, y los rayos del sol de día. Tenía la teoría que estaba hecha expresamente para que se pudiera sentir la luz de la luna llena, paraverse completamente atrapados por la plata de las muñecas y cuellos sin poder transformarnos. Era tan solo para poder disfrutar de los gritos agonizantes de los licántropos ante el contacto directo con la luna pero el sentimiento de estar encerrados en su propio cuerpo en contra de su voluntad y de una forma tan cruel como era aquella. Reprimí otro gruñido y cerré los ojos de nuevo, encarándome hacia el lado de la pared para dormir, intentando alejar aquellos pensamientos tan desagradables de mi cabeza. Pero al sentir la negrura en mi mente, rápidamente se formaron los rasgos de la chica que acompañaba a la vampiro que había desafiado. Esa chica no parecía un vampiro. Su cabello castaño caía como una cascada por sus hombros,ondulándose al final ligeramente, recordando así a los movimientos curvos que a veces el agua tomaba durante sus largos trayectos hacia el mar. Sus labios entreabiertos dejaban escapar el aire, amenazando con soltar un silbido accidentalmente. Sus marrones ojos demostraban calidez y dulzura, algo que hasta entonces no había visto en los ojos de un asesino frío como eran los de su raza. En ellos había un brillo que demostraba vida y bondad. Ella no olía a muerto como su especie, ella tenía un olor peculiar que me inundaba los pulmones y me llenaba por dentro y, contra todo pronóstico, me tranquilizaba. Juraría que hasta había escuchado un corazón latir en su pecho, un bombeo de líquido que marcaríaque aún está viva y que podría salvarla de las garras de la más tortuosa de las vidas. Sacudí la cabeza suavemente, sin abrir los ojos ni comprender porqué de repente sentía tantas ganas de salir e intentar alejarla de la otra chica, salvarla, protegerla. Me desperté al no entender ni encontrar un porqué, también por verme totalmente atrapado y no poder llevar a cabo lo que lo más profundo de mi ser me estaba pidiendo, sino bien a gritos, que lo hiciera. Al final me dejé llevar por el sueño, uno en el que aparecía ella y me daba esa tranquilidad que habíasentido con verla sólo detrás de esos fríos barrotes que nos separaban. Pero tan solo era eso, un sueño que había preparado mi subconsciente para mí.
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II Amigos y enemigos Parecía que el mundo entero estaba dispuesto a no dejarme dormir nunca de un tirón, en paz y con latranquilidad que mis sueños llegaban a brindarme a veces. Fue un sonido chirriante, horrible, aparte de muy molesto, lo que me despertó esa mañana. Eran las puertas oxidadas y medio deshechas del final del pasillo, aquellas por las que se fueron las visitantes de ayer. Observé cómo, en mi intento de permanecer dormido e inmóvil, la habitación que mi imaginación había creado para pasar tiempo con aquella mujer misteriosa y aparentemente agradable de ayer, se iba disipando entre una neblina espesa de sonidos y olores que pertenecían al mundo externo. Con un resoplido me levanté muy molesto, ya que yo no quería salir de aquel sueño donde todo era mejor y pensando en que tal vez era el día de comer y que tan solo por eso el carcelero se había dignado a aparecer por aquellos pasillos, molestando y haciendo ruido mientras arrastraba algo, me acerqué a la puerta de mi celda tambaleándome al no estar del todo despierto y consciente. Rodeé, como solía hacer, los barrotes fríos con mis dedos y asomé la cabeza todo lo que pude paracotillear que era lo que estaba pasando, si realmente era comida o sólo otro visitante. Entonces me di cuenta de que no olía a comida y que lo que el carcelero estaba arrastrando era a un chico joven, de mediana estatura, con el pelo blanco como la nieve. Retrocedí al ver que venía acompañado por vampiros armados y dejé que metiera a ese chico en mi celda sin hacer o decir nada. Al parecer esperaban que reaccionase de una forma agresiva, supongo que por esas cosas de lobo y su territorio, pero lo cierto es que yo no soy así. Los miré con la misma intensidad, odiándolos desde lo más profundo de mi ser con todas las fuerzas que tenía. Al final se cansaron de esperar y se fueron, así que me acerqué al chico con suma cautela, agazapado en mis cuatro extremidades por si tenía que retroceder de un gran salto ante un ataque defensivo o, peor, uno agresivo. Olisqueé su alrededor con curiosidad mientras me aproximaba. Al final me atreví a tocarle un hombro con cuidado, y al no haber respuesta por su parte, le di la vuelta para verlo. Estaba dormido. O desmayado. Tal vez sedado. Era realmente joven. Debería tener dieciséis años humanos. Tenía una tez blanca pero sin exagerar, no llegaba a ser pálido. Tenía el pelo algo largo y desordenado, por lo que parte de su rostro y sus ojos estaban tapados por su flequillo. Me enderecé cargando el cuerpo del muchacho y lo llevé hasta aquella cama que improvisé y lo dejé ahí, dispuesto a esperar a que se despertara. Iba a sentarme de nuevo en el suelo y a apoyarme en aquella pared que ocupaba todo mi tiempo enaquel lugar, cuando escuché como me llamaban los demás encarcelados. Me acerqué otra vez a los barrotes y me asomé para poder hablar con ellos. Al principio oí varios comentarios entre ellos sobre que acababa de pasar, algunas quejas de haberse ilusionado con la ración de comida de la semana, como me había pasado a mí, e incluso quejas de que no les haya tocado a ellos conocer al nuevo. Eché un vistazo por encima del hombro al chico dormido. Parecía que no iba a despertarse en mucho tiempo. – Zeev –Al escuchar mi nombre giré la cabeza y busqué al licántropo que me había llamado.- Aquí arriba, chico. –Alcé la cabeza y le miré directamente. Era el único lobo que conocía de aquel lugar. Recordaba que se llamaba Derek, lo conocí durante el traslado hacia esta prisión. Íbamos los dosjuntos, callados y sin mirarnos, hasta que él me tendió un poco de comida. No le pregunté de donde la había sacado y si podíamos conseguir más, sólo la devoré hambriento. Él me riñó por parecer desesperado y me dijo que teníamos que comportarnos civilizadamente. Yo no objeté nada, sólo le hice caso. Derek era un Ágria bastante mayor, aunque aparentemente parecía tener treinta años humanos, sin embargo sabía que era mucho más de lo que aparentaba. Tenía el cabello negro y también desordenado. Era algo típico entre prisioneros, de hecho, muchos de los que llevaban tiempo encerrados tenían un cabello largo y sucio que les llegaba a los hombros. Derek sin embargo parecía limpio, dentro de lo que se podía en aquellas circunstancias. Tenía un gran tamaño, bastante intimidante, y sin duda alguna una gran fuerza a parte de su evidente inteligencia y sabiduría. Todos los Néoi le temían y respetaban, como suele pasar en nuestra jerarquía. – ¿El chico está consciente? –Me preguntó con su ronca voz mientras clavaba sus ojos en mí. Me enderecé intimidado y negué con la cabeza.- Asegúrate que coma y que descanse. –Me ordenó seriamente, aunque a mí no me hizo gracia. Pero le hice caso. Me pasé los siguientes dos días vigilando que descansara, guardando una parte demi comida con la suya para que cuando despierte, pudiera comer y llenarse para recuperarse, y durmiendo poco por si en algún momento se despertaba. Aún no sabía si era un chico hostil. Durante las noches parecía murmurar cosas mientras se removía asustado, pero al cabo de un rato al final siempre se calmaba y dejaba de removerse, volviendo a estar completamente dormido. A ratos hacía el amago de despertarse, contrayendo el ceño como si fuera a abrir los ojos paraacostumbrarse a la luz. Yo sonreía ante la idea de ver su cara de decepción porque apenas había luz. Finalmente, el chico soltó un quejido al moverse conscientemente, igual que lo que me pasó a mí días antes. Se incorporó con las manos y las rodillas en el suelo, aparentemente mareado y alzó la cabeza con los ojos entrecerrados, mirando e intentando reconocer donde estaba. Tensé los músculos de mi cuerpo y le miré, esperando un movimiento por su parte. Él me miró, apartando con un gesto de cabeza el pelo blanco de sus ojos, movimiento que casi hace que se caiga al suelo. – ¿Dónde estoy? –Me preguntó en un murmuro suave, con la voz de un chico que ni siquiera se ha desarrollado realmente. Se volvió a tumbar en aquella cama, soltando otro quejido de dolor.- – En una celda. –Le respondí mientras me acercaba a él lentamente, para que no se sienta agobiado. Me aceptó al ver que lo que llevaba en los brazos era su comida. – ¿Una…celda? ¿Estoy en la cárcel? –Preguntó otra vez, pero asustado. Se incorporó rápidamente como si ya estuviera recuperado y me miró con miedo en los ojos.- ¿Por qué? ¡No he hecho nada! – ¡Sht! No hagas tanto ruido, niño molesto. –Me quejé mientras le tendía el plato de ese mejunje que era nuestra comida y un trozo de pan duro.- Estás aquí por lo que eres, no por lo que has hecho. –Le expliqué.- ¿Es que no sabes qué nos esclavizan? – ¿Esclavizar? ¿Quién? ¿Por qué? –Miró con asco la comida y sólo cogió el pan, sin fiarse de lo otro y no le culpo. Abrió la boca y lo mordió con fuerza confiado, seguidamente lo soltó y se llevó la mano a la boca quejándose.- ¡Ah! ¡Esto es una piedra! – ¿Qué te he dicho? –Le repetí al ver que volvía a gritar, esbozando una sonrisa ante su estúpido acto.- Los Vampiros, y realmente no sé porqué. Lo hacen y ya está. –Le volví a tender el plato.- Sabe mejor de lo que parece. Por cierto, me llamo Zeev. – Lo siento. –Se disculpó y suspiró algo desanimado. Al final cogió ese plato sin borrar su cara de asco y se llevó un poco a la boca, arrugando en entrecejo. Al final lo relajó.- No está mal. –Comentó después de tragar y me miró.- Yo me llamo Kaled. – Encantado, Kaled. –Le sonreí suavemente para animarlo un poco. Sentía un extraño afecto por ese chico, tal vez porque Derek me había pedido que lo vigilase, o tal vez porque era más pequeño que yo. Tras ponerle al día sobre la Gran Subasta que se iba a celebrar mañana, ya domingo, le dejé tranquilo.Al parecer esa idea de ser tratado como la mercancía, como un perro pulgoso, le había afectado demasiado. Pasé el resto del día sentado al lado de la puerta, esperando a que viniera el carcelero a comprobar si había matado a mi nuevo compañero. Los vampiros nos trataban como si fuéramos animales crueles entre nosotros, pero lo cierto es que no nos gusta pelear entre nosotros a no ser que sea por motivos de manada. Y como nosotros éramos omegas, no nos peleábamos por esas cosas. Al final del día mi espera terminó, y oí a ese engendro rebuscar ruidosamente sus llaves en su bolsillo para luego abrir la ruidosa puerta oxidada. Entró y fue directo a mi celda, o ahora nuestra ya que la compartía con el pequeño Kaled. Puso cara de decepción al ver al pequeño lobo descansar en una esquina como si nada, así que me reí, cosa que no le hizo gracia y golpeó los barrotes cerca de mi cara. Me aparté por acto reflejo y le miré con desprecio. Si en aquel momento hubiese estado suelto le habría arrancado la cabeza de un bocado. La noche sin embargo fue tranquila y silenciosa. Larga como ninguna otra, y seguro que para más deuno insoportable por la idea de que, al salir el primer rayo de luz vendrían a buscarnos un séquito de chupasangres para prepararnos para el evento del día. Nos revisarían, y se haría la Limpieza. Es la primera etapa de la Gran Subasta, donde miran las cualidades de los licántropos, quién vale para qué y quién, directamente, no vale. Esos licántropos que no están en forma son automáticamente llevados a un lugar donde serían asesinados, que por lo que he oído se les arrebata la vida de una forma indigna. Después de la Limpieza, llegaría la hora de irse para los que hayan pasado las pruebas. Serían dos horas de viaje en camiones, atados, encerrados y vigilados. Al llegar al lugar de la subasta acordado esta vez, hacen desfilar uno a uno a todos los licántropos para ir vendiéndolos por una cantidad de dinero considerable. Al pequeño Kaled le costó una eternidad volver a levantarse a la mañana siguiente. A pesar de haberdormido toda la noche de un tirón, no como la había pasado yo, se removió como un niño pequeño pidiendo un par de minutos más para dormir. No le dije nada, ya le enseñarían a hacer caso. Me levanté de mi sitio, estirando todo mi cuerpo, tensando y destensando cada músculo para comprobar que sí, seguían funcionando. Cerré mis ojos, suspirando mientras el carcelero volvía a pasar aporreando los barrotes con una varade hierro y así hacer más ruido. Tal como predije, el pequeño lobito se levantó de un salto, algo asustado. Me pareció ver como se sujetaba a la pared, seguramente mareado por incorporarse con tanta velocidad. Se acercó a mí, algo curioso y asustado, y desde mi lado miró a su alrededor, preguntándose qué acababa de pasar. Puse una mano en su cabeza para tranquilizarlo y le dediqué una sonrisa tenue. No hizo falta más para que él me la devolviera, algo más relajado. Fue en esa mañana de domingo, en que el proceso volvió repetirse. Celda por celda pasaron un grupode vampiros armados, comprobando todos los grilletes plateados que llevábamos para asegurarse que la mercancía no escapaba. Después de revisar entre dos y tres veces a cada uno, otro grupo aún más numeroso de esclavistas se presentó para llevarnos a la evaluación antes de vendernos. Fuimos todos desfilando hasta una enorme sala en el edificio, al lado contrario a la zona donde estaban todas las celdas. Allí esperaba un hombre, vampiro sin duda y lo más probable que de alta clase. Vestido con lo que parecía una especie de túnica, sus oscuros ojos se pasearon por encima de cada uno de nosotros sin mucho interés. Detrás de él, dos hombres de los que no estaba seguro de que fueran chupasangre, ya que sus cuerpos eran demasiado grandes en comparación. Alcé mi cabeza para olisquear el aire, buscando algún dato que me desvelara a que raza pertenecían, pero lo único que conseguí oler fue ese sofocante y agradable olor a jazmín que me embriagaba. Con parsimonia y lentitud revisó lobo por lobo. Tardaba largos minutos, tocando sus brazos, mirandosu rostro. Les hacía dar la vuelta. Caminaban de un lado de la sala al otro bajo su fría y calculadora mirada. Cuando terminaba de revisar a cada licántropo, les hacía volver a la fila y alguno de esos dos hombres apuntaba algo en esas libretas. Que yo recordase, aquel no solía ser el revisor, pero las cosas cambian, al igual que normalmente a medida que iba avanzando se iban deshaciendo de los que no aprobaban. A veces incluso nos provocaban para ver nuestras cualidades y cuan agresivos llegábamos a ser. Mi teoría era que lo hacían para divertirse. Al ver que el revisor se acercaba a Kaled tensé todos los músculos de mi cuerpo. Apreté con fuerza tanto los dientes como los puños, desde lo más profundo de mi nació el deseo de abalanzarme contra esos tres sujetos y despedazarlos miembro por miembro al acercarse al niño. Reprimí mi instinto, incomprensible para mí, en un gruñido que estalló desde lo más profundo de mi garganta. El revisor pareció escucharme, pues giró su rostro hacia mí con una sonrisa burlona, la cual contesté con una mirada llena de odio y rabia, todo y que aún así seguía sin entender el porqué de mi instinto de sobreproteger a Kaled de ese ser oscuro. Ignorando al niño, se acercó a mí con la misma lentitud y paciencia que me sacaban de quicio. Volvía gruñirle, cosa que no pareció importarle en lo más mínimo. Cuando fue a tocarme me aparté, retrocediendo un paso con firmeza, no estaba dispuesto a dejar que me revisara como una pieza de coleccionista. Yo era, en mayor o menor escala, una persona. Desafiante, subí la mirada a sus ojos, esos ojos tan negros como la noche fría de invierno que te deja helado. Esa soledad pintada en la negrura del silencio, aquel que llegaba a resultar agobiante. Esa profundidad en lo más oscuro de lo que, seguramente, era su alma. Pura maldad manifestada en una sola mirada, en unos simples ojos. Sentí como mi cuerpo dejaba de responder ante un creciente miedo de mi interior que se extendíacomo una gangrena, mil veces más rápido. Quise correr, gritar, huir. Incluso hasta deseé que me mataran antes de seguir con aquel contacto visual que tenía con el vampiro. Llegué a oír algo, algo que no alcancé a escuchar. Parecía un murmullo lejano que no me dejaba salir de mi estado de completo pánico. Y sin más, vi como todo a mi alrededor era engullido por una oscuridad absoluta.